Películas de tiburones – Las 15 mejores sucesoras inspiradas en Tiburón (1975)
Recomendaciones de 15 películas con tiburones como protagonistas absolutos, para que no olvides que antes de meterse en el mar ¡hay que mirar dos veces!

El verano ya está aquí, ya llegó, ya llegó… Y la fiesta comenzó, comenzó, comenzó… Y con él vuelven los mosquitos, los campings, las agradables tardes a 40 grados, los greatest hits de Georgie Dann y todas esas delicatessen que hacen de esta época algo tan especial. ¿Se nota que soy más del team invierno? No me lo tengáis en cuenta… También hay cosas del verano que me gustan, y mucho. El helado de pistacho es una de ellas. Otra, las películas de tiburones.
Me chiflan. Las devoro con el mismo apetito que los escualos de estos films a sus víctimas. Me pasa igual que con los slasher en Halloween. Por muy chorrada que sea, encuentro un extraño placer en estas premisas tan predecibles.
A diferencia de los slasher -con los que las películas de tiburones guardan tantos parecidos y clichés en común-, en estas producciones acuáticas la amenaza es destructible… Pero la víctima está más indefensa. No hay escondrijos ni una casa por la que corretear (X de Ti West), ni tampoco un villano que desenmascarar – o dos- (Scream de Wes Craven), o del que huir por su carácter sobrenatural (Pesadilla en Elm Street, La noche de Halloween).
En las películas de tiburones se huye, claro que sí. Pero de unas fauces implacables, no de un ente inmortal. Unas mandíbulas que nunca están saciadas y que pueden venir de cualquier parte del fondo del mar.

¿Qué tienen de especial las películas de tiburones que nos gustan tanto?
En ellas hay un miedo atávico que conecta, a todos, con el sentimiento de vulnerabilidad que experimentamos cuando estamos frente a la naturaleza más salvaje. Frente a unas criaturas cuyo origen es anterior a los dinosaurios. Nos sentimos pequeñitos, absolutamente frágiles y recibimos un buen baño de humildad.
Y nunca mejor dicho lo de un buen baño en las películas de tiburones. Un subgénero imprescindible de la estación estival y tradición desde que Steven Spielberg, en 1975, impulsase la selacofobia masiva con su icónica Tiburón.

Desde entonces, no han sido pocas las veces que el cine la ha intentado imitar, ya sea a través de sus propias secuelas o de variantes de las mismas fórmulas pero en contextos como pantanos o cruceros de lujo para darle algo de variedad. Porque las bases son las que son: un Diez negritos en alta mar, con los tiburones merendándose uno por uno a los bañistas hasta que quede la última o último superviviente.
Hemos intentado reunir las cintas más entretenidas y las más dignas/pasables, porque la morralla de largometrajes con escualos es monumental. No esperes encontrarte flatulencias del estilo Sharknado, Shark-ula, Sharktopus, Sharkman y todos los engendros paridos por SyFy. Que son muy cachondas, sí. Pero quería hacer un recopilatorio de propuestas mínimamente recomendables sin riesgo de que me tiren un zapatillazo. Y, de todas formas, se ha colado alguna comedia involuntaria como ya veréis.
Con este reportaje de Las mejores películas de tiburones te van a dar ganas de darte un buen chapuzón. Pero en la bañera de tu casa. Y por si acaso te echas al mar, recuerda: no chapotees ni hagas más ruido de la cuenta. Nunca se sabe.

Las mejores películas de tiburones: Pasto de tiburones
Empezamos por la veterana Pasto de tiburones (1932), por ser una pionera de la temática pero no del subgénero como tal, pues su guion se aleja de lo que acostumbran las películas de tiburones en la actualidad.
Dirigida por el enorme Howard Hawks (Río bravo), Pasto de tiburones es un drama centrado en el triángulo amoroso entre el pescador Mike, su mujer y el amigo que rescató de una merendola de tiburones, Pipes. En resumen, cuernos y alguna que otra dentellada para que vayamos abriendo boca.

Las mejores películas de tiburones: Great white
Todos los topicazos de las películas con tiburones están aquí, más apretados que los propios supervivientes en un bote salvavidas. Pero afortunadamente cuenta con unos efectos especiales bastante decentes y una fotografía para los planos costeros que sorprende positivamente.
El tiburón blanco del título será la mayor amenaza de las víctimas de un accidente en el que el hidroavión donde viajaban acaba varado… y a merced de estas mandíbulas enormes.
Es una de esas producciones sin ideas propias ni grandes actores, pero cumple con lo que se espera de ella y deja echar el rato. Las he visto (mucho) peores.
Las mejores películas de tiburones: Gran tiburón blanco (Jetski)
Una producción británica de 2022 con otro accidente marítimo como pretexto para sacar a pasear a los tiburoncejos. Esta vez, un choque entre motos acuáticas dejará malherido a uno de los pilotos y al resto de protagonistas a merced de un gran blanco con ganas de dar bocaos.
Es una película también profundamente irrelevante a nivel argumental e interpretativo, y es consciente de ello. Así que opta por lo más sensato: ceder el protagonismo absoluto al tiburón y a sus ataques cruentos con abultada carga gore.
Las mejores películas de tiburones: Miedo profundo (Deep Fear)
No tiene nada que ver con el survival horror de SEGA que analizamos aquí (ojalá). Es otra película británica con una protagonista muy fotogénica al rescate de unos inmigrantes a la deriva, acechados -adivinad- por tiburones.
Las inclemencias del tiempo y contratiempos de toda clase complicarán poner a salvo a los supervivientes, uno de ellos nuestra Macarena Gómez haciendo de… Macarena Gómez. De hecho se da voz a sí misma en la versión doblada a español de la película. El resultado da ganas de que alguien le dé un empujón y la devuelva al mar, directita a la boca del tiburón.
En realidad, tiburones. Porque son varios los que vigilan atentamente la embarcación de Madalina Ghenea (La Casa Gucci), que luce tan espectacular como los planos cenitales del mar realizados a golpe de dron. Son lo mejor de una cinta predecible pese a los giros de los acontecimientos, y básica hasta decir basta. Pero cumple para echar el rato con la temática.

Las mejores películas de tiburones: Megalodón I y II
Jason Statham y sus puños de acero también se dejaron caer por Megalodón y su secuela, La fosa. Dos pamplinas supremas puestas al servicio del propio carisma de este ex boxeador, bailarín y repartidor de comida a domicilio en la vida real antes de Hollywood.
Lo bueno de no tomarse en serio a sí misma es que la película hace cómplice al espectador desde el principio de la sucesión de tonterías que va a ofrecer. Así, las Megalodón pueden ser dos de las películas de tiburones más resultonas de toda la terna reciente de la temática.
Nominada en los premios anti-Oscar a peor copia (de Tiburón) de 2018, Megalodón y La fosa encajan perfectamente con el perfil ligero de los blockbusters de verano de usar y tirar, con estereoides y dentelladas a tutiplén. Y encajan tan bien como el flotador a la barriga cervecera.

Las mejores películas de tiburones: Deep Blue Sea
Magnífica comedia a ratos con unos tiburones retocados genéticamente para que sean todavía más letales. La escena del enorme Samuel L. Jackson es legendaria. En el cine donde la vi fue largamente ovacionada.
Saffron Burrows y Thomas Jane completan el casting de este taquillazo de la Warner que recaudó cerca de 200 millones de euros. Estrenada en verano de 1999, contó con unos cuidados efectos especiales de la mismísima Light and Magic de George Lucas (Jurassic Park), que subieron el presupuesto a 65 millones de euros.
Diferentes medios como Wired, Entertainment Weekly o PopMatters la han colocado recientemente entre las cinco mejores películas de tiburones. La compararía a otra película de monstruos marinos, esta vez potenciando el corte fantástico pero igualmente disfrutable y entretenida: Deep Rising (El misterio de las profundidades). Seguro que habéis visto las dos, así que estaréis de acuerdo conmigo en que no están nada, nada mal. Y que pega darles otra pasadita en verano.

Las mejores películas de tiburones: Bait (Carnada)
Australia es el país de origen de esta producción que resulta bastante simpática, por su esfuerzo en ofrecer situaciones de tensión algo más originales de lo habitual entre las películas con tiburones.
En Carnada, un tsunami golpea un pueblecito costero en temporada alta. Y con la ola arrasando allá donde va, hay regalito sorpresa cual huevo kinder: un tiburón monumental. El escualo se queda atrapado en un centro comercial junto a un montón de vecinos del pueblo (entre ellos, unos atracadores), que tienen que ingeniárselas para huir de él usando todo lo que encuentren a su alrededor. Años después veríamos una premisa muy parecida pero con caimanes en Infierno bajo el agua, una película del siempre gore Alexandre Aja muy recomendable. Su popularidad se disparó tras ser citada por Tarantino como una de sus películas clave de 2019.
Pero volvamos a los tiburones de Carnada. La película es cortita (93 minutos), como las entendederas de varias de las víctimas. Aplaudiréis con alguna que otra baja. Ciertas situaciones como las del garaje sí quedan mejor resueltas que otras, por lo que en general se pasa un rato distraído.

Las mejores películas de tiburones: A 47 metros
Mandy FlowerPower Moore y Claire Holt centran esta producción también británica. Ambas son dos hermanas aventureras que comparten algo más que la sonrisa profidén: la pasión por los deportes de riesgo. Pero la cosa se tuerce en su última pijoescapadita y sufren un percance durante una inmersión. La jaula donde se han introducido para ver tiburones cae al fondo del mar, empezando una contrarreloj por encontrar una solución mientras el oxígeno comienza a agotarse.
La película es muy corta (83 minutos de los que hay que descontar los correspondientes a los créditos), pero a mí se me hizo aún más breve porque me resultó francamente distraída. Puede resultar muy agobiante por transcurrir prácticamente bajo la superficie, pero eso le da cierta personalidad dentro de tantas películas clónicas del subgénero.
El final también se reserva sus sorpresas y cumple con unos efectos especiales sencillos pero no cutres. En general, es bastante aceptable. Eso sí, cuidado con la secuela A 47 metros 2. Puede provocar trastornos gastrointestinales.

Las mejores películas de tiburones: Atrapados en el abismo (No Way Up)
Estrenada en 2024, es una especie de cross-over entre Tiburón, La aventura del Poseidón y La sociedad de la nieve, salvando muchísimo -insisto, muchísimo- las distancias.
Atrapados en el abismo nos pone tras la pista de un grupo de viajeros que embarca en un vuelo. Su avión tendrá un accidente en alta mar, cayendo sobre una meseta marina de tal modo que poco a poco irá inclinándose y permitiendo que entre más y más agua… Y con ella, los tiburones.
La secuencia de impacto está descaradamente copiada de La sociedad de la nieve (tiene varios ángulos y planos idénticos). Gracias a ese arranque, uno se cree que va a haber mucha más chicha todavía (lo que es la ingenuidad). Pero por desgracia no es así y Atrapados en el abismo va rápidamente de más a -mucho- menos.
Apenas le saca partido a la originalidad de la (inverosímil) situación de estar rodeados de tiburones en la clase turista de un avión. Tras la colisión, se dedica a tirar de ideas ya vistas en otras muchas películas de catástrofes como la mencionada La aventura del Poseidón, de modo que los espectadores vamos demasiados pasos por delante de los personajes y sus respectivos finales.
A destacar la presencia de Colm Meaney (Layer Cake, Intermission) y de Phyllis Logan, la entrañable señora Hughes de Downton Abbey, aquí caracterizada de manera que parezca una abuela centenaria y sepamos desde el primer fotograma la que le va a caer. Con todo, su presencia es suficiente para que no considere Atrapados en el abismo una mamarrachada extrem estilo Sharknado, y que os recomiende echarle un ojete en una tarde tonta de agosto.

Las mejores películas de tiburones: En las profundidades del Sena
Netflix tardaba en subirse al carro de la moda atemporal de las películas con tiburones. Pero por fin este 2024 ha lanzado la suya, ambientada nada menos que en los canales de París en la actualidad.
Las tramas políticas, con una alcaldesa más preocupada de las inversiones que de la amenaza del tiburón, y los pretextos ecologistas solo sirven de relleno para unos personajes tan pésimamente escritos como predecibles. Así que, como en tantas otras películas del subgénero -por no decir la mayoría- estamos deseando que aparezca el escualo cuando no sale en pantalla. Y que se cargue a cuantos más, mejor. Afortunadamente, lo hace y nos da lo que promete.
La fotografía, en la que destaca el colorido y los contrastes, están bastante cuidados, más de lo que esperaba en una producción de este corte, que presenta unos efectos especiales muy decentes. Algunas secuencias resultan involuntariamente algo cómicas por la carga gore, que es elevadísima. Un tanto a su favor que convierte al film prácticamente en un slasher acuático, y con el que ayuda al conjunto a estar un poco por encima del promedio, dentro de la inmensa oferta de películas de tiburones.

Las mejores películas de tiburones: Marea Letal
Halle Berry es humana y tendrá hipoteca y sus cosas la mujer. Es la única explicación para que haya firmado tantas películas (y series) cuestionables después de ganar un Oscar.
Una de ellas es esta Marea Letal, que supuestamente está basada en una experiencia real. La trama nos coloca tras la pista de una monitora de buceo que sufre el ataque de un escualo durante el rodaje de un documental. Después de llevar años apartada del mar por el trauma, un excéntrico multimillonario que desea bucear entre tiburones le propone un trabajo de guía a cambio de salvar su negocio. Como imaginaréis, la muchacha terminará aceptando y nadando entre tiburones para cumplir el contrato. Pero los pececillos no tardarán en hacer de las suyas…
La película fue un verdadero desastre en taquilla, llegando a recaudar apenas un millón de dólares por los casi 30 millones que costó. Sí que tiene situaciones que se pasan de rosca, pero a cambio tiene una muy buena fotografía y numerosos primeros planos de los escualos, que impresionan por el nivel de detalle. Además, la Berry siempre resulta carismática aunque haga personajes tan menores como éste. Estoy defendiendo lo indefendible, pero la verdad es que, para la cantidad de bodrios que hay en este subgénero, Marea Letal me parece una de las opciones menos criminales.
Como curiosidad, al director de la película le debe gustar meterle el canguelo a los viajeros. Porque, en 2006, John Stockwell rodó Turistas con Olivia Wilde. En ella, unos mochileros de paso por Brasil tienen que huir de unos traficantes de órganos. Pero todo con buen rollito.
Las mejores películas de tiburones: Infierno azul
Atentos que ya nos movemos por la zona de las películas muy recomendables. Jaume Collet-Serra sabe manejarse con las atmósferas de suspense como pez en el agua (en algún momento tenía que soltar el chiste en el reportaje). Sus Non-Stop, La casa de cera o la magistral La huérfana ya lo dejaron meridianamente claro, y con Infierno azul se reafirmó.
La película es básicamente un duelo entre una surfista y un tiburón, que no deja de asediarla intentando frustrar todos sus esfuerzos por escapar del minúsculo atolón donde se ha refugiado.
El film, que recaudó diez veces lo que costó -120 millones de euros-, tira de los efectismos sin caer en los excesos, y hace cómplice al espectador de las sucesivas ocurrencias de la protagonista. ¿Funcionará esta idea? ¿Por qué no probar aquella otra opción? Todo está estudiado para hacer de sus 87 minutos un thriller más que solvente a la hora de sostener el suspense y el interés.
Destaca la preciosa fotografía de tonos intensos y azulados de Flavio Martínez Labiano y las partituras de Marco Beltrami, el músico de cabecera de la saga Scream. Al frente del reparto, la espléndida Blake Lively. Y una gaviota.
Las mejores películas de tiburones: El arrecife
El arrecife se basa en hechos reales que dejaron en shock a la sociedad australiana. Un grupo de amantes del mar alquila una embarcación para sumergirse y ver de cerca la Gran Barrera de Coral. Sin embargo, un error de cálculo provoca que la nave se desgarre con un arrecife y que el barco comience a hundirse.
La rapidez de los acontecimientos les obliga a tomar decisiones sin tiempo de reflexionar. Así, el grupo se divide entre quienes optan por quedarse a la deriva en los restos del barco, y los que prefieren intentar llegar a un islote cercano. Decidan lo que decidan, todos están bajo el acecho de un gigantesco tiburón blanco que se aproxima cada vez más…
El arrecife tuvo una carrera desigual en términos comerciales, llegando por la puerta de atrás a mercados como el británico (donde se estrenó directamente en vídeo) y, por contra, funcionando muy bien en taquilla en otros.
Entre los aciertos del film, se encuentra la presencia de rostros desconocidos fuera de las fronteras de su país de origen. Sus actores sí son populares en Australia por su participación en series diarias y culebrones de tv, pero en el resto del mundo su anonimato daba un extra de credibilidad (y de empatía) al espectador.
Igualmente, es una película con un estupendo sentido del ritmo y sabe dosificar las apariciones del gran blanco para generar terror. Sus embestidas, por cierto, no son FX digitales. Se recurrió a montajes con imágenes reales extraídas de documentales precisamente sobre la zona, pues la Gran Barrera de Coral es un hábitat tradicionalmente infestado de escualos.
En general, El arrecife sabe jugar muy bien sus cartas y, aunque tiene aspectos mejorables (el abuso de la cámara made-in-cine-dogma puede saturar), funciona realmente bien como largometraje de terror psicológico.

Las mejores películas de tiburones: Open Water
La plata se la merece, sin ninguna duda, la espeluznante Open Water, cuyo estreno en el festival de cine independiente de Sundance causó sensación y anticipó el gran éxito que, posteriormente, obtendría el largometraje. Logró una recaudación de casi 60 millones de euros en la taquilla mundial, 30 de los cuales procedían del público estadounidense. La cinta costó apenas 100 mil dólares.
Open Water supo jugar todas sus cartas y reformuló las bases del primer fenómeno viral de la historia del cine, El proyecto de la Bruja de Blair. Además de recurrir también a actores completamente desconocidos para el gran público, utilizó una cámara torpe inspirada en la vertiente found footage, con la que transmitía todos los vaivenes de las olas. Y así, desde esa autenticidad, colocaba al espectador en el centro de los eventos. Como si fuéramos un testigo directo más del terror que experimentaba la pareja protagonista. El incesante mareo del mar, los reflejos del sol en el agua, la borrosidad de la profundidad… Vemos lo mismo que ellos, de manera que cuesta no angustiarse con los sucesos que transcurren en pantalla.
A diferencia de La bruja de Blair, Open Water sí estaba basada en un hecho real y publicado. Su historia imaginaba las últimas horas de un matrimonio de buceadores que, por un despiste de la organización turística, fueron olvidados en el Mar de Coral australiano. Allí, después de una inmersión, un mal recuento entre los turistas hizo suponer que estaban todos a bordo. La historia es lo suficientemente terrible y espantosa como para, como mínimo, no ver la película con respeto y muchísima inquietud.
El taquillazo en que se convirtió Open Water originó varias secuelas y puso el foco, de nuevo, en el subgénero de las películas de tiburones. Sin embargo, ni director ni actores lograron una carrera posterior de éxito, estableciendo otro curioso paralelismo con La bruja de Blair. Blanchard Ryan, su actriz protagonista, pese a ganar premios del género fantaterror de prestigio como el Saturn, no se hizo hueco en la primera línea. Tampoco el actor coprotagonista ni el director, que lo intentó con otras incursiones en el terror con la actriz Elizabeth Olsen.
Open Water deja de lado la parte más introspectiva a la que se enfrentan los personajes y se entrega por completo al pánico de la situación. La progresiva cercanía de los tiburones y los tanteos que realizan a sus presas son de una tensión extrema, agudizada por unos planos realizados con escualos reales y no con efectos digitales. Una decisión más que inteligente dadas las limitaciones presupuestarias con la que aprovechaba, a su vez, el impacto procedente de la propia fascinación hacia estas colosales criaturas.

Las mejores películas de tiburones: Tiburón (1975)
Sin sorpresas en el lugar de honor. Tiburón sigue siendo, cinco décadas después de su estreno, la mejor película de tiburones en particular, y una de las grandes cintas de suspense en general de todos los tiempos.
Un jovencísimo Spielberg reescribía su opera prima El diablo sobre ruedas trasladándola a un paisaje marino y tomando como base una novela inspirada, a su vez, en un suceso real. Un duelo en alta mar entre un cazador blanco y otros tres cazadores, cada uno envuelto en la persecución por sus propias motivaciones.

¿Por qué volver a ver por enésima vez Tiburón?
La película está llena de fragmentos inolvidables, como la falsa alarma con que se evacúa la playa o el mismo arranque con la primera víctima al amanecer. También el diálogo de los tres tripulantes en mitad de la noche, relatando cómo los tiburones devoraban a combatientes de la segunda guerra mundial, sigue poniendo el vello de punta.
Tiburón está grabada a fuego en la memoria popular no solo por la fuerza de sus momentos más intimistas o la aparatosidad de las apariciones del tiburón. Ni tan siquiera por el impecable oficio de los actores, ni la popularísima e imitadísima banda sonora de John Williams. Es el conjunto.
Tiburón es un ejercicio de estilo que deslumbra por la suma de sus partes, todas extraordinarias en sus respectivas facetas. Entre ellas, el ingenio de su todavía inexperto director, que supo adaptar los contratiempos del rodaje (como las máquinas escacharradas por el salitre) a las propias necesidades de la película.
Tienes todas las anécdotas en torno al largometraje reunidas en este reportaje especial, incluyendo las cifras de taquilla. Tiburón instauraría la moda de estrenar un taquillazo en época veraniega desde 1975 y lanzó a la competición a las majors de Hollywood cada año a por su trozo del pastel. Su éxito la convirtió durante años en la producción con mayor recaudación de la historia de la cine.
Aunque perdiera ese récord, sigue manteniéndose en el trono de las películas de tiburones por méritos propios. Gracias a ella, siempre pensaremos que vamos a necesitar un barco más grande cada vez que nos adentremos en el mar.

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