Story Of Abandoned School Silent Escape Horror portada

Story of abandoned school: Silent escape horror Análisis para Nintendo Switch (eShop) – Review

Un jumpscare que asusta de verdad… por su relación calidad/precio

Si Story of abandoned school: Silent escape horror se hubiese subido al carro de los títulos de Puppet Combo, de los que damos frecuentemente buena cuenta en la web (Murder House), lo habría enfocado de otra manera.

Pero no es el caso, entre otras cosas porque la recreación estética de la época 32 bits en estas producciones indie de terror (Night Watch) implica un trabajo artístico detrás mucho más laborioso de lo que puede parecer a simple vista. Y aquí estamos ante un producto de bajísimo presupuesto, sí; pero la modestia no puede confundirse con la mala ejecución.

Story of abandoned school es un juego a medio cocer. Tiene más humo blanco que Silent Hill en unas Fallas, todas las estancias son iguales, prácticamente no hay texturas -el protagonista no tiene rostro cuando le enfocamos-, la cámara es un espanto y presenta problemas en el control.

Cuando lo terminas 45 minutos después de haberlo empezado te preguntas cómo es posible que los protocolos de controles de calidad (soy un alma cándida y quiero pensar que están ahí) hayan pasado por alto tremenda joya. Porque, atención, el importe del juego es de 9,99€: los mismos euros que cuesta una de las expansiones, por poner un ejemplo, de The Witcher III. Es absurdo solicitar ese desembolso porque no está ajustado para nada lo que ofrece el título con su precio.

De todas formas, para los curiosos, masoquistas, defensores de Bloodborne en modo fácil y otros seres de mal vivir como yo, os voy a contar los detalles de Story of abandoned school por si queréis picar a precio de oferta (ya ha estado varias veces a 0,99€).

Un Masterchef alternativo

El juego arranca con un rollito a lo Bruja de Blair basándose en una leyenda urbana inexistente: los niños de un colegio van desapareciendo hasta el punto de que la escuela tiene que cerrar.

Ahora, con esa escuela convertida en un recinto abandonado, nosotros (aka el cotilla del pueblo) nos proponemos investigar el lugar y descubrir qué pasó entre clase y clase de Ciencias Naturales.

Lo primero que sorprende es que prácticamente el juego es en blanco y negro: la niebla que lo envuelve todo es algo formidable. Formidable en el sentido de que ahora el Turok de Nintendo 64 parece una tarde despejada de agosto: literalmente no ves nada hasta que lo tienes encima.

Puertas y paredes se materializan a un palmo de narices, y encima con efectos de clipping a troche y moche. Esto es, veremos superposición de polígonos alegremente y que nuestro personaje tenga un brazo atravesando una puerta y el otro la pared será lo normal.

Story of abandoned school

Los pasillos y escenarios están vacíos y no podemos interactuar con nada, salvo el elemento en cuestión que el juego quiere que veas adrede. Serán únicamente cuatro: por un lado las notas en inglés con las que se desarrolla la “trama”, consistente en avisos de alumnos desaparecidos mientras los profesores alaban lo riquiño que guisa el cocinero nuevo. A más niños desaparecidos, más sabrosón los estofados. Lógicamente no es nada como para sospechar.

En segundo lugar, encontraremos llaves que abren las puertas de las diferentes aulas y estancias (vestuarios, recepción, patio, cuarto de limpieza, baños…), las cuales serán el tercer elemento interactivo. Por último, además de dichas puertas, interactuaremos con cuchillos y palos para defendernos de uso limitado.

De susto en susto y tiro porque me toca

En cuanto empecemos a mirar por las clases, a coger distintas llaves y a probar qué puertas abren, arrancará el festival del humor. Una gigantesca mole aparecerá de la nada (bueno, de esa niebla hipercondensada) y empezará a perseguirnos lentamente, con unas animaciones que en vez de resultar intimidantes, te meten la risa floja.

La criatura en cuestión lleva un cuchillo de charcutero y un delantal ligeramente bañado en varios litros de sangre. Sí, amigos, en términos narrativos Story of abandoned school recoge lo mejor de Kubrick y Lynch y tiende a abusar de las metáforas y las sutilezas.

Story of abandoned school

Podremos atontarlo zurrándole con alguna de las armas desperdigadas o simplemente darle esquinazo, ya que distanciándonos un determinado margen, el gigantón volverá a hacer patrulla por la zona que tiene prefijada y no saldrá de ahí, hasta que nos lo volvamos a encontrar en otra parte del colegio.

El día de la cutremarmota

Así, seguiremos investigando hasta volver a empezar ese bucle… Es decir, buscando la siguiente llave en la siguiente habitación. Porque el juego consiste en eso: entrar al aula 01, coger la llave de la 02, entrar en la 02, coger la llave del cuarto de la fregona, ir allí, y así todo el rato.

En ese proceso vienen las únicas notas destacables del juego: cada habitación esconde un modo de asustarte. En algunas se abrirá la puerta del baño súbitamente, en otras se irá la luz con un estallido de bombilla, en otras una silla saldrá volando…

Al final el juego se convierte en una especie de “tren de la bruja”, con una sucesión de jumpscares no tan predecibles pero muy cachondos, que os van a arrancar más de una buena carcajada.

Story of abandoned school

Pero el festival del humor no termina cuando acabas el juego a los tres cuartos de hora. Continúa cuando lees la ficha del juego en la eShop y lees: “excelente banda sonora”, “variedad de mecánicas”, “gráficos realistas” y, atención, “varios gritos”. Lo único cierto de esa descripción es, desde luego, “varios gritos”: los que vais a dar como os gastéis los 9,99€ que pide el juego.

A 0,99 de oferta pues oye, reír os vais reír a poco que os divirtáis con los sustos fáciles y los juegos tremendamente lineales y sencillos como éste. Pero no hay para más: cualquier otro precio no se corresponde con la bajísima calidad del título.

Por si hay lugar a la confusión, el tono desenfadado del análisis no busca ridiculizar al desarrollador del juego. Abordarlo de un modo sarcástico me parece la única manera posible de realizar un análisis de un título que falta a la verdad absolutamente en todo en cuanto se describe.

Soy el primero que defiende los títulos pequeños y que comprende las dificultades que conlleva sacar adelante un proyecto con pocos medios. Pero una cosa es hacer algo modesto y otra, hacerlo mal; una cosa es intentar vender tu producto dentro de sus limitaciones, y otra engañar al comprador.

Y eso sí que ya no es cosa de broma, por mucho que el nivel extremo de cutrerío de Story of abandoned school termine haciéndolo hasta gracioso.


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Sergio Díaz
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