Significados ocultos de los fantasmas japoneses – Yurei, yokai y su simbología según la tradición de Japón
Yurei y yokai son parte del concepto del más allá de la cultura japonesa, desarrollado por creencias vigentes en pleno siglo XXI

Ha pasado muchísimo tiempo desde que el furor por el cine de terror asiático reventase taquillas por todo el mundo. The Ring, Llamada perdida, La maldición, Dark Water… no fueron pocas las adaptaciones de Hollywood que hicieron mundialmente conocidas las historias orientales del más allá, despertando la curiosidad por los significados ocultos de los fantasmas japoneses y sus yurei y yokai, unas mitologías completamente fascinantes.
La instauración de canales de pago como Rakuten TV o Amazon Prime Video ha facilitado, años después, un repunte en el consumo de estas películas de miedo sobrenatural, por la diversificación de oferta.
Porque lo cierto es que los yurei y yokai siguen funcionando y atrayendo al público. Si Ringu (1998) de Hideo Nakata continúa siendo la película más rentable de la historia de Japón, en 2022 Netflix estrenaba la película más taquillera hasta la fecha en Taiwán, Maleficio, convirtiéndose en uno de los eventos veraniegos de la cadena de streaming, por poner un ejemplo.

Si nos centramos en videojuegos, que como bien sabéis son el epicentro de esta web, también suelen apostar periódicamente por títulos de este corte. Así, encontramos algunas producciones convertidas en sendos juegos de culto. ¿Su éxito? La enorme capacidad de generar pánico real en el usuario.
Han sido una constante desde los tiempos de NES y los espectros atormentados de Sweet Home (1989) que inspiraron Resident Evil (1996), hasta la actualidad: Project Zero, Yomawari, Ikai, Forbidden Siren, Yuoni, Misao o Ghostwire Tokyo son tan solo unos pocos ejemplos de videojuegos donde lo fantasmagórico y lo paranormal ejercen de pilar de la propuesta, envolviendo al jugador en el exotismo de su folklore local.
En el siguiente reportaje vamos a acercarnos específicamente a la cultura de Japón, por ser la de mayor calado gracias a su proyección cinematográfica. Conoceremos un poco más de la simbología, las creencias que hay detrás de su concepto del más allá, y la representación y significados ocultos de los fantasmas japoneses.

Alma y cuerpo: el reikon como la propiedad más sagrada
Para las creencias japonesas, todo ser dotado de vida posee espíritu. Es el reikon y forma parte de sí intrínsecamente.
La fuerza emocional de la persona reside en el reikon y es el origen de muchas otras supersticiones. Por ejemplo no colocar espejos en el dormitorio o en caso de tenerlos, taparlos de noche.
Esta curiosidad, que también está presente en disciplinas chinas como el Feng Shui, responde a que un cuarto desordenado, por ejemplo, “devolvería” el caos a la persona. Lo haría mediante la proyección del reflejo de esa desorganización y la desestabilizaría más.
Del mismo modo, no habría que colocar dos espejos uno frente a otro. El motivo es porque la proyección de energías (al reflejarse simultáneamente en los dos la persona) rebotaría entre ambos, y se alteraría el estado anímico de los convivientes.
Y, siguiendo con los espejos, la creencia (ésta universal y muy remota) de que un espejo roto trae mala suerte obedecería a la imposibilidad de obtener una reproducción exacta de la realidad. Los espejos “atrapan” durante un instante el cuerpo y el reikon alojado en él. Y los “devuelven” cuando dejamos de estar delante de ellos. Si se rompen en nuestra presencia, ya no pueden devolver ni la imagen exacta ni el alma, sino una proyección distorsionada, rota.

Desde Roma a Japón
Esta superstición, que arraigó en nuestro continente -según distintos historiadores- en la época del Imperio Romano, se trasladaría posteriormente a las cámaras de fotos (hola, Project Zero). Una fotografía también captaría alma y cuerpo pero más tiempo que un espejo. ¿Y si esa imagen que retiene a ambos se deteriora o alguien nos la coge y la rompe o la pierde? ¿Qué sucedería con el reikon entonces?
Así, ante la posibilidad de sufrir un daño espiritual a través de una foto en malas manos, surgiría la creencia de que las fotografías pueden robar parte del alma de la persona, propagando un paganismo que, según está documentado, lo comparten tribus del interior de África, los Amish y los Iñupiaq de Alaska, entre otras muchas.
Pero Japón, que es un país que hipnóticamente combina los contrastes de la tecnología con la superchería más ancestral, van más allá. Ni siquiera toman fotos a las tumbas para no provocar ni alterar a los exánimes. Así lo creen, como creen que estrenar zapatos de noche provocará mala suerte. O que atraerá la buena fortuna que se quede una hoja de té en pie en la jícara (o kappu).

En busca de los antepasados
El origen de esta superstición relativa a los difuntos la encontramos en el propio proceso que experimenta el reikon, una vez llegado el instante de morir físicamente. Su alma se traslada a un mundo espiritual donde esperará que las oraciones y las ceremonias de despedida le guíen en el camino hasta reunirse con sus antepasados. En ese momento pasará a ser protector de la familia que deja atrás en el mundo de los vivos.
Al igual que sucede en las religiones cristianas, para la tradición budista el vínculo entre ambas partes (familiares y espíritu antepasado) es objeto de veneración indefectiblemente. Así, pasará a recordarse expresamente cada Festival del Obon, a mitad de agosto. Con ello, encontramos un paralelismo con nuestro Día de Difuntos de noviembre, cuando dicha alma protectora recibe las bendiciones y gratitud de los vivos.
Sin embargo, si estos rituales no se efectúan adecuadamente, el reikon queda en ese mundo de tinieblas, entre los vivos y los muertos, esperando la reunión con sus antepasados.
También quedarán atrapados aquellos con un conflicto sin resolver, o quienes experimentasen un final violento y súbito. Para estas creencias, las almas regresan constantemente a ejecutar la acción inacabada que daba paso a su último aliento. Dentro de los significados ocultos de los fantasmas japoneses, es un precepto intrínseco.
Un asesinato o un accidente, por tanto, vincularían a la persona a un lugar o contexto determinados, en tanto en cuanto no recibiese los rituales que le otorgasen paz al alma. Análogamente, a más violento o cruel que haya sido su final, más fuerte y vengativo sería su regreso. Esta deseo de reestablecer el honor y ajustar cuentas, otro de los significados ocultos de los fantasmas japoneses por antonomasia, guarda muchísima relación con el ancestral concepto del honor de Japón, que se remonta a etapas tan pretéritas como la de los samuráis.

¿Hay un espíritu en esa casa?
La presencia de estas presencias, valga la redundancia, transformaría en incómodas e indeseables las propiedades donde permanecen atrapados los espectros con cuentas terrenales pendientes.
Existe un término para estos emplazamientos. Las jikko bukken es el nombre asignado a las “casas accidentadas”, un término tan elegante como ambiguo con el que denominan a las casas potencialmente encantadas.
Es decir, lugares marcados por accidentes, asesinatos o por su cercanía a camposantos, en los cuales aumenta exponencialmente, según estas creencias, la posibilidad de encontrarse un alma errante.
Resulta curiosa la Ley japonesa que obliga a las inmobiliarias a informar de todos los detalles concernientes al pasado de la vivienda. Y más curioso aún que, en un país con los precios inmobiliarios en constante auge, entre 60000 y 75000 pisos y propiedades con una buena ubicación geográfica y facilidades para el transporte (algo crucial en urbes tan densas como Osaka, Kioto y Yokohama), estén tirados de precio y sin comprador.
¿El motivo? En esas viviendas tuvo lugar un crimen, muertes por incendio o fatal accidente, rituales suicidas, fallecimiento por enfermedad en condiciones de soledad/abandono, proximidad con cementerios o panteones… Es decir, que se rechaza vivir en lugares impregnados de energías negativas, de muertes violentas o en las que el reikon sea susceptible de haber sufrido y no estar en paz.
Algo que bien sabe la inmobiliaria Jobutsu Estate, fundada en 2019, y especializada en las jikko bukken tan difíciles de vender, renovándolas y reformándolas para camuflar todo lo posible la huella de la tragedia que ha marcado el lugar. De hecho, lo tiene que saber demasiado bien, ya que el número de esta clase de propiedades vendidas anualmente continúa siendo extrañamente bajo.
Como veis, los significados ocultos de los fantasmas japoneses mantienen su huella en la sociedad nipona del siglo XXI.

Los Yurei o los fantasmas japoneses con sed de justicia
Según el folklore japonés, estos lugares “accidentados” pasan a estigmatizarse. Se convierten en espacios malditos al acoger a los yurei, es decir: fantasmas. Etimológicamente, su nombre consta de dos kanji: el primero, yu, significa “tenue”, “vaporoso” o “liviano”; el segundo, rei, “espíritu” o “ánima”.
Existen otras palabras para el mismo término, como obake, pero la más interesante es “yokai”. Con esta denominación se recoge el sentimiento de horror que causa una visión sobrenatural. Para entendernos, en ella se contempla la transformación de alguien anteriormente conocido en algo presa de deformidades, más cerca de lo teratológico que de lo natural, y es ese grado de antinaturalidad adquirida lo que provoca el espanto en los testigos.
Los yurei, por el contrario, son espectros con un aspecto muy similar al del individuo cuando estaba vivo, pero mostrando una extremada palidez, una relativa inexpresividad y una acusada languidez, con los brazos colgando como extremidades sin fuerza.

Apariencia y simbología en los fantasmas japoneses
El vestuario en los yurei también presenta unas características propias. La ropa será blanca, ya que es el color que la tradición sintoísta reserva a la pureza y a la purificación, que es la esencia del rito funerario.
Dependiendo de la región y el influjo que en la zona -a lo largo de las generaciones- se ha mantenido de las ceremonias del período Edo, el espectro puede presentar una tela atada en la frente de forma triangular y también color blanco.
Algunas de las representaciones de los yurei, como las que atesora el Zensho-an de Tokio (un templo budista en el que se recoge la mayor colección de pinturas sobre los fantasmas japoneses), también se manifiestan a menudo con llamas flotantes de vivos colores, que serían partes del propio cuerpo del difunto.

El pelo largo, oscuro y algo destartalado (¿os acordáis de la niña de The Ring?) es otra de las constantes en su representación, debido a la tradición de dejarse crecer el cabello y no tenerlo recogido en los actos fúnebres.
De igual modo, suelen representarse sin pies, ya que estas entidades no caminarían como tal, sino que se desplazarían ligeramente por encima del suelo, como seres incorpóreos. De esta manera, las telas del kimono cubrirían los pies y se irían arrastrando, componiendo el prototípico movimiento vaporoso y cadencioso que tantas veces hemos visto en el cine y en los videojuegos.

Motivos para volver desde el otro lado
Como antes comentábamos, y siguiendo a rajatabla los significados ocultos de los fantasmas japoneses, no solo unos oficios de despedida mal desarrollados pueden dejar el reikon esperando la paz eterna. Los conflictos sin resolver del sujeto, un accidente o un asesinato mantendrían al individuo atrapado dentro de un bucle infinito en el que repetiría, constantemente, la última acción o pensamiento previos a su muerte, en una especie de búsqueda desesperada de que al siguiente intento, las cosas fuesen distintas.
Es por ello que en numerosas representaciones cinematográficas, los yurei no difieren del concepto tradicional que en occidente tenemos de los fantasmas, pues comparecen como entidades inmersas en sus tareas, ensimismadas, sin la conciencia necesaria para percatarse de que ya no están entre los vivos.
Repiten una y otra vez la misma última acción, la misma rutina final, la misma e inquietante monotonía donde el tiempo ya no existe para ellos. Solo para el testigo que los contempla, como decían en el prólogo de El espinazo del diablo de Guillermo del Toro, igual que: “un instante de dolor. Un sentimiento suspendido en el tiempo como un insecto atrapado en el ámbar”.

Más clases de fantasmas japoneses según sus creencias
Dependiendo del contexto de ese último aliento, los yurei se clasifican según la intensidad y el origen de la causa de fallecimiento. Los goryo, por ejemplo, regresan para clamar venganza por las torturas y vejaciones vividas. Su persistencia y malignidad los convierten en verdaderos tormentos que precisan de la intervención de ascetas de montaña y sacerdotes budistas, para así liberarlos del mundo terrenal. Los zashiki-warasi, por contra, regresan solo para jugar y hacer travesuras, pues son espíritus de niños.
Los jibakurei, por su parte, serían espectros vinculados a un lugar específico, siendo también de los yurei más reacios a la hora de cruzar definitivamente al mundo de los espíritus. Como curiosidad, el reportero Richard L. Parry del The Times de Londres recopiló numerosas historias escalofriantes del tsunami que arrasó Japón en marzo de 2011 (Ghosts of the Tsunami; Editorial Prentice Hall, 2018), en las cuales se relataban cómo los bomberos registraron llamadas a la misma hora exacta del día pidiendo auxilio… desde casas engullidas literalmente por el océano desde hacía semanas.
La mitología japonesa extiende aún más su imaginería de espíritus atormentados y almas errantes a diversas criaturas de formas retorcidas y contornos imposibles, de los que os hablaremos en profundidad en nuevos y diferentes reportajes.

La milenaria mitología de Japón, un puente entre la antigüedad y la vanguardia
Analizar los significados ocultos de los fantasmas japoneses es una investigación absolutamente fascinante. El misterio y lo ancestral son parte indisoluble de la idiosincrasia de Japón. La vanguardia y la mitología se dan la mano para dibujar un escenario en el que los límites de la tecnología se desafían a cada momento, mientras la tradición impone los suyos.

Para occidente, oriente siempre será el exotismo en estado puro. Una cultura que envuelve de luces de neón supercherías muy remotas, en las que espíritus errantes buscan redención.
Ahora sabes un poco más del folklore de Japón y de hasta qué punto se toman en serio estos temas nuestros amigos nipones; y podrás encontrarle sentido a muchos elementos de, por ejemplo, Ghostwire Tokyo y Project Zero la próxima vez que los juegues, así que esperamos que te haya gustado mucho este reportaje de fantasmas japoneses.
Eso sí, si para ti sólo son cuentos tradicionales para asustar a los niños e infundirles lecciones moralistas, o nada más que jumpscares divertidísimos en películas y videojuegos… seguro que no tienes problema, si algún día vas a Okinawa, con silbar cuatro veces de noche. Allí dicen que eso despierta a los yurei.

Enlaces de interés:
- Project Zero 4 – Análisis de la mejor saga de videojuegos de fantasmas japoneses
- Trek to Yomi – La redención desde el más allá japonés
- Los mejores videojuegos de terror para Halloween
- Los ingredientes que no pueden faltar en el terror
- Más videojuegos para Halloween para todos los públicos