Juegazos olvidados de PS2: 25 juegos de culto de PlayStation 2
Seguimos celebrando los 25 años de PlayStation 2, esta vez repasando algunas de sus joyas más desconocidas

¡Saludos, RetroJuerguistas! Tranquis, que no nos hemos cambiado de nombre. En esta, vuestra web amiga, seguimos siendo muy fans de todo lo relacionado con el ocio electrónico actual. Pero lo somos también de los vídeojueguicos viejunos. Como nosotros mismos, vaya. Y corcho, como hace nada -o, según cuando leáis esto, hace un porrón de tiempo- se cumplía el 25 aniversario del lanzamiento de PlayStation 2, nos hemos puesto pelín nostálgicos, colgando contenidos -realizados con mucho mimo y pasión- para celebrar tan magna efeméride.
Desde artículos sobre clásicos de renombre (por ejemplo, Rule of Rose o Fantavision), recomendaciones de juegazos disponibles a día de hoy en la tienda digital de Play por aquí, pasando por tops sobre los mejores survival horror en la plataforma acá mismito, hasta un especial con veinticinco datos y anécdotas varias (entrad, prometemos alguna risa, palabrita).
Vaya, que os hemos ofrecido retro-lectura para un buen rato. Pero igual es momento de mirarnos menos el ombligo. De ponerse más informativos/contemporáneos. Y pasar pág— NAAAAH, ¡tiremos otro poquito de gustosa subjetividad añeja! Vamos con un nuevo top. No será el último. Esperemos.

Juegazos de PlayStation 2 que merecen ser recuperados
Vamos a enumerar 25 títulos lanzados para PlayStation 2 (algunos también en plataformas coetáneas) y distribuidos en nuestras fronteras que recordamos con cierto cariño, pero que han caído mayormente en el olvido.
Por desgracia, estos juegazos olvidados de PS2 no han sido reeditados/relanzados desde entonces. Algunos tal vez, a pesar de su notable calidad, prometían más de lo que ofrecieron. De otros se habló en su época largo y tendido para caer poco después en el ostracismo digital. Y puede que incluso varios careciesen del atractivo suficiente para llegar al público general, pero sí de sobrada originalidad para conquistar nuestro corazoncito gamer.
«De culto», «minoritarios»o «tapadillos». Llamad como gustéis a los elementos de este batiburrillo de juegazos olvidados de PS2. Varias décadas después, se merecen unos párrafos –y en riguroso orden alfabético-, cáspita. Vamos allá con este baño de retro-nostalgia.


Auto Modellista
El catálogo de juegos automovilísticos en PlayStation 2 daba vértigo. Contenía varios Gran Turismos, Need for Speeds, Fórmulas Unos o Guor Ralis Championchis… y aún quedó hueco, fuera de archiconocidas sagas, para nuevas flipadas muy originales.
En esta obra de CAPCOM, pilotábamos el descapotable de Ken por Estad— nah, es broma. Se trata de un título que recuerda en muchos aspectos al «GranTu» (a nivel de simulación, ajustes mecánicos, etc…), incluyendo circuitos reales y fieles representaciones de cochazos deportivos.. Todo ello en gráficos Cell-Shading. Cada carrera parecía sacada de un anime japonés por su apartado visual.
Un estilo único en el género de la conducción que rara vez se ha vuelto a usar y que le confiere un merecido estatus de juego de culto.

Blood Will Tell
Videojuegos basados en mangas famosos se han lanzado a tocateja. Pero que adapten la obra del mangaka primigenio, padre de las cabelleras imposibles y las infinitas lineas cinéticas, muy poquitos.
El eterno Osamu Tezuka publicó Dororo a mitad de los sesenta, y casi medio siglo después, SEGA dio vida digital a dichas viñetas en este exclusivo para PlayStation 2. Un mesiánico héroe salvador al que unos demonios arrebataron aún siendo bebé 48 partes del cuerpo («dejarle hecho un eccehomo» va que ni pintando dado el contexto) crecerá, e irá consiguiendo miembros artificiales y mejoras con las que cargarse a las diabólicas criaturas.
Un festival de sangre (aún sin convertir en vino) más que decente, que bien merece ser recordada como heredera de la creación del ilustre padre de Astroboy.

Castlevania: Lament of Innocence
Pocas sagas hay más de culto (no nos vengáis con que es muy mainstream, leñe, que siempre vendió regulinchi) que la vampírica de Konami… y pocas más vilipendiadas por su compañía editora, pues está olvidada y sin planes en el horizonte para retomarla.
Conste que, al menos, la empresa japonesa se ha portado con sendos recopilatorios en el último lustro, pero las entregas 3D siguen olvidadas en el limbo. Una lástima, digna de lamento -JUAS-, pues esta primera incursión en los 128 bits de Sony, donde encarnábamos a Leon Belmont, gozó de un elaborado argumento, unos gráficos poligonales majestuosos y la magnífica música habitual en los castillos draculienses.

Champions of Norrath: Realms of Everquest
Mucho antes del World of Warcraft, ya había un MMORPG de Sony que lo petaba en compatibles alrededor del mundo. Bueno, con el éxito comedido alcanzable para los juegos masivos online de la época (y lo que permitía la tecnología de entonces, vaya).
Un lustro después de arrancar los servidores de aquel Everquest, se lanzó en exclusiva para PlayStation 2 un juego de acción rolera ambientado en su mismo universo. Se podía seleccionar raza y atributos, mejorar equipación o ampliar el árbol de habilidades realizando mucho mazmorreo. Todo recordando a la saga Diablo, y más aún incluso, al Baldur’s Gate: Dark Alliance, lanzado un par de años antes.
Pese a las similitudes e inspiraciones hacia los citados, era por sí mismo un juegarral -al igual que su secuela-, con un modo multiplayer local entretenidísimo.

Death by Degrees: Seducción Letal
Sí, la tremenda coletilla que le añadimos en España al spin-off de Tekken, protagonizado por Nina Williams, es para hacérselo mirar… y no digáis que lo nuestro también, metiendo aquí un juego de críticas tibias solo por su contenido «picantón» (esperad a ver unos párrafos más abajo).
Aparte de estar protagonizado por una de las hermanas Williams -Anna, Venus, Serena… menuda familia- enfundada en sugerentes o ceñidos atuendos, Death by Degrees supuso el primer y único juego derivado de la saga de Namco, y eso para algunos fans del clan Mishima es más que suficiente.
Mirad que otras franquicias de lucha han sacado spin-offs a porrillo, pero la cosa se quedó aquí para Tekken: un beat’em up tridimensional llamativo visualmente, con un buen argumento… lastrado por su correoso -aunque original- control «dual stick» y otras carencias. Si se animan a lanzar algo sobre Mokujin o Panda, fijo que triunfan.

Drakengard
Sorprende que una empresa como Square-Enix, poco aficionada ella a remasters/remakes/refritos HD (¿irónico? ¿yo?) no haya recuperado aún el cigoto de esa criaturilla digital en forma de saga que acabó madurando hasta brindarnos los Nier.
Rol y acción se dan la mano para ofrecernos tres mecánicas jugables diferentes, pero genialmente combinadas: combates aéreos controlando un dragón, enfrentamientos terrestres a tajazos/magias manejando al guerrero Caim, y un modo de expedición libre.
Su llamativa ambientación de fantasía medieval y un interesantísimo argumento han mantenido su legado vivo hasta nuestros días… a pesar de que el juego, dirigido por el afamado y extravagante Yoko Taro, no abandonó jamás las tripas de la PlayStation 2 (a excepción de su versión para móviles del Pleistoceno).

Freedom Fighters
El tercer fontanero más conocido en el mundillo de los videojuegos ni es italiano ni lucha por la paz en el Reino Champiñón. Se trata de Chris Stone (que, casualmente, también tiene un hermano con su misma profesión), todo un patriota estadounidense que lucha por la libertad de su país ante la invasión del ejército rus— vaaale, dos décadas después y el tema puede levantar ampollas, así que no entraremos en muchos detalles.
Un mundo paralelo, tipo «What if?», donde la Segunda Guerra Mundial tomó otros derroteros generando un presente distópico, sirve de crudo escenario para este shooter en tercera persona de IO Interactive (la peña detrás de Hitman).
Tiros muy realistas, gestión táctica de pelotones con una brillante IA, una espléndida banda sonora de Jesper Kyd (Assassin’s Creed II) y un trasfondo que no debería dar nada de yuyu hoy en día… porque la guerra fría y esas cosas quedan bien lejos, ¿no?

Frequency
Antes de las Bandas de Rock, antes de los Héroes de la Guitarra, solo había… el vacío… Vale, igual nos hemos pasado. Pero los creadores de dos de las franquicias más exitosas del género musical en videoconsolas, Harmonix, iniciaron su andadura en el desarrollo con este juego rítmico.
La mecánica principal, si habéis usado previamente cachivaches de plástico en forma de instrumentos, os la podéis suponer: pulsar botones en su preciso momento, mientras un espectáculo de lucecitas en pantalla acompaña a los cañeros temazos.
Cabe mencionar que fue uno de los primeros títulos para PlayStation 2 en soportar multijugador en red, y cuya secuela, Amplitude, gozó de más fortuna comercial, siendo recuperada años después en formato remake, para PS3 y PS4.

Genji: Dawn of the Samurai
Juegos de ninjas, samuráis y demás cosas molonas japonesas hay muchos. Pero basados en obras literarias trascendentales para el país nipón… también existen mogollón, seamos sensatos. Que adapten -muy libremente- El Cantar de Heike, un poema épico del siglo XIII considerado un clásico atemporal, ya no caemos en ninguno, va.
En esta aventura de acción se juntaban una solemne ambientación tradicional feudal con espadazos, magias y otros elementos fantásticos, mientras nos abríamos paso en multitudinarios combates a lo largo de preciosos niveles. Todo un deleite para los ojos en su época, que contó poco después con una secuela en PS3 que se pegó un batacazo de aúpa.

God Hand
Ya empezamos a hacer alguna trampilla, porque este juego exclusivo de PlayStation 2 -posiblemente, de los que mejor define el término «juego de culto»- sí gozó, años después de su salida, de un relanzamiento en la tienda digital de la tercera Play… pero solo para los USA. Así que libramos el primer Strike.
Poco se puede decir de La Mano de Dios que no se haya dicho ya: todo un golazo, de dudosa legalidad, encajado por Inglaterra y obra del Pelusa… Ah no, esa es otra «God Hand». De la que toca tratar aquí es la última obra de Clover Studios, el desaparecido equipo liderado por el afamado Shinji Mikami (Resident Evil, Dino Crisis).
Una mezcolanza perfecta de h0st14s como panes y estrafalaria comedia en 3D, que en su época no compró/ disfrutó ni el Tato, y ahora alcanza abultados precios en el mercado de segunda mano. Un recorrido que lo asemeja a clásicos atemporales de otros medios, como son el cine de Lars Von Trier, o el de Michael Bay (nosotros también sabemos fliparnos, ¿véis?).

Haven: Call of the King
«El que mucho abarca poco aprieta», reza el dicho popular que se podría aplicar a este título. Y eso que tenía detrás a peña tan crack como Traveller’s Tales, creadores de innumerables adaptaciones jugables de Disney (o de unas 87 entregas de Lego). Pero en Haven, se vinieron muy arriba.
Era un mix de mecánicas tridimensionales, donde primaban las plataformas, junto a la recolección de objetos y secciones de pilotaje o combate espacial. Además, intentaron que los tiempos de carga entre transiciones de niveles fueran inapreciables, engatusándonos con los llamativos escenarios de generación fractal por voxels…
Mucha terminología técnica y otras bondades, de las cuales informaron ampliamente los medios especializados en la época, y millones invertidos en publicidad, que no sirvieron para evitar la cancelación de las versiones para Xbox, GameCube y GameBoy Advance tras unas ventas discretísimas en PlayStation 2.

Kengo: Master of Bushido
Allá por la época de la PSOne, se lanzaron un par de títulos de lucha 3D extremadamente originales, llamados Bushido Blade 1 y 2, donde un combate podía acabar en menos que canta un gallo (anda, pensaba que el ave más veloz… era el tren).
Su sistema de combate era único. Una sola estocada bien ejecutada podía arrancar la vida. Tal es así que fue pocas veces copiado por su exigencia. Pero sí obtuvo con este Kengo un sucesor espiritual. Este, a su vez, inició su propia nueva saga.
Una experiencia fresca y original, donde tocaba entrenar durante horas con una espada de madera para perfeccionar nuestros movimientos. Aprendíamos distintas poses y ataques especiales, para luego afrontar duelos ante oponentes de mayor rango. Y así, hasta alcanzar el torneo final. Nada de Hadoukens o Fatalities. Pero sí mucho de realismo. Y algo de sangre.

Kill Switch
Un juego que pasó sin pena ni gloria por nuestras consolas hace dos décadas. Sin embargo, trajo una innovación presente, hoy en día, en casi todos los productos de acción en tercera persona: el sistema de coberturas durante los tiroteos.
El mismísimo Cliff Bleszinki (Cliffy B pa’ los colegas), creador de la saga Gears of War, admitió públicamente la influencia de este Kill Switch en su obra. A pesar de su argumento sencillote, donde encarnamos a un súper-soldado repartiendo plomo, y un diseño de niveles simplista, sus novedosas mecánicas para los tiroteos lo colocan en un lugar privilegiado en la historia de la industria del entretenimiento electrónico.

Killer 7
Para unos, visionario, genio y «auteur». Para otros, un flipado, sobrevalorado y pasado de rosca. Lo que es indiscutible, es que todo lo que toca Goichi Suda -o Suda51- desprende un halo único de originalidad marca de la casa solo a la altura del mismísimo Kojima-san.
En esta obra del afamado y disruptivo creador, hay extrema violencia, mercenarios asesinos, personalidades múltiples, complots mundiales, alegorías y… no sé cómo explicarlo, me dejó más confundido que un videoclip de 7 horas dirigido por David Lynch; y en arameo. Ah sí, el estilo visual de Killer 7 resultaba, como no podía ser de otra forma, rompedor, con una estética de dibujo animado, pocos polígonos visibles y mucho contraste. Si os molan las idas de pinza monumentales, es un must-have de esos, vaya.

Leisure Suite Larry: Magna Cum Laude
«¡SEMENTAAALES!» Con este grito, nada erótico-festivo, nos recibía un vídeo al poco de iniciar el juego… así que ya podéis suponer lo que esperaba después.
En esta especie de aventura gráfica de mundo abierto (por llamarlo de alguna manera no obscena) nos aguardan concursos de camisetas mojadas, minijuegos donde guiar a espermatozoides, o incluso un sucedáneo del Pong llamado «Pajilleros»… del cual mejor no explicamos la mecánica.
Sí, todo muy cochinote, referenciando ciertas pelis del destape ochentero, y altamente sexista, pero a tope de comedia y muy autoparódico. Un excepcional doblaje al castellano adorna este obsceno conjunto lúdico-digital; un lanzamiento harto inviable ya hace años e imposible actualmente.

Magna Carta: Tears of Blood
La segunda entrega en la saga rolera coreana, nacida originariamente en ordenador, llegó a nuestras fronteras para PlayStation 2 en marzo 2006 (la versión de PSP se quedó varada en Japón). Una obra que destacó mayormente por los sublimes diseños de personaje del afamado artista Hyung-Tae Kim, que aún acompañando a fondos bastante sencillotes, ofrecía en conjunto un acabado gráfico más que resultón.
El sistema de combate, en tiempo real, exigía coordinación y ritmo, y la exploración de escenarios permitía optar por dos modalidades bien diferenciadas. A pesar de una elaborada trama (que, tristemente, llegó completamente en inglés a España), su excesiva linealidad y otros fallos menores evitaron que alcanzase el éxito en nuestro país.

Maximo: Ghost to Glory
Si creciste en los ochenta, viviendo intensamente (entre humo de cigarrillos y chicles pegados) la época de los salones recreativos, fijo que el juego aquel que arrancaba en un cementerio manejando a un caballero que se quedaba en gayumbos, te marcó.
Tuvo un puñado de secuelas, reinicios y se ha incluido en multitud de recopilatorios, pero también contó, en exclusiva para PlayStation 2, con su propio título de acción 3D ambientado en el mismo universo… del cual nada se ha vuelto a saber.
Era un producto que rozaba el sobresaliente, tomando la base del arcade Ghost & Goblins (armadura que se rompe, fases de distinta ambientación, muchos saltos…) y adaptándola a un entorno poligonal fabulosamente. Tristemente, tanto este juego como su secuela, también de una calidad más que notable, siguen en el limbo digital. Al menos, siempre nos quedará la moda atemporal de los calzoncillos con corazoncitos para recordarlos.

Oni
La estética ciberpunk no es una moda artística de hace dos días, como Akira o Ghost in the Shell pueden corroborar. Estas dos obras (herederas a su vez de las escrituras de K. Dick, Moorcock, y el consumo desmesurado de opiáceos en los 60) indispensables del manganime han servido de inspiración para multitud de productos posteriores, entre los que se encuentra este Oni.
Curiosamente, fue uno de los desarrollos tempranos de Bungie (aunque del port a PlayStation 2 se encargó Rockstar). Aborda un futuro distópico, que sirve de telón de fondo donde Konoko, una agente especial del departamento de delitos tecnológicos -la de curro que tendría en nuestra realidad- se ha de enfrentar a la peor calaña… y a sus propios demonios. Tiroteos y acción por doquier, con un apartado visual algo renqueante, pero sin restar a la diversión. Eso sí, no salen replicantes charrando sobre momentos perdidos en la lluvia.

Rise to Honour
¿O es «Honor»?… Meh, que se peleen los angloparlantes. Cuestión de Honor, que hasta la portada se tradujo para nuestro país.
Artistas marciales cuyos nombres encabezasen carátulas en videojuegos ya había un puñado antes de los años dos mil, como el eterno Bruce Lee o el cómicamente temerario Jackie Chan. Pero nunca un título adaptó tanto el parecido físico, utilizando captura de movimiento y hasta la voz, como en este protagonizado por Jet Li.
En este festival de tollinas, coreografiadas por Corey Yuen (renombrado director de acción hongkonés), Li interpreta al policía encubierto Kit Yun, mientras arrea guantazos a diestro y siniestro, o dispara a los malos ejecutando vistosos «bullet-times» a lo Matrix. Oh, y si os mola el cine de acción asiática, hallaréis un montón de referencias a la filmografía real del prota.

Rumble Roses
Ahí va, si llevamos 87 párrafos (a ojo) y solo hemos metido un título tipo «Versus»… pues aquí va otro del que poca gente se acuerda. Su principal punto diferenciador era un plantel -escasillo, eso sí- formado exclusivamente por féminas profesionales de la lucha libre, que destacaban por sus… atributos. Vale, palabrita, esta será la última entrada que incluirá contenido picantón, pero merecía la pena recordar esta obra muy japonesa y bizarra de Yuke’s y Konami.
El absurdo argumento, donde un científico chiflado organizaba un torneo de wrestling para robar ADN de las luchadoras, era una mera comparsa para un desfile de ceñidos bikinis y atuendos exuberantes. Como un Dead or Alive, pero sin chorrocientos spin-offs o secuelas… bueno, una sí que tuvo para Xbox 360. Perdieron la oportunidad de meter a Pajares y Esteso en las gradas para dar ambiente y no triunfó.

Rygar: The Legendary Adventure
El Rygar original de recreativa fue portado a casi todos los sistemas domésticos imaginables (yo flipaba en su época con la conversión a ZX Spectrum). Pero, en cambio, esta magnífica reinterpretación del clásico quedó marginada en PlayStation 2 hasta que se versionó, con muy poco bombo y platillo -y menos mimo-, a la Wii de Nintendo.
Una verdadera lástima, porque incluso sin filtros HD ni mejoras de ningún tipo, en PlayStation 2 se sigue viendo espectacular hoy en día. Y lo más importante, se sigue jugando de fábula. Un hack and slash con exploración y plataformeo, donde usamos una especie de arma yo-yo a lo largo de extensos niveles enmarcados en un Mediterráneo de fantasía heroica, con su mitología y leyendas de trasfondo.
Rygar puede presumir de haberse adelantado, y con mucho acierto, a la furia mitológica de Kratos y su God of War, al que inspiró directa y evidentemente. Aunque, por desgracia, no lograse la suficiente repercusión como para recibir más entregas. Sin duda, uno de los mejores y más infravalorados juegazos olvidados de PS2.

Shadow of Memories
¡Ah!, la Konami de principios de milenio, cuando aún arriesgaba lanzando nuevas y singulares Ips. Incluso alejándose de las modas consoleras como en esta, que se asemejaba a una aventura gráfica, carente de acción y frenetismo. Desgraciadamente, pese a una cálida recepción por la crítica (que acogió el título con elevadas notas), rindió de manera mediocre en el mercado.
Shadow of Memories contaba una historia de fascinante argumento, desarrollada en un pueblecito alemán la mágica noche de Walpurgis. Incluyendo saltos temporales para descolocar al jugador, nos tocaba resolver un asesinato… El nuestro propio. Aunque poseía varios finales, la aventura se hacía algo cortita, y a su escasa duración se unía un apartado gráfico con pocas florituras. Hubo una versión para PSP, que gustó menos, y no alcanzó las fronteras europeas. Vamos Konami, a falta de lanzar nuevas propiedades intelectuales, anímate con un remake de esta.

Shadow of Rome
Si os place acariciar, con las yemas de los dedos, las espigas de trigo bajo el sol… Tarareáis cada poco cierta sinfonía coral compuesta por Hans Zimmer… Si habéis llamado a vuestro hijo Máximo Décimo Meridio… Este es vuestro juego.
Bueno, y aunque no seáis TAN flipados de Gladiator o los péplum en general, también. Shadow of Rome era una aventura de acción donde se narra el complot para cargarse a Julio César en Roma, con muchas libertades creativas, pero con más diversión de la imaginable. Al control de sus dos protagonistas, Agrippa y Octaviano, tendremos secciones jugables muy variadas e inmersivas: combates en el Coliseo, carreras de cuadrigas, sigilo e infiltración…
La mejor obra sobre «espadas y sandalias» que ha visto el ocio digital, sin lugar a duda. Y sin secuela o relanzamiento. Snif… Me voy a llorar junto a mi chiquitín, Max…

State of Emergency
Anda, si no hemos nombrado casi nada que tuviese a Rockstar detrás. Pero ni que intentásemos esquivar obras altamente polémicas… ¡Sistemas opresores! ¡Estado de sitio! ¡Violencia extrema! ¡Represión policial!
Sep, los asuntos tratados en este juego encajan a la perfección con lo esperable -sobretodo por la prensa- de la productora. Mucho se escribió/habló sobre State of Emergency, un runrún previo a su salida que pronosticaba un contenido de mal gusto… Se le llegó a tildar de «GTA sin vehículos», pero ni por asomo.
Acción muy macarra, sí, con destrucción de mobiliario urbano por doquier, y escenarios a rebosar de personajes arreándose fuertemente. Pero muy liviano a otros niveles. Vendió bastante bien en USA, y llegó a lanzarse una secuela de la que menos gente se acuerda aún.

Stuntman
Esquivar el tráfico a toda velocidad en dirección contraria, realizar un salto entre llamas con tu automóvil mientras hace un giro en tonel, saber pilotar cualquier vehículo imaginable en las condiciones más peligrosas… así es el curro de un especialista de cine. O un día cualquiera en la vida de Tom Cruise. Nunca antes habíamos vivido situaciones similares en un juego de conducción, tan fielmente recreadas respecto a la realidad, hasta que se puso a la venta este título.
Encarnaremos a un doble de acción a los mandos de distintos medios de transporte, a lo largo de seis seudo-films (de gánsteres, rollo Bondiano, Indianesco y más…). Estos van divididos a su vez en numerosas secuencias. Tocará pisar el acelerador al km/h justo, derrapar con extrema precisión y realizar un sinfín de complejas cabriolas, para superar cada punto de control. Era sumamente difícil, exigiendo mucha repetición en cada zona. Pero divertidísimo, al igual que su continuación.

¿Ya van 25 entradas seguidas? Espera, ¿y habéis llegado hasta aquí? Uf, tiene mérito lo vuestro, gente. Casi que pararemos ya, no sin antes hacer mención a algunos títulos que nos dejamos en el tintero por falta de espacio… y porque algo hemos de dejar para otro reportaje especial de PlayStation 2. Spartan Total Warrior, Disaster Report, Shadow Hearts, Urban Reign, Dark Stone, Silpheed… e infinitud más. Obras de los géneros más variopintos que alimentaron nuestras máquinas de 128 bits y nuestros sueños hace ya un cuarto de siglo, que no merecen caer en el olvido. Ojalá podamos seguir jugando -y soñando- dentro de otros 25 años.
Feliz aniversario, PlayStation 2.
