Pifias, errores de fábrica y fallos épicos en la historia de las consolas
¿Se diseñan los productos para fallar? Exploramos la obsolescencia programada junto a los ejemplos más sonados de la industria relativos a problemas de fábrica

«¡YO OS MALDIGO A TODOS, MALDIGO LAS GUERRAS -de consolas-, OS MALDIGO!»
Vale, quizá no era necesario empezar tan a tope de dramatismo parafraseando una de las sentencias más devastadoras de la historia del cine (con un pequeño plot-twist friki) para llamar vuestra atención al tratar de algo tan solemne, y pelín frustrante, como es la dichosa obsolescencia programada en videoconsolas.
¿Lo cualo, Pascualo? Sí, leñe, esa tendencia de acción tan actual que lleva a los fabricantes a manufacturar sus productos para que dejen de servir en un tiempo determinado. No por desgaste natural, sino de forma anómala… en plan «que parezca un accidente»… ¿Puede haber algo de cierto en todo esto? ¿Se diseñan las cosas para fallar cuanto antes? Y más aún, os preguntaréis, ¿Qué ida de pinza es esta?
Vayamos por partes. Lo de gritar/escribir a lo Charlton Heston es una actitud que más de uno hemos adoptado mientras jugábamos cuando, sin motivo aparente (estampar el mando contra la pared por un ataque de «rageo» no cuenta, chavalada), algo ha dejado de funcionar. Estás disfrutando de una buena y sana viciada, y de golpe, notas que hay un fallo… y no es Matrix.
¿Acaso todo es culpa de las grandes compañías, que solo piensan en sacarnos los cuartos (más aún)? Pues os voy a dar mi opinión, extremadamente subjetiva, pero contrastada con unas cuantas décadas en esto del ocio electrónico.
Mezclaré vivencias propias de abuelo cebolleta, con experiencias ajenas de las que me he ido empapando gracias a mis entornos laborales. Por resumir, para los más vagos de la lectura, los defectos y errores en la informática/tecnología de consumo han pasado… pasan… y pasarán… A veces, por ser algo inherente a la electrónica per se, y otras, no tanto.

Bocadillus de Nocillus Interruptus

Toca empezar por algún sitio… y dado que no soy TAN viejo como Elrond para decir lo de «yo estuve allí, Gandalf», empezaremos por mi primer acercamiento al ocio electrónico: los micro-ordenadores, con el legendario Spectrum ZX.
La juventud de hoy no sabe el trauma que causaba cuando, al avanzar un nivel en casi cualquier juego de computador de 8 bits, tocaba esperar una insufrible pantalla de carga. Y hablamos de casi media hora (o una eternidad, según a quién preguntes), a menudo.
Te levantabas, te preparabas el bocata con tu crema de cacao favorita, y lo ibas degustando mientras aguardabas cuando, de repente… LOAD ERROR.
A tomar por saco todos tus avances, toda la sesión, toda tu paciencia. ¿A qué se debía el fallo catastrófico? Sin concretar, pero usar un soporte tan «endeble» como las cintas de casete, que se deterioraban con facilidad pasmosa, o la calidad de las pletinas de la época, ya puede hacernos sospechar…
Lo que el viento NO se llevó… ¿pero un soplido arregló?

De la microinformática ochentera, saltemos a sus videoconsolas contemporáneas y justamente posteriores. ¿Tenían la NES, Master System y demás alguna falla flagrante? Pues oiga, a tenor de que algunos de estos dispositivos podían sobrevivir, literalmente, a un bombardeo (la prueba la tenéis en la imagen sobre estas líneas), yo diría que eran bien fiables… aunque, a menudo, parecía que requerían un buen chorro de aire para operar.
Sí, el mito de soplar en las ranuras de la consola o los cartuchos, eso que los expertos han asegurado que no servía para nada, si no más bien, todo lo contrario: oxidación.
Yo, internamente, sigo creyendo que las partículas de babilla tenían que ayudar, conduciendo mejor la electricidad… o algo (gérmenes a gogó), pero la ciencia no me da la razón. Lo que no parecía lógico era que un juego recién estrenado, introducido en tu perfectamente guardada- dentro de su riñonera oficial, benditos ochenta- Game Boy, no arrancase ni a la de tres.
Usabas el cartucho como armónica improvisada un par de veces y… FIXED. ¿Magia? No, el efecto de meter y sacar… y que se enderezasen… los pines metálicos, mal pensados. Quizás aquellas conexiones no eran tan fiables como deberían, pero leñes, quedémonos con que una Game Boy sobrevivió a la guerra (turrada a lo Anakin, pero funcional).
«Soy demasiado vieja para leer esto…«

Algo así parece que opinaban algunas máquinas de diferentes épocas. Entiéndase por lectura, la de discos ópticos, claro. Aquí voy a hacer una elipsis temporal en generaciones consoleras, y saltarme la Saturn o la PSOne. Tras meterle tremenda caña, sin fallo alguno, a esta última, me aventuro a asegurar que, si le introdujese un disco de lijar, lo leería (Carpenter Simulator, aparecería tras el logo)… pero no puedo decir lo mismo otros aparatos de Sony, como la PS2, por ejemplo.
Si no me falla la memoria, una buena tirada de los primeros modelos con bandeja, pocos años después, empezaron a dar problemas con un puñado de títulos.
Algunos, de los más punteros (Gran Turismo 4, God of War 2, San Andreas…) y que, casualmente, estaban fabricados en discos de doble capa.
Tema de formatos, DVD-5 y DVD-9, o algo así (ahora, el que es demasiado viejo para recordarlo con exactitud, soy yo). Tener que cambiar tu dispositivo, perfectamente operativo, porque no reconoce los «cedeses más punteros»… pues era una puñeta. Un problemilla similar parece que vivieron los usuarios de las primeras Wiis, por cierto.
«Un anillo, para fastidiarlos a todos, y atarlos en las tinieblas…»

Si, con oscuridad, Tolkien se refería a la negrura propiciada por una pantalla que no muestra señal, acertó de pleno con la dichosa sortija, pues existe un anillo que sometió a toda la comunidad gamer y la sumió en las penumbras hace ya un par de décadas: El RED RING of DEATH (o RRoD, por abreviar) que maldijo numerosas Xbox 360.
Esta nomenclatura engloba varios fallos en sí, pues el círculo con LEDs en el frontal de nuestras «Zrisixtis», al que se refiere, podía adoptar hasta cuatro combinaciones distintas de luces rojas, equivalentes a otros tantos errores.

Un problema de diseño, pelín grave, en las placas base de los primeros modelos derivaba en temperaturas demasiado elevadas, que freía ciertos componentes. Un, digamos… escaso control de calidad en la línea de montaje, hizo el resto. Había nacido una leyenda negra en la consola blanca.
Microsoft supo que la había liado muy parda, en algún momento, entre el lanzamiento en 2005 y el puñado de acciones legales en su contra posteriores… si no, cuesta explicarse que, según cuentan las leyendas, a muchos usuarios, tras llamar para quejarse de que su consola estaba pocha, les enviasen en compensación mandos extras o incluso volantes. Como dato, os puedo asegurar que por mis manos han pasado decenas de «tres-sesentas» con esos LEDs demoníacos encendidos.
Ahora, toca ponerme íntimo y personal: vaya por delante que es una de mis videoconsolas favoritas… las cinco o seis que tuve y me cascaron. Porque con mis propios ojos (y con un uso adulto/semi-moderado), vi cascar XBoxes 360, del primer modelo, pero no solo por la primera placa base, con otras movidas aparte de las dichosas luces rojas.
Jamás olvidaré cuando, en plena partida al GTAIV (Niiiiiko, coooosin!), la pantalla se empezó a transformar en una especie de Matrix malrollera, comenzando a aparecer polígonos blancos superpuestos que, a cada minuto, inundaban más la imagen. Cosa de la tarjeta gráfica, decían… yo me quedé esperando a que me invitasen a seguir al conejo.
LA BARBACOA, LA BARBACOOOOAAA

¡Oh, bendito Georgie Dann y su eterno temazo veraniego! Lo contrario que los primeros modelos de la PlayStation 3, oiga. De vida útil entre limitada y escasa, compartieron varios elementos con el objeto protagonista de susodicha canción: aspecto (me llegan a poner a George Foreman anunciándola y da el pego) y cualidades de combustión.
Sí, amigos y amigas, a unas elegantes formas, dignas del grill más brillante o pulido (y caro) del mercado, se unieron en el lanzamiento de la PS3 varios problemillas «calurosos», relacionados mayormente con un error de diseño en la placa y las temperaturas internas.
Muchos fueron los usuarios que, dentro del periodo estipulado de garantía (prefiero ni pensar en cuántos dentro de los primeros 15 días), sufrieron en sus carnes -no a la brasa- la temida luz amarilla de la muerte. Soldaduras que fallaban, piezas churruscadas y un lujoso pisapapeles como resultado que decoraba para flipar, eso sí.
Quince años después, dicen las malas lenguas, que son pocos -tirando a inexistentes- los dispositivos operativos que aún quedan de aquel modelo. Los ancianos comentan que, si aún cuentas con uno, has de sentir como si poseyeras una especie de grial entre tus pertenencias (uno que se romperá más pronto que tarde); y que, si logras reunir siete, podrás pedir un deseo al dragón Shen… Nah, bromas aparte, lo que sí se rumorea es que varias cadenas especializadas dejaron de comprar/vender aquella máquina bien pronto dada su… tendencia, a jubilarse.
Ofrecer soporte post-venta, tipo garantía técnica, quizás era complejo, al igual que comprobar su correcto funcionamiento en escasos minutos. Al menos, Sony aprendió, y con las revisiones posteriores a la PS3 FAT, tanto en la Slim como la Ultra-Slim, se marcaron un puntazo en cuanto a fiabilidad. Y también con sus siguientes desarrollos, ¿verdad? ¿¿¿VERDAD???
SENTIDO Y SENSIBILIDAD

Ay, si es que me pongo a recordar mi querida PS4 y me emociono… qué cosita más tierna y pudorosa. Era como si, con solo mirarla, se ruborizase, tan sensible que una leve brizna de aire hacía QUE ME ESCUPIESE EL DISCO A MITAD DE PARTIDA. SIN SALVAR. MALDITA HIJ4D34U1″#. Perdón… traumitas. Parece que no supe enseñar a mi Play que escupir es de mala educación. Ni yo, ni miles de usuarios en todo el mundo.
El primer modelo de la PlayStation 4 tenía un «leve» fallo de diseño que, en muchos casos, conllevaba la expulsión aleatoria del Blu Ray insertado.
Además, para darle emoción, podías hasta apostar: quizá sucediese en los primeros quince días de uso, o justo al vencer la garantía… tal vez sacase el disco a los 87 minutos de juego, o al cuarto de hora. Yo veo negocio para BetPley65. Mejor que meter euros a que gana tu equipo.

La lógica hacía pensar que todo se debía al diseño fashion de los botones frontales de la máquina, en apariencia táctiles, o más bien ultra-sensibles a la presión, que se accionaban con solo silbar. A cinco metros.
Lo que está claro es que el error de fábrica era demasiado común, y las soluciones, como tener que abrir la carcasa para incrustar un cartoncillo en el pulsador, no estaban al alcance de todos los jugadores.
Se llegó a sugerir que el asunto estaba relacionado con nosequé de la energía acumulada, que desenchufando y blablablá… Nupe, no en el caso de la que tenía en mi hogar, ni en un puñado de máquinas que pasaron por mis zarpas.
Al menos, Sony corrigió el tema rápido, incluso antes de saltar a la fabricación del modelo Slim… y aprovecharon también para sustituir la tapa lateral, en plástico brillante del que se ralla con solo mirarlo, por otra de acabado mate. Vamos, un Jaque-mate. Ja ja ja.
«Seta que no se aprieta, ha de quedarse quieta»

Este refrán popular (mentira, nos lo acabamos de inventar), debería suponer una máxima para cualquier joystick analógico… pero, tristemente, no se rigen por tales designios las palancas de muchos mandos.
Aquí no se salva casi ningún fabricante ni aparato de responder erráticamente. Ya sabéis, cuando el personaje se desplaza solo, o la cámara se vuelve locuela, el temible drift.
Pero venga, llevamos ya demasiados párrafos sin sacar a la palestra a Nintendo así que… Switch, calienta, que sales al terreno de las pifias técnicas. Puede llegar a convertirse en la consola más vendida de la historia, sí, pero no está libre de pecados (y mejor que no tire ninguna piedra con la puntería que se gastan sus setas analógicas, vaya).
Esos originales y coquetos joy-cons… y su drifting, esa dolorosa tortura para nuestras manos. Es indiscutible que el concepto de consola híbrida de los japoneses fue rompedor (dudo que existiesen tantos PCs «consolizados» ahora de no ser por su éxito), pero tendrían que haber diseñado los mandos duales para tender a fallar algo menos que una escopeta de feria.

Y va, que tuviesen que llegar las demandas colectivas internacionales (como la presentada por la Organización Europea de Consumidores), cuando la consola ya llevaba casi un lustro a la venta, hace pensar que en Ninty no hicieron las cosas bien.
O tardaron un tiempo excesivo en encontrar/reconocer el fallo, o miraron para otro lado cuando no debían… Nah, esto último es imposible. Nintendo ES AMOR, en formato electrónico, para toda la familia. Además, se portaron extendiendo el periodo de garantía, para apaciguar ánimos, claro. Al menos, las últimas tiradas de joy-cons parece que ya no petardean. AÚN.
Play has no limits…

…hasta que algo falla. El muy anglosajón eslogan, de la muy japonesa Sony, nos viene que ni pintado para meter unas pullitas (sin maldad, y nada gratuitas) a la compañía y su última máquina, Playstation 5. p
Potente, veloz, robusta… jugar no ha de tener límites en este maquinón. Salvo que seas usuario de una que petardee. Los caminos inescrutables consolísticos me han llevado a toparme con dos errores, que me aventuraré a designar como «pelín habituales» (pero muy alejados de los casos más arriba mentados), en la quinta generación de Plays. Uno tiene que ver con el conector de vídeo, y el otro con la ranura de discos.
El HDMI de algunas máquinas, por motivos que se escapan a mi conocimiento técnico (pista: soy entre muy profano e ignorante total), está dando bastantes quebraderos de cabeza. Me explico: un mal uso, la suciedad acumulada, un tirón mal dado y blablabla harían fallar la salida de imagen de cualquier aparato. Pero en caso de las PS5, son varios los usuarios que han reportado daños en el puerto HDMI sin encontrar motivo razonable, tratando la videoconsola con sumo (que no resto) cuidado, habiéndola usado entre poquito y recién estrenada. Tal vez el conector de este producto sea más delicado que otros, tal vez estos usuarios usaron el cable de vídeo a modo de látigo de Indiana Jones y no lo quieren admitir…. misterio.
En cuanto a la rendija para insertar juegos, como mencionamos arriba, es un tema que ya se le había atravesado a Sony en la generación anterior… pero ahora, es a la inversa. Hasta donde yo me he podido enterar, una tirada de «Pisifaifs», correspondientes al pack que incluía el juego digital de Marvel’s Spider-Man 2, podía presentar este problema. Según arrancabas y configurabas el aparato, te ponías a insertar un disco… y no quería tragarlo ni para la de tres. A esos lectores de Blu Ray les pasaba algo; una de dos, o venía rotos de fábrica, o estaban empachados y pasaban de zamparse nada más. La lógica me haría decantarme por la primera opción, va.
Y hasta aquí nuestro repaso por algunas pifias, fallitos nimios o grandes chapuzas técnicas que nos han acompañado en esta preciosa industria que es la del ocio digital. Hay muchas otras situaciones que, seguro, se nos han pasado por alto, así que nos los podéis comentar si gustáis.

Y recordad, sea cual sea vuestro trauma consolero, y posible tirria hacia la compañía fabricante, no odies ni deis excesivo «hate» de ese… más que nada, porque la empresa rival antes, o después, también habrá metido la gamba.
Confiemos en que aprenden de sus errores, y no se aprovechan de la dichosa obsolescencia programada…
Redacción: Alber Sánchez (ALBERMAN)
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