tiempo en familia de calidad

“Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros y prefiere quedarse en casa con el móvil o los videojuegos” – Psicología y salud mental

Con la llegada de las vacaciones y el buen tiempo, muchos padres y madres se encuentran con la negativa de los hijos a pasar tiempo en familia

mi hijo no quiere pasar tiempo con nosotros

Ahora que los más jóvenes de la casa están de vacaciones de verano, sin los horarios escolares y el mismo ritmo de obligaciones académicas, tienen más tiempo para ellos. En teoría, debería ser más fácil pasar tiempo en familia. Sin embargo, los adolescentes tienen también más ganas de hacer más cosas por su cuenta, pues es algo característico en determinadas edades.

A muchos padres y madres les gusta que, precisamente con la llegada del buen tiempo, se pase tiempo en familia de calidad. Pero encuentran dificultad para dar con un acuerdo y que participen todos los miembros. Diferentes edades, gustos, afinidades hacia la tarea planteada… Al final les resulta complicado, muchas veces, que todos vayan a una y se disfrute de unas vacaciones o unas actividades (ir al cine, a la playa, salir a dar un paseo) con la presencia de todos.

La dificultad de conciliar y pasar tiempo en familia es una de las consultas que más frecuentemente recibo con la llegada del buen tiempo en mis redes sociales. Llevo años contestando sin ningún problema a quienes me plantean estas dudas, y seguiré haciéndolo encantado. Pero he decidido hacer un post común reuniendo las preguntas más habituales para, así, abreviar el plazo de respuesta y desarrollar unas pautas mejor.

Empecemos este post de “Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros y prefiere quedarse en casa con el móvil o los videojuegos” por el primer bloque: las preguntas más habituales de padres y madres.

mi hijo no quiere pasar tiempo en familia

“Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros”: Preguntas más frecuentes de padres y madres

Os dejo una relación de algunas de las preguntas planteadas en redes sociales, para que encontréis la que más se corresponda con la vuestra.

  • “Somos una familia de cuatro que nos encanta hacer todo juntos. El mayor tiene ahora 12 años, la pequeña 7. Hasta ahora nuestros hijos nos acompañaban en las actividades que planificábamos y pasábamos sin problemas tiempo en familia. Desde hace unos meses el mayor no quiere ir a algunas. Por ejemplo, los sábados por la mañana salimos a desayunar con los abuelos. El domingo nos gusta ir a caminar temprano. Solo quiere venir si salimos a cenar pizza o de compras a algún centro comercial, y tampoco siempre. ¿Cómo le convencemos de que venga siempre?
  • “Mi hijo mayor tiene 13 años y ya no quiere venir cuando hacemos planes para pasar tiempo en familia. Cuando vamos al cine los sábados, prefiere quedarse en casa con el móvil. También nos ha dicho que no contemos con él cuando empecemos a ir al campo en verano”.
  • “Mi hijo tiene 14 años y desde hace un tiempo, nos pone todo tipo de pegas para ir a cualquier parte y cuando vamos a pasar tiempo en familia. Tiene otro hermano más pequeño y pensamos que se aburre, pero para nosotros es importante que hagamos cosas juntos. Al final termina cediendo pero va con la cara larga, contestando mal y a veces consigue amargarnos la excursión. ¿Cómo podemos hacer para que venga a una actividad de todos de buena manera?
  • “Nuestro hijo de 12 años no quiere venir a comer con nosotros al campo. Hasta ahora íbamos todos juntos y nos reuníamos con sus tíos y sus primos. Ahora prefiere quedarse jugando al Fortnite. Tiene un grupo de amigos con los que juega por el micro. Saca buenas notas y no tenemos problemas con que juegue videojuegos, pero queremos que haga actividades con nosotros y el resto de la familia también”.
  • “Mi hija de 13 años ya no sale con nosotros. Los fines de semana vamos a la playa con su hermana pequeña y ella dice que prefiere ir con sus amigas, o con su tía y su prima. Pero que con nosotros se aburre y prefiere quedarse en casa con el móvil o hacer otra cosa”.
  • “Mi hijo de 12 años no quiere venir al campo ni a hacer excursiones ni a hacer nada. Con su padre hace igual cuando le toca, no es solo conmigo. Me gustaría convencerle de que haga actividades conmigo y con su hermano, y que entienda que es bueno pasar tiempo juntos”.
  • “Mi hija de 13 años dice que le chantajeo con el móvil. Le pido que no lo use cuando estamos juntos la familia, por ejemplo a la hora de comer. Pero al final acabamos discutiendo y se lo quito. Tampoco consigo que se venga a hacer actividades con el resto de la familia, como ir a ver a sus abuelos, sin que haya una discusión y termine quitándole el móvil otra vez. No estamos todo el día discutiendo y no creo que sea nada más allá de la rebeldía típica de la edad. Pero me gustaría saber qué hacer cuando no cumple con los horarios de estudio o no quiere venirse a hacer algo con el resto de la familia, ¿hago bien quitándole el móvil?”.
  • “Mi hijo se descontrola en vacaciones. No quiere hacer nada, que haga la cama ya es una discusión. No quiere pasar tampoco tiempo con nosotros y cuando se lo decimos, dice que ya tiene 15 años. Que ya es mayor y no tiene que hacer lo que le digamos. Que se tiene que organizar a su manera, con el móvil, el tiempo libre, cuándo acostarse o levantarse… Que está de vacaciones y tiene derecho”.
  • “Mi hijo de 12 años se pone hecho una furia cuando le decimos de venirse a caminar con nosotros. Para hacer una actividad entre todos hay que terminar discutiendo, y al final le dejamos que haga lo que quiera. Solo viene a hacer la compra de la semana algunas veces, pero porque se pilla las cosas que le gustan. También algunas veces viene al cine o a cenar fuera pero porque se pide lo que le gusta. Es imposible hacer cosas entre todos y no pone de su parte”.
mis hijos prefieren el movil a pasar tiempo en familia

Primer punto: empatía y flexibilidad

Todas estas preguntas relativas a “Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros y prefiere quedarse en casa con el móvil o los videojuegos”, si os fijáis, tienen como nexo común la edad de los chavales. Rondan los 12-14 años, es decir, que están en el arco de la adolescencia temprana (de 12 a 15 años). Esto significa que están desarrollando su propia identidad y su propio concepto de sí mismos.

En esta etapa es cuando van a empezar a elegir su ropa, a decantarse por unos gustos musicales u otros, por unos libros y unos hobbies en concreto, por escoger sus propios amigos en base a afinidades y puntos en común y, en definitiva, a profundizar en sus propias inquietudes, motivaciones y gustos.

Hay que entender que, dentro de esos procesos, necesitan su propio espacio y hay que ser respetuosos con su intimidad, su modo de hacer las cosas y su personalidad. Para ellos va a ser importante estar en contacto a través de redes sociales y el teléfono con su red de apoyo.

Hoy por hoy, nos guste más o nos guste menos a los que peinamos canas, es la realidad imperante y las tecnologías son parte imprescindible del contacto. Por tanto, debemos ser comprensivos, tolerantes, con su uso y su presencia en las actividades rutinarias de los más jóvenes, pues es su modo de compartir el día a día. Pero el uso no debe ni confundirse con el abuso, y por consiguiente, son necesarios los límites.

mi hijo no quiere pasar tiempo con nosotros y prefiere el movil

Normas de convivencia

Partimos de que entendemos el momento de desarrollo personal de los adolescentes, y de que somos los adultos los que vamos a hacer el esfuerzo por amoldarnos a una etapa complicada a nivel de autodescubrimiento, dudas y cambios psíquicos y físicos. Pero esto no puede ni debe ser un cheque en blanco para la convivencia. Porque, precisamente, la educación y el adecuado desarrollo psicosocial de los menores se forja también en base a límites, normas y restricciones.

No es factible tener el móvil presente en todo momento. El tiempo de estudio es, por ejemplo, una de las limitaciones, pero no la única. También debe restringirse o reducirse en reuniones íntimas familiares, para que no sea un obstáculo en el tiempo de calidad del núcleo familiar.

Recordemos que lo importante no es pasar mucho tiempo con los hijos, sino que sea un tiempo de provecho y beneficioso. Si el móvil centra la atención, el menor no va a distinguir entonces el tiempo que pasa con su padre/madre en forma de excursión o cena familiar, respecto del que pasa en cualquier otro momento.

Cuando se pone una norma (por ejemplo, nada de móvil en una reunión con los abuelos) hay que explicar también las consecuencias. Eso no es ningún chantaje, como apunta uno de los padres en las preguntas. Se está aclarando qué ocurre cuando se cae en el incumplimiento de unas normas, para que sepa a qué atenerse. Es una forma de inculcar la responsabilidad hacia los propios actos y que comprenda que no siempre va a hacer lo que le dé la gana.

Las “sanciones” no tienen por qué estar vinculadas al móvil, aunque sea el detonante de ciertas discusiones. Si va a salir con los amigos, se le impone volver antes o no salir al día siguiente. O hacer una tarea doméstica extra. Hay muchas maneras sencillas de establecer normas y consecuencias si no se cumplen con las que favorecer, a corto plazo, el cumplimiento y una convivencia más tranquila.

are you talking to me

“Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros”: Casos extremos de convivencia difícil

El incumplimiento de las normas tiene que conllevar unas medidas, no negociables ni tampoco flexibles. No hay que tener miedo a hacérselas cumplir, ni se puede caer en ceder a las presiones del niño. Si las medidas no se ejecutan, la autoridad de los progenitores se cuestionará y el niño tanteará las siguientes oportunidades que se le presenten de salirse con la suya, por si de nuevo se queda sin consecuencias.

En el caso de los niños que, por ser vacaciones, creen que se ven derecho a vivir en un spa, hay que sacarles de su zona de confort. Que tengan menos carga académica no implica que puedan hacer lo que les dé la gana y que el resto de los convivientes tengan que ceder a sus caprichos, horarios, gustos… Si se llega a casos extremos (es un menor y no se le puede echar de casa), se puede optar por otras medidas a la altura. Se le dice que no es un hotel y que los padres y hermanos no sois sus mayordomos. No le lavéis la ropa, no le hagáis la comida, no le limpiéis la habitación, cambiad la clave del wi-fi y retirad los datos del móvil de la compañía.

Es importante, en mitad de una situación extrema tan difícil, no perder la calma. Hay que mantenerse serenos pero firmes. En algún momento, va a dar el paso de hablar y con toda certeza, victimizarse. Se le explica que si no cumple con las normas de convivencia, vosotros tampoco vais a asumir todas sus responsabilidades. No va a tardar en entender que hay una convivencia y unas reglas en beneficio de todos, incluyendo la salud mental de todos los miembros de la casa.

despierta la furia

Paciencia ante todo

Volviendo a la etapa de rebeldía tan definitoria de la adolescencia, se debe valorar un punto concreto para desarrollar una convivencia serena. Una de las maneras más básicas y más sencillas de reivindicar la identidad propia es por oposición. Dicho de otro modo, muchísimos adolescentes no tienen claro lo que quieren, pero sí tienen algo más claro lo que no quieren.

En ese sobresaliente deseo de sobresalir y destacarse de los demás para diferenciarse (y conocerse un poco mejor a ellos mismos), hay un mecanismo tan básico como llevar la contraria. Es un esquema psicológico muy simple, irreflexivo, pero tirar de descartes es un modus operandi que encaja con los constructos psicológicos que ellos pueden dominar en este momento de desarrollo.

Básicamente, va a decir que no a muchísimas cosas como las actividades familiares comunes. Y va a llevar la contraria por el simple deseo de ser diferente, dar la nota discordante. Es a los adultos a quienes les corresponde ejercer como tal y relativizar estas negativas, entendiendo que muy a menudo van a obedecer a torpes mecanismos de llamar la atención y, por ende, de reivindicarse.

niños conteniendo la furia

Una de cal, otra de arena

Volviendo al epicentro de la consulta: “Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros y prefiere quedarse en casa con el móvil o los videojuegos”, y sopesando todo lo expuesto, seremos los adultos quienes facilitemos en lo posible el contexto para que se integre el adolescente.

Es muy, muy normal que haya actividades que el adolescente no desee hacer. Puede que los domingos por la tarde sea el día de la semana que se reúnan sus amigos para salir al cine por su cuenta, jugar online o ir a tomar un helado juntos. Y puede que sea, precisamente, el día acordado para pasar tiempo en familia, y se acuda a ver a los abuelos o al cine.

Mi primer consejo es exponer con antelación qué se va a hacer en común, con todos los miembros de la familia, cada semana. Que sepa el día antes, o unos días antes, lo que haréis en familia. Hablando con él/ella, sabréis cuáles les apetece más y cuáles les gusta menos. Con toda la información, podéis hacer una hoja o una tabla de actividades en común, y puntuarlas con los críos. Las mejor valoradas irán arriba de la tabla. De ese modo, todos pueden ver y de manera conjunta cuáles son las que más gustan por mayoría y empezar por ella.

Es más que probable que no esté por la labor de participar en este planteamiento. Entonces, negociaremos con él/ella. Le propondremos que escoja qué actividad quiere hacer, a qué sitios ir, y os adaptaréis. Lógicamente, deberán ser propuestas realistas, razonables y coherentes con los presupuestos y tiempos familiares.

Así, ciertos días del mes (un fin de semana al mes, por ejemplo; o fines de semana alternos) podéis comer en su local favorito la comida que le gusta. O podéis ver un fin de semana un par de películas que le gusten a él/ella, o cuadrar una actividad común centrada en sus gustos y su edad.

tiempo en familia de calidad

“Mi hijo no quiere hacer actividades con nosotros»: Consejos

El propósito es que, por un lado, se sienta parte del núcleo familiar. Dejándole decidir a él/ella le vais a conocer mejor en esta etapa incipiente de adolescencia, si tiene nuevos gustos y criterios, y que se abra con vosotros de una manera relajada. En paralelo, él/ella van a sentirse respaldados, en una zona de confianza y con la percepción de saberse integrado. Si se le imponen actividades que no son de gusto, se sentirá excluido. Por tanto, es fundamental acceder a que ciertas actividades puntuales estén planteadas conforme a sus gustos.

Por otro lado, esto facilitará que le cueste menos acceder a pasar tiempo en común de calidad con el resto de miembros de la familia. Y, además, se procurará un equilibrio entre las dinámicas familiares. Por ejemplo, cediendo a actividades basadas en sus gustos (tomar su helado favorito o cenar en su local preferido), se plantearán en paralelo otras actividades necesarias también para los progenitores y miembros de la familia. Podéis proponer ir a cenar a su local favorito el sábado si el domingo va al campo con el resto de la familia, por ejemplo.

Al final, hay que encontrar una armonía entre lo que quiere él/ella -en una etapa que incita a pasar más tiempo fuera del núcleo familiar-, y la vida doméstica de la unidad familiar. Se puede y se debe conciliar ambas facetas y lograr un tiempo de calidad en común, si practicamos el diálogo y nos esforzamos por acceder a peticiones y gustos realistas. Integrar a todos los miembros pasa por ello y fortalecer las afinidades, pues después de todo, acaban relativizando/sobrellevando las diferencias de la convivencia.


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Sergio Díaz
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