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[Análisis] Conscript: terror pixel art en la Primera Guerra Mundial

El videojuego independiente de Jordan Mochi y Catchweight Studios es un rotundo survival horror donde se aboga también por la salud mental

Conscript analisis PS VIDEOJUERGUISTAS

Conscript

Puntuación: 4 de 5.

PS5, Switch, PS4, PC y Xbox

Survival Horror, 2D

Los horrores de la guerra, alejados de la espectacularidad creada para todos los públicos, no tiene cabida en Conscript. El título independiente de Jordan Mochi y Catchweight Studios, editado en formato físico por la casa Meridiem, sabe fagocitar los miedos, tensiones y la psicosis para presentarnos un videojuego que, a todas luces, brilla como survival horror clasiquísimo.

Pero también como recordatorio de la salud mental y los peligros de la guerra en una época en la que la guerra era romantizada.

CONSCRIPT analisis PS5

Conscript y la crudeza de la guerra

La podredumbre, las moscas en los cadáveres, las ratas como omnipresente recordatorio de que solamente somos bacterias, carne y huesos molidos. Golpes en la cabeza, gases tóxicos. Destrucción e insalubridad.

Todos estos elementos cercan como hienas al jugador, quien se ve, primero, ahogado ante las grandes posibilidades que permite el videojuego. Luego, por el trasfondo histórico y personal. Y, por último, ante una lección de diseño de escenarios, de backtraking, de gestión de inventario y de sistema de combate.

Todo es tosco, duro y áspero, como la vida real, como la guerra real. Todo, a la vez, se vuelve intuitivo e invita al jugador a seguir avanzando por el frente occidental de la Gran Guerra, en la monstruosa batalla de Verdún, acompañando a un joven francés que se ve envuelto en una carrera a vida o muerte por las trincheras. Más peligrosas, desasosegantes y terroríficas que cualquier mansión o cementerio con motivos de Halloween. Cuando se ha creado el lazo con la propuesta, ya es difícil que puedas desembarazarte de él.

Pisar los charcos enmohecidos de sangre y vísceras de tus compañeros y enemigos. Ver a personas mutiladas avanzar sin destino hasta la muerte. A otras golpear su cabeza contra la pared, intentando olvidar el horror que viven. Y unas más que, directamente se inmolan o las asesinan sintiendo lo mismo que todos los demás envueltos en el conflicto: miedo.

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La Primera Guerra Mundial en píxel art

En Conscript somos André, un chico francés que ve cómo tanto él como su hermano son arrancados de la vida cotidiana para participar en un conflicto que fue escalando sin sentido. Es julio de 1916 y en pocos minutos, nos veremos buscando desesperadamente a nuestro hermano mientras, torpemente, intentamos sobrevivir entre cadáveres y cañonazos. Intentando no salir de esa trinchera que se ha convertido en nuestra segunda casa, donde los enemigos hacen incursiones buscando enemigos, pero también comida y supervivencia propia.

Entender el contexto de la Primera Guerra Mundial es crucial para comprender tanto la narrativa como la atmósfera del juego (jueguen, claro, pero también lean mucho, vean mucho y coqueteen con todas las formas de literatura y cultura). La representación del horror de esa guerra se consigue en Conscript con creces. La brutalidad, el sufrimiento y deterioro físico y mental o la pérdida son temas que el videojuego sabe transmitir e intensificar con ese píxel art realista, arisco y sin muñecos cabezones.

Esta representación gráfica que se acerca más a las introducciones de la primera PlayStation es perfecta para mostrar cada uno de los elementos diferenciadores de la IGM ya insinuados antes.

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La realidad superando a la ficción

Los enemigos, parte fundamental de este desarrollo, sin duda, son REALES. Sin pizca de lo sobrenatural, de monstruosidades física, evoluciones, transformaciones o virus. Es cierto que servidor, que no se había empapado del juego a fondo (para no destriparse el aspecto jugable o narrativo) esperaba en principio encontrarse a la enésima mutación. Pero no, no hay atisbo de lo mágico. Los enemigos son personas de carne y hueso, como tú, que luchan por sus vidas. Algunos enloquecen, otros te quieren asesinar.

Son humanos que representan el trauma y el conflicto. Son personas que representan, ahí sí, a través de lo tangible y físico, el miedo y terror a lo que simbolizan. Serán humanos, pero son monstruos, y dan miedo.

Es por eso que pocas veces jugaremos a un videojuego sin presencia de lo mágico pero que, a su vez, nos atosigue y nos dé miedo. Conscript lo consigue y se convierte en un survival horror excelente. Porque sabe utilizar sabiamente la construcción de su mundo, sus mapas y su forma de abrirse a través de nuevas mecánicas, herramientas y llaves.

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Un laberinto de la vieja escuela

El backtraking es pesado, nos hará recorrer muchas veces los pasillos de esas trincheras y pueblos cercanos. Pero lo hace con propósito, mostrándonos que la carne se convierte en mugre y de ahí surgen nuevas amenazas, como las ratas si no hemos quemado los cuerpos que dejamos atrás, o los propios enemigos si no tapamos los agujeros en la trinchera. Una clase maestra de los componentes clásicos del survival horror, ya iniciados hace nada menos que 42 años con Atari 2600 y su Haunted House, como recordamos en nuestro reportaje retro.

Los recursos limitados, la compra-venta de elementos accesorios, la ampliación de inventario, su propia gestión… Todo es recurrente para un jugador asiduo a ciertos videojuegos de terror. Aquí no observaremos nada nuevo. Solo la constatación de que han sabido asemejarse a los popes de la temática del miedo, como Resident Evil y similares, para centrarse en lo verdaderamente importante, que es su narrativa visual ya mencionada y la transformación casi tangible de esos miedos generados en la guerra, lo claustrofóbico y lo opresivo.

En eso, Conscript se convierte, por derecho propio en un nuevo juego al que seguir la pista durante años, al que se le compararán otros en el futuro y uno que crear, a buen seguro, una legión de seguidores importante.

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Conclusión

Es el nuevo Darkwood, el nuevo Detention o el nuevo Signalis, con el que comparte mucho y es, probablemente, su más inmediato predecesor por las mecánicas propias del subgénero del survival horror y por la representación estética del terror pixelado realista.

Un juego con personalidad propia que ha tenido las agallas de obviar el terror sobrenatural por acercarnos a uno mucho más mundano, triste, agobiante y doloroso. El terror de lo que los humanos podemos hacernos entre nosotros.

Es por ello que Conscript se convierte, con merecimiento, en uno de los videojuegos de terror más importantes de 2024, sin etiquetas más allá de la sensación de desasosiego que genera al jugarlo, sin monstruos, nada más que humanos abocados a una guerra sin cuartel. Más allá de sustos esporádicos y screamers.

No lo dudes, fan del volver sobre tus pasos, de volver a la sala de guardado para hacer hueco en el inventario, del no encuentro esa llave que me falta. Todo eso lo tienes en Conscript.


Enlaces de interés

Adrián Hernán de Sales

Un comentario en “[Análisis] Conscript: terror pixel art en la Primera Guerra Mundial

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