historia y videojuegos

Aprender Historia a través de los videojuegos

¿Cómo unir una de las asignaturas más densas con el ocio interactivo, y así conseguir motivar la curiosidad de los estudiantes?

Esta misma pregunta me la hice hace unos años, cuando empecé a preparar a alumnos/as de 2º de Bachillerato para la EvAU, concretamente en la materia en la que nos ocupa: la Historia. Fue buscando una motivación extra para alguien que estaba decaído, que consideraba sus estudios más como una carga que como un beneficio y que encontraba en la Historia un motivo más para caer en el aburrimiento y en la desgana.

Fue entonces cuando me (le) hice otra pregunta: ¿qué es para mí (ti) la Historia? Lejos de las definiciones académicas, llegué a la conclusión de que la Historia era un cuento, una narración, un compendio de aventuras más o menos privadas que han sobrevivido hasta nuestros días y que siguen aumentando a cada minuto que pasa.

Me di cuenta también de que esos cuentos nos habían llegado de muy diferentes formas: desde la narración oral, a las fuentes escritas (sean en el soporte que sean), la arqueología… pero también a través del arte, la pintura, la escultura, los movimientos arquitectónicos, la música, el teatro… y que ese arte, poco a poco, ya en el siglo XIX fue alcanzando cotas inimaginables con la fotografía y, andando el tiempo, el cine.

Qué duda cabe de que todas estas formas son, a la vez, historia y transmisoras de historia y que, si en algún momento se conseguía aunarlas todas en un nuevo soporte, el maravilloso cuento que es la Historia podría ser genialmente narrado. Las últimas décadas del siglo XX nos trajeron la respuesta.

Definiendo el concepto de videojuego

El videojuego, ese producto de ocio y de entretenimiento, esconde, hoy en día (y cada vez más) la receta que une literatura, música, pintura, modelado de esculturas, el cine, etc. y, además, le da al espectador la libertad de cambiar ese soporte, modelarlo a su gusto. Le convierte en protagonista. Le convierte en jugador.

Es por eso que, a partir de esta idea de contar un cuento, y del soporte más actual posible -los videojuegos-, surgió la posibilidad de impartir clases uniendo ambos conceptos. Los resultados fueron excelentes, tanto objetiva como subjetivamente.

La pregunta que quizá os podéis estar haciendo es ¿y eso cómo se hace? Pues, sin extenderme demasiado, pues no es esta la finalidad de este artículo, decir que hay tantas maneras como docentes. Probablemente esto lo veas un tanto utópico, pero te puedo asegurar que, desde hace 7 años, he experimentado con métodos y formas que no creía que fueran posibles. Y es que de un videojuego puedes coger su mundo, su ecosistema, su trasfondo y con él estructurar algunas técnicas de estudio dirigidas a la memorización.

Desde simples reglas nemotécnicas hasta auténticos palacios mentales. No os podéis imaginar como Aloy y el mundo de Horizon Zero Dawn (que nada tienen que ver con un juego de tintes históricos como tal), con sus diferentes biomas y ecosistemas, pueden crear el esqueleto para ir organizando el contenido de la Historia Contemporánea de España.

Parece ciencia ficción, sí. Quizá lo sea. Pero os aseguro que funcionó a las mil maravillas. Utilizar la propia ambientación histórica que te ofrece el videojuego es otra de las maneras más eficientes. En este caso, que para mí es el más interesante, hay diversas instrucciones (aunque no haya un manual con las mismas) y no puede uno embarcarse en ello sin conocimiento de causa. He escuchado a más de una persona decir que la saga Assassin´s Creed es pura fantasía y pervierte el conocimiento histórico.

Con lo primero estoy de acuerdo, con lo segundo… no tanto. Sobre todo, si hay un buen docente que es capaz de separar lo histórico de lo fantasioso y aprovechar los elementos fidedignos para crear en el alumnado una sensación de vivencia en primera persona.

Nunca había visto unos ojos más abiertos como cuando una de mis alumnas de secundaria pudo recorrer las calles de la Alejandría Ptolemaica planteada en el Assassin´s Creed Origins.

Aprender Historia a través de los videojuegos: las aulas como contexto para unir aprendizaje y entretenimiento

Sí, mi trabajo consistía en ir comentando qué elementos de aquella reconstrucción eran fieles y cuales no eran sino licencias artísticas que se habían creado para aumentar la sensación de inmersión en el jugador y, en ese caso, de una chica que, hasta ese día, le aburría soberanamente la Historia Antigua.

No todo vale, por supuesto, pero tampoco lo vale con las fuentes clásicas, ni con los libros de reputados historiadores, o con la realidad pintada en primera persona por Miguel Ángel en la Roma del Renacimiento. Para eso está el maestro. Para guiar al alumno/a.

Y, sobre todo, para crear en aquellas personas que se acercan a cualquier materia dos elementos que considero imprescindibles en el aprendizaje: capacidad de crítica y curiosidad. Lo digo muchas veces y lo seguiré diciendo siempre: mi labor no es que aprendas Historia, sino que aprendas a ser un buen historiador/a.

Por último, y por poner quizá el ejemplo que menos puede atraer a un docente de esta materia, un videojuego puede aportar la ligazón y generar una atracción a un elemento de puro ocio, que en mis clases ya me he ocupado yo de unir con la materia que quiero explicar.

Es decir, si en cada una de mis charlas de historia medieval, sobre todo si mi interés se versa en la vida cotidiana y en la historia de las mentalidades, voy intercalando vídeos cortos de una aventura tan apasionante como A Plague Tale: Innocence, podría conseguir (y de hecho así fue) que mis alumnos/as tengan un hambre voraz por asistir a mis clases, de entender el contexto que les estoy explicando, con la promesa de la recompensa de algo que les entra por los ojos y que les plantea una historia de ficción brutalmente bien contada.

En este caso, además, la utilización de la ficción histórica que plantea este título (y otros muchos) me valdría para jugar con simbolismos y subtextos, con metáforas poderosísimas sobre cómo un campesino del siglo XIV en la Francia rural podía vivir, física, emocional y psicológicamente, algo tan devastador como la Peste Negra. Pero eso… es historia para otro artículo.

Sea como sea, lo que he querido dejar claro con esta pequeña disertación, que sirve más como prólogo que como teoría extensamente argumentada, es que el mundo del videojuego, como lo ha sido el del cine y otras disciplinas artísticas antes, es un universo del que los docentes deberíamos tomar el pulso ante una sociedad cada vez más volcada en ciertos medios digitales.

Un universo, por supuesto, complejo. Un universo que requiere trabajo, dedicación y estudio. Pero un universo que, en definitiva, no podemos guardar en el cajón de “eso que hace que mi hijo/a esté embobado y no estudie lo que tiene que estudiar”.

Ese es el principal objetivo de este artículo. Ese ha sido el principal objetivo del proyecto de Hoy Somos Historia que creé hace ya 3 años y en el que utilizo, ya no solo los videojuegos, sino otras herramientas tan atractivas para la divulgación como la literatura o el rol.

Y ese ha sido mi principal objetivo en mi ámbito laboral: defender y mostrar al alumno/a (y también al educador y docente) que existe un mundo desconocido en el que uno puede indagar e innovar, encontrando motivaciones que uno creía perdidas y que, en definitiva, hagan de esa “dura y pesada” asignatura algo divertido, emocionante: un (video)juego.

Soy Álvaro Carvajal, Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid y que tras varios años de experiencias en la enseñanza y en trabajos de divulgación histórica y cultural, decidí ir un paso más allá: combinar mi pasión por las nuevas tecnologías, la literatura y mi faceta de historiador para crear el proyecto de Hoy Somos Historia

Desde 2020, tras el paso de decenas de alumnos/as, más de 100 horas de contenido están al alcance de cualquiera que quiera acercarse a la Historia Universal desde un ángulo ameno, divertido, e igualmente riguroso.


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