[Análisis] Mullet MadJack para PC (Steam) y Xbox Series
Un boomer shooter que introduce toques roguelike para resultar tan frenético y divertido como efectista al recuperar la esencia noventera del género

Mullet MadJack
First person shooter, Rogue-Lite
Textos en español
Disponible en PC, Xbox Series. Desde abril de 2026, en Switch y Switch 2
PEGI 18 años
Formato digital
Duración: 4 horas
En una industria actualmente plagada de masas cronembergtianas mal llamadas “juegos como servicio” (que más que juego como servicio, podría llamarse JUEGO PARA IR AL SERVICIO de lo exageradamente vomitivos que resultan), tenemos casi que pedir «perdón y gracias» por gozar de un juego single player como este Mullet MadJack con el que acribillar y tirotear sin complicaciones.
Al menos, la escena indie y doble A han sido durante estos años la respuesta a todas nuestras oraciones. Los boomer shooters, (o “shooters po**a-vieja” como cariñosamente les llamo) vinieron al rescate para devolver el género a su gloriosa y exquisita puridad. Juegos de acción en primera persona que imitan el estilo, vertiginosidad, armamento y violencia extrema de los shooters de la vieja escuela de los 90. De los de salud por botiquines, llevar el grueso de la OTAN en tu bolsillo como armamento y cientos de camiones de la cruz roja por los maremotos de sangre que dejas tras tu paso. TAL Y COMO DIOS CONCIBIO EL ORDEN NATURAL DE LAS COSAS.
Y de entre esa clase de género, surgió un nuevo sub-género, caracterizado por shooters que mezclaban velocidad, puntería y habilidad. Juegos como UltraKill y Turbo-Overkill serían los mejores ejemplos. Shooters donde te mueves más rápido que un epiléptico con cagalera, que te exigen la precisión de ponerle un condón a la minga de un tábano y todo ello mientras te apremian a matar con más estilo que John Wick haciendo la declaración de la renta. Y de entre ellos, surge un nuevo campeón: Mullet MadJack.
Mullet MadJack es una extravagancia de shooter, de velocidad sobresónica con tintes de roguelike que es heroína pura y sin cortar. Un chute de adrenalina directo a tu torrente sanguíneo que solo quiere darte aquello que más buscas tras un duro día de trabajo cara al público: MATAR, MATAR RÁPIDO, MATAR MUCHO Y MATAR FUERTE. La catarsis hecha videojuego.

Fantasmón en la carcasa
A nivel artístico y gráfico, Mullet MadJack es la estilización y epitome de todo lo genial y molón de los años 80. Más concretamente, una carta de amor al anime clásico de finales de los 80, una OVA hecha videojuego de acción en primera persona.
Animaciones y dibujos preciosistas y coloridos en un entorno cyberpunk, que te harán sentir como si estuvieras en el mundo de Ghost in the Shell o Akira pero tras haberte vomitado encima toneladas métricas de neón.
Todo ello, acompañado por una banda sonora synthwave y new retro-wave que le da el broche de oro definitivo a dicha estética ochentera y hace las delicias de los amantes de ese género que, al igual que yo, se enamoraron perdidamente de él gracias a juegos como los Hotline Miami o Far Cry Blood Dragon, haciéndote sentir nostálgico por épocas que jamás viviste (recomiendo que escuchéis artistas como Home, AM-1984, Power Glove, Perturbator y sabréis de lo que hablo).

The man, the mission… The PELAZO
La historia del juego es una crítica hacia el consumismo, corporativismo, la era de los influencers imbéciles sin personalidad y lo zombificados y esclavizados que estamos bajo redes sociales. Todo con la sutileza de un huracanado eructo a través de la megafonía de un estadio de fútbol. Mullet MadJack nos narra que el mundo está gobernado por robots millonarios, completamente psicopáticos y chalados, que resultan ser directivos y ejecutivos dueños de todas las esferas de la vida, mientras que individuos e internet se han fusionado, en todo el significado de la expresión.
Solo unos cuantos son los que mantienen el orden frente al caos: los «Moderadores». Jueces, jurados y verdugos con 10 segundos de vida, que imparten justicia en livestreams en directo con toneladas de munición en rápida sucesión. Charles Bronsons de Twitch cuya esperanza de vida reside únicamente en la audiencia y likes que reciben por sus matanzas indiscriminadas y que rápido deben masacrar para su público agradar y sobrevivir un día más. Mejor destino que abrirse un Only-Fans, si me lo preguntáis.

Tú eres Jack, un moderador con un trabuquete por pierna derecha -una impresionante habilidad para encerar todo tipo de suelos, deslizándote infinitamente con el culo como un perro con un severo caso de lombrices-, además de un ánimo inquebrantable de repartir justicia. Todo ello a golpe de un pelazo pantenne que triunfa en todos los certámenes y pasarelas.
¿Tu objetivo? Rescatar a la influencer de turno retenida como rehén en la azotea del “Totally Not Nakatomy Plaza”, masacrar a toda oposición planta por planta y conseguir como premio unas flamantes y reshulonas zapatillas deportivas como pago. Todo lo que necesita un buen hombre en su vida.

El virtuoso de la violencia
Jugablemente, en Mullet MadJack nos encontramos con la mezcla perfecta entre roguelike y el shooter de habilidad más frenético y encocado. Por la parte de shooter de habilidad, este FPS te pide ser un Da Vinci del asesinato confeccionando las muertes más creativas y ridículamente violentas en rápida sucesión si quieres ganar segundos extra para sobrevivir.
Lo que parecía algo que le daría una enorme dificultad, acaba siendo su reclamo más divertido. Tienes 10 segundos de vida y cada enemigo derribado te otorga segundos extra, algo así como el modo “Minuto en Nueva York” de los Max Payne.
Pero la diferencia radica en que la forma en como los liquides y el estilo y gracia con que lo hagas, será lo que te otorgue mayores segundos y por ende mayor puntuación.

Matar enemigos con tiros en la cabeza, volándoles a la estratosfera con barriles explosivos es lo más tópico y genérico que te puedes echar a la cara, aquí puedes “ventilarlos” haciéndoles picadillo en ventiladores, inflándoles de más puntapiés turbocargados que los propinados en toda la carrera de Juan Claudio Van Damme, hacerles un Leónidas pateándoles a fosos y abismos insondables y, lo más divertido: Bailar un Chaikovski con ellos, es decir: HACERLES UN CASCANUECES. Y todo juego que me premia por dar tiros en los cojones, es un juego que me va a otorgar múltiples satisfacciones.
Los que hayan jugado a BulletStorm habrán captado a la perfección el nucleo jugable de este título. Es de la clase de juego que te refuerza a combinar y darle variedad a las muertes y, cuando te quieras dar cuenta, te has convertido en un tenor del tiroteo, un artista del asesinato y maestro de la mutilación que aniquila con destreza y precisión en rápida sucesión.
Y lo mejor es que siempre estarás picado a hacerte una run más perfeccionada y más alocada. Tiene ese exquisito puntillo que solo he visto en los Hotline Miami, donde te picas a volver a jugar y jugar para reventar aún más el marcador y sacar las mejores puntuaciones. Eso es rejugabilidad en su más pura forma, ¡el resto no es más que un juguete!

Mamoneando y mazmorreando
Por la parte roguelike nos encontramos con los convencionalismos típicos del género, ya sabéis, niveles generados proceduralmente (término sofisticado y fancy para decirte que te vas a jugar los mismos pasillos una y otra vez, pero con una ligera variación en la disposición de un par de habitaciones y ya).
Esto también significa el tener recompensas aleatorias con cada run y que caer derrotado significa un reinicio de fase. Pero aquí, a diferencia de muchos otros FPS roguelike que intentaron esta vaina y les salieron resultados putapénicos (sí, te miro a ti, Strafe), estas mecánicas están hechas con tino y confeccionadas con precisión para ofrecerte la máxima diversión.
Este Nakatomy Plaza del LIDL se compone de 80 pisos, y las variaciones generadas proceduralmente en cada uno de ellos son, en esencia, variaciones en los peligros del entorno, de las armas y de los tipos de enemigos que nos vamos encontrar. Por lo significa que siempre nos encontraremos formas más divertidas y variopintas de matar. Si bien, hay que decir, que llegará un punto en que ya lo habremos visto todo y estaremos atravesando la misma habitación.
Las recompensas aleatorias y ventajas que te dan al finalizar cada piso, todas y cada una de ellas son útiles y casi rompe-partidas, o te otorgan armas más rotas que la credibilidad de Microsoft tras el cierre de Tango Gameworks, amén de que puedes quedarte con alguna de ellas para próximas runs e incluso mejorarlas.
Cada 10 pisos te encuentras con una bossfight, bastantes sencillitas la mayoría pero muy divertidas de jugar que se basan en la clásica estratégica de “DISPARALO MUCHO HASTA QUE MUERA” y eventualmente esquiva y aprende sus patrones de ataque obviamente deducibles. Lo bueno es que al menos durante ellas no tendrás límite de tiempo y solo dependes de tu salud normal.
Y lo aún mejor es que tras esos 10 pisos y matar al jefe, te recompensan con un checkpoint y punto de control desde el que poder continuar en las próximas partidas.

Tanto gilipollas y tan poco tiempo
Porque aquí, la muerte no es el final. Palmarla en el piso 25, 31 o 42 no te devuelve inmediatamente a la casilla de inicio y te toca volverte a hacer el juego desde el comienzo. Aquí si cascas en un piso volverás al último donde tenías el checkpoint, es decir, al piso 10, 20, 30 o 40 tras haber acabado con un jefe. Y como cada uno de los pisos te duran máximo unos, 40 o 60 segundos, no resulta un tedio ni un coñazo volvértelos a pasar, sino una flamante oportunidad para conseguir mejores puntuaciones, ganarte mejores recompensas y hacerte runs más exquisitamente violentas. Nunca te vas a aburrir y siempre te vas a picar a jugar un poco más.
Es el perfecto juego para coger y jugar partiditas rápidas y desestresarte, pero al mismo tiempo de esos con los que siempre acabas diciendo: “Solo un nivel más y me acuesto” Y al final acabas a las 3 de la mañana completándolo y con unas ojeras como las de un yonki salido de una clínica de Proyecto Hombre.
Y por si eso te sabía a poco, puedes siempre rejugar los capítulos para mejorar puntuaciones y así obtener mejoras y recompensas permanentes con las que apremiarte a seguir jugando los siguientes capítulos y divertirte aún más. ¡Fíjate! Un juego que te recompensa por seguir jugándolo y no por seguir pagando. ¡Que conceptazo!, ¿verdad?
También te ofrece un modo Infinito, que es tal y como suena: un modo Ironman donde solo tienes 1 vida y las mejoras acaban perdiéndose tras 10 pisos y te pones a prueba a ver hasta dónde eres capaz de llegar. Y aunque el juego principal te lo completes en 3-4 horitas, siempre lo podrás rejugar en partiditas rápidas cuando quieras gracias a estos añadidos.

¿Por qué merece la pena Mullet MadJack?
En conclusión, Mullet MadJack es un tremendo juegarral que hace las delicias de todo aquel que sea fan de las mutilaciones sin complicaciones. No hace falta que seas un distinguido caballero que le guste disparar con esmero, cualquiera al que le gusten los videojuegos de diversión directa y sin mayores pretensiones que entretener, va a gozar de este título en cuanto lo llegue a tener.
Súmale su estética ochentera de anime hiperviolento que es caramelo a la vista, su exquisita banda sonora synthwave que te otorga calma espiritual y una filosofía “Pick up and Play” con rejugabilidad casi infinita, y tienes una genialidad hecha con el más puro cariño y atención al detalle, que nos recuerda que eso son y deberían ser siempre los videojuegos: Obras hechas con pasión para apasionarnos. Y no productos a consumir confeccionados bajo estudios de mercado.
Así que, si necesitáis algo con lo que quitaros el estrés de un duro día de estudio y trabajo, este juegazo os hará gozar del asesinato a cada rato.

Valoración
7.6