[Crítica] La isla fantasma (Shepherd, 2021): una película de Silent Hill… que no se llama Silent Hill
Una producción modesta en todos los sentidos que deja mejor sabor si se está familiarizado con los videojuegos de Silent Hill de Konami

Ir a una isla remota y sin rastro de civilización no es, definitivamente, una buena idea para tratar de superar un trauma. Pero al protagonista de La isla fantasma (Shepherd, 2021) por alguna extraña razón se lo parece, y allá que se va a pasar página.
Tom Hughes (visto en La espía roja o la serie de época Victoria) interpreta aquí a Eric Black, un viudo atormentado por la reciente pérdida de su esposa. Tanto que decide apartarse de todos y de todo y, tras comunicárselo a su madre, se marcha a esa isla fantasma a ejercer de pastor (“shepherd”).
Allí permanecerá absolutamente solo y aislado. Su única compañía será un perro, el guardián del rebaño. Solo tendrá contacto con el resto del mundo a través de una mujer que repone víveres y lo básico para sobrevivir en un entorno de condiciones tan duras, aunque lo hará de manera discreta y eludiendo el contacto en lo posible.
Con este destierro voluntario, Eric espera asumir todo lo que ha pasado. Pero, claro, lo que no sabe es que ese retiro va a ser tan extremo que la mente empezará a jugarle malas pasadas… ¿O es la isla? ¿Hay algo más allí, oculto en la niebla que envuelve todo?

Un faro en Silent Hill
Quienes estéis familiarizados con Silent Hill vais a ir no un paso por delante de los acontecimientos, sino dos kilómetros.
Porque encontraréis un montón de paralelismos con Silent Hill que me cuesta creer que sean pura casualidad. Más bien creo que al director, Russell Owen, la saga de Konami le chifla y ha hecho su particular recreación de Silent Hill en una isla perdida con un faro.
Un faro omnipresente toda la película, con un repiqueteo de campana constante y agobiante, que empieza a desestabilizar al protagonista con su insistencia machacona mañana, tarde, noche y madrugada.
Este sonido que lo inunda todo casi, casi hace las veces de la sirena de Silent Hill, aquel recurso acústico que le daba a la atmósfera un toque siniestro y asfixiante. Igual que esta campana lúgubre y funeraria. Su presencia convierte al faro en prácticamente el coprotagonista del largometraje, monopolizado por Eric. Por extensión, también recordará inevitablemente al aclamado largometraje El Faro (2019) de Robert Eggers, otro opresivo relato dominado por la progresiva pérdida de cordura.
¿Realidad o pesadilla?
La película no va a tardar en intentar despistar al espectador con situaciones ambiguas. Puertas que se abren solas, pisadas de barro en la casa, el perro pastor mirando fijamente a algo en la nada… ¿Es la imaginación de Eric o hay algo oscuro en la isla?
El grado de desasosiego del protagonista irá creciendo conforme pasen los días. Su malestar también llegará al mundo de los sueños, con pesadillas en las que confunde realidad con imaginación y ya no estará seguro de lo que le dicen los sentidos…
Los guiños a Silent Hill, entonces, camparán a sus anchas el resto de la película mientras el argumento empieza a desgranar la relación entre Eric y su esposa, y el momento por el que estaba atravesando el matrimonio.

A estos detalles se sumarán los que aportarán los flashbacks del protagonista y su madre, hablando sobre la nuera de ésta y cómo la madre la rechazaba. Así, tendremos teléfonos sonando cuando Eric esté a punto de salir de una habitación, o visiones en una realidad alternativa sórdida…
Hay una escena en la recta final bastante dura en ese sentido -cuidado los amantes de los animales porque resulta muy explícita-, probablemente una de las más desagradables que he visto en el cine de terror reciente.
Pyramid Head modo calamar
La película abraza definitiva e inequívocamente el universo Silent Hill llegando a sus últimos minutos, cuando el protagonista se introduce en una niebla densa y profunda. Tan extraña y esotérica que termina en un emplazamiento físico diferente.
Una vez dentro, observaréis unos planos del lugar de lo más peculiares. En ellos, un encuadre fijo coloca al personaje muy alejado, para ir acercándose a la pantalla poco a poco. Como un videojuego survival horror de la vieja escuela y sus ángulos picados.
Por si esto fuera poco, La isla fantasma (Shepherd, 2021) se reserva para su traca final un Pyramid Head de temática marina, con sus algas y mejillones cubriendo la piel de la desagradable figura. Lo mejor es que, simbólicamente, también repite el rol de Pyramid Head.
De este modo, lo que ocurre después de su aparición termina de conectar la narrativa del film con la esencia más genuina de la franquicia Silent Hill, con la que coincide en aspectos tan curiosos como la elección del nombre: Shepherd es también el apellido del protagonista de la entrega Homecoming. El círculo de extrañas coincidencias se cierra solo perfectamente.

La isla fantasma (Shepherd, 2021) o el Silent Hill british
La isla fantasma (Shepherd, 2021) tira de planteamientos muy conocidos por los espectadores para establecer su propio limbo. Uno que, siendo sinceros, no es particularmente brillante ni original, y en el que destaca en especial el estupendo trabajo de fotografía de Richard Stoddard. Sabe sacar partido a los escenarios naturales y su infalible fuerza a la hora de transmitir soledad y, al mismo tiempo, inquietud.
Esta es la mejor baza, sin duda, de una película humilde que se sabe humilde, porque se esfuerza en meter al espectador en su mundo de miedos internos e intimistas, usando una puesta en escena sobria que va a favor en todo momento.
Las escarpadas y frías costas de La isla fantasma (Shepherd, 2021) son un marco inmejorable para una historia de terror. Y la que cuenta La isla fantasma (Shepherd, 2021) nos la hemos visto muchas veces. Pero constatando los paralelismos con Silent Hill, podemos decir que, además, nos la hemos jugado.
Pese a todo, este largometraje de terror psicológico sobre el dolor y el remordimiento se deja ver con cierta amabilidad. Y, sobre todo, con curiosidad por ver cómo hace suyos los arcos argumentales y estéticos de Silent Hill de una forma que resulta tan descarada como simpática.
Tanto que termina dejando mejor regusto en el espectador que adaptaciones oficiales al cine como Silent Hill 3D (tampoco era difícil). Pero esa ya es otra historia de la que ya hablaremos…

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