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[Análisis] The devil in me, otra gran película interactiva de Supermassive

Supermassive Games coquetea con el slasher en esta nueva entrega de su serie de películas interactivas de terror

Cuando anunciaron que esta última entrega de la primera parte de The Dark Pictures trataría sobre el asesino en serie H. H. Holmes me llevé una agradable sorpresa. Por una vez, el rumbo que tomaría la saga se alejaría del factor más psicológico y sus monstruos, tanto de carne y hueso como mentales. El tráiler de The devil in me tenía una presentación potente y nos adelantaba la mente retorcida del antagonista. Sin embargo, ¿las expectativas fueron demasiado altas?

Con tantos títulos por jugar y acercaros en este Halloween, he decidido sacar del saco de Sam un slasher como The devil in me por el carisma de su trasfondo. Además, me ha sorprendido tanto para bien como para mal, por lo que merece que le dediquemos unas palabras. Así que… ¡dentro cuchillo!

The devil in me: donde empezó todo

Un poco de contexto para situarnos. Estamos en 1893. La feria mundial de Chicago, que conmemoraba el 400 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América, es un éxito rotundo al que acuden millones de personas de 40 países distintos. La enorme exposición contó con numerosas exhibiciones, entre ellas la del primer automóvil a gasolina de Estados Unidos, el cuadriciclo Daimler y una estatua de la Venus de Milo hecha de chocolate.

Así pues, Holmes decide crear su propio «hotel de la muerte», el World’s Fair Hotel, una edificación en forma de castillo. Parecía una fortaleza tenebrosa, en palabras de los que veían desde lejos la fachada. Y menos mal que no se hospedaron como muchos otros.

Desde el principio somos partícipes de cómo va a actuar el asesino. Y para ello nos trasladaremos a la Chicago del siglo XIX. Regresando al juego, vemos un matrimonio adinerado que, aprovechando las circunstancias, reservan una habitación en los dominios de Holmes.

Como podemos esperar, terminan muriendo de forma agónica y probando las trampas del asesino, sobre todo el marido. Aquí pude comprobar que la mujer puede morir de distintas formas. Antes de acabar el prólogo, vemos la «maldición» que suelta Holmes antes de morir y la advertencia de que más vale que lo entierren de tal forma que le sea imposible de escapar.

En fin, las típicas amenazas de un asesino en serie antes de ser ahorcado y que calan en las mentes supersticiosas. Algo así como «yo estaré muerto, pero vosotros me vais a seguir temiendo».

Vivir o morir. Tú decides

Extrañaba las falsas trampas de Josh en Until Dawn. Y en esta ocasión SuperMassive nos ha hecho regresar aquellos tiempos tan maravillosos, pero con una excepción. Ahora los personajes sí pueden morir.

Es evidente la inspiración de los diseños de los juegos en la saga de Saw, aunque en eso se queda toda la referencia. El antagonista no es una especie de John Kramer, si bien quizás sí que te dé más posibilidades de sobrevivir que Amanda Young o sus sucesores. Aquí entra nuestra intuición y lógica, que recupera el espíritu de Until Dawn, y a las cuales debemos exprimir para matar o salvar, o incluso ambas, a nuestros queridos personajes.

Aunque, más que en las trampas, iría a la representación que Munday hace con los maniquíes, combinando grabaciones reales con la escenificación de las muertes, que en mi opinión supera a las formas de morir que pueden tener los personajes. Esta forma retorcida de mostrarlas, aun sin riesgo de que los protagonistas puedan morir, me parece muy interesante porque estás experimentando no solo el mecanismo, sino la forma en que los asesinó.

Aun con todo, podemos sentir que estamos en una especie de juego de puzle porque, al igual que John Kramer, o los que giran alrededor de su obra, Munday controla todo. Para empezar, la construcción del hotel me encanta. Es un laberinto que empezamos a descubrir con detalles sutiles, pequeños cambios que puede ser por nuestro sentido de la orientación o porque todos los pasillos son iguales.

Somos simples jugadores, o ni eso siquiera, en manos del asesino. Controla todo lo que está pasando y nos empuja a seguir los caminos que él traza.

Es una mente suprema, casi como un dios, que tiene nuestras vidas en sus manos. Quizás por eso le dio a Erin la oportunidad de que cogiera el inhalador, porque quería ser él quien le quitara la vida y no una circunstancia externa que no podía controlar. Aun así, al igual que Kramer, le ofreció otra posibilidad.

Esencia del slasher en The devil in me

Algo que me gusta del juego, y que tiene aroma de slasher, es el de hacerte confiar la culpabilidad a un personaje a lo largo de toda la historia, como elemento del recuperado whodunit de propuestas como Campamento Sangriento, Scream, Leyenda urbana o la más reciente, aunque desapercibida, Trick (Truco o Trato en España, no confundir con la de Michael Dougherty, de 2007) y que cuenta con el bueno de Randy Meeks (Jamie Kennedy) en su reparto.

Aunque tú sepas que lo evidente no siempre es lo acertado, decides participar en su juego. Los creadores también lo saben y no intentan inducirnos a pensar en ello con pistas que nos conduzcan directamente hacia Du’Met, sino que son los propios protagonistas quienes vuelcan sus sospechas en él —o quien consideran que es— sin más fundamento que haber sido quien supuestamente los había conducido al hotel.

Terminamos por descubrir que el hombre es Joseph Morello, un escritor que se alojó con su familia en el hotel, y que tanto él como su hija aparecen muertos en el acto final; el otro par de zapatos, si nos fijamos, es de una talla pequeña y nos indica que se trata de la pequeña.

Desarrollo de personajes

El ritmo que marca es rápido, aunque en ciertas ocasiones se toma su tiempo para fortalecer las interrelaciones del grupo o conocer el trasfondo del hotel y el asesino, además de a sus víctimas. Es en este punto donde voy a exponer de forma concisa a cada uno. La relación entre los integrantes del equipo es algo tensa, situación propiciada por la prepotencia de Charlie, que cree que un líder solo da órdenes, y sus enfrentamientos con Kate, que solo piensa en sí misma, o entre ella y Jamie, cuya relación se basa en un intercambio de pullas permanente.

Además de esto, contamos con dos romances. Por una parte, el de Mark y Kate, y por otro, el de Erin y Jamie. Debo decir que en mi partida Jamie se quedó sin afianzar su relación con Erin, ya que la maté en la primera oportunidad que tuve porque me dio un arrebato de chica final y me enfrenté al asesino. Salió mal.

Otro aspecto que me ha gustado ha sido el de las muertes. Si bien no son excesivamente imaginativas ni con una violencia explícita, la forma de representarlas sí que genera cierto impacto, unido a la expresión facial reflejada en las víctimas.

La figura del villano

En cuanto a la revelación del asesino, surgida entre otros motivos por la madre a lo Norma Bates del antagonista, debo decir que me parece un giro interesante. Aun así, debemos recoger pistas para llegar a la conclusión sobre su identidad.

Desde la cinta con el interrogatorio de Hector Munday (que, entre otros alias, emplea el de Granthem Du’Met) al asesino Manny Sherman y cómo este ayuda a corromper su trastocada personalidad, pasando por la investigación del propio FBI a su agente por sospechar que es el Asesino de Chicago, hasta el momento de la detención y supuesta muerte por el incendio que Munday provoca en una fábrica.

Entretanto, podemos encontrar correos electrónicos, albaranes de compra de objetos, presupuestos de obras en la casa, confesiones de los propios obreros… Todo esto envuelve la trama que ha montado Munday, con sus distintos pseudónimos, para llevar a cabo su plan retorcido. Aun así, no son tampoco difíciles de encontrar, pero sí recomiendo ir con calma y explorar cada rincón.

Por último, no podía faltar la resurrección misteriosa del asesino, que, como en buen slasher ochentero (véase Viernes 13, sin ir más lejos), aparece durante un par de segundos en el final de la historia para revelarnos que este muerto está muy vivo.

Un sabroso caramelo en un mal envoltorio

El aspecto que menos me gusta comentar, pero que en un videojuego no puede faltar, y menos si es de un estudio que tiene un presupuesto considerable para desarrollar sus productos.

Sí, The devil in me me ha gustado bastante, porque quería volver a jugar una propuesta slasher de la mano de SuperMassive. Pero en esta entrega siguen arrastrando los problemas de las anteriores: su aspecto técnico.

No solo las animaciones, sino el acabado gráfico parece un escalón por debajo de sus predecesores, como si hubieran hecho un gran reciclado con prisa y sin mucho mimo. La sincronización labial de su doblaje al castellano sigue siendo cuestionable (no el trabajo de los propios actores), sin contar con que en ocasiones pasamos del español al inglés.

Los tiempos de carga (la versión es de PS4 Pro) son todavía más lentos, no solo en el menú principal, sino en las propias pantallas del juego. A esto hay que añadirle la distancia de dibujado o los baches de FPS sin venir a cuento.

Es una lástima que una buena entrega sea ensuciada por el acabado técnico, aunque al menos su historia, mecánicas, ritmo y personajes compensan la dejadez del título. Supongo que son las consecuencias de hacer entregas anuales como si fueran videojuegos deportivos.

Fin del juego

Con sus luces y sombras, The devil in me es la entrega de esta primera parte de la antología que más me ha gustado. Si buscáis una experiencia slasher, con un buen asesino, trampas y ambientación (a pesar de su apartado técnico), aquí tenéis una propuesta bastante interesante.

Otro punto favorable es que se desmarca del factor psicológico y no incluye monstruos, haciendo que se diferencie de sus predecesoras. Antes de irme, os dejo más abajo con unas recomendaciones para acompañar a este The devil in me. ¡Felices puñaladas!


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Alex Marsalo
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