[Análisis] Rogue Trader Warhammer 40.000, un CRPG para exigentes
El universo de Warhammer 40.000 irrumpe en el género CRPG de forma contundente, con un videojuego de rol muy denso y difícil

El desarrollo de Rogue Trader comenzó, como es habitual en muchos proyectos, con una financiación a través de Kickstarter cuando Owlcat Games dirigió su atención a los juegos de rol occidentales bajo el manto del sistema Pathfinder. En aquel entonces, allá en 2018, se lanzó Pathkinder: Kingmaker, un RPG más que notable, pero lastrado por una serie de errores técnicos que tardaron demasiado en solventarse.
Aun así, Owlcat Games supo remontar el vuelo con Pathfinder: Wrath of the Righteous, llegando a ordenadores en 2021 y convirtiéndose de facto en uno de los CRPG más sorprendentes del momento, rivalizando con joyas como Divinity Original Sin 2, y ganando una popularidad inmediata por su purismo rolero basado en la quinta versión de las reglas de Dungeons & Dragons.
Con un bagaje exitoso, un equipo que derrochaba talento y suficientes recursos, fijaron su atención en otra conocidísima licencia que, por motivos que no nos explicamos, nunca antes había dado el salto al género de los CRPG.
Esta vez, Owlcat Games ha construido su historia utilizando el vasto universo de Warhammer 40.000, desarrollando un CRPG marca de la casa: denso, difícil, muy bien pensado y con algunos bugs que lastran la experiencia.
¿Merece la pena hacer el desembolso? Definitivamente, si eres amante de los RPG densos, profundos y con toneladas de texto, la respuesta es un rotundo sí con este Warhammer 40.000: Rogue Trader.

El 41 Milenio en todo su esplendor
Si algo tienen los juegos de Owlcat Games, es la capacidad casi imperceptible de atrapar al jugador dentro su atmósfera. Y con Rogue Trader, aunque en un vistazo superficial pueda parecer muy diferente a sus anteriores trabajos, su núcleo es el mismo: una sobrecogedora inspiración, esta vez en la licencia de Warhammer 40K, puesta al servicio de una campaña que puede llegar a durar casi 100 horas, repleta de detalles que todo conocedor de la licencia reconocerá enseguida, quedando enganchado sin remedio.
Warhammer 40.000: Rogue Trader es de esos CRPG que apuesta por una fortísima narrativa, con toneladas de textos y explicaciones kilométricas sobre su sistema de juego y el inmenso lore que rodea la licencia. La campaña es, en síntesis, un viaje muy complejo a través de un camino polvoriento con cientos de bifurcaciones.
Es el juego de las mil historias por vivir, como ya sucediera con los anteriores videojuegos del estudio y otros CRPG. No es, ni por asomo, un producto «top qualité», pues en comparación con Divinity o BG3 se percibe mucho más humilde, pero no deja de ser absorbente, especialmente si eres fan de Warhammer.

Jugabilidad al servicio de la narrativa
En Warhammer 40.000: Rogue Trader adoptamos el rol de un «mercader independiente», un subgrupo dentro del enorme imaginarium de su vasto universo, formado por nobles y sirvientes imperiales hereditarios con una libertad que casi nadie tiene, amparada por un documento milenario que, en teoría, entregó el mismo Dios-Emperador a nuestra dinastía. Se nos otorga una nave, una tripulación y libertad para actuar como corsarios espaciales haciendo, básicamente, lo que nos dé la gana para amasar fortunas.
Con ello, el estudio ruso nos lanza al aire un balón narrativo esperando captar nuestra atención. Y lo hace con tranquilidad, sin prisas, tomándose todo el tiempo necesario para situarnos en la escena y comenzar a desarrollar la trama -solo el prólogo dura alrededor de 3 horas, y son 3 horas densas, con mucho aprendizaje y mucho texto por leer-.
Y así, con un «pequeño» incidente, comienza el que será uno de los viajes más apasionantes que hemos jugado bajo el estandarte del 41 milenio, sumergiéndonos en una trama que puede alcanzar la absurda cifra de las 100 horas de juego, diluyéndose de forma magistral en pequeñas subtramas, aventuras y encuentros que nos hace ver el increíble dominio de Owlcat Games como desarrollador de juegos de rol, así como una comprensión del universo y el lore de Warhammer que roza la perfección.
Con nuestra nave y una tripulación básica de mercenarios y diferentes facciones -como las Hermanas de Batalla o los Lobos Espaciales, entre otros-, se nos invita a explorar el universo en una odisea desafiante llena de peligros y compañeros que se odian mutuamente y que, aunque comparten los mismos objetivos, todos pueden caer en batalla si no existe colaboración.
Las diferentes facciones y conflictos presentes en Warhammer 40K son la excusa perfecta para salir de la trama principal y resolver situaciones inesperadas entre nuestro grupo de acompañantes, dejando una enorme variedad de misiones secundarias y múltiples finales que aceran el tiempo de juego a la cifra antes mencionada, 100 horas, e incluso más.

El punto de partida: personalización
Es cierto que juegos como Baldur’s Gate 3 se han convertido en agujeros negros que absorben toda la atención del jugador, y si bien Warhammer 40.000: Rogue Trader queda lejos del RPG ofrecido por Larian, no queda corto de opciones narrativas que afectan al desarrollo de la partida.
Ocurre, por ejemplo, al diseñar a nuestro personaje. Se nos da la posibilidad de elegir un origen, un arquetipo -oficial, soldado, guerrero u operativo- y un mundo natal, algo bastante básico, es cierto. Pero lo más importante de todo, lo que da profundidad a nuestro personaje, son sus convicciones, que irán cambiando a medida que juguemos.
Podemos elegir entre tres tipos de personalidad: Dogmaticus, Hereticus o Iconoclasta, y en base a nuestros rasgos de personalidad deberemos tomar decisiones cruciales que llevarán a uno de los muchos finales disponibles, como antes comentábamos.
Lo interesante es que nuestra personalidad no solo afecta al desarrollo de la trama, sino que se reflejará en un árbol de habilidades que definirán aún más nuestra personalidad para obtener ciertos beneficios, como mostrar cordura en momentos donde la herejía se convierte en tentación o ser más aguerridos en combate. Y sí, nuestra personalidad también cierra puertas para otras situaciones.

También es posible combinar los rasgos de personalidad a nuestro parecer, dando al jugador libertad para ser quien quiera ser, sin estar encasillado en un determinado rol. Nuestras decisiones afectarán al mundo y sus personajes, y las consecuencias estarán siempre presentes, aunque no las veamos venir. No hay nada dejado al azar, y Owlcat Games se ha asegurado de diseñar hilos argumentales que querremos leer y observar su desarrollo, contemplando hacia dónde nos llevan nuestras decisiones.
Mención aparte merecen los personajes secundarios y compañeros. Todos ellos son brillantes, magníficamente escritos y bien perfilados, que no solo tienen peso en el argumento con historias personales que chocan entre sí, sino que, además, tienen mucha importancia en la forma de encarar el combate táctico, y perderlos puede significar la desaparición de algunas de las mejores misiones de todo el juego.

El combate táctico de Rogue Trader
Si vienes de Pathfinder o Baldur’s Gate 3, aquí encontrarás un sistema de combate muy diferente. Es sencillo, directo, y Owlcat Games se ha esforzado para hacerlo más accesible que sus anteriores trabajos.
Si en Pathfinder utilizábamos la pausa táctica para dar órdenes y ejecutarlas después, en Warhammer 40.000: Rogue Trader encontramos un sistema de combate muy diferente y, también, familiar. El equipo de desarrollo ha recogido la fórmula XCOM, dejando de lado los disparos fallidos y dando mucha más relevancia al sistema de coberturas, los puntos de acción y las estadísticas de cada unidad.

La orografía del terreno se convierte en un elemento táctico importantísimo, así como los diseños de los mapas, que están trabajados para que el jugador experimente el combate desde varios ángulos tácticos. Esto, sumado a lo bien caracterizados que están nuestros compañeros de equipo convierte el combate de Rogue Trader en un “toma y daca” constante, dejando a nuestro protagonista como una unidad más en una ejecución coral donde todos suman.
No esperéis la libertad que ofrecen Divinity Original Sin 2 o Baldur’s Gate 3 -lo de este último no es ni siquiera normal-, pues los escenarios son cerrados y encorsetan más al jugador. Warhammer 40.000: Rogue Trader ofrece un combate por turnos directo, sin florituras como el sigilo. Sin embargo, sorprende gracias a la inmensa variedad de enemigos diferentes a los que enfrentarse, cada uno con su tipología, tácticas típicas y tecnologías propias. Desde Necrones, demonios del caos, piratas, Drukhari, y así hasta conformar uno de los repertorios más variados que hemos visto en un RPG.
Lo fascinante de esta variedad es que nos obliga a adaptar nuestra estrategia, adaptándonos a cada nuevo enemigo o, incluso, a una combinación de ellos. Las tácticas variables y orgánicas son uno de los elementos más importantes de cualquier RPG basado en turnos, y aquí Owlcat Games ha comprendido ese concepto de manera magistral.

Artísticamente precioso, técnicamente mediocre
Cada rincón en Rogue Trader tiene ese diseño vasto y recargado tan característico de Warhammer 40K. Incluso los menús del juego utilizan un diseño artístico de «vieja tecnología». Los diferentes escenarios tratan con muchísimo respeto todo aspecto de la licencia Warhammer, generando una atmósfera que emula a la perfección los diseños originales de los Codex y manuales de juego.
Gráficamente -en su versión para consolas, Xbox Series X en concreto-, el juego es resultón. No utiliza un enorme despliegue de efectos de última generación, pero lo conseguido es suficiente para que el juego no se sienta desfasado. Al contrario, se apoya de tal manera en su apartado artístico que muchas veces nos quedaremos admirados mirando la pantalla.
Lamentablemente, no podemos decir lo mismo de su apartado técnico -en otras palabras, de la ejecución del propio videojuego-. Desde que empezamos nuestra partida hasta ahora, el desarrollador ha lanzado diferentes parches para corregir montones de bugs, y aunque se han solucionado muchos de ellos, Rogue Trader sigue sufriendo la gran lacra de la falta de optimización.
Lo peor, más allá de bajadas de FPS o congelamientos, es que algunas misiones del juego se han quedado bloqueadas por un bug, y nos ha resultado imposible solucionarlo, dejando aparcada esa misión indefinidamente.
Más grave resulta cuando esto pasa en misiones que tienen que ver con la trama principal. Aunque los parches han corregido los errores más graves y ya es posible completar la trama, nosotros, cansados de tanto error técnico, decidimos pausar nuestra partida hasta que el juego esté más pulido. Sin embargo, los tres actos -de cinco- que hemos podido jugar nos han resultado suficientes para hacer una valoración adecuada -que no total- de Rogue Trader.

Rogue Trader: conclusiones
Aun así, Rogue Trader es un excelente CRPG. La primera incursión de Warhammer 40.000 en este tipo de género es un éxito en muchos aspectos, si bien no ha podido brillar lo suficiente por sus fatales errores técnicos y por quedar a la sombra de Baldur’s Gate 3.
Sin embargo, Rogue Trader nos ha encantado por muchas razones. La excelente narrativa, escrita a modo de novela -y kilómetros de texto…- no es apta para jugadores nerviosos, pero una vez dentro, una vez Rogue Trader consigue echarte el anzuelo, no escaparás de su propuesta rolera.

Su diseño, la increíble fidelidad de Warhammer 40.000, tratada con muchísimo respeto, la ingente cantidad de detalles y un combate muy satisfactorio lo convierten en uno de los CRPG más divertidos que hemos jugado.
Un par de parches más para limar las asperezas restantes y tendremos el RPG «tapado» de la generación.
Enlaces de interés
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