Personas mayores y digitalización: la estafa de los prepagos
La estafa de los prepagos es un fraude que afecta más a los menos familiarizados con la digitalización, sobre todo personas mayores

Me cuesta mucho tomarme la vida en serio, es un hecho empíricamente comprobable. Con cruzar dos palabras conmigo (la primera que diga va a ser una tontunada, seguro), ya se me nota… y va, en todos mis textos o artículos, meto chascarrillos a tutiplén. (Así que no voy a andarme con rodeos, eso se lo dejo a los vaqueros americanos -¿veis/leéis-). A continuación, os pongo varios párrafos con situaciones que os podrán parecer cómicas o graciosas por su inverosimilitud, dignas de alguna risa por las bizarradas que pare mi imaginación. Pero resumen muy bien el tema que abordamos hoy: los problemas de la era digital. Entre ellos, la estafa de los prepagos.
¿Casos increíbles…
- Señor de mediana edad entra en tienda y coge varias tarjetas de Apple. «Buah, ya me toca volver a mandarle cosas de estas a la chavala. Mira, joven trabajador, es lo que tiene que la señorita está enfrascada de rodaje en rodaje, sin tiempo para salir del set. Porque seguro que la has visto en alguna serie… ¿te suena de algo Agentes de SHIELD?» Muestra desde su móvil una conversación de WhatsApp, con algún foto-montaje sugerente de una actriz conocidilla que salía en el serial marvelita, paga y se va. Volverá.
- Señora de avanzada edad entra en un comercio. «¿Tenéis tarjetas de VAPOR?» El dependiente, dubitativo, le explica que hay tarjetas de STEAM, le consulta a la dama si sabe para que se usan, oliéndose la tostada. «Nada nada, tú véndeme 200 euros de eso que son para mi hijo». Ella deja ver la pantalla de su móvil al currante al posarlo en el mostrador, y se aprecia claramente un chat con «David Fernández» (clásico nombre de agenda para un hijo), y una frase: «necesito dinero de Vapor, cariño». Todo BIEN.
- Mujer mayor en local de conocida cadena. «A ver, ¿dónde tenéis nosequé tarjetas de Nintendo? ¿Cuánto es el máximo importe que puedo comprar?» La trabajadora que la atiende percibe una perturbación en La Fuerza, y le pregunta si sabe cómo funcionan… o conoce a quién va a regalárselas. «Son para mi marido, está en *país de Oriente Medio omitido*, en medio de la guerra, y los niños refugiados necesitan juegos para la Suis; vamos, véndeme todas las que puedas». La currante no puede ya con su frustración.

… o la realidad supera a la ficción?
«Buah, cómo te flipas tron, menudas patrañas inventadas y sin gracia que te marcas», podréis pensar algunos… y sep, graciosas no es que sean precisamente estas anécdotas (tiran más a lo abrumadoramente triste). Pero de irreales tienen CERO. Vaya por delante que todo lo que os estoy contando, está extraído de acontecimientos vividos por profesionales y gentes a lo largo del país.
Puede que algún momento lo viviese yo mismo en primera persona, tal vez otro me lo contó la cajera del súper debajo de tu casa… O quizás tu vecino, entre lágrimas, al enterarse de que su yaya se había arruinado. Esto es MUY serio, brutalmente serio. Me va a costar mantenerme solemne, pero necesito soltarlo.

El Lazarillo de Tormes llega a Matrix
La picaresca ha formado parte del día a día del ser humano desde… puf, seguro que en cuanto pusimos un pie en tierra al bajar del árbol. Vamos, que engañar al prójimo para beneficio propio se lleva practicando desde tiempos inmemoriales. Arte y literatura han dado buena fe de ello, corcho.
Ser un rufián siempre ha estado MAL, no hay manera elegante de adornarlo. Pero comparando con lo que ocurre en nuestros días, los tejemanejes de épocas pretéritas casi destilarían cierto romanticismo. En un cuarto de siglo (cálculo aproximado), las interacciones humanas han evolucionado exponencialmente. Y no siempre para bien.
Internet lo cambió todo a finales de la anterior centuria. De su mano llegaron nuevas formas de comunicación, de mercado e intercambio de productos… y nuevos tipos de delitos, ahora digitales. La avalancha tecnológica posterior no se detuvo, con la aparición de los teléfonos móviles inteligentes como un capítulo a destacar en un libro tocho (metafórico) para el mal uso de los avances.
La fusión de estos smartphones con el auge de las redes sociales en poco más de una década ha creado un caldo de cultivo perfecto para el engaño fácil. La estafa de los prepagos surge literalmente así. ¿Ayuda la presencia de ciertos sectores de población vulnerables, como las personas mayores? Sí. Pero carajo, todos podemos ser frágiles en algún momento de nuestras vidas.

Las cosas del querer… y no poder, o no tener
Vaya por delante que soy un negado en temas de psicología o sociología, y que mis obsoletos estudios alcanzan poco más allá de ciertas nociones informáticas. Mis fuentes son, aparte de algunas que mencionaré más abajo (pista: no son las de un parque), experiencias personales de primera mano e informaciones que he recabado, como ya he comentado.
Con todo, no necesitaría ser ningún lumbreras altamente cualificado o cultivado para apreciar -al menos- dos problemas severos en la sociedad de nuestro país: una baja educación digital en determinados grupos y una elevada tasa de soledad en las personas mayores.
La estafa de los prepagos y los perfiles vulnerables
Por partes. Sin meternos en rollos de pirámides poblaciones y blablá, es innegable que España está extremadamente envejecida. Cada vez las personillas vivimos más años (la ciencia y sus progresos guays), y eso está genial… pero una mayor longevidad suele acarrear otras cuestiones. Y no solo a los achaques o problemas de salud me refiero.
Seamos realistas, las personas mayores, a veces, parece que «molestan». Ojo, cada familia es un mundo, con sus temas y dificultades, pero demasiado a menudo se desatiende (de forma involuntaria) a los allegados en la tercera edad. Aún más que estar pendientes por su bienestar físico, requieren cariño y compañía.
Tal vez, en muchos casos, nuestros mayores hayan enviudado tiempo atrás y nos parezca que lo han superado. O simplemente fueron felices sin convivir con nadie, cuenten que están genial y pensemos que son aun perfectamente independientes. Pero la sensación de soledad ante esas visitas menos frecuentes de lo esperado acaba apareciendo, y una mera llamada no lo arreglará.
Puede tratarse de necesidades sentimentales, desde lo más casto, como la añoranza de una leve caricia o unas bonitas palabras, hasta niveles románticos más tórridos (sí, para el NSFW no hay edad). Y es aquí donde entra en juego el asunto de la escasa formación tecnológica, y la sencillez aparente de encontrarlo todo en un click. Una combinación terrible que facilita la estafa de los prepagos, pues agranda algunos de los problemas de la digitalización.

Antes de los ochenta, todo era oscuridad. O a lo sumo, programar el VHS
A ver, levantad la mano quienes estudiasteis Windows en el cole/insti… ¡Buah, sois cantidad! Vale, fijo que entre nuestros lectores y lectoras también hay más de uno que hizo sus pinitos con MS-DOS o incluso, con BASIC. Pero no en la educación obligatoria.
Eso sitúa a la población que ronda ahora los taitantos tacos recién cumplidos (MUY a ojo, entre los cuarenta y cincuenta), como la primera generación que chapó informática por narices. En cambio, quien ya tuviera la edad de currar en los 80, no despertase su interés por las «maquinitas» más adelante, y nunca se formase por temas laborales con computadores… Nos deja una amplia horquilla de gente entre la mediana y la tercera edad que tal vez no usaron un dispositivo electrónico avanzado hasta su primer smartphone.
Entre estos márgenes de edades puede haber personas que circunstancialmente hayan manejado ordenadores por diversas razones. O han asistido a cursos básicos de informática para mayores. Pero si nunca habían sentido la gusilla por la tecnología, y de golpe tienen Facebook, Twitter, Instagram en la palma de la mano, algo puede salir mal.
Es tan fácil crearse cuentas para redes sociales como navegar por la red, empezar a ver perfiles de conocidos, agregar a gente que parece compartir gustos… E ir dejando un rastro digital de miguitas, simple de compilar o analizar para diversos fines maliciosos. O sencillamente, ser la diana aleatoria de ciber-ladrones profesionales. Sin guantes blancos o pasamontañas, pero igual de peligrosos.

«Hola, he visto tu foto de perfil y…»
Respondes a esta frase, en apariencia inocente, para entablar una charla virtual con un desconocido y ya estás fastidiado. No te ha elegido por tu belleza o aficiones en común (ya, algún caso real habrá y acabó en boda, ñye). Todo forma parte de un sistema perfectamente engrasado para seleccionar víctimas.
Al contestar, en uno de los numerosos celulares que posee cada súbdito de alguna mafia operando desde el extranjero (por lo común, fuera del espacio europeo), saltará la notificación. Empezarán las preguntas genéricas para sonsacarte información, mostrará interés en lo que dices, aunque a menudo, parecerá despistado. Y es porque, a la vez, estará chateando con otros objetivos.
Saber a ciencia cierta el funcionamiento interno de estas organizaciones criminales es complejo. Aunque llevan años operando, al estar afincadas a menudo en naciones ajenas a diversos tratados internacionales y jurisprudencias, la opacidad es casi total.
También existen lobos solitarios que se dedican a estas estafas amorosas y similares, que analizan más en detalle los perfiles de sus víctimas, para hacerse pasar por amistades de su pasado. O incluso familiares lejanos que ya daban por fallecidos (true story). Unos y otros tratan de «pescar», bien sea tirando la caña (figurada) con sedal y anzuelo -víctima selectiva-, o lanzando la red de arrastre -víctima al azar-.

Formas de pago seguras, sí… sin rastro ni huella, también
Ya han robado fotos/datos de otras personas que se creían anónimas (pista: nadie lo es), han obtenido información tuya, mucha de la cual has facilitado inconscientemente… Ahora solo les queda marcarse el Jerry Maguire o «enséñame la pasta».
Enviar efectivo está pasado de moda, y usar la tarjeta de crédito deja demasiado rastro, así que desde hace unos cuantos años para aquí, parece que estos estafadores han desarrollado una preferencia por las tarjetas de prepago (también por el bit-coin, tengo entendido). Además, las hay de infinidad de múltiplos según sus «necesidades».
Las tarjetas monedero de Apple, Steam u otras plataformas digitales, una vez activadas en el punto de venta, ya no admiten su devolución. No hay ningún problema en adquirirlas con papel moneda (así el banco no hará preguntas), y nadie tiene la obligación legal de preguntar qué uso le darás (para el que fueron fabricadas, se presupone).
¿Por qué las tarjetas para las estafas de los prepagos?
Para quien estafa, será muy simple revender el código que le han enviado a webs de dudosa reputación, y obtener un buen pellizco de beneficio. Según la víctima, primero le pedirá una cantidad baja para algo trivial, y luego irá aumentando. O ya de mano un montante abultado, según el análisis del perfil que ha obtenido de su «cliente» (así los llaman, para no referirse a ellos como «estafados»).
Pensaréis que para los trabajadores que venden las tarjetas son fáciles de detectar estas personas sometidas a estafa. Pues nope. Hay ciertos rasgos comunes que pueden acercar a su identificación, o una continuada reincidencia en compras «extrañas».
Pero ya no es solo difícil el intentar ayudar (cuidado a cómo se lo puedan tomar, ya que la mayoría miente o se violenta). Es que el afectado lo tiene muy sencillo: cruza la acera y lo compra en otro comercio. Las tarjetas prepago están disponibles en kioskos, hipermercados, tiendas de videojuegos, y cualquier gran superficie. Los malos van un paso por delante y saben qué pedir.

Mil y un motivos para perder dinero. Ninguno para perder la vida
Uf, menuda chapa que estoy soltando, «esto ni pasará en mi entorno, ni parece tan peligroso», creeréis… Pero es un tema a la orden del día en medios de comunicación, con decenas de personas víctimas de estos engaños. Cuando la persona estafada no es capaz de descubrirlo, e incluso tras quedarse sin dinero no se «desengaña», puede llegar a pedir abultados préstamos, endeudarse y dejar de pagar facturas. En algunos casos se han invertido solo unos pocos cientos de euros… pero en otros, se trata de miles. Sí, por amor se mata, pero por dinero, tristemente también.
¿Y siempre es por temas del corazón? Mayormente sí, aunque hay motivaciones variopintas. Lo hemos englobado todo en las «estafas amorosas» o sentimentales. Pero este modus operandi delictivo busca incluso debilidades en la pura bondad. Por ejemplo, sacar dinero a personas que creen estar enviando ayuda a campamentos infantiles en zonas en conflicto, a través de una nueva ONG. Sí, en los medios ha salido lo de conocer y ligarse a Brad Pitt o Johnny Depp, pero eso no es más que la punta del iceberg. Rascas un código recién adquirido, lo mandas por wass a esa nueva agencia que te contactó para ayudar a los necesitados, y salvarás vidas. Ojalá, pero casi fijo que no.
No hay un perfil exacto de persona que puede sucumbir a las estafas digitales. Pero es obvio que las personas mayores pueden ser las más vulnerables a caer por desconocimiento o soledad. Si bien le puede pasar a cualquiera, y más si se encuentra en estado de debilidad. Estar pasando un mal momento, una pérdida reciente… Y no, nada tiene que ver el nivel de desarrollo intelectual (coime, han cazado a peña con varias carreras), sino más bien la situación sentimental.
La estafa de los prepagos, un tema de todos
Por tanto, es una cuestión que incide directamente sobre la salud mental y en consecuencia nos atañe a todos. Tanto como escenario para caer víctima como por las consecuencias psicológicas que deja en el estafado. Así pues, queríamos darle cobertura en la web como parte del compromiso que tenemos respecto a este tema, en divulgación y concienciación.
Ah, y no nos enteramos de la mayoría de los casos, porque las personas afectadas rara vez denuncian ante la Policía, pues muchos no lo cuentan por vergüenza.
Es imposible recomendaros que vigiléis si vuestros mayores o familiares sacan efectivo a mansalva. Pero corcho, prestad atención a vuestro entorno. Sobre todo a los ancianos, a los más vulnerables en términos generales. Aunque jamás vayan a caer en una estafa, les hará mucho bien. Todo pasa por colaborar para una mínima educación en redes, echar un cable en cuanto podáis a esa amistad que anda algo desubicada, o ser amable en el día a día con la gente que nos rodea.
Fijo que así el futuro será mejor… Oh, wait ¿el auge de las IAs? Uffff… Ya hablaremos de eso.
*Para la elaboración de este texto, se han cotejado informaciones aparecidas en varios periódicos nacionales y regionales, se han visionado especiales emitidos en cadenas de televisión privadas y se han consultado pautas facilitadas por la unidad de delitos telemáticos de la Guardia Civil.

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