Análisis de Farlands PlayStation Review Merece la pena ()

Análisis: Farlands (PS5), granjas y diversión cozy a la española

El fenómeno Stardew Valley sigue recibiendo títulos inspirados en él, como este simulador made in Spain que traslada la gestión de granjas al espacio

Análisis de Farlands PlayStation Review Merece la pena ()

Farlands (versión PS5)

Géneros: Simulador de granjitas, Cozy

Número de jugadores: 1-2

Sistemas: PS4, PC (Steam), SWitch, XBOX Series

Duración: 20 – 30 horas (o hasta que canses)

Idioma: Textos en castellano

Desarrollo/Publisher: L&V (Eric Rodríguez), Jandusoft

PEGI: 3 años

Cae de cajón pensar que encargar una crítica para una peli de terror a un cinéfilo con miedo hasta de mirar debajo de su cama no sería buen plan… Así que, siguiendo esta lógica (si es que hay alguna) resultaría extraño que alguien cuya vida se basa en el estrés continuo -como Hulk, pero con nervios en vez de enfado- y querer controlar el tiempo al máximo, vertiese una opinión mínimamente coherente sobre un relajante juego (que ahora se les conoce por cozy games) como Farlands. Uf, ufff, uffffff…. Yo pued— nu, snif, no puedo… Tal cual leéis, los juegos de granjitas, donde llevar una vida virtual sosegadamente organizada y tal, que deberían ayudar a calmar el alma y tranquilizar… Me agobian mogollón.

Y conste, lo he intentado con un puñado, así que tal vez mi análisis tenga una -escasa- base contrastada. Tras aburrirme como una ostra recogiendo melocotones en varios Animal Crossing, desesperarme con todo lo que había que hacer en el Stardew Valley, o intentar disfrutar de la paz en La Comarca con el Tales of the Shrine (la ausencia de orcos para acribillar me aburrió pronto), me toca analizar este Farlands… ¿Me agradará lo que aguardan estas «tierras lejanas»?

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Interés-por-el-telar que vamos a montarnos

El espacio, la última frontera… O el mejor sitio para empezar una tranquila vida como campesino estelar. Al menos, eso debió pensar de mano el personaje protagonista en Farlands. Tras un simplísimo menú de personalización -solo hay dos tipos de cuerpos- para nuestro avatar, eligiendo el sexo (no hay opción para «mucho», corcho) y el color de sus ojos/pelo/ropa, un breve vídeo nos pondrá en situación argumental.

La mayoría de la población del vasto universo es infeliz apelmazada en ciudades de cristal y metal (a pesar de los coches voladores y los robots dobladores). Ante tal tesitura, nuestro prota acaba de decidir que es el momento de dar un vuelco a su vida, aceptando un ofertón que ha visto en el Chollo-Galactic-Metro. Esto es, adquirir tu propio planeta por menos de lo que cuesta el menú Kebab -los martes- debajo de casa. Monta en su destartalada nave, y tras aterrizar en el inhóspito orbe, un trajeado vendedor le explica la ganga que acaba de pillar. Hay mucho potencial entra tanta maleza.

Toca la firma del contrato y ponerle nombre al deshabitado -hasta nuestra llegada- planetoide, que incluye de regalo una cabañita donde descansar. Lo primero, se nos facilitarán un puñado de herramientas esenciales, que marcarán la base de las mecánicas jugables: pico, hoz, hacha, azada y regadera. Al poco, obtendremos la caña de pescar y una red de caza. Este conjunto de útiles permitirá… pues lo obvio que indica cada nombre… Pero enumeremos, va: extraer minerales, cortar hierba, talar árboles, arar la tierra, regar cultivos, sacar pescaditos y cazar bichos. Imposible deducirlo, ya. Recolectar los diferentes tipos o clases de estos materiales/criaturas será nuestra única fuente de ingresos. Al menos, inicialmente.

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No Man Sky-Lite

Nuestro planeta-casa se quedará pequeño rápido, y a base de recoger troncos para venderlos en la máquina automática que el Armazón de turno colocará al lado de la cabaña, pocos créditos amasaremos. Nos nos quedará otra que aventurarnos al espacio en nuestra cochambrosa nave en busca de recursos más caros. Es decir, maderas exóticas, minerales más valiosos como titanio u oro (y otros tantos de fantasía) o insectos extravagantes de nombres rimbombantes, pero imaginativos y graciosetes. Oh, y de todo lo descubierto podremos hacer un seguimiento en el correspondiente menú.

Esta galaxia de ficción está formada por menos de una docena de asteroides. Viajar a cada uno dependerá al principio de la distancia a recorrer y del combustible disponible en la nave. Podremos usar como carburante cualquier objeto del inventario para transformarlo en energía. Ya más adelante será más sencillo crear células de combustible o cápsulas de biomasa, mediante la máquina de montaje que también se instalará en nuestra base. Con ella, según aprendamos nuevas recetas u obtengamos chips de fabricación, se expandirán las posibilidades y el «crafteo».

Cada planeta posee una ambientación bien diferenciada, encontrando unos más selváticos, otros desérticos, o abrasadores biomas por donde corren ríos de magma y lava. La exploración estará muy limitada en cada uno, contando con poco más de «cuatro pantallas» de extensión para recorrer, o como mucho, un puñado de plantas para descender. Pero la flora y fauna en todos está genialmente representada, rezumando cada diseño creatividad y buen gusto, en formato 2D pixelado.

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Granjero busca esposa… y esa-cosa

En casi todos los territorios hallaremos, aparte de vida salvaje, alguna también inteligente y racional. Más allá de nuestro afán recolector, será bueno interactuar con los variopintos habitantes de estos planetas. Desde mercaderes ambulantes, pasando por clanes alienígenas o inesperados cameos intergalácticos: Xenomorfos, Predators, Doctores «Quién», o incluso fascinantes, a la par que lógicas, representaciones de sagas cinematográficas que empezaron con peña robando reproductores de vídeo en cochazos y acabaron en el espacio. El peso de la familia, la fe… Y mucho humor salpicando estas disparatadas situaciones con sus diálogos.

Con una gran parte de las personas que nos crucemos podremos entablar no solo conversación, sino también intentar flirtear (con Toretto o la multitud de invitados sorpresa no, lástima) para mejorar el nivel de amistad… Y, quién sabe, ¿llegar a cuarta base? Nah, tampoco os esperéis un sistema de relaciones muy complejo y elaborado. Aunque según crezcan las afinidades, tal vez nos beneficiemos… con regalitos.

Eso sí, estas gentes se merecen no solo nuestro amor interesado (sin «des»), comerciar para mejorar nuestras herramientas o aumentar las capacidades de nuestra nave (mayor bahía de almacenaje, viajes espaciales más veloces, etc): lo están pasando mal y habrá que arrimar el hombro para colaborar en su causa.

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Narrativa campestre

Lo más parecido a una línea argumental que podremos encontrar en Farlands será en forma de la lucha que mantienen las pequeñas poblaciones locales con una megacorporación que les quiere echar de sus hogares.

Para ayudarles a mantener sus estilos de vida en paz, tocará llevar un tipo de cada elemento o criatura descubierta que habita el sistema a un arca; no será de caudales ni de la alianza, sino estilo «Noé». Según progresemos y aumente el porcentaje de «cosas» entregadas, más cerca estaremos de evitar que la macro-empresa maligna se adueñe de todo. No es que sea una historia muy profunda, ni por trasfondo ni en la forma en que está contada… Pero es lo más cercano a un objetivo o misión a encontrar en este título. Por otra parte, si preferís pasar de todo y repanchingaros en modo cozy, en Farlands no os faltarán tareas…

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OPA, YO VO’ASÉ UN CORRÁ ESPACIÁ

Aunque nuestro granjero/a no podrá morir (y eso que ciertas criaturillas salvajes llegarán a atacarnos si no las ahuyentamos), sí que podrá acabar reventado de cansancio al final del día. Su barra de resistencia marca las interacciones que puede realizar a lo largo de los minutos -equivalencia en nuestra realidad- que durará cada jornada, desde el amanecer al anochecer, mermándose con cada acción realizada. A última hora, mejor buscar una cama -bien sea en nuestra cabaña o en la nave, donde se repone solo la mitad-, o desfalleceremos aunque aún nos reste energía. Y es que las 24 horas virtuales pasarán en un tris tras si nos despistamos con todo lo que hay para hacer.

Por ejemplo, podremos levantar establos para diferentes razas de animales fantásticos, así sabremos dónde encontrarlos -JÁ, chúpate esa, Hogwarts-. Nos tocará mantener los recintos limpios (recogiendo las cacotas del suelo), alimentar a los bichos y darles mimitos cada poco para conseguir que produzcan recursos de mayor calidad -y valor- con el transcurso del tiempo. Tampoco faltarán diferentes semillas con las que cultivar nuestros campos (menudo juego de granjitas sería este en caso contrario), claro.

El tiempo del juego transcurrirá a largo de 3 estaciones de 24 días cada una, y cada planta tendrá una temporada predilecta para crecer y florecer… o se marchitará. De los cultivos extraeremos diferentes variedades de frutas y verduras inventadas -en su mayoría- con las que comerciar o preparar exquisitos platos para llenarnos el buche. Ah, y aunque el tiempo acabará siendo cíclico, resultará interesante estar pendientes de la bandeja de correo del menú para asistir, en X días marcados del calendario, a los eventos y festividades que pueden acontecer en los planetas de Farlands.

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Estardiú Vali

Las similitudes de Farlands con los grandes referentes del género «simulación de granjitas» son innegables, así como sus interesantes puntos diferenciadores… Pero tal vez, pese a la magnitud aparente del juego, se quede a unos pasitos de los mastodontes cozy. Con todo, seamos justos, ha sido creado por un solodev español, y eso tiene mérito. Como publisher cuenta con la también muy española gente de Jandusoft.

Todo ello no quita que tenga aspectos a mejorar. Por ejemplo, el ritmo de progresión, sobre todo al comienzo de la «aventura», lo hace todo pelín lento y tedioso, pues se tarda en conseguir recursos que aporten valor para comprar mejoras o cargar la nave. También el sistema de control -al menos, en la versión PS5-, aunque es bastante preciso e intuitivo (un par de botones de acción, y los gatillos para navegar por las pestañas desplegables), puede resultar algo farragoso para desplazarnos entre los ítems o llevarnos a descartar alguno sin querer. Conste, siendo realistas, es un problemilla derivado de usar mando para un tipo de juego que pide a gritos ratón y teclado. Oh, y un asuntillo inherente a este tipo de títulos que no podemos pasar por alto: se puede acabar haciendo repetitivo pronto.

Por último, destacar que nos resultan excesivamente minimalistas los menús, sobreimpresos en recuadros con pestañas en la pantalla, de tamaño algo escaso. Son claros y funcionales, pero tal vez podían contener más elementos e indicaciones. No faltará un simple mapa de la galaxia… pero sí uno en detalle de cada planeta (aunque, siendo justos, con lo pequeñitos que son, sería solo útil para marcar tiendas, eventos y poco más). El apartado sonoro cumple igua que sus gráficos 2D, con melodías alegres y efectos curiosos.

Conclusiones

Si sois aficionados a los juegos cozy y buscáis una propuesta original, con personalidad propia, este Farlands debería manteneros pegados al monitor durante un buen rato.

Si, en cambio, el relajante farmeo no es lo vuestro, necesitando juegos con objetivos claros y misiones por cumplir… También merece un tiento, pues su vivacidad y gran sentido del humor resultan refrescantes; aunque se os podrá hacer algo repetitiva a la larga su propuesta. Además, Farlands puede ser una buena puerta de entrada al género, gracias a unas mecánicas sencillas de aprender para todos los públicos.

Jummm, tal vez el cuerpo me pida caos y destrucción… Pero creo que voy a seguir otro par de horitas limpiando, talando y segando maleza por Alberlandia y planetas colindantes.

Valoración

7

Puntuación: 3.5 de 5.

Alber Sánchez

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