Sony pone fin al formato disco en PlayStation: Consecuencias del monopolio digital
Más allá de sentimentalismos, las consecuencias del monopolio digital afectarían directamente al consumidor en precios y la limitación de opciones

Llevo tiempo queriendo hacer este artículo y exponer las ventajas e inconvenientes del formato físico vs digital. Llevo muchos años trabajando cara al público en una tienda especializada y me gustaría compartir con vosotros mi experiencia no solo profesional, también la personal. Pero los acontecimientos han precipitado la publicación de este texto. La decisión de Sony de abandonar la publicación de juegos en disco para PlayStation pone contra las cuerdas el formato físico. Y creo que es más necesario que nunca que los usuarios, que todos nosotros como consumidores, tomemos conciencia de las consecuencias de una decisión empresarial así. Porque la problemática de un monopolio del formato digital va más allá del sentimentalismo, de tener el juego en la estantería, todo el ritual del desprecinto y tocar el juego en disco. Sin más preámbulos, y aún con el nudo en la garganta por lo que se pueda venir en el futuro próximo, vamos a contaros todas las consecuencias del monopolio digital. Prometemos menos solemnidad y algún chistaco malo a continuación, pero contaros las cosas tal como son.

Formato físico vs digital, otra de las eternas confrontaciones
A lo largo de la historia, la humanidad se ha encontrado con debates por rivalidades, entre dos partes teóricamente opuestas. De todas las formas y colores, donde los apoyos del pueblo suelen verse divididos. César contra Pompeyo, Barça contra Madrid, SEGA contra Nintendo, Popsi contra Cucacula, Batman contra Superman…
Pero, al final, siempre ha dado igual lo molón que sea un enfrentamiento o el espectáculo -temporal- que pueda surgir de la victoria. Lo mejor, comúnmente, es que ambas partes coexistan y progresen. Sin derrotas aplastantes ni determinantes que puedan volver a «chocar» en el futuro o mantener la competencia por mucho tiempo….
…Porque, si no, al finalizar toda batalla o guerra que se tercie, siempre habrá bajas y daños colaterales. Ya ya, aquí estamos para contar cositas sobre jueguicos, no nos vamos a exceder de profundos y trascendentales. Solo era para situarnos.
A lo largo de las décadas, ya hemos pasado por varias «guerras de consolas», «luchas de mascotas corporativas» y similares, pero… ¿os imagináis si cierto fontanero italo-bigotudo, hubiese aplastado absolutamente al erizo azul? ¿La cantidad de juegazos que nos hubiéramos perdido durante años?
Pues un futuro poco halagüeño nos aguardará a los usuarios de videojuegos si el equilibrio en la dualidad físico-digital se rompe… Bien sea por decisiones empresariales, o porque los jugones y jugonas lleguemos a permitirlo olvidando que, mientras prevalezca la variedad de opciones y nuestras carteras puedan elegir, ganamos todos.

Los videojuegos, un medio en constante evolución
Antes de ponernos en situación con datos y cositas más objetivas y menos viscerales, con esta presentación tan sobrada (o «basada», como diría la chavalada del Fornaí) se puede intuir la posición del que os habla -escribe-.
Soy fisicohólico hasta la médula. Lo he intentado dejar, abrazar los unos y ceros con litros de digitalona, pero nada. No cambio de preferencia. Me acerco a mis estanterías, observo la colección de cajitas con videojuegos de distintas épocas y máquinas, y pienso que aún no son suficientes. Quiero más. Necesito más. La inminente falta de espacio no hará transformar mi parecer, menos aún la aparente comodidad y simpleza del formato digital. Es etéreo y no riega mis ojos con plásticos y cartones, posiblemente desgastables y volátiles… pero hermosos. Y tangibles y palpables.
¿Veis/leéis? Así reflejado, parece que ni yo mismo tenga claro que una preferencia por un solo formato -el físico, en mi caso- no sea contraproducente, e incluso roce el absurdo. Tratemos de poner en contexto todo, fuera de la subjetividad, y sin intentar cambiar los hábitos de nadie.
Vaya por delante que, según el tipo de usuario, cada formato tendrá sus puntos buenos y otros tantos malos. Eso sí, lo expuesto aquí será desde un enfoque especialmente consolero, que os vemos venir si no con lo de: «Boh, en pecé ya se abrazó casi el formato exclusivamente digital tiempo atrás»… Pero estamos ante ecosistemas electrónicos muy distintos. Y todo tiene su explicación.

Formato físico vs digital (o «Tony Vs Steve»)
Es indiscutible que en PC lo digital es ya el estándar. Y no, no es cuestión de señalar a los jugones y jugonas de ordenador por haber permitido que así sucediese, pasando por el aro y tal. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero poco tienen que ver las videoconsolas con las computadoras. Las primeras valen casi únicamente para «consolar» de forma lúdica, mientras que las segundas, para eso… y multitud de actividades más; programar, editar, navegar o currar. Separemos, pues, entre dispositivos que solo sirven para viciar, y los que permiten infinidad de usos.
Y más importante aún. Unos están totalmente cerrados para que el usuario pueda realizar únicamente las acciones decididas por el fabricante, mientras que en los otros, la imaginación y el conocimiento son los límites… Junto a las cabriolas turbias y dignas de Jack Sparrow que la persona aplique con divulgaciones «gratuitas». Ese es otro tema.
No vamos a entrar en el debate de qué fue antes. Pero, poniendo un símil, casi que el huevo (casetes y disquetes grabables, o tarrinas de CDs al peso) precedió a la gallina (la sencillez de distribuir y vender juegos online… con DRMs intrusivos) en el ámbito del PC.
Con todo, no se puede culpar a los usuarios de ordenadores del declive en el formato físico para ellos, mientras aún resiste en las «maquinitas». Hay otros factores, como que la auto-publicación de títulos es infinitamente más simple en las plataformas para computador, ya que hablamos de un sistema absolutamente abierto y en el que cualquiera puede lanzar lo que le apetezca, contra aparatos cerrados donde los fabricantes tienen el control total. Un control total de los precios y del contenido. Si encima se permite a las marcas dominar a lo que jugamos, cómo lo jugamos, y hasta cuándo lo jugamos… Ahí empiezan los problemas y las directas consecuencias del monopolio digital.

Las consecuencias del monopolio digital: Libre mercado versus monopolio
Dejémonos de divagaciones y andarnos por las ramas. Si el formato físico en consolas se esfuma, los usuarios perderemos mucho. Eso sí, ciertas grandes marcas del ocio electrónico ganarán más, claro.
No es por ser catastrofista, ni tampoco vamos a obviar que las multinacionales no pueden subsistir del altruismo sin hacer caja u obtener beneficios. Pero hay numerosos puntos que, en caso de derivar el mercado consolero al only-digital, nos acabarán pasando factura al pueblo; económica y también emocional.
Pongámoslo en unos poquitos puntos, con frases rimbombantes y lapidarias, va. Y empecemos fuerte, en plan filosófico-social (ya quisiera el Andrew Ryan del Bioshock). Actualmente, podemos comprar nuestros juegos físicos en grandes superficies, la tienda de la esquina de Paco, o cadenas especializadas (¡ER GUEIM!)… y comparando importes, regalitos exclusivos y demás.
Pero con el solo-digital, habrá un único precio: el que marcarán las tiendas digitales de Chony, Macosoft o Nimpondo (¿Censura? ¿Dónde?). Si esto no significa una exclusividad absoluta en el control de precios de los productos y del sistema monetario, evitando la libertad mercantil, devuelvo mi diploma en Micro-economía, sacado en la Universidad de Wisconsin.

Las consecuencias del monopolio digital: Propiedad contra cesión de derechos
«Is qui tidis lis juiguis son licincias», os veo venir a decirme… NOPE. El título comprado en digital, es poco más que una licencia de uso, sin lugar a dudas. Es un alquiler. Sin más.
El adquirido en su cajita, por mucho que traiga impreso en esta, y siempre y cuando no requiera conexión (y el dispositivo que lo reproduzca, tampoco), es tuyo y lo podrás disfrutar, forever and ever. Da igual el típico «descargo de responsabilidad» y demás parrafadas impresas en panfletitos o que salten en pantalla. Con un cartucho o disco puedo hacer lo que me salga de la nariz. Hasta usarlos para espantar palomas de las ventanas -chúpate esa, digital-, lo que nos lleva al siguiente punto…
Las consecuencias del monopolio digital: Nada de prestar ni vender
Corcho, estamos tornando hacia una profundidad socio-política que ya quisiera cualquier peli de BAY (vamos, entre poco y nada). Ya medio en serio, la frasecilla viene a cuento para reflejar la oportunidad que nos brinda el soporte físico para ceder, prestar o regalar nuestras adquisiciones videojueguiles al prójimo. Y muy importante, venderlas cuando ya no vamos a darle más uso.
Intercambiar y vender a terceros nuestras pertenencias es un derecho (por mucho que se quiera limitar mediante «disclaimers») bastante chulo, la verdad… y que da algo de tirria a las empresas, lógico (no rascan de la segunda mano ni la venta privada). Posiblemente, lo borrarían si pudiesen de la faz de la tierra… como tristemente ha pasado con ciertas obras. Lo que nos lleva a…

Las consecuencias del monopolio digital: El arte ha de ser eterno
Si el videojuego es una forma artística más (y el que os escribe tiene claro su rotundo «CHÍ» en ese debate), su preservación y capacidad de ser admirado y disfrutado para siempre no debe ser una mera alternativa.
La fecha de caducidad en títulos que desaparecen de las tiendas digitales o, peor aún, el cierre de estas, nos dejará sin acceso futuro a miles y miles de títulos sin que nos demos ni cuenta. La protección y salvaguarda de sus legados no encaja mucho con las mega-corporaciones, por muchas reediciones, remasters y remakes que puedan lanzar, para aparentar que se preocupan por recordar su pasado. Ante la posibilidad de beneficio gordote, se volverá a vender o recuperar una obra. Y si no, quedará inaccesible y caerá en el olvido a las pocas generaciones.

¿Cómo se comería esta dicotomía? Pros y contras del formato digital
Hasta aquí, parece que nos hemos volcado solo en alabar el formato físico, vilipendiando con frialdad lo digital… Pero San Iwata nos libre de tal desfachatez. Comprar juegos digitales tiene sus puntos positivos, pudiendo ser una elección más que viable dependiendo del momento, el juego en sí o el valor simbólico que se quiera atribuir al «bien» adquirido.
Y como nos molan los contrastes, aquí va un listado chiquitín de Pros -o FIFAs- y Contras -o Gryzors- del formato digital:
+ Conveniencia e inmediatez en la compra. «Uf, hace un día de perros, paso de levantar el cucu del sofá para ir hasta la tienda a por el nuevo Battle of Duty…». Sí, te ahorrarás dar un paseo, peeeero…
– Saturación de la red o fallos de internet. En día 1, con las novedades, las colas virtuales de descarga pueden ser muy puñeteras. Eso acarrea largas esperas mientras la barrita de progreso casi ni avanza, porque las tiendas digitales se petan. Y ya ni hablamos de que la infraestructura para servicios online en la península flojea en muchas zonas. Si el título que elegiste no requiere conexión, tal vez habrías empezado a jugar un cacho antes yendo a por el cartucho-disco… Y además, harías algo de fotosíntesis humana por el camino. Dicen que es sano.
+ Ofertazas agresivas. Nos han fastidiado, el aire suele salir entre baratillo y grat… diiiigo, hay temporadas o periodos puntuales en los que algunos títulos gozan de precios en las tiendas digitales por los suelos. Valores difícilmente igualables en «retail», al menos, en apariencia. El ahorro que supone eliminar intermediarios, fabricar, distribuir, la logística… Factores muy a tener en cuenta para que ciertos títulos aparezcan con un «87% de descuento» cada cierto tiempo…
– Pero no es oro todo lo que se ahorra o reluce. Ofertas flash en tienda, cestas de seminuevos, bajadas de precio permanente… Con el físico tampoco hace falta rascarse el bolsillo salvajemente tan a menudo. Además, es sencillísimo comprobar cómo muchos juegos, pasados cierto tiempo, se pueden pillar -tanto nuevos como de segunda mano- a precios muy inferiores a los que nos toparemos en las stores regularmente.
+ Optimización del espacio. Los unos y ceros almacenados en un disco duro ocupan poco en tu salón, eso es innegable. Llegada cierta edad si eres un jugón empedernido, y encima de coleccionista, viejuner (nada que ver conmigo), tal vez notes que te quedes sin huecos tras años de apilar mandanga. El digital no necesitará que uses el horno, la nevera o el zapatero para guardar o esconder esos títulos que ya no encajas ni a presión en la estantería, por muy fino que seas al Tetris.
– El peso de la modernidad. Desgraciadamente, los títulos actuales cada vez ocupan más Gigas, e incluso en las consolas más potentes, con 2 o 3 de estos juegos ya tendrás el disco duro más que petado. Vale que la licencia queda guardada en nuestra biblioteca -al menos, hasta que te baneen la cuenta-, y podrías volver a descargarlo más adelante… pero eso nos lleva a uno de los puntos de arriba (que al internet le dé por furrular debidamente), tocándonos pues gestionar el almacenamiento -y yo, para eso, prefiero pelearme haciendo encaje de bolillos en mis muebles suecos-. Y sí, siempre se pueden adquirir memorias o expansiones aparte, pero será un (altísimo) desembolso extra.
+ «Nunca» se rompe el stock ni se agota. Vas a tu tienda de confianza y esa novedad que no reservaste, PESE a la insistencia del jovial dependiente, ya no queda. Puede ser frustrante, claro. En la plataforma digital de tu consola va a estar «siempre» (más abajo explicaremos en las conclusiones el uso indiscriminado de estas comillas) disponible, lógico, ¿no? Incluso algunos títulos indies o de presupuesto medio solo se lanzan -o salen antes- en digital. Peeeeeero (otra vez)…
– Máximo riesgo. Además de un peliculote de Stallone, es la sensación que puede despertar en algunos la adquisición del juego en digital. ¿Y si el último Call of the Honor me parece una castaña? Juegas un rato, no te engancha ni a la de tres… y te comes la inversión con patatas. Al menos, si lo hubieses pillado físico, lo podrías revender y recuperar una buena parte de la pasta. Y ya no entramos en el peligro de perder tu cuenta -no deja de ser un correo electrónico, con un par de verificaciones de seguridad a lo sumo- y quedarte sin nada. Al menos, gracias a las tarjetas de prepago no es necesario meter tarjeta en la consola… porque hace solo un par de lustros ya hubo una mala experiencia mundial con el asunto (PSGATE, never forget).

Habla el corazón… con algo de razón
Tras esta exposición con varios de los puntos favorables -y sus contrapartidas- del formato digital, vamos a ir cerrando con un pequeño repaso. Hemos reunido otros factores que nos pueden llevar a decantarnos por la adquisición en físico y que evidencian las consecuencias del monopolio digital.
- Ideal para regalar. Ya no está solo el asunto del valor intrínseco a la propiedad de algo tangible, que podremos prestar o revender… si no del sentimental como presente. Vale que con los códigos arriba mentados se pueden hacer también regalitos digitales, pero la sensación al desenvolver un paquete, abrir un sobre con un juego que tal vez estabas ansiando, o que quizás te sorprenda por no conocerlo, es indescriptible.
- Somos seres sociables. Como humanos -la mayoría- interactuar con otras personas, suele sernos útil y hasta realizador. Solo ya el hecho de desplazarse para comprar a un recinto donde acude gente con gustos y hobbies parecidos, podrá brindarnos gratísimos momentos. Desde reencontrarse con alguien que hace mazo que no veías, hasta entablar una nueva amistad… llegando a conocer, tal vez, a tu media naranja (lo he visto. TRUE STORY). Y si solo quieres comprar un jueguito y punto, pero tienes dudas y necesitas una segunda opinión u otra valoración, el asesoramiento personal de trabajadores especializados te resultará fetén.
- Ediciones especiales chulísimas, regalitos… Bien sea por los, cada vez más numerosos, productos de coleccionista (cajas premium, pero a precio muy ajustado, con multitud de extras aparte del juego, como póster, figuras, banda sonora, etc..) o por los jugosos regalos que acompañan a la casi totalidad de lanzamientos (DLCs, steelbooks, llaveros y más), son numerosos los valores añadidos en el formato físico.
- El ritual de lo material. A muchos nos llena enormemente la patata -y el alma- observar nuestras estanterías con esos títulos de la infancia, o ese juego que te marcó y te evoca un recuerdo especial. Un placer por lo estético, lo sentimental, no solo por lo corpóreo (y además, sabes que poseerá su valor monetario si en un futuro requieres de su venta). Tienes ahí tu colección, que te define, te identifica, única… Y es tuya de manera tangible. De forma real y permanente, no como una biblioteca digital.

Las consecuencias del monopolio digital: Conclusiones
Antes de cerrar este este especial, voy a verter una última valoración personal en forma de ejemplo. Existe una serie de manganime, muy famosa en los noventa, de tipos con armaduras de colorinchis (uno de sus prota de pelo verdoso y pacifista, era mi favo), que fue adaptado a videoconsolas por última vez en el 2015 para PS3 y PS4. Menos de dos años después, se retiró totalmente de las tiendas digitales por pérdida de licencia. No me lo pillé en su momento… y cuando quise comprarlo en la PSN Store para recordar tiempos pretéritos, ya era tarde. Aunque la tirada física no fue amplia, tiempo después pude adquirirlo de segunda mano y, a día de hoy, me es posible jugarlo perfectamente en mi PS5 con lector y rememorar mi infancia. Podéis extrapolar este friki-ejemplo a casi cualquier producto licenciado, bien sea un FIFA 17, un título de coches… o casos inimaginables. El riesgo de retirada y no poder comprarlo luego SIEMPRE estará ahí.
Como casi todo en la vida, pocas veces se puede reducir un tema a que algo sea blanco o negro… ni en el caso del chocolate, corcho (porque el blanco es técnicamente sucedáneo). Siempre hay una escala de grises intermedios, y con el debate de los formatos, no hay que irse a los extremos; está claro que cada uno tiene sus puntos a favor y en contra.
Lo mejor es que ambos coexistan. Que perduren en el tiempo, para que siempre podamos, como usuarios, decidir con nuestra cartera -o nuestra patatita gamer- entre el físico y el digital. Pero no permitamos que nos impongan uno, o sufriremos las graves consecuencias del monopolio digital. Y seremos nosotros, no las empresas. quienes perderemos. En todos los sentidos.