Análisis Final Fantasy VII Rebirth (Switch 2): Portátil vs sobremesa
El ecuador de la trilogía de Cloud Strife llega a la consola de Nintendo con nuevas funciones de accesibilidad y un espectacular acabado técnico

Final Fantasy VII Rebirth (Switch 2)
Tamaño: 102,5 gigas
Game Key Card: Sí
PEGI: 16 años
Textos en español: Sí
Siempre hemos defendido el tono pionero de Final Fantasy VII. Sus méritos fueron muchísimos dentro de su contexto, pero fuera de él y con la retrospectiva de décadas y décadas que ya acumula, su hazaña resulta aún más formidable. Podríamos resumir, a grandes rasgos (y sin exagerar), que si Final Fantasy VII, el original, fue una obra maestra de los videojuegos, Final Fantasy VII Rebrth es otra obra maestra, sí. Pero de la optimización.
Final Fantasy VII Rebirth desembarca en Nintendo Switch 2 con un port que es, como lo fue el de Intergrade, un auténtico recital de tecnología punta. No deja de ser sorprendente no solo la calidad que está exhibiendo la consola a la hora de recibir adaptaciones en este ya su segundo año, sino también el nuevo capítulo que supone su lanzamiento en el estrafalario e impredecible libro de la relación entre Final Fantasy y Nintendo. Pues, recordemos, la historia de Nintendo y la saga Final Fantasy es, por resumirlo mucho, una de las más fascinantes e inverosímiles de la historia.
Por esa razón, aunque se trate de un port, un lanzamiento como este en una máquina de Nintendo merece, como mínimo, que todos nos quitemos el sombrero. Final Fantasy VII Rebirth es la reimaginación de uno de los capítulos más importantes de la franquicia, el golpetazo en la mesa de una Square-Enix que sigue teniendo mucho que decir. Y es también la evidencia empírica de que el JRPG está en mejor estado de forma que nunca.
Ahora bien, ¿qué ofrece esta entrega y por qué todos los amantes de las buenas aventuras deberían lanzarse de cabeza a por él? Os lo cuento en el siguiente turno de la partida.

El carisma como motor argumental
Final Fantasy VII Rebirth conserva intacto todo lo que hizo grande al original. Y subrayo la palabra grande porque se trata, precisamente, de un videojuego mastodóntico en muchos frentes. Al contrario de lo que ocurría en FFVII Remake, más lineal y por ende más encauzado, Final Fantasy VII Rebirth deja correr las horas sin que ocurra nada relevante hasta bien entrada la mitad del juego. Este es el único gran «pero» que me atrevo ponerle a la aventura de Cloud, y sé que algunos me echarán a los perros por esto.
La trama principal está rodeada de algunas burbujas argumentales donde no hay nada importante que contar, si bien utiliza la nostalgia como gancho narrativo para que todos aquellos que jugamos al original en 1997 no soltemos el mando. Es una contradicción hilarante, de hecho. Aunque muy bien traída por Square. Final Fantasy VII Rebirth se reserva lo mejor para el último tercio de la aventura. Sí, es un tercio final de padre muy señor mío. Pero en un videojuego tan grande, se siente que llega tarde a su propio epílogo.
Y hasta ahí mis quejas. La trama se sostiene gracias a un grupo protagonista que es de lo mejor que ha dado el género en toda su larga vida, y eso es mucha vida que contar. La cantidad y calidad de los detalles narrativos, las escenas, la interpretación coral de los personajes, el carisma que traspasa la pantalla… Absolutamente todo está rodeado por un halo mágico que, me atrevo a decir, está a la altura de los más grandes del género.

Renovación del gameplay
Rebirth es, como decía, una incoherencia deliciosa. Es fácil señalar la tele con el dedo y decir: «yo estaba allí, Gandalf, en 1997», indicando a un puñado de localizaciones perfectamente reconocibles. Y al mismo tiempo, FFVII Rebirth se siente totalmente nuevo: Midgard se ha expandido hasta dejarnos sin aliento en una de las construcciones de mundo más fascinantes que ha llevado a cabo desarrollador alguno.
Esto impacta de frente con la jugabilidad, que se acomoda con acierto a estas nuevas perspectivas. La exploración es más gratificante que nunca. Y, por su parte, el mapa del juego está a rebosar de actividades para que no nos aburramos nunca. Los chocobos tienen en esta entrega más importancia que nunca. Escalar acantilados se convierte en rutina cada trayectoria, y otear paisajes como nunca los hubiésemos soñado años atrás es una maravilla que debería tener su propio reportaje.
El combate, por su parte, sigue siendo uno de los mejores inventos que ha creado Square-Enix en su trayectoria, y en Rebirth las opciones se multiplican. De nuevo, cada personaje es único y ofrece un acercamiento muy distinto: Barret es una bestia parda, Tifa es una trituradora de combos, Aeris es la maga/sanadora que todos deseamos tener, y Cloud sigue siendo un personaje todoterreno. Se suman Red XIII y Yuffie (que ya se incorporó en el DLC) completando un plantel magnífico.

Amortizando la aventura
La palma se lo llevan los minijuegos. Muy divertidos, pero excesivos si me preguntan. Square-Enix se ha soltado la melena y, en cada rincón de Midgard y en cada punto de la trama, han diseñado decenas de ellos. Rebirth se convierte en un juego polimórfico repleto de posibilidades de todo tipo.
A la exploración y al combate se le suman torneos de cartas, carreras de chocobo, composiciones rítmicas y de piano, partes en el que el juego se convierte en shooter y partes donde se convierte en un videojuego de estrategia. Tal es así que el Platino en PS5 podía llegar a alargarse hasta las 200 horas, para que os hagáis una idea. Hay para todos, y tal vez su pecado es el exceso, pero no se puede negar su variedad.

Ambición técnica
Si uno coge una Nintendo Switch 2 y la sujeta en la palma de su mano con los joycons desacoplados, lo que tiene en su mano es una tableta. Una tableta, sin más apelativos. Una tableta capaz de correr, y con una finura que asombra, videojuegos como Star Wars Outlaws, Cyberpunk 2077, Indiana Jones y el Gran Círculo y Resident Evil: Réquiem. Una auténtica barbaridad. El port de Rebirth llega para demostrar, otra vez, que a Nintendo le sobra eso de competir en las grandes ligas. Porque ellos mismos se bastan para crear su propia competición, en la que todos quieren su medallita.
Conseguir que Rebirth se vea como se ve, pese a algunos recortes, en una pantalla de 7,9 pulgadas es una de las obras de ingeniería de software más elaboradas que hemos visto jamás. Hay recortes, obvio, pero son recortes hechos con mucha inteligencia: algunas frutas y elementos que decoran las mesas han sido eliminados, la densidad de vegetación en las tierras de Midgard es considerablemente menor. La definición es menor también, y la imagen tiene más grano propio de la tecnología de reescalado de imagen.

Resolución y tasa de imágenes
Todo esto tiene un por qué: evitar que la tasa de fotogramas por segundo decaiga alarmantemente. En este punto, cabe mencionar que en modo portátil alcanza los 720p por los 1080p en modo dock (reescalados), moviéndose a unos 30fps que no siempre se mantienen.
La tasa decae un poquito, especialmente en combates donde se despilfarran los efectos de luz y en regiones amplias y extensas (en Gaia puede bajar a los 20fps). Ya es mucho menos de lo que honestamente cabría esperar. Es una adaptación sorprendentemente cercana al modo rendimiento de PS5 base, pero a 25-30 fps. Un trabajo majestuoso que no merece ser echado por tierra por los tirones puntuales de frames.
Así pues, puedo afirmar que en modo portátil, a estas alturas, pocos juegos hemos visto que dejen con la boca abierta de esta manera. Ya os lo decíamos en la review técnica del port de Final Fantasy VII Intergrade (que puedes ver aquí), y ahora nos reafirmamos.Si estas son las cartas que Nintendo Switch 2 presenta en sus primeros compases yo, personalmente, estoy entusiasmado por saber qué conseguirá Nintendo y otros desarrolladores con el hardware disponible.

Conclusiones
Final Fantasy VII Rebirth para Nintendo Switch 2 llega sin novedades y con la obligación de descargar gran parte del juego a la memoria de la consola. Es el mismo juego que vio la luz en el 2024 para PS5, con sus más y sus menos. Que ahora los usuarios de la máquina de Nintendo tengan este juegazo en la palma de su mano es puro morbo. Es la ocasión de fardar de portátil y de rejugarlo nada más que por el gustazo de hacerlo en modo portátil. También es una declaración firmada de hasta qué punto puede exprimirse este hardware con tiempo, talento… y una inversión multimillonaria, claro.
Junto con la primera entrega de esta trilogía, Rebirth es uno de los mejores JRPG que puedes comprar en la actualidad. Tiene una historia fascinante, aunque tarda lo suyo en arrancar. También unos personajes memorables, un sistema de combate divertidísimo y mil cosas por hacer. Vale cada euro que cuesta, y no suelo decir esto de muchos juegos.

Valoración
9.1