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Análisis ABZÛ – Inmersión ecologista

Una relajante propuesta centrada en la belleza de sus paisajes marinos, en la que se ausentan la complejidad o la cooperación con otros aventureros

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Parte del equipo que dio vida a Journey (Thatgamecompany, 2012) repite en Abzû con un título de características tan similares, que bien podrían situarlo como su sucesor espiritual.

Giant Squid nos ofrece una onírica experiencia submarina con Abzû, nombre que significa “océano de sabiduría” y que plantea un paseo, en el sentido literal, por bellísimas estampas acuáticas, a las que acompañan las melodías elegantes de Austin Wintory, el compositor tras la banda sonora del mágico viaje por el desierto.

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Un océano para investigar

Nuestro cometido consiste en disfrutar de los paisajes, ya sea saltando a lomos de un delfín, observando el fondo marino o asustando bancos de peces.

Realmente no hay nada más que hacer, salvo relajarse, desconectar de todo y dejar que fluya una bonita sensación de estar dentro de una utopía marítima.

No existen marcadores o contadores de aire, como tampoco un mínimo reto, acertijo ni dificultad, o la posibilidad de que un peligro elimine a nuestro submarinista; lo único que se nos pedirá es, en ciertas secciones, actos puntuales como mover unas poleas o iluminar algunas zonas.

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Tampoco encontramos un equivalente a las figuras de los guardianes serpenteantes de Journey, que  podían obstaculizar nuestro avance; sencillamente avanzamos por múltiples decorados sin preocuparnos de nada.

Pero no es el único cambio respecto al juego en el que se inspira; ha suprimido el componente cooperativo, que era lo que dotaba de encanto nuestra peregrinación hacia la montaña.

Abzû se centra sólo en ti y en procurar transmitirte un respeto y fascinación por el mar dignos de elogio, pero tal decisión empobrece mucho la experiencia a todos los niveles, especialmente el emotivo. Giant Squid firma una creación de gran belleza audiovisual, pero mucho menos lograda que Journey.

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Brevedad y estética a partes iguales

Nuestro periplo oceánico puede llegar a prolongarse algo más de tres horas, durante las cuales nos toparemos con una gran variedad de formaciones naturales, como corales o icebergs, pero también estructuras arquitectónicas que constituyen la parte narrativa del juego.

Veremos murales con dibujos antiguos, estancias tecnológicamente vanguardistas o zócalos con referencias a otra civilización, pero de una forma imprecisa y abstracta que busca, deliberadamente, que cualquier teoría que se formule sobre el argumento sea válida.

El único mensaje que sí llega nítidamente es la devoción y la preocupación por el ecosistema marino, tan hermoso como frágil.

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Abzû brilla artísticamente, destacando unos entornos muy detallados, con diferentes tonalidades para según cuál localización (rojizas para las tropicales, o frías para el ártico, por ejemplo), en un esfuerzo por evitar la monotonía.

El apartado técnico, sin deslumbrar, cumple su cometido de gestionar todos los elementos del escenario sin errores ni defectos.

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Sergio Díaz
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