[Crítica] SLASHER (2022): Los padres del subgénero han tenido un hijo contemporáneo
Alberto Armas escribe y dirige esta película producida por Cinemawings, estrenada en cines el pasado mayo
¡Hola, Videojuerguistas! Hoy abro el saco de Sam para sacar una película, Slasher (2022), de máscaras y cuchillos con aroma del interior de Andalucía. En primer lugar, quiero agradecer a Alberto Armas su predisposición para participar en nuestra página. Si no habéis leído la entrevista que le hice hace unas semanas, os invito a leerla.
La película Slasher (2022) cuenta la historia de Julio, un joven al que su madre le regala -el día que cumple 18 años- una máscara como la que utilizaba su padre (desaparecido hace años) para cometer asesinatos, por lo que tiene que elegir entre seguir con el legado psicópata de su familia, o abrazar el amor de Úrsula, una de las chicas del grupo de posibles futuras víctimas que acaba de llegar al pueblo donde él vive. ¿Quién dijo que ser un asesino con máscara era fácil?
Sin entretenerme más, ¡dentro cuchillos!

«Ayer fuiste, hoy eres, mañana serás tú, Demonio Rojo»
Desde el primer momento somos testigos de la deshumanización del Demonio Rojo, que es el padre de Julio, y de su madre Carmen, que parece ser una especie de Pamela Voorhees en vida entrelazada con Papá y Mamá, de la película Escóndete y tiembla (American Gothic. 1988, John Hough), revelada, quizás, como la verdadera gran villana. Y esto no es difícil de pensar, pues más adelante seremos testigos de la depravación que consume su cerebro y cómo lo contagia al resto.
El tinte de la película Slasher (2022), junto al sadismo helador que envuelve a la familia, traza un dramatismo que pretende hacernos empatizar con las víctimas y alejarse de la ironía hiperrealista e indiferente de la mayoría de los slasher de la época ochentera, acercándose a su vez a la tendencia del neoslasher. Luego nos sorprende con un equilibrio entre el humor negro y la seriedad, logrado con un cálculo milimétrico de la cantidad de cada uno y su frecuencia. Y, aquí está, la primera trampa en la que podemos caer en esta película: confiar en las apariencias.

El slasher converge en una película
Esta película honra al subgénero con su título, pues envuelve la historia del slasher con una película; cuando quitas el papel, encuentras una masa compacta y uniforme de referencias: visuales, con un notable conocimiento de planos y cuándo usarlos para entregarnos un nuevo guiño; auditivas, donde tanto la banda sonora como las piezas empleadas te explican qué sucede en la historia, y narrativas, con circunstancias que nos recuerdan a las películas de terror que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida. Estos elementos, a pesar de ser un viaje evocativo, no conjuran una pérdida de identidad, sino que añade otros para crear la suya propia.
Aunque la globalización y la facilidad para comunicarnos por internet crea esquemas casi homogéneos, hay rasgos sociales que nos diferencian de los estadounidenses —y me refiero a ellos porque son los precursores del slasher tal y como lo conocemos— y que queremos ver en una película patria.

Por ejemplificar la adaptación de las referencias a nuestras fronteras, en lugar de una tienda de gasolinera casi en ruinas donde los jóvenes acuden para aprovisionarse, tenemos el ultramarinos de pueblo de toda la vida; la sensación de aislamiento que vemos en la Texas profunda o en el desierto de Nevada, la encontramos en una finca rodeada de hectáreas mayúsculas de olivos, o algo tan simple como un lago se cambia por un pantano debido a la profusión de este último. Hay más ejemplos, pero sería entrar en demasiados detalles que destriparían la película.
Por ello, esta película interpreta las reglas de distintas décadas del slasher, desde personajes o trama hasta localizaciones, y se adaptan a nuestra idiosincrasia. Creo que, al igual que sucede en la muchas veces denostada Tuno Negro (Pedro L. Barbero, Vicente J. Martín, 2001), esto es señal del buen hacer y la intención de entregar un slasher que replique algunos aspectos del otro lado del océano, pero a su vez vuelcan las tendencias nacionales en la película.

Un ejercicio de metacine para conocer al asesino
La premisa es sencilla: unos amigos van a una casa rural a divertirse y un asesino quiere darles caza. Sin embargo, detrás de esto se esconde un conocimiento verbalizado del director que emplea a los antagonistas como catalizadores del slasher. Tenemos una reinvención de Scream (Wes Craven, 1996) y Detrás de la máscara: El encumbramiento de Leslie Vernon (Scott Glosserman, 2007), tomando de la primera a Randy Meeks, personificado por Carmen, la madre de Julio, y recayendo sobre Julio el papel de Leslie Vernon.
Aun así, el director ofrece una mirada distinta del asesino allí donde la magnífica cinta de Glosserman no ahonda. Sin destripar nada, aspectos tan sencillos como la inmortalidad, lentitud o carencia del habla se ven explicadas y sustentadas en el poder del villano, que a su vez se retroalimenta con estas características previamente mencionadas.
Podría decir que en esta película no importa siquiera la chica final, con quien enseguida empatizaremos por un simple gesto en la primera escena tras el opening y luego desearemos empuñar un cuchillo para deshacernos de un malnacido que la acompaña. Úrsula, debo decir, me parece una chica final interesante, con una carga dramática suficiente que reviste de trasfondo al personaje.

Aunque el tiempo en escena diría que está igualado, en la mayoría de situaciones Julio comparte planos con el grupo de amigos y siempre terminamos con un repaso rápido desde la perspectiva del asesino. Así pues, considero que la película focaliza en la creación del villano, desde su preconcepción hacia su encumbramiento, y se olvida de las reglas sobre las que se rigen los amigos o la chica final.
Conclusiones
La película Slasher (2022) es el manifiesto de un amante del subgénero al que rinde homenaje en su título, cuya autoconsciencia la plasma sobre Julio y la interesante mitología subyacente en el Demonio Rojo que, como la máscara, aguarda a ser rescatada en futuribles secuelas.
Hasta aquí ha llegado mi viaje, Videojuerguistas, herederos de Randy, aunque espero volver algún día y encontrarme la sorpresa de que el Demonio Rojo ha regresado. Hasta que ese momento llegue, meto su máscara en el interior del saco.

¡Felices puñaladas!
Enlaces de interés
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