[Análisis] Love Eternal, saltos infinitos contra la gravedad… y la paciencia
Un plataformas 2D que plantea un bucle de exigencia y superación constante

Love Eternal
Géneros: Plataformas, puzles, terror atmosférico
Número de jugadores: 1
Sistemas: PS5 (versión del análisis), PS4, Nintendo Switch, Xbox Series, PC
Duración: 3- 5 horas
Idioma: Textos en castellano
PEGI: 12 años
Como en todo, la muerte siempre ha estado intrínsecamente relacionada con los videojuegos. Ya desde los primeros arcades, un alien pixelado podía cargarse tu nave y matarte, o un fantasmita cuqui darle una fulminadora dentellada a nuestra pizza sin porción, dejando viuda instantáneamente a Ms.Pac-Man. Y, tras casi medio siglo de evolución en el medio, la defunción ha tornado en mecánica de más peso (aún), con géneros como los Souls-Like. Afortunadamente, a diferencia de en la vida real, con los videojuegos, -casi- siempre tenemos otro intento, una nueva oportunidad para continuar en el ciclo de la vida/muerte, avanzando un pasito más. En algunas obras, esos intentos constantes para progresar y salir del bucle pueden suponer la mecánica principal. O incluso, la única relevante. Tal vez escondida tras una tenue narrativa, o adornada con un interesante apartado audiovisual. Ahora bien, que el juego lleve por título algo traducible como «Amor eterno», y nos quiera hacer perder la cordura por la frustración entre decesos infinitos… Esa no la vimos venir. Así es Love Eternal. Id preparando una tila.

Pinceladas de historia
Arrancando la partida tras uno de los menús de inicio más austeros que hemos visto en mucho tiempo («opciones» con idioma/volumen… y ya), iremos directamente al grano.
No hay intro de ningún tipo. Tomamos el control de Maya, una joven que se levanta de una esquina de su cuarto ante el aviso de que la cena ya está servida. Nuestra familia nos aguarda sentada para cuando llegamos a la mesa, y… ¡Riiiing! Nos toca ir a atender la llamada al pasillo, pero cuelgan. Volvemos al instante al comedor y… no hay nadie. ¿Qué ha pasado?
Papá, mamá, nuestra hermana… todos se han esfumado. Abandonamos el hogar… y todo está derruido. ¿Dónde estamos? ¿Ruinas, mazmorras, un castillo? No hallaremos respuestas aún… ni tampoco muchas más según avancemos. La premisa narrativa es bien simple. Nos toca progresar por el único camino posible, toparnos un par de NPC que aportarán algún dato o explicación a nuestra desoladora situación en cortos diálogos, y poquito más. Una deidad caprichosa, recuerdos, traumas y aflicciones disponen el telón argumental de este Love Eternal.
Es una historia algo inconexa y poco profunda. Pero este no es el punto fuerte del título…

Death Eternal
Estamos ante un juego 2D en el más estricto uso del término, al puro estilo clásico. Desplazamiento lateral sin profundidad de campo, y una jugabilidad tan «simple» que recuerda incluso a un juego del vetusto Spectrum (ains, ¡bendito Panama Joe/Montezuma’s Revenge!).
Porque esto va de caminar/correr/saltar… y palmar. MUCHO. UNA Y OTRA VEZ. Leñe, si por momentos me han dado ataques de risa de la desesperación ante las decenas de fallecimientos seguidos en el mismo punto sin avanzar… alternados con lloros, llantos y luego más carcajadas. ¿Actitud ante el fracaso o desequilibrio mental? Puede que ambas, pero es que aquí encontraremos la sencillez jugable típica de un título de 8 bit… y también un desalentador nivel de reto, digno de aquellos tiempos.
En Love Eternal afrontaremos, una tras otra, una sucesión de más de 100 pantallas conectadas de puzles plataformeros. La parte de rompecabezas viene de la mecánica principal (que no original, pues ya se ha visto en obras anteriores) que acompaña a los saltos: invertir la gravedad.
Con un botón brincaremos, y con otro, cambiaremos nuestro impulso gravitacional. Unidos a la cruza/joystick ofrece un esquema de control extremadamente básico. Y cuidado, bastante preciso… Pero ni con esas evitaremos las chorrocientas muertes.

Si abajo es arriba, la prueba es error
Mediante la alteración graviatoria de nuestro avatar digital, de una carrera con salto pasaremos a caminar por el techo, para luego volver al suelo esquivando unos pinchos… y así, de manera progresiva, con zonas cada vez más complejas y enrevesadas, aumentará la dificultad.
A los primeros niveles, solo con púas, se unirán plataformas móviles, palancas, obstáculos o láseres hasta alcanzar sucesiones de saltos aparentemente imposibles. Nos tocará atinar, a base de prueba y error, con el punto exacto desde el que brincar; calcular inercias y distancias con extrema pericia, agilidad de manos y mente sin cabida para el fallo.
Afortunadamente, las continuaciones son infinitas, pudiendo reintentar constantemente. Y, al cascar, apareceremos en el último punto de guardado, existiendo incluso más de uno por pantalla -aunque echaremos en falta mayor cantidad y más próximos-… Pero, por desgracia, son de salvado manual. Y menudo incordio pasarse uno por alto o no acordarse de pulsar para guardar.
A este sistema, poco práctico y amigable para el usuario, se unen otros problemas, como la poca claridad de algunas puertas o encontrar el camino para el cambio de pantalla. Un inconveniente heredado del minimalismo del que hace gala el apartado audiovisual.

Innegablemente indie
Los valores de producción de Love Eternal dejan claro que estamos ante un título indie, de bajo-medio presupuesto. El acabado gráfico tira de pixel-art para mostrar escenarios bastante vacíos, con muchas zonas de la pantalla directamente en negro o con repetitivos patrones de ladrillos, y poca variedad cromática.
Los tintes de terror atmosférico que intenta plasmar con su historia encajan medianamente bien con estos gráficos, que incluso gozan de cierto gusto jugando con los claroscuros. También se llega a mostrar algún fondo más detallado, representando esculturas o construcciones más elaboradas. La música, por su parte, acompaña en segundo plano, pasando desapercibida, pero dando correctamente ambiente.
Este título nos ha evocado por momentos a clásicos «modernos» de las plataformas, como Celeste, VVVVVV, o Super Meat Boy. Sí, a nivel de comparativa, son palabras mayores… y dificultades igual de elevadas. Por desgracia, a Love Eternal parece faltarle un puntito -o dos- para alcanzar las cotas de excelencia de dichas obras, bien sea por estética o narrativa… pero sí es equiparable en nivel de reto.
Además, su precio de lanzamiento es muy competente, así que resulta más que recomendable para jugones y jugonas que busquen un auténtico desafío para sus reflejos. Eso sí, el añadido de alguna opción de accesibilidad sería de agradecer para que la obra resultase atractiva a más usuarios.
El juego ya está disponible para Playstation 4/5, Nintendo Switch, Xbox Series y PC.
Nota
6