[Análisis] Netherworld (Switch, PC): S3x0-dr0jas-Rock&Roll
Una experiencia narrativa llena de humor irreverente y contenido adulto que corrobora que el PEGI y el ESRB se crearon para productos como este…

Netherworld
Género: Aventura gráfica, Mini-juegos
Número de jugadores: 1
Sistemas: Nintendo Switch, PC
Duración: 10-15 horas
Idioma: Textos en español
PEGI: 18 años
Formato físico: Selecta Play
*DRAMATIZACIÓN:
– ¿No eres ya mayorcito para eso de los videojuegos? Dedícate a algo más de adultos, ¿no?
–¿Videoconsolas? Puf, cosas de infantes; mejor cuida tu cuerpo con 87 burpies, y luego quema la noche.
– ¡Si Nintindi is piri niñis, mimimi!
Cuántas veces habremos tenido que sufrir interacciones sociales con frases similares a las aquí arriba plasmadas. Charletas carentes de argumentos, topicazos incongruentes que se caen por su propio peso… y fácilmente desmontables en cuanto pusiéramos delante de nuestros interlocutores unos minutillos de Netherworld. Leñe, posiblemente con un simple pantallazo ya les daría un vahído ante el salvajismo mostrado a sus prejuiciosos ojos…
Este juego, el primero lanzado por el estudio patrio Hungry Pixel, y publicado en formato físico por la también muy rojigualda Selecta Play, es toda una declaración de intenciones. Es un recordatorio de que el ocio electrónico no es solo cosa de nenes (nunca lo ha sido, realmente): es patrimonio de todas y todos.
Una afición que no tiene edad, pero sí juegos destinados en exclusiva a ciertos públicos. Por contenido, temáticas tratadas, estética, irreverencia y humor, hay productos que son, como decía aquella campaña publicitaria, un «placer adulto».
Acompañadnos en el análisis de Netherworld a descubrir por qué este título va más allá, y nos da dos tazas. Que si fueran de té, serían…*Nota: solo estamos calentando, por igualar el tono, va.

Miedo y asco en Las Vergas
¿Errata? ¿Dóndeeee? Estooo, situémonos, chavalada. Antes de arrancar esta bizarra aventura, un texto nos avisará de que el «+18» no es de c0ñ4: lenguaje vulgar, humor negro, desnudos y temas sexuales, violencia, desmembramientos, discriminación, consumo de drogas… y me atrevería a decir que hasta se quedan cortos por miedete a asustarnos o algo. Oh, y lo peor de todo, nos avisan también: Una medusa humanoide muy chunga. Que mira tú por donde, será nuestro protagonista, Medoo.
La historia comienza con una situación muy común, pero en versión cuerpos gelatinosos: una discusión de pareja. Va, igual llamarlo disputa es exagerado… Medoo está tumbado en el sofá pasando de todo; mientras su churri, Clarisse, amenaza con coger la puerta de casa (figuradamente, no levantarla de forma literal) y pirarse. Ante la inacción y pasoterismo del tipo, la chica cumple su palabra. Es un mundo de fantasía y ficción, pero podría ser una tarde cualquiera en el hogar de un matrimonio de Villarriba del Morcillo… ¿Alegoría sobre algo tan serio y real como el desgaste en las relaciones de pareja, o mero preámbulo? Veremos…
Nuestro avatar, entonces, se levanta del sofá y toma una decisión valiente; la correcta llegado a este punto de inflexión hacia la madurez person— Naaah, ve que tiene el minibar vacío, y se pira a la tasca, a «despejarse», todo un clásico.
De camino a la cantina nos toparemos con los primeros NPCs pasados de rosca -mantendremos con ellos diálogos muy absurdos-. Y una vez allí… se desatará la locura. Tras unos flirteos y una buena cogorza, la cosa se irá de madre con la llegada de un mago muy colgado (por yonki, no de una soga).

¿Qué tiene de sierto el desierto?
El peculiar hechicero, de sombrero amarillo, posee algo en común con Gandalf: lo de «blanco», pero por las sustancias que consume, vaya. Nos liará para conseguir sus medicinas (pista: una mezcla harinosa), y habrá un primer enfrentamiento a modo de tutorial con un jefazo.
A la fiesta se unirán un unicornio, fuegos artificiales, arco-iris y otras movidas oníricas… despertando a continuación en un páramo desértico. ¿Estamos muertos? ¿Ha sido todo un sueño, rollo Resines/Los Serrano?
A partir de aquí, deambularemos sin rumbo hasta toparnos a una banda de pistoleros, Los Nachos… no, no se llaman «Ignacio» todos, tienen seudónimos de complementos alimenticios para manjares mejicanos. La chifladura seguirá al unirnos a su grupo y llegar posteriormente a un bosque.

Allí, emulando a cierto fontanero italiano de fama mundial, consumiremos unas jugosas setas (no dan 1Up, sino alucinaciones y colorinchis), quemaremos un árbol -¡arde, insufrible Ent!- y tras muchas vueltas, acabaremos en un agujero de gusano. Atravesando cierto orificio de una lombriz, para ser exactos. Nada espacial ni rollo Interestelar.
Un laboratorio, un científico loco, criaturas invertebradas que comunican distintas ubicaciones de este universo… pero nosotros solo queremos volver a casa, como Dorothy. Si es reconquistando a Clarisse de camino, mejor. Oh, y en vez del perrito Toto, en todo momento nos acompañará nuestra mascota, una especie de moquete alado volador, mientras recorremos cada zona interconectada del mundo.
Averiguar si el vacío existencial que nos corroe es real, o un mero espejismo entre cogorza y cogorza, será parte de este viaje de auto-descubrimiento...

Como si en LucasArts fuesen hasta las cejas
Day of Tentacle. Monkey Island. Dalí. Terry Gilliam. Resacón en Las Vegas. Tarantino. Austin Powers… podríamos seguir diciendo nombres de forma inconexa solo por las risas, pero hay un motivo: realmente este título evoca a las obras y autores mencionados por momentos.
Aromas y esencia de surrealismo, humor negro, psicodelia… pero empecemos por el aspecto jugable. Aquí es donde el toque a aventura gráfica cómica recuerda a los geniales títulos de LucasArts, pero bajo un prisma de modernidad (más cercano casi a las actuales experiencias narrativas o «Walking Simulator», si nos ponemos).
Controlaremos a Medoo de forma muy básica -izquierda o derecha- por escenarios bidimensionales, relativamente limitados y conectados entre sí. Tendremos un listado de tareas con las misiones pendientes, donde se nos indica qué objetos necesitamos recolectar para avanzar en la historia y las subtramas descubiertas.
También podremos equiparnos un puñado de pertrechos en cara o cabeza, mientras revistamos áreas ya vistas. Bastante sencillito todo; hablando con la peña apropiada que pulula cada zona, o comprando cuatro cosas aquí y allí estará resuelto… hasta que nos topemos con algún mini-juego.

¡Pium, pium, PIIIIIIUM!
No todo será caminar (o como se pueda llamar a desplazarse moviendo los tentáculos) atrás y adelante. Cada cierto tiempo encontraremos pequeñas pruebas que alteran la relajada jugabilidad predominante. Las más correosas son las de los jefazos, algunos de tamaño descomunal. En estas fases, la pantalla suele permanecer estática, y nos tocará encontrar el punto débil del monstruo, o la forma de acabar con él/ella/eso utilizando el entorno… antes de que nos acribille.
Y aquí hallamos uno de los pocos puntos flacos del título. «Probar y repetir», es una mecánica habitual en videojuegos. Exigirnos ser raudos descubriendo algo o morir para volver a intentarlo, muy común. Las pistas visuales y la lógica deberían servir para que todo fuese como la seda a la tercera o cuarta vez… pero si unimos lo poco intuitivo a un sistema de control correoso, la cosa se complica. Apuntaremos con el jostick derecho, disparando con el gatillo y recargando con un botón frontal… para nada suena chungo pero, en los tiroteos, no resulta el esquema más preciso. Estas zonas de disparos se pueden atragantar un pelín.
No todo será vaciar cargadores de pistola o escopeta… También habrá partes plataformeras (con toquecito rogue) donde manejaremos a Joe, una garrapata biónica, que dispara láseres. ¿Desconcertante? Pues esperad, aún hay más, como los mini-juegos de índole «chechual». Fornique, retozamiento, frungidas, apareamiento creepy, montar sin silla, jugar al Teto… podemos usar multitud de eufemismos (¿cuántos censurará el editor? Tensemos la cuerda) pero es que hay que verlo para creerlo: pocos títulos recordamos con contenido tan subido de tono -Larry Laffer parecería un teletubby a su lado-, entre otras salvadas visuales.

Metiendo el tentáculo
Si habéis leído hasta aquí y no os habéis asustado, debéis saber que lo que resta ya será más suavecito. Y es que, a pesar de lo explícito de todas las situaciones presentes en Netherworld, el apartado visual obliga a tirar de imaginación (y mente sucia) en muchos momentos… Un ser de luz jamás pensaría que dos cuadraditos negros, subiendo y bajando intensamente sobre un palito rosado, conforman una representación onanista. Pero sí, cosas del pixel-art, y un diseño artístico ocurrente a la par que deliciosamente perverso o grotesco.
Todo el acabado gráfico se plasma con enormes pixels y un 2D muy resultón. Aunque la alejada cámara siempre acompaña en tercera persona a Medoo, habrá zooms dramáticos para enfatizar ciertos momentos de la acción/diálogos. Ah, y en las charlas podremos disfrutar con currados retratos, tipo dibujo a mano, de cada personaje, donde además cambiarán de expresión.
La música, por su parte, es variada, con temas melódicos clásicos -tirando al chiptune– mezclados con armonías más cañeras. Eso sí, nada de voces… Lógico, a ver qué actor locutaría tantas blasfemias de seguido.

Un Torrente de conclusiones
Lenguaje soez y malsonante (diríamos algo de la brillante traducción… pero carajo, es «made in Spain», no se requirió), opiáceos por doquier, alcohol a litronas, traumas infantiles, identidad sexual como alivio cómico, violencia, discriminación, machismo exacerbado, necrofilia, racismo… y lo que nos dejamos en el tintero digital. Netherworld es todo esto, y mucho más, si queréis rebuscar simbolismo o interpretaciones. Pero sobre todo, es diversión y despiporre, SOLO PARA ADULTOS.
Pocas veces, en décadas dándole a esto del ocio electrónico, nos hemos topado con una obra tan extrema y arriesgada, a la par que irreverente. Siendo además el primer desarrollo lanzado al mercado por un estudio independiente patrio, resulta aún más valiente en su propuesta y presentación.
Recordad que ya tenéis este título de Hungry Pixel y Selecta Play, disponible en las tiendas digitales de Nintendo y Steam, o en formato físico para la Switch. Nosotros vamos a seguir de fiesta… ¿Qué fiesta? ¡La que cuelga de est—–
Nota
7
