Síndrome FOMO: qué es y cómo superarlo en jóvenes y adultos
Este tipo de miedo, vinculado al auge y el impacto de las redes sociales, genera un acusado malestar emocional en todo tipo de perfiles, pero especialmente entre los más jóvenes

El síndrome FOMO empieza a ser un término habitual entre los problemas al alza dentro de la salud mental. Ya existía de antes de las redes sociales, pero sin duda estas vías de comunicación han acentuado tanto su incidencia como su presencia en todos los estratos sociales.

¿Qué es el síndrome FOMO?
El síndrome FOMO procede de las iniciales en inglés de Fear of Missing Out. Esto significa literalmente “miedo a perderse algo”.
Y ¿qué es ese algo que tanto les aterroriza perderse? Ese “algo” se compone a su vez de muchos y variados temores. Pero todos tienen un denominador común detrás: la falta de autoestima.
Así, el síndrome FOMO puede padecerse por el miedo a perderse un evento social, no haberse enterado de una noticia de un personaje de relevancia al que siguen en redes sociales, no estar al tanto de las publicaciones en redes de los miembros de su pandilla social…
En resumen, podríamos definir también el síndrome FOMO como el miedo a no estar a la última.

Un problema menos materialista de lo que aparenta
Bajo ese esfuerzo del adolescente por estar a la última no hay un interés explícitamente económico ni materialista. En otras palabras, no es tanto el postureo por llevar los pantalones que anuncia su influencer favorito/a o sus gafas de sol de marca para proyectar un estatus social.
El verdadero miedo de quien padece el síndrome FOMO es el de ser excluido por no seguir la normativa del grupo en el que se mueven. Sentir que quedan atrás de lo que consume y hace la mayoría, o al menos, sus vínculos más cercanos, genera un sufrimiento enorme en la persona. Teme quedarse fuera de las conversaciones. Dejar de resultar interesante. O parecer el “rarito/a” del grupo…
Las inseguridades se apoderan de los adolescentes en una etapa con numerosos cambios que incluyen los hormonales y psicológicos -como adaptarse a los cambios de su cuerpo o de voz-. El riesgo de quedar marginados por no ir a la moda se añade a la larga lista de temores que magnifican.

La evolución del síndrome FOMO
Este miedo a quedar excluido de su grupo social no es, para nada, algo nuevo. Pero ahora se ha agigantado con las redes sociales.
Cualquier cosa se sube a Instagram, Tik Tok o Facebook, por ejemplo. Que un adolescente vea las fotos o vídeos de un grupo de conocidos que se han juntado sin contar con él/ella, le provoca el mismo grado de inseguridad que a un joven en la época de Tuenti o que a otro en los años 80. No cambia el miedo o la angustia de sentirse fuera de órbita.
La diferencia es que ahora esas reuniones o eventos se retransmiten a veces incluso en tiempo real. Esto en el adolescente causa aún un daño mayor, porque puede quedarse viendo esa reunión social en la que le gustaría estar con todo tipo de detalles, haciéndose aún más un daño innecesario.
De rebote, las redes sociales le forzarían a estar conectado a ellas y pendientes de todo lo que se publique. Esa dependencia se justifica porque, para el adolescente, estar atento supone saber cuándo será el siguiente evento, a quién se invitaría y a quién no, dónde se celebra…
En su mundo de relaciones intensas y vulnerables, la información es todavía más poder. Y ellos no pueden perderse ningún dato o estarían en desventaja.

Malestar psíquico y físico como consecuencia del síndrome FOMO
Consumir horas y horas de Instagram o Tik Tok viendo esas celebraciones en las que les hubiese gustado tanto participar incrementa dramáticamente el consumo de horas de móvil.
Esto acarrea otros problemas no menos relevantes. Usar el móvil justo antes de dormir, por ejemplo, afecta al sueño ya que la luz artificial estimula la segregación de hormas vinculadas a la intensidad de la atención cognitiva. Le costará más dormir. Y, en consecuencia, un descanso defectuoso les entorpecerá rendir en clase, o llegarán apáticos y con menos energía para tareas domésticas y sus responsabilidades académicas.
En paralelo, el mal descaso alargado en el tiempo genera mal humor, susceptibilidad e irascibilidad. Esto repercute en sus relaciones personales. Y, por ende, en su propia autoestima. Como veis, es un bucle bastante peligroso. Se retroalimenta de canalizar mal la atención y el interés del joven.

El síndrome FOMO y los influencers
Este miedo a perderse algo puede extenderse no solo a su círculo íntimo de amistades y conocidos. También puede incluir a personas que gozan de una notoriedad en su vida, como puede ser un cantante o deportista que le guste.
El mecanismo del síndrome FOMO con youtubers, influencers o famosos se desarrolla exactamente igual. Es decir, se genera malestar en ellos ante la posibilidad de no enterarse a la vez que todo el mundo de una publicación de ese artista que le gusta tanto, sus primicias y sus anuncios mundiales.
Para casos como estos, donde Instagram y las redes sociales vuelven a ser tan peligrosamente importantes, conviene explicarle a los más jóvenes que en dichas redes abunda más lo artificial que lo natural, lo irreal y lo falso antes que lo verdadero. Casi la totalidad de estas personas que ejercen de influencers solo muestran exactamente lo que quieren mostrar. Su publicidad y sus anuncios están milimétricamente estudiados por agencias de prensa que cuidan hasta el más mínimo detalle, desde las sombras de la fotografía a la eliminación de un pelo fuera de su sitio o una arruga en la frente.
El influencer tiene que salir tan impoluto como lo permitan los filtros. Porque su vida de fantasía tiene que seguir fascinando. Y atrayendo miradas (y clicks).
Lo perfecto no existe. Pero las redes sociales imponen creer que sí existe porque su negocio es vender un ideal. Hay que explicarles a los jóvenes que la realidad no es una fotografía calculada al detalle. Y, por tanto, no pueden dejarse influir, ni hacerse de menos ni frustrarse por publicaciones con más marketing que credibilidad.

Consejos para combatir el síndrome FOMO en niños y adolescentes
Uno de los errores más habituales y a menudo inconscientes es establecer comparativas (cuando vemos fotos de Instagram o publicaciones) entre el personaje de turno y la vida propia.
Los padres han de evitar comentarios que los niños y adolescentes pueden interiorizar de una manera dañina, afectando a su concepto personal. Pueden realizarse con la mejor intención de que espabilen y tomen ejemplo (“pues tu amiga sí ha aprobado todo el curso”, “tu amigo ha metido dos goles en el partido”). Sin embargo, es fácil que si se cae en esas comparativas asiduamente, el niño/adolescente tienda a pensar que nunca es lo bastante bueno, o que los demás son mejores siempre.
Esto no les motivará en absoluto, les frustrará y aumentará su deseo de controlar redes sociales y publicaciones buscando esa comparativa constante, a ver en qué pueden superar a la persona que sus padres le han colocado como referente.

Los puntos fuertes propios contra el síndrome FOMO
Alargando el epígrafe anterior, es conveniente ahorrar las comparativas y centrarse en las virtudes del propio niño/adolescente. Resaltar todo lo que hace bien, lo que logra con su esfuerzo y las propias dificultades que supera son herramientas cruciales para el desarrollo de una autoestima sana.
El niño/adolescente ganará confianza en sus rasgos, cualidades y características propias. Ello le llevará a largo plazo a entender que cada uno tiene sus propios puntos fuertes, y no tienen que ser los mismos que los de la mayoría.
Así, relativizará el ansia por imitar a influencers o personas de su grupo social porque se considerará un igual, no alguien en un estatus de inferioridad que aspira a ser tan interesante como esa persona (idealizada) de referencia.

El control y la prudencia sobre las redes sociales
Es muy importante que los padres controlen el tiempo que sus hijos dedican a los móviles por todos los problemas que pueden generar, como antes enumeramos, tanto física como psicológicamente.
Además de fijarles un horario para su uso adecuado a su edad (del que debe excluirse el par de horas antes de dormir), no se les debe permitir abrirse un perfil en una red social hasta los 15 años.
De hecho hay redes sociales que elevan esa edad mínima. No se debe abrir uno a nombre del progenitor/a para complacer al niño y que sea éste quien lo use.
El motivo es que a menos edad, más vulnerabilidad en las redes sociales. El síndrome FOMO puede incitar a estos jóvenes a compartir publicaciones inapropiadas solamente para recibir atención, visualizaciones y likes.
Así, pueden exponer problemas muy personales a adultos desconocidos, intimidades o contenido inadecuado solo porque han visto las stories de sus celebrities preferidas o retransmisiones en Twitch o YouTube de un influencer hablando de su vida privada o realizando directos/contenido justificado para su edad, pero no para la del menor.

El síndrome FOMO en adultos: ejemplos
Este miedo a perderse algo comparte en el perfil adulto los mismos problemas de autoestima detrás. En el adulto puede ser aún más estresante.
Para la persona adulta, además de ese pánico a sentirse fuera de lugar en reuniones o con sus contactos por no estar a la última en todo, pueden entrar pautas de competitividad o deseos patológicos de sobresalir.
Podemos poner ejemplos muy básicos que reflejan el síndrome FOMO con el estreno de las series de televisión. Hay capítulos destripados en tiempo real en las redes. La persona con síndrome FOMO no disfruta de la serie en sí, sino del hecho de participar de algo que está al alza de popularidad en ese momento. Se siente especial por contarle a los cuatro vientos que ha visto quién palma en el nuevo capítulo de Juego de Tronos, los sucesos de la enésima cita marvelita y un largo etcétera. Da igual si ha sido a costa de trasnochar y quedarse hasta las 4 de la mañana y va mal al trabajo cada semana. Lo importante es que consigue estar “in”.
La persona tuitea a la vez que ve el capítulo, con lo que no está concentrado en su propio disfrute. Está volcado en proyectar la imagen de que está dentro de las tendencias, los trending topics y lo que pega en el momento.

Lo limitado como estimulante del FOMO
Tres cuartos de lo mismo sucede con las ediciones coleccionistas, o la ropa de marca de la celebrity a la que siguen atentamente. No pocas personas con síndrome FOMO se compran videojuegos de lanzamiento (a veces ediciones coleccionistas carísimas) o prendas de vestir solo porque su youtuber de referencia lo promociona. Tampoco son inusuales los casos en que esto ocurre sin gustarle y sin intención de jugarlo/estrenarlo hasta quién sabe cuándo. O lo revenden precintado en portales de segunda mano como Wallapop.
Pero ellos/as comparten su foto con el juego, el jersey o la blusa adquiridos para que quede constancia de que van a la moda. Su placer es sentirse interesante e incluido en lo que está en boca de todos y recibir likes. Pero no el objeto en sí ni la utilidad real que puedan darle.

El síndrome FOMO en adultos: consecuencias
Este juego de aparentar y demostrar que se está a lo último supone, además, mantener ese flujo de datos hacia los demás en la búsqueda permanente de atención. En otras palabras, si hace el esfuerzo de ver las series de madrugada y trasnochar o pagar una edición coleccionista con un dineral que no puede permitirse, quiere a cambio la atención. Exige la constancia de que se sepa que está a la última en todo.
Es un bucle donde la dependencia de las redes sociales y el impacto en la vida cotidiana del sujeto solo empeora. Porque no sabe poner límites. A más horas invertidas en escudriñar y ver qué se ha perdido o puede perderse, más inseguridades le acecharán. Se desarrollará un miedo permanente al rechazo. A no ser invitado, a quedar fuera y no estar en el centro del grupo.
La persona con síndrome FOMO no será capaz de razonar que no se puede gustar a todo el mundo, del mismo modo que a él no le gusta todo ni todo el mundo. Sin embargo, en esa búsqueda de integrarse con cuantos más grupos sociales mejor, desdibujará sus propios gustos personales. Todo le gustará. No dirá que no a nada con tal de ser aceptado socialmente. En su cabeza se asentará la idea de que así se disminuye la probabilidad de que no le inviten a eventos, reuniones o actividades grupales.
La validación de terceros como problema de fondo
Otra consecuencia explícita del síndrome FOMO más avanzado es el enorme gasto que conlleva. La persona comprará todo lo posible que anuncien sus influencers o individuos de referencia. Y lo exhibirá como un triunfo. Se desvirtúa así el uso de las redes sociales de compartir gustos para conocer gente con gustos afines, porque priorizará la aprobación de unos desconocidos en vez de su propia independencia a la hora de hacer lo que le gusta.
El gasto que supone tener varias suscripciones de canales de pago, ediciones coleccionistas, pantalones y gafas de sol de marca, bolsos caros, hacer viajes costosos… puede acarrear establecer un ritmo de vida para el que, sencillamente, su economía no está preparada.

Consejos para combatir el síndrome FOMO en adultos: medidas preventivas
Como siempre recomiendo, las conductas patológicas han de ser abordadas bajo la supervisión de un profesional cuando se han arraigado en un tiempo (más de seis meses) y la persona no es capaz de poner los límites por su propia cuenta.
La alta dependencia de las redes sociales y la influencia que pueden inducir sus influencers de cabecera pueden acarrear como medida drástica clausurar los perfiles, para desconectar de esos estímulos que le provocan inseguridad.
Pero, en casos más leves, no hay que recurrir a ello ni renunciar al contacto con otros perfiles sanos con los que tiene una relación cordial en redes sociales. Habría que regular el tiempo de uso, silenciar palabras para no desencadenar patrones consumistas (Black Friday, por ejemplo) y buscar la interacción con perfiles neutrales y no simples patrocinadores de publicidad. También dejar de seguir o silenciar cuentas dedicadas a adelantar contenido (avances de series, comentar episodios en tiempo real, etc)., para no inducir al consumo compulsivo de contenido.

Consejos para combatir el síndrome FOMO en adultos: la importancia del aquí y ahora
No obstante, el mayor trabajo psicológico que supone abordar el síndrome FOMO se ubica, nuevamente, en la autoestima. Por un lado, hay que entender y poner en práctica que lo que se muestra en redes como instagram no es la realidad prácticamente nunca.
Las fotos de celebrities y de influencers están estudiadas para ser idílicas. Pero no muestran lo que hay detrás, ni los problemas de la persona, sus conflictos y, en definitiva, la veracidad. Esto ahorrará sufrimientos innecesarios por frustrarse al no tener una vida tan ideal.
Por otro lado, la persona con síndrome FOMO tiene que trabajar valorar el aquí y el ahora. Que una persona se compre una edición coleccionista es porque puede y le gusta. Y que otra vea una serie en verano es porque ha estado de vacaciones. Lo mismo que si hace un viaje. Hay que dejar de ver las cosas como una completa competición, porque bajo esa angustia se esconde un complejo de inferioridad.
Si no has visto todas las series del año que tus amigos o influencers sí han visto, es porque tenéis gustos no siempre iguales. Y, sobre todo, porque no habéis tenido los mismos condicionantes y circunstancias.
A lo mejor no has podido ver ciertas series o hecho un viaje porque te has estrenado como madre/padre, porque has aceptado un nuevo trabajo, has adoptado una mascota o has preferido gastar el dinero de las suscripciones online en nuevos muebles. Es que pueden ser tantas circunstancias y situaciones que no tiene sentido compararse.

Superar el síndrome FOMO en adultos: priorizar en vez de comparar
Lo grave es que no estás disfrutando de las tuyas, de tus momentos favorables y tus propios espacios. No puedes permitirte estar más atento a lo que hace un influencer, un conocido de tu grupo o los trending topics que a tus propios gustos y prioridades.
El síndrome FOMO ha de combatirse revertiendo las cosas y fijando el orden adecuado de prioridades. Nos debemos a nosotros mismos ser nuestra principal preferencia, decidir por nosotros mismos qué pasatiempos y artículos consumir y disfrutar de nuestra realidad en vez de menospreciarla frente a las celebrities.
Pon tus series cuando te venga bien o ponte la que te apetezca cuando te apetezca. Cómprate la ropa que te guste y con la que estés cómodo/a. Disfruta de los juegos que encajen con tus gustos y no con los del vecino. Céntrate en lo que te gusta a ti. Y disfrútalo a tu ritmo.
Por muchas limitaciones y carencias que tengamos frente a las vidas impostadas de las celebrities, los filtros de instagram nunca van a dar autenticidad. Y nosotros, con todos nuestros defectos y nuestras virtudes, sí somos auténticos.
Sergio Díaz es psicólogo, ha participado en diversas investigaciones, publicaciones y coloquios de la Universidad de Málaga y ha publicado con ella más de treinta artículos y un libro sobre salud mental.
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