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[Crítica] Los extraños (2008), análisis psicológico de su terror nihilista

Un home invasion que destaca por el inquietante factor de la cotidianeidad y el azar

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Han pasado casi dieciocho años del estreno de Los extraños (2008) de Bryan Bertino. ¿Por qué hablar de ella ahora? Porque su terror nihilista nunca pasará de moda.

En nuestra crítica de hoy a Los extraños (2008) haremos un breve repaso por los elementos que considero que hacen realmente aterradora a esta magnífica película. Así amenizamos la espera del estreno de Los extraños: Capítulo 3.

¡Dentro cuchillos!

AVISO: si no has visto la película, no sigas leyendo. Este artículo contiene SPOILERS.

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«¿Está Tamara?»

Una simple pregunta capaz de producir escalofríos. Y es que el inicio de la película es una muestra del terror cotidiano que nos espera.

Una desconocida toca a la puerta durante la madrugada en una casa rural. No hay vecinos alrededor, no hay nadie. Y de pronto esta extraña pregunta de «¿está Tamara?». Una pregunta sencilla con la que comienza una angustiosa cacería humana.

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Juegos nihilistas

El terror nihilista de Los extraños (2008) me recuerda a lo no menos macabra Funny Games. ¿Y qué es el nihilismo? El nihilismo es una doctrina filosófica que señala que la vida no tiene significado ni propósito. No reconoce valores como la verdad o la moralidad para saber lo que está bien y lo que está mal. No significa que la persona sea pesimista ni que automáticamente sea un sociópata ni nada por el estilo.

Conociendo esto, volvemos al nihilismo que plantea esta película. ¿Por qué atacan los extraños a la pareja protagonista? Porque estaban en casa. No hay más. En una historia de terror, la víctima se pregunta por qué le está ocurriendo a ella. Kristen se plantea esa pregunta a lo largo de la película y obtiene una respuesta en el final, cuando ella y su pareja están a mereced de los extraños que han invadido su hogar.

Este terror que nace de la maldad no es nuevo. Aparte de la mencionada cinta de Michael Haneke, también la encontramos en La noche de Halloween, de John Carpenter, de la que os ofrecimos una amplia retrospectiva de su impacto cinematográfico y cultural. Michael Myers es la maldad personificada. Sus actos no los guía ninguna justificación más que el silencio. Parafraseando a Billy Loomis en Scream, «resulta más aterrador cuando no hay un motivo». La mente es misteriosa, pero está llena de recodos donde el raciocinio no puede llegar.

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Deleite en el sufrimiento

Los extraños (2008) es una caza lenta llena de gozo por parte del trío antagonista. No quieren acabar con ellos rápidamente, porque su verdadera motivación es fragmentar las mentes de las víctimas. Es una lucha de desgaste psicológico brutal, así que no tienen por qué apresurarse.

Esta condición de superioridad la hemos visto en villanos como Freddy Krueger, que se presupone invencible dentro de su mundo. Pero aquí los extraños irrumpen en el mundo de otras personas. Saben que han ganado simplemente inoculándoles el virus del miedo en sus cabezas. Este miedo actúa con lentitud y emponzoña todo desde dentro.

Los villanos en esta película no necesitan la fuerza bruta para intimidar. Basta con demostrarles que están dentro de sus vidas y no van a salir hasta acabar con ellos. El interrogante es cuándo. Es tan fácil como cambiar la canción en el tocadiscos o escribir un mensaje en una pared para romperlos por dentro.

Y aquí hay otra amenaza: la vigilancia permanente. Si el interior es peligroso, el exterior lo es aún más. Siempre van a estar vigilándote. No intervendrán, porque quieren que el juego se desarrolle como tenían planeado. Su objetivo es darles esperanza, pero demostrarles que están perdidos. Cada situación donde la pareja protagonista parece que va por delante es, en realidad, un engaño. Nunca han aventajado a los extraños, solo se lo han hecho creer.

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Silencio y oscuridad

Bryan Bertino y su equipo supieron cómo hacernos empatizar con la pareja protagonista sin apenas diálogos. Supo también reducir el terror a su expresión minimalista y convertirla en un factor diferenciador.

Los extraños (2008) destaca por la ausencia casi total de sonido. Apenas tenemos un par de notas graves en toda la película para enfatizar determinados momentos. Si algo me encanta del found footage es el uso del sonido para generar una inmersión aterradora, un contacto íntimo con los protagonistas y su tragedia. Cada sonido ambiente es como si estuviésemos dentro de la película: pasos, golpes, crujidos, grillos. Todo se magnifica en el silencio. Las expresiones faciales de la actriz Liv Tyler (Kristen) acompañan cada estadio emocional y nos contagia su angustia, incertidumbre, incluso una mínima esperanza. Y es que, cuando hay un sonido discordante, nos ponemos en alerta, al igual que lo hacen los protagonistas.

La iluminación en la película juega un papel importante que refuerza la amenaza continua e ineludible. No solo es que la luz sea tenue y enfermiza, reforzada por las bombillas cálidas del interior de la casa. Es que la oscuridad al margen de la supuesta cúpula de protección es lo devora todo. Como el Michael Myers de John Carpenter y Debra Hill, los extraños se refugian en las sombras.

Solo sabemos que están porque vemos las máscaras pálidas emerger de la oscuridad. Sin pronunciar ninguna palabra, sin hacer ningún ruido. Viven en la negrura y se desplazan como las sombras de sus presas, dejándose ver cuando lo creen oportuno para desaparecer antes de que hayan procesado el peligro.

Desenlace

Hay que hacer mención especial al final de la película. Si a lo largo de ella hemos visto que los extraños se mueven en la oscuridad, los últimos minutos nos demuestran lo que son realmente. Humanos corrientes que podrían ser tus vecinos y que han disfrutado con el sufrimiento ajeno.

Cuando Pin-Up Girl descorre las cortinas y el amanecer inunda la casa destrozada, su diversión ha terminado. El monstruo vuelve a dormir y ellos seguirán siendo unas personas normales durante el día. No necesitan ocultarse porque no hay nada de lo que esconderse.

La (in)seguridad del hogar

Se supone que nuestro hogar es un lugar seguro donde nada puede ocurrirnos. Es nuestro refugio frente a lo malo que acampa en el exterior. Pero, ¿qué sucede cuando esta seguridad se rompe y el peligro la invade?

El subgénero de terror home invasion es perturbador porque proporciona una respuesta a algo creíble. Es sentir indefensión en nuestra casa porque alguien la ejerce, alguien que conoce cómo entrar en ella y hacernos sufrir. Y en Los extraños (2008) esta impotencia se ve incrementada por el factor aleatorio. No hay venganzas ni motivos económicos, solo la mala suerte y la verdadera maldad.

Al margen de ser algo ficticio, no es difícil imaginar que se pueda dar esta situación. No hay que irse muy lejos: la ocupación ilegal es aterradora igualmente. Los robos en viviendas ocurren también. El terror ante los eventos cotidianos es inevitable, porque es el que nos conecta con la realidad. Nos enseña que los monstruos existen a pie de calle y que el azar a veces los coloca delante de nosotros, sin darnos tiempo a esquivarlos.

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«Inspirada en hechos reales», el mejor tagline en una película de terror

Los extraños (2008) es aterradora porque está muy bien hecha, simple y llanamente. Pero también es cierto que, cuando en los créditos iniciales o en la promoción de una película de terror señalan en grande «inspirada en hechos reales», sentimos una atracción morbosa por ella. Creemos que estamos más cerca de un terror real. Esto funciona con cualquier película. Es como si nos viésemos como protagonistas, o incluso como si le pudiera pasar a nuestro vecino.

Los extraños (2008) se inspira en tres hechos reales. La historia es ficticia, pero es la configuración de tres eventos que marcaron a Bryan Bertino. Uno de ellos son los asesinatos de la familia Manson. El otro es el crimen sin resolver de Keddie Resort en 1981, cuando asesinaron a una familia en una cabaña en California. Y el tercero nos sonará todavía más porque es el que le da identidad a esta película. Cuando era pequeño, unos extraños llamaron a la puerta de Bryan Bertino preguntando por alguien que no vivía en su casa. Poco después se enteró de que hubo unos robos casas de su vecindario.

Con esto que os contado quiero que estéis tranquilos y que sepáis que la probabilidad de que tres psicópatas se cuelen en vuestra casa y os asesinen es ínfima. O no.

Y hasta aquí he llegado, herederos de Randy. Vuelvo al interior del videoclub de Woodsbhorror, donde estoy seguro porque tengo la máscara del hombre del saco y puedo fingir que soy uno de ellos.

No me devolváis las películas sin rebobinar.

Alex Marsalo
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