[Crítica] Scream (1996), las claves de la película slasher que renovó el cine de terror
Retrospectiva de Scream. Vigila quién llama: las claves de una de las películas de terror más influyentes e imitadas

Era necesaria, en esta página web que adora el terror, publicar esta reseña. Esta crítica Scream (1996) no es la retrospectiva de una película cualquiera del género de terror. Scream Vigila quién llama fue la película slasher que renovó el cine de terror. Un clásico del maestro Wes Craven que, para muchos como yo, fue la primera película de terror que vio.
Y esta review era muy necesaria porque es algo más que una cinta iniciática. Scream. Vigila quién llama representó el cambio que necesitaba el slasher. Kevin Williamson supo cómo hacerlo y Wes Craven, cómo dirigirlo. Un binomio que creó una franquicia millonaria y una legión de seguidores que no deja de crecer.
Scream Vigila quién llama asentó las bases del nuevo slasher. A día de hoy, muchas películas beben de ella. Y no son pocos los asesinos parecidos a Ghostface que, con mayor o menor éxito, intentan replicar su comportamiento.
En esta retrospectiva os voy a desgranar estereotipos que Scream Vigila quién llama rompió en 1996. No comentaré los homenajes a otras películas o demostraciones paródicas del slasher, como cierta invencibilidad que poseen los asesinos o su resurrección para el último susto. Pero sí profundizaremos en las claves de la película más renovadora del slasher reciente.
¡Dentro puñaladas!

Crítica Scream (1996): El engaño de la actriz famosa
Esta curiosidad es la más conocida de todas las del fenómeno en que se convirtió Scream Vigila quién llama. Drew Barrymore protagonizó uno de los opening más originales del slasher. El efecto que causó en su momento fue inesperado. ¿Quién esperaba que la estrella, que protagonizaba toda la cartelería y lideraba la promoción de la película, muriera a los pocos minutos de metraje?
Una estrategia inteligente que sirvió como reclamo para los espectadores y que fue un inicio original y diferente a lo que estaba acostumbrado el público por aquel entonces. Con esta decisión lanzaron un mensaje claro al público: cualquiera puede morir. Si hemos eliminado a Drew Barrymore, podemos hacerlo con quien queramos.
Aparte de su juego narrativo, sacrificar a un famoso se convirtió en la seña de identidad de la franquicia. Antes de cada película te preguntas quién será el actor o la actriz que morirán a manos de Ghostface. Salvo en la tercera y en la quinta, que decidieron darle algo diferente para, de nuevo, innovar.

Crítica Scream (1996): Opening autoconsciente
Siguiendo con el opening de Scream, debemos detenernos en su narrativa. En el slasher pre-Scream iban directos: resurrección del asesino, la primera muerte que indica el tono de la película y la aparición de los créditos sobreimpresionados en pantalla con 3D y acompañados de su característica banda sonora.
Pero Kevin Williamson quería ir más allá. Todo el guion está escrito para narrar con el espectador. «Sé lo que queréis. Yo también he visto este tipo de películas». Esta ruptura sutil de la cuarta pared es recurrente en la película, pero quizás el ejemplo más patente se encuentra en su opening.
La conversación telefónica que mantienen Casey Becker y Ghostface evidencia el conocimiento de los jóvenes en los slashers. Transcribe sus palabras a través de una charla distendida que bien podrían tener ellos con sus amigos. Este lenguaje tan coloquial conecta con el público, mayoritariamente joven, y se olvida de los anacronismos que arrastraba el cine de terror con su moribundo subgénero slasher.

Crítica Scream (1996): La clave de la naturalidad
Otro detalle que refuerza la cercanía de esta conversación lo encontramos en la naturalidad con que habla Casey… y que también sirve de parodia del propio Wes Craven (el cual se deja ver fugazmente como conserje vestido con el jersey de Freddy Krueger). La joven dice, precisamente de la propia saga de Pesadilla en Elm Street. que no vale nada salvo la primera parte.
Para finalizar con este opening autorreferencia, debo pasar a Ghostface. Él actúa como maestro de ceremoniasde este macabro juego. Casey comete todos los errores típicos de las películas de terror y Ghostface se encarga de enseñarle a ella y al espectador qué no deben hacer.
Presentándonos situaciones de sobras conocidas por el espectador, Kevin Williamson señala que en la película van a tener una versión actualizada de los clichés aprendidos.

[Crítica] Scream (1996): Parodiando los estereotipos
Un aspecto esencial es la deconstrucción de los estereotipos del slasher. Todos los personajes cumplen con su cometido, pero lo diferencial en esta película se encuentra en la subversión de los papeles sin salir de lo establecido.
El grupo de amigos son clichés con patas: la protagonista tímida que lleva en la frente las palabras «chica final», la amiga liberal, el amigo friki, el novio tonto de la amiga y el novio prepotente y guaperas de la protagonista.

Crítica Scream (1996): Trampas argumentales
El bando de los adultos no exento de un toque paródico, pero también sirve para despistar al espectador y hacerle dudar de quién porta la máscara de Ghostface. A fin de cuentas, concederle a la audiencia el rol de investigador ayuda a que se meta más en la película y la experimente con más intensidad.
Así, encontramos en el ayudante de alguacil un personaje torpe y bonachón que, en esta ocasión, sí se hace cargo de los problemas de los adolescentes y los protege. En contraposición, Scream Vigila quién llama introduce un nuevo tipo de personaje, uno que responde a la ambición, el egoísmo y el cinismo. Esa es Gale Weathers, la reportera local.
En los personajes secundarios que sirven como despiste, como el alguacil o el padre de Sidney Prescott, las trampas argumentales son completamente deliberadas y paródicas. Un plano detalle a unas botas que ya nos mostraron en el momento en que Ghostface ataca, la pista musical que suena para indicar que hay una sospecha, una frase que sirve para sumar puntos en la escala de posible asesino… Todo ello invita al espectador a estar atento y participar del juego del gato y el ratón que es, a fin de cuentas, el slasher.
Sin embargo, es justo reconocer que lo más innovador de Scream fue presentarnos unos personajes que no se anclan en su preconfiguración. Tienen su importancia narrativa y nos acompañan hasta el acto final. Porque cualquiera puede ser Ghostface.
También hay un rasgo distintivo en esta saga y es la evolución de los personajes —al menos, de los que siguen vivos—. Da igual si los introducen en la nueva trilogía, en la última de una tetralogía o si nos acompañan desde la primera. Todos se comportan como seres humanos y no como personajes que solo sirven para alimentar el body count.

[Crítica] Scream (1996): Sin moralinas
En los slashers clásicos encontramos unas reglas marcadas y que se encarga de recordar Randy Meeks, la figura que ejerce de Cicerone del slasher. Entre ellas está no tener relaciones íntimas porque provoca la muerte de quienes lo practican. Un panfleto moralista imprescindible del slasher setentero.
Scream. Vigila quién llama nos muestra que la castidad en el slasher es cosa del pasado. Sidney Prescott se atreve a dejar atrás esas lecciones moralistas, adoptando encima el rol de chica final. Poco más hay que decir de una de las chicas finales más famosas del cine de terror y una de las más originales del slasher.

[Crítica] Scream (1996): Cualquiera puede ser Ghostface
Hablando de Ghostface, Scream. Vigila quién llama terminó con otro tropo del slasher: el asesino sobrenatural.
Para estirar la fama y generar más ingresos, las sagas del cine de terror recurrían a la deshumanización del villano. Wes Craven ya rompió esta regla con su Pesadilla en Elm Street al construir una historia alrededor de un ser sobrenatural como es el bueno de Freddy Krueger.
Kevin Williamson decidió que su villano fuera un ser de carne y hueso. Cualquiera podía usar un disfraz barato comprado en cualquier bazar —como verbalizan en la película— y ser Ghostface.
Por otra parte, las condiciones físicas de Ghostface lo alejan de los Padres del Slasher. No medía dos metros ni tenía una fuerza colosal. Tampoco era una entidad sobrenatural que resucitaría en la siguiente entrega. Es como si yo, un torpe que su propia sombra le pone la zancadilla, se pusiera una de las máscaras de Ghostface que tiene y se pusiera a acuchillar.
Esto resultante inquietante y atractivo para el espectador, pues cualquier personaje puede ser pasado por el machete. Nadie está a salvo así que ¿quién llegará hasta la revelación final?

[Crítica] Scream (1996): Un asesino no es suficiente
Si bien no es el primer slasher que cuenta con dos asesinos, sí es el más conocido. El slasher navideño To All a Goodnight (1980, David Hess) tenía una venganza familiar como motivación que recordaba a Viernes 13 y la entrañable Pamela Voorhees.
Aquí también hay un motivo vindicativo. La venganza personal del asesino principal de Scream. Vigila quién llama está respaldada por otro personaje secundario al que le mueve únicamente el placer de matar. La cuarta parte retomaría este planteamiento, apuntalando la ácida crítica a los medios en busca de titulares morbosos y el sensacionalismo.
Con ese giro de guion final, Craven y Williamson no solo demostraron conocer a fondo el slasher clásico, sino también cómo entregar al espectador un clímax rompedor en el que encajasen todas las piezas del puzle que le ha ido entregando.

[Crítica] Scream (1996): Los últimos supervivientes
Es un precepto que se conserva hoy en día; una seña de identidad que a veces se rompe eliminando a cualquier superviviente. Y es que el chico o la chica final no pueden faltar en un slasher. Aunque muera, el último superviviente debe llegar al último acto con posibilidades de vencer al villano.
Pero en Scream. Vigila quién llama no solo tenemos a la chica final. Frente a los asesinos muertos se alzan tres supervivientes: Randy Meeks, Gale Weathers y Sidney Prescott. Además Dewey ha sobrevivido. Dejar a tres personas vivas tiene sentido con el rumbo deseado para la franquicia. Hacen que los espectadores empaticen con ellos y les duela cuando sacrifican a uno de los personajes originales. Otra capa más en la nueva narrativa que planteó Scream: los personajes importan en el slasher.
Estas son las claves principales de Scream. Vigila quién llama. Una película transgresora, entretenidísima y hecha con oficio por un cineasta y un guionista que estuvieron, sencillamente, brillantes. Con su irrupción en cines, Scream abriría la veda a un nuevo slasher en el que ha influido, y sigue influyendo, hasta la actualidad. Y eso tiene mucho mérito para una franquicia que conoció el VHS (carta firmada de Wes Craven incluida).

Y hasta aquí he llegado, herederos de Randy. Si queréis saber más de slasher, podéis escucharme en El videoclub de Woodsbhorror, en iVoox, o en BLOODBUSTER BOOKS, la primera iniciativa de autopublicación slasher en España.
¡Felices puñaladas!
