Las mejores películas found footage: Terror y metraje encontrado
Claves para entender el éxito de las películas más reconocidas del metraje encontrado

Hola, acólitos de la secta de la Cámara. Vuelvo con la segunda parte sobre metraje encontrado (el famoso Found Footage), mi segundo subgénero favorito. La primera entrega (que podéis consultar aquí) sirvió como base para saber qué es una película de este tipo y las reglas que suelen seguir. Ahora vamos a repasar las mejores películas found footage.
En este artículo resumiré con brevedad el cambio que ha experimentado el found footage hasta la época actual. Para ello, solo he escogido películas clave de cada generación que permiten diferenciar la forma en que sus directores lograron convencer al público. Eso sí, todas tienen algo en común: confundir la realidad.
¡Hora de seguir grabando!
La controversia como mejor marketing (Holocausto Caníbal)

Recordemos que, por lo general, un metraje encontrado se hace con poco presupuesto, actores desconocidos (o gente con ganas de probarse frente a la cámara) y, en muchas ocasiones, creado por estudiantes de cine o personas que quieran experimentar tras la dirección. Por lo tanto, incluso un paquete de pipas que no sea de marca te va a suponer un gran desembolso.
También se une el factor de que no esté detrás de ti una buena productora o distribuidora que de salida a tu producto. Así pues, estos elementos empujan a los creadores a buscar otras vías de difusión más heterodoxas y, en ocasiones, rayanas a la legalidad.
Empezamos este viaje sanguinario por el Found Footage con Holocausto Caníbal (1980, Ruggero Deodato). Esta película habla sobre la recuperación del metraje original de un equipo de documentalistas que se internó en el Amazonas para grabar la vida de una tribu caníbal. La cinta pretendía denunciar la abyección del hombre civilizado, equiparándola a la de los caníbales que se registran.
Pero necesitaban un medio para hacerse escuchar, pues presentar un producto con altas dosis de violencia explícita, violaciones, canibalismo o maltrato animal les iba a cerrar puertas, pues sus elementos ya los integraban otras películas, como la anteriormente citada Man from Deep River, El manantial de la doncella (1960, Ingmar Bergman)o La última casa a la izquierda (1972, Wes Craven), que era una revisión de Bergman. Holocausto Caníbal debía ser diferente, y solo podía serlo de una forma.
Esta no fue otra que vender la película como un metraje real, a modo de documental, para alimentar el morbo en el público. Y así hacerles creer que no formaba parte de la ficción ni de un estilo de Found Footage. El emplazamiento, la vasta Amazonia, era ideal para jugar con la idea que el director tenía entre manos. ¿Acaso alguien iba a internarse en la selva, prevenido como era en la película sobre las tribus peligrosas que podían encontrar, para comprobar si era verdad? Con unos componentes tan básicos, logró su objetivo con creces.
Tanto es así que quisieron encarcelar a Deodato y su equipo por supuesto homicidio, teniendo que recurrir a aparecer en plató con los actores y los contratos firmados para desmentir la acusación. Eso sí: no se libró del cargo por crueldad animal. Y aún hoy lo envuelve la leyenda negra de que la indígena empalada realmente murió, a pesar de que el director explicó paso a paso cómo logró crear la escena.
Te puede gustar o no la película (personalmente, considero innecesario el asesinato real de los animales que aparecen, algo que el propio director reconoció avergonzado). Pero hay que alabar que consiguieran hablar de ella y la convirtieran en una película de culto.
Se busca a la bruja de Blair (El proyecto de la bruja de Blair)

Si escribía acerca de que Holocausto Caníbal se hizo famosa por su atrevimiento, hay otra película, que llegaría diecinueve años después, que introdujo una fórmula distinta al Found Footage, aunque se reducía al mismo concepto realista: El proyecto de la bruja de Blair (1999, Eduardo Sánchez, Daniel Myrick).
Todo empezó como una plataforma de investigación de tres estudiantes de cine que querían hacer un proyecto sobre la bruja de Blair (condado ficticio en el emplazamiento real de Burkittsville), Elly Kedward. Sin embargo, una vez se internaron en el bosque, nada más se supo de ellos… Hasta que un año después lograron recuperar el metraje que grabaron. Los foros de internet se llenaron de preguntas sobre la veracidad del material, y muchos se convirtieron en investigadores novatos para intentar descubrir lo que sucedía.
Los directores indicaron que la proliferación de programas de telerrealidad les sirvió de inspiración para hacer la película. El público se había acostumbrado a una estética real, por mucho que no lo fuera, y era lo que demandaba. Ellos creyeron que podían darle un tinte diferente al terror, uno que cumpliera la demanda de los espectadores. Pero, además, intuían que debían hacerlo ya o perderían su oportunidad. En una entrevista reconocieron que actualmente no habrían podido hacer la película, porque cualquiera tiene a su alcance Google para comprobar que los que aparecen en la película son actores y hay un equipo técnico tras ellos.
Aparte del resto de factores en este tipo de producciones, vuelve a cumplirse el económico: 60.000 dólares de presupuesto. No solo los elementos básicos conjuraron un éxito en taquilla (248,6 millones de dólares), sino el trabajo posterior en publicidad. Uno de los productores de la película montó una página web donde subía fotos de archivo de los desaparecidos (una de las cuales se empleó como cartel promocional), cronología de los acontecimientos y línea temporal de la bruja, para comprender su historia con supuestos hallazgos de ella.
El hecho de que los actores se abstuvieran de toda aparición pública hasta el estreno propició que amigos y conocidos de los padres de los actores recibieran el pésame. Además de esto, una semana antes del lanzamiento en cines, Myrick y Sánchez estrenaron un falso documental titulado La maldición de la bruja de Blair, donde incluía material recortado en posproducción y que emplearon como real para alimentar la sensación de autenticidad de la cinta. En él, se habla sobre el asesino de niños Rustin Parr, supuestamente poseído por la influencia de Elly Kedward.
Desde luego, estamos ante un hito del cine, que, con medios rudimentarios, poco presupuesto, mucho entusiasmo e inteligencia para aprovechar el momento logró convertirse en un referente del metraje encontrado. Toda una inspiración para una hornada de nuevos cineastas que intentaban replicar lo que lograron Eduardo Sánchez y Daniel Myrick.

Esa silla se ha movido sola (Paranormal Activity)
«Nueva década, nuevas reglas», reza el lema de Scream 4 (2011, Wes Craven). La sociedad se ha acostumbrado a imágenes explícitas y es difícil de sorprender. Sin embargo, más allá del Found Footage, el ámbito de lo paranormal siempre ha atraído, sobre todo cuando se trata de objetos que se mueven, puertas que se cierran con violencia o incluso personas que levitan.
El director Oren Peli encontró la inspiración en un evento inusual que le sucedió en casa, cuando una caja de detergente se cayó de la estantería sin hacer nada. Con esta idea en mente, creó Paranormal Activity (2009, Oren Peli).
Con un presupuesto de 15.000 dólares, pagándoles unos 500 dólares por siete días de rodaje a la pareja protagonista, sin más guion que escuetas indicaciones del director (dejando que los diálogos corrieran como improvisación de los actores), cámaras en mano combinadas con un sistema cerrado de videovigilancia y un único emplazamiento donde sucedería la acción (que, además, era la casa del creador), el director israelí conjuró un fenómeno que revitalizó el subgénero del metraje encontrado.

Peli, tras cierto recorrido en festivales desde 2007, logró que Paramount Pictures comprara los derechos de distribución y añadiera un presupuesto que finalmente se convertiría en 300.000-350.000 dólares. Con Steven Spielberg detrás, y habiendo añadido el final que más le convenció (con intención de entregas posteriores), la película convenció a los espectadores.
La premisa que se empleó era sencilla: cuando crees que estás seguro en tu casa, algo se tuerce. Esta fue la experiencia personal de Oren Peli, que sentía una inseguridad impropia de la tranquilidad que su nuevo domicilio en San Diego le proporcionaba (venía de un apartamento en una zona ajetreada), donde incluso el más insignificante ruido lo ponía en alerta. Y, reconozcámoslo, la mayoría de nosotros también se sobresalta con estos detalles.
Así pues, Paranormal Activity jugaba con las posesiones y el mundo esotérico. Pero lo adecentaba con una gran dosis de detalles sutiles que fraguaban el terror lentamente hasta explotar en un potente clímax. Aunque el fenómeno del metraje encontrado como material verdadero y no preparado estaba extinto, fue el realismo que le aportaba la película el causante de que muchos salieran aterrados de la sala de cine.
Aunque en menor medida, que los actores protagonistas no se presentaran en la premiere aportó otra pequeña pincelada y mantuvo, durante un instante, la duda de si la productora había pagado a los familiares de los afectados por exhibir las grabaciones. Claro que no era Holocausto Caníbal ni El proyecto de la bruja de Blair, pero fue un detalle curioso que pretendía homenajear el origen de este subgénero.
El peor reportaje de su vida (REC)
Para terminar, uno de mis metrajes encontrados favoritos, y además de origen patrio.
En 2007, Paco Plaza y Jaume Balagueró nos entregaban REC. En la cinta, que se desmarca en todo momento de jugar con la verosimilitud de sus predecesoras, seguimos a la reportera Ángela Vidal y su camarógrafo. Graban episodios nocturnos sobre distintas temáticas y, en esta ocasión, les toca el equipo de bomberos… Es entonces cuando les toca responder a una llamada de emergencia, de la cual estoy seguro que se arrepintieron.

Dejamos al lado la temática paranormal para adentrarnos en un canibalismo diferente. Y es que esta película innova en el subgénero al introducir una especie de muertos vivientes y emplear un emplazamiento aún más agobiante. Las actuaciones e imágenes explícitas son bastante buenas y se nota su presupuesto, considerado «pequeño» (un millón de euros) comúnmente, pero elevado para una propuesta de este tipo, sin contar con películas como District 9 o Cloverfield (que se va más allá de los veinticinco millones de dólares).
Aun con todo, no desperdiciaron el dinero, pues una genial labor técnica y una propuesta diferente hicieron que incluso los estadounidenses crearan su versión, titulada Quarantine (2008, John Erick Dowdle). Encontramos las claves del metraje encontrado: inquietud por lo que sucede; desasosiego, que se produce una vez descubrimos lo que ocurre; confusión e irritación, nacidas por los movimientos de torpeza intencionada de la cámara y que nos impide comprobar si los personajes viven, mueren o están heridos, y, no puede faltar, un desenlace trágico… o ambiguo.
No olvidemos que la misión de este tipo de películas es mostrarnos la indefensión de los personajes, no que sean los héroes típicos que van a derrotar al villano y salvar a un montón de personas, sino personas normales que, por un motivo u otro, se ven envueltos en situaciones que escapan a su control. No todos van a ser soldados entrenados, maestros de artes marciales o John Wick (y menos mal, porque él mismo con medio lápiz se hubiera cargado a todos los infectados).
A pesar de que en ningún momento se pretendía hacer pasar esta producción como algo real, sí que tuvo momentos de improvisación. Cito unos pequeños ejemplos del buen saber hacer que los directores y el equipo demostraron. Los bomberos que aparecen en la película eran realmente profesionales y, mientras Ángela nos habla del descanso de ellos, estos duermen de verdad. En la escena del ático, donde Pablo y Ángela buscan las llaves, sucedió realmente: los actores no sabían dónde se habían colocado. Una vez Ángela se queda sola, lo que recoge en cámara lo grabó la propia actriz, Manuela Velasco, sin realizar retoque alguno en posproducción, o la entrevista a los vecinos, que se improvisó por completo.
De esta forma, REC, aunque su taquilla no fue tan elevada como las anteriores, ha logrado hacerse hueco en la historia del cine de metraje encontrado y ha mostrado que pueden crearse buenos productos si se tienen las ideas bien definidas. Una película que no se puede dejar de lado en este subgénero.
Y hasta aquí llega la grabación Found Footage, que la batería se está agotando y tengo que reservarla para las siguientes grabaciones. No he mencionado películas poco conocidas porque mi intención era ilustrar con ejemplos muy claros distintas formas de crear un metraje encontrado. ¡Felices grabaciones!

Enlaces de interés
- ¿Qué es el ‘found footage’ y cuáles son sus bases? – Ejemplos de películas de terror
- El proyecto de la bruja de Blair / The Blair Witch Project
- 5 videojuegos basados / inspirados en «El proyecto de la bruja de Blair»
- Juegos Found Footage – 17 recomendaciones