¿Quién era Jack-o’-Lantern? El origen de las calabazas de Halloween y otras curiosidades
¿Por qué se tallan calabazas en Halloween? Te contamos el origen de esta tradición: la leyenda de Jack-o’-Lantern y otras curiosidades

Se acerca la festividad de Halloween y muchas personas que buscan curiosidades de esta tradición se formulan la misma pregunta: ¿quién era Jack-o’-Lantern? En resumen, así se les llama a las calabazas talladas típicas de Halloween. Pero tiene un origen que quizás no sabías. Acompañadme para descubrirlo.
¡Dentro fuegos fatuos!

Configurando la leyenda de Jack-o’-Lantern
Un gran adelanto en el tiempo. Para hablar del porqué de la leyenda que empezó a moldear la festividad, antes debemos fabricar las formas de los moldes.
En 1663, fecha apuntada por el Oxford English Dictionary, el término «Jack with the lantern» (Jack con el farol) se usaba para denominar a los vigilantes nocturnos. En 1704, se registra «Jack of lanthorns» (Jack de los faroles).
Observamos que el nombre también aparecía en la construcción «Jack of all trades» (aprendiz de todos los oficios). La obra The Rivals (en concreto, acto II, escena IV), publicada el 1773 por el autor Richard Brinsley Sheridan, construye una oración metafórica con el termino en sentido sinonímico. Cito textualmente: «He seguido el jack-a-lantern de Cupido y me he visto atrapado en un lodazal». A colación de esto, es posible establecer un paralelismo entre el fragmento «[…] en un lodazal» con la leyenda de los fuegos fatuos, que recibió el nombre Willie the wisp, para después convertirse en «Will-o’-the-wisp».

País de origen de la leyenda
Vemos que a principios del siglo XIX se emplea «Jack-o’-Lantern» para definir las travesuras espeluznantes de los niños, como se refleja en una crítica que Coleridge (poeta) realiza sobre una obra de teatro en 1817: «luces de las Jack O’Lantern que los niños traviesos […] proyectan con un espejo sobre las caras de sus vecinos con intención de cegarles». Esclarecemos, pues, que en 1817 la Jack O’Lantern queda definitivamente asociada con este tipo de actos.
Antes de llegar al tema que nos incumbe, he decidido omitir el origen de la festividad. Aún hoy en día se sigue debatiendo sobre si es escocés o irlandés. Según el historiador francés Jean Markale, los irlandeses católicos se tomaron más en serio las leyendas de Halloween que los escoceses presbiterianos.

La leyenda de Jack-o’-Lantern
Ahora sí. Es hora de ir directos a la historia. Para ello, debemos situarnos en la gran hambruna de Irlanda ocurrida en el siglo XIX, denominada en Europa como «hambruna de la patata».
Un millón de irlandeses murieron y otro tanto tuvo que emigrar debido a la escasa ayuda que Inglaterra les proveía. Un hongo letal acababa con las plantaciones de patatas mientras los terratenientes ingleses exigían una cantidad ingente del resto de la cosecha. Muchos se embarcaron en una aventura peligrosa —solo el treinta por ciento logró sobrevivir— para llegar a Estados Unidos. Lo único que tenían en su llegada al país era su sueño de poder vivir… e historias. Una de estas trataba sobre la leyenda de Stingy Jack (Jack el tacaño, Jack el astuto…).
Esta historia ha ido cambiando en hechos, pero no en su significado original. Trata sobre un hombre llamado Jack Smith, que a veces trabajaba como herrero (conclusión de su apellido), pero en otras se desconocía su oficio. El caso es que era un hombre tacaño, ocioso, tramposo y unos cuantos adjetivos más. Ahora bien, como comenté arriba, se narran distintas versiones, pero todas se resumen en una: desafió al propio diablo.
Una de estas veces, nuestro juerguista se encontraba paseando por la calle cuando recibió la visita del jefazo del infierno. Venía a reclamar su alma. El hombre asintió, pero le solicitó un único favor: poder beberse la última cerveza. El diablo aceptó. Ambos se fueron al pub como si fueran amigos de toda la vida —oye, ¿quién no va con el mismo jefe del averno de copas?—.
Una vez se hubo terminado la pinta, el hombre rebuscó en sus bolsillos, pero no encontró dinero. Le pidió al diablo si podía transformarse en moneda para pagar la ronda y de nuevo aceptó —madre mía, concede más deseos que Dios—. Sin embargo, Jack se la metió en el bolsillo. ¿Y que guardaba en su interior? Un crucifijo. El hombre le propuso un trato: lo dejaría ir si le concedía diez años más de vida. Irritado, no tuvo más remedio que aceptar.
Pero la cosa aún no ha terminado. Una década después, el diablo regresó. Se ve que el hell boss no se acordaba de lo que sucedió, porque volvió a aceptar un nuevo favor de Jack. Simplemente fueron a un manzano y le pidió si podía alcanzarle una manzana para disfrutar del último bocado. El diablo consintió y se encaramó al árbol. Mientras trepaba, Jack creó un círculo de crucifijos para atraparlo. Otra vez, le pidió un rescate —desde luego, Jack como negociador en la actualidad sería muy valioso—. Pero esta vez su demanda era una mucho más elevada: nunca jamás podría tocar su alma. De nuevo, aceptó.

Tras morir, Jack ascendió al reino de Dios… para serle denegada la entrada. Después de todos los pecados que había cometido (seguramente, se encargó de inaugurar otros tantos), San Pedro lo condenó al infierno. Satán (ahora sí) recordaba el trato que hicieron. Entonces, Jack el tacaño fue desterrado a vagar por el mundo en una especie de limbo. Satanás le entregó un par de brasas y un nabo. Con ellas Jack fabricó un farol para iluminar su camino.

Esta es la leyenda que sirvió como primer engranaje para una festividad cuyo mecanismo comenzaba a traquetear, pero a la que aún le faltaba mucho para que funcionara. Pero ¿por qué tallamos calabazas? ¿Por qué se utilizan las Jack-o’-lantern? Fácil: para espantar los malos espíritus y al propio diablo.
Y hasta aquí he llegado, Videojuerguistas. ¿Conocíais su otro origen? ¿Vais a tallar alguna calabaza para espantar a los malos espíritus? Si queréis saber más curiosidades de Halloween, echa un repaso a la web que tenemos muchos artículos sobre esta festividad que tanto nos gusta.
¡Felices calabazas!
