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[Análisis] Puppet House (PS5), terror y muñecos diabólicos

Puppet House es perfecto para la noche de Halloween: un juego directo, sencillo, divertido… y olvidable.

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Puppet House

Puntuación: 3 de 5.

Terror, Rompecabezas

Versión analizada: PlayStation 5

Duración: 3-4 horas

Textos en español

Propinarle patadas, puñetazos y escopetazos a un títere cabezón puede que sea uno de los placeres de la vida. Es difícil de explicar, pero cuando ves a este muñeco pululando por el escenario tu único objetivo en tu existencia pasa a ser el demoler esa carcasa de madera y pintura de brocha gorda con la que está construido… Puppet House es un juego pequeño, conciso, directo y sencillo. Y eso es bueno, en este caso. VeCube Studio y Spirit Games Studio, dos equipos de desarrollo polacos, han apostado por una experiencia lineal que te lleva de la mano. Y que, a la postre, se oficializa como un producto de fácil digestión.

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Los nenucos del infierno

Puppet House te convierte en un detective privado que, en sus ratos libres, se centra en resolver casos paranormales. Sí… El caso es que el protagonista, Rick, llega a Field Town y más concretamente a un caserón abandonado donde vivió un ventrílocuo famoso.

En este hogar algo destartalado conoceremos su pasado, sus pecados y sus demonios a través de pasillos, cuartos que explorar y numerosos rompecabezas. La trama también te lleva a las afueras de la casa, en un momento muy bien medido de la aventura, cuando comienzas a sentir cierto hastío de las mismas habitaciones una y otra vez. Y es un pequeño logro, acorde con las ínfulas del propio producto, al mostrar el mimo y el cuidado con el que está hecho este videojuego.

Esta atmósfera, esas habitaciones, esa estética y el apartado de sonido son las extremidades de este muñeco de madera. Es un juego que está revestido con un apartado técnico más que decente. Incluso sorprendente al comprobar el número reducido de personas que aparecen en los créditos. Eso sí, el núcleo o el alma que da vida desde dentro de esas cuatro paredes de madera lacada es su mecánica principal: el escape room.

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Una trampa asequible

Al igual que otros juegos de presupuesto limitado, con pocas posibilidades de mostrar grandes animaciones (muy bien la elección de que el único personaje que vemos durante la aventura sea un muñeco, fácil de animar) se ha apostado por concentrar el avance jugable con numerosos rompecabezas donde el escenario es la casa y sus alrededores.

Veremos y leeremos notas, audios y tendremos nuestra justa ración de sustos por sonido y por aparición espontánea. No obstante, el verdadero motor de Puppet House es avanzar con unos rompecabezas sencillos, uno detrás de otro y con respuestas que, en muchas ocasiones, se encuentran en la misma habitación.

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Se echa de menos más dificultad, pues a veces parece que nos trata de idiotas. Pero una vez lo piensas, sabes que es el leitmotiv del juego. Quiere ser una experiencia, como hemos dicho, sencilla, correcta, divertida y con pequeños sobresaltos.

De esa manera, que un puzle sea un código en un panel y que la respuesta esté exactamente a dos metros de ti, se pasa por alto a veces. Es un juego que se vende como escape room y que en teoría te hará pensar, pero no complica las cosas de más.

Cierto es que hay algunos más elaborados y originales (pese a ser igual de sencillos), pero la sensación general es la que es. Es decir, un juego ciertamente divertido, con monólogos del protagonista que dan risión. Uno de los motivos es el afán del juego por registrar todo lo que lees y ves, además de guardar las fotos que haces con la cámara (de manera automática) al ver una pista, para que no se te pase nada.

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A tiempo para Halloween

Puppet House se presenta y se diferencia de otras propuestas de precios similares como una exaltación del espíritu ochentero del cine de terror barato. Una reimaginación del odio que le tenemos a Chucky.

Es una historia que tan pronto sonreímos y la disfrutamos, como la olvidamos tras pasar unas semanas. Puppet House, en definitiva, plasma la representación de Halloween hecho videojuego: pasar el rato, reírse, asustarse y vivir una experiencia divertida.

Nada que reprochar a sus limitaciones, pese a ser tan obvias. Pero tampoco mucho que echarle en cara a esas tres o cuatro horas de pasatiempo entretenido.


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Adrián Hernán de Sales

Un comentario en “[Análisis] Puppet House (PS5), terror y muñecos diabólicos

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