[Crítica] La fotógrafa de Carlos Marbán
Una fotógrafa y un convento con un oscuro secreto

La fotógrafa
La nueva película de Carlos Marbán, director de la antología Malditas (https://videojuerguistas.net/critica-de-la-pelicula-malditas-2023/), es La fotógrafa, y es otra historia de esta misma. ¿Qué encontraremos en su última cinta?
¡Dentro fotografías!

Terror en el convento
No es un secreto la inspiración de Carlos Marbán en las películas de posesiones más clásicas. La profecía o El exorcista son algunas de las referencias de esta cinta que tiene como protagonista a una joven fotógrafa post-mortem. Y no solo de clásicos bebe La fotógrafa. Otras películas que ya han quedado grabadas en el cine de terror, como la saga Expediente Warren, tienen su hueco. Desde el título de apertura hasta técnicas o guiños, la película rinde homenaje a los grandes títulos del terror.
La película comienza sin anestesia con el exorcismo de Alejandra (Noah Casas) en un convento de los años cincuenta. El padre Carlos (Alberto Tierrez) lucha contra la entidad que ha poseído a la pequeña. Maniatada a una cruz, la trasladan a través de las catacumbas para intentar salvar su alma. Pero, como se presupone, el exorcismo termina de forma trágica.
Entonces aparece Inna (Daniela Casas), que ha continuado la profesión de su madre y se dedica a la fotografía post-mortem. Llega al orfanato y su falta de tacto —aderezada con «no estoy acostumbrada a tratar con los vivos— provoca la primera confrontación con la hermana María (Marian Garrido). Pero encuentra una aliada en la hermana Nuria (Samantha Jaramillo)… al menos por el momento. Inna no tardará en descubrir los secretos tras las paredes del orfanato y la verdad sobre el fallecimiento de la pequeña Alejandra.

Expediente Warren en España
La parte más floja de La fotógrafa es trasladar una historia que todos conocemos a España. La estructura bien marcada sigue el tiempo de las películas de terror estadounidenses más comerciales. Si esperas una película de posesiones diferente, encontrarás lo contrario: un guion convencional y directo que sabe qué quiere ofrecer. De hecho, encontraremos un muñeco muy conocido y podemos preguntarnos «¿por qué?». Pero no es más que un guiño y, por fortuna, no tiene relevancia narrativa. ¿Esto es algo malo? Realmente, no. La fotógrafa es honesta con su propuesta. Trasladándolo a mi subgénero favorito, el slasher, es como echarle en cara a las películas que no tengan un esquema reconocible. O indignarnos por la introducción de algún elemento decorativo de un Padre del Slasher —Ghostface, Michael Myers, Freddy Krueger, Jason Voorhees…—. No dejan de ser guiños que gustan a los consumidores de terror, y más si es de tus subgéneros favoritos.
Carlos Marbán ha hecho magia con un presupuesto ínfimo. La parte técnica está bien cuidada. Su acabado de Super-8 y distorsiones de lente emulan un efecto apropiado para la década de los cincuenta y que nos traslada a las películas snuff que Ellison encuentra en la insuperable Sinister. Esta edición en la imagen contribuye a la inmersión de creer que todo lo que vemos lo graba la cámara de Inna. La suciedad y defectos de la lente refuerzan la inquietud malsana que rodea la película en sus escasos noventa minutos de duración.
Las referencias estilísticas al Warrenverso en La fotógrafa son evidentes, pero están bien ejecutadas. Es una hazaña emular los efectos sonoros y visuales de una superproducción con el presupuesto tan limitado de la película y que lograríamos financiar nosotros mismos ahorrando durante unos años. Carlos Marbán y su equipo construyen una interesante atmósfera de suspense, pero en ciertas situaciones se diluye al introducir sobresaltos predecibles. Esta anticipación nace del desgaste de ciertas técnicas que no sorprenden a nadie. Por fortuna, el director no abusa de este recurso manido y se centra en la elaboración del terror. Planos cortos, importancia del sonido ambiente, oscuridad y dilatación calculada del suspense son los elementos que destacan en esta película.
Debo hacer mención a un par de escenas que me gustaron bastante. Las dos ocurren en el tramo final de la película. Una de ellas está relacionada con una fotografía y me hizo pensar en Bughuul (o Bagul) y los niños en Sinister. La otra es una secuencia muy larga llena de suspense capaz de tensar las emociones al espectador.

La importancia de transmitir miedo
Otro aspecto que destaca en La fotógrafa es la interpretación de sus jóvenes actrices en los momentos de terror. Son ellas las que llevan el protagonismo en la película y relega a los adultos a un plano secundario.
Son en los instantes más angustiosos donde las actrices sacan su potencial. Esta es una seña de identidad del director. Detrás hay una formación de años en los cursos de terror y drama de Carlos Marbán. Algunas actrices del reparto estuvieron en anteriores trabajos suyos, por lo que se percibe una sinergia entre el reparto y el director.
Aunque las hermanas de sangre Elena (Leyre Azpiri) y Marta (Bárbara Martínez) nos ofrecen unas interpretaciones interesantes y protagonizan unas de las escenas más terroríficas de la película, debo destacar a Daniela Casas. Su frialdad inicial desaparece a medida que encuentra simpatía en la hermana Nuria y descubre la historia de la pequeña Alejandra. Este cambio en su registro interpretativo se muestra de forma progresiva. Los eventos que presencia se reflejan en su rostro y porte, pasando de la ecpatía a la vulnerabilidad. Ya no la vemos como una fría fotógrafa que está para cumplir un objetivo, sino como a una joven que sigue recordando a su madre. Comprendemos que usa una coraza para defenderse de prejuicios por su aspecto físico en un tipo de fotografía que ya levanta los suyos propios.
En lo que coinciden las tres es en la facilidad para viajar entre diferentes estadios y ajustarse a lo que requiere la escena sin pasar la sobreactuación. Las emociones más angustiosas se reflejan en sus expresiones faciales y corporales y transmiten una credibilidad que refuerza la película.
Por otra parte, Noah Casas tiene el descaro que se espera del personaje poseído que actúa como una entidad destructiva. Consigue resultar inquietante sin necesidad de grandes efectos especiales. Nadie querría encontrársela de noche y caminando al revés o verla asomándose por un recordó del pasillo.
En definitiva, La fotógrafa es una película de muy bajo presupuesto que no inventa nada nuevo, pero que juega muy bien con las limitaciones técnicas. Una película de terror convencional con buen uso del suspense y una clara intencionalidad referencial en su arte.