The Book of Aaru, un rogue-lite egipcio que aprueba
The Book of Aaru es un rogue-lite con elementos RPG muy ligeros que consigue divertir, pese a la revisión editorial que le falta

The Book of Aaru
- Desarrolladora: Amenti Studio
- Formato físico: No
- Precio: 14,79€ (Steam)
- Idiomas: Textos en español, voces en inglés
- Género: Rogue-lite
- Plataformas: Steam, Epic Games Store
Lo cierto es que The Book of Aaru empieza bien. Todo lo bien que puede empezar un videojuego de estas características: nos sueltan en un escenario, nos dicen cuatro frases contadas para entrar en contexto —bueno, mínimamente—, y venga, a repartir galletas. Por ahora, todo bien. Es un rogue-lite, no una aventura conversacional con aspiraciones a enciclopedia. Y además, somos un gato. Un gato egipcio futurista, ahí es nada.

Las comparaciones siempre son… inevitables
The Book of Aaru viene a ser un imitador de la fórmula que ha consagrado juegos como Hades, ese jueguecillo indie de Supergiant Games que tiene el superpoder de encadenar a la pantalla a todo aquel que se pone a sus mandos. ¿Por qué? Muy sencillo: porque está bien hecho. Porque cada partida es un bucle de dopamina donde mejoramos, repetimos, morimos, repetimos, mejoramos… y así hasta romper el ciclo. Ya sabéis cómo funcionan estas dinámicas (le dedicamos un reportaje específico al género en este enlace).
Pero no todo es repetir hasta el hartazgo. Cada intento trae algo nuevo: mejoras, nuevos diálogos, bendiciones divinas, upgrades, drama mitológico y una relación paternal con problemas no resueltos.
Tal es la perfección de Hades, que para saber si un rogue-lite es bueno o no, debe ser comparado con el trabajo de Supergiant Games. Hades triunfó —y de hecho, estamos deseando catar su segunda parte— porque hizo lo que otros juegos no consiguen: hacer que la vuelta a empezar sea divertida si la diseñas bien, la narras mejor y le das al protagonista una espada gigante.
Pero este no es el análisis de Hades, ¿no? Pues no, no lo es. Pero he visto necesario hacer la comparación porque, cuando imitas una fórmula ya establecida, lo mínimo que puedes hacer es asegurarte de que cumple el estándar. Y The Book of Aaru no es ese juego.

Otro rogue-lite más tirándose a la piscina
La lógica dicta que, si vas a hacer un triple salto mortal, te asegures de haber ensayado suficiente. No es necesario comprobar si la piscina está llena, porque cuando juegas en esta liga, es algo que se da por hecho. Los desarrolladores de The Book of Aaru, en cambio, bueno…, lo han intentado. A ver, no han practicado el triple salto mortal con tirabuzón, sino un simple salto de trampolín. En otras palabras: no apuntaban a convertirse en el nuevo referente del género, no pretenden jugar en la liga profesional.
Sin embargo, lo mínimo imprescindible es que te asegures de que la piscina está llena para no darte un planchazo contra los baldosines. Hacer un simple salto de cabeza no va a impresionar a nadie, pero al menos, asegúrate de hacerlo bien.
Vamos por partes. Porque si Hades es el Adonis de los rogue-lites —bello, equilibrado y con flow—, The Book of Aaru es…, el primo gafotas.

¿Qué falla?
Sobre el papel, The Book of Aaru suena exótico: un diseño artístico inspirado en Egipto, pero no un Egipto cualquiera, con sus jeroglíficos y Tutankamon. Uno más techie, tipo cyberpunk con destellos de neón, tecnología futurista y acrobacias felinas. En esto hay que reconocerle el mérito al equipo de diseño. The Book of Aaru trata de mezclar estilos, consiguiendo un resultado vistoso… las primeras tres horas.
The Book of Aaru hace su mejor intento de atraparte en sus escenarios. Hay trampas, enemigos a tutiplén como en todo buen rogue-lite, algún que otro camino alternativo donde encontrar recompensas extra, y montones de trampas que nos pondrán las cosas difíciles. Pero no termina de funcionar.

La idea de recorrer salas machacando enemigos no suena tan divertida como en otros juegos del mismo género, porque el juego de Amenti Studio comete el mayor error que un rogue-lite puede cometer: aburre.
Se supone que este tipo de juegos deben ser ligeros, rápidos, accesibles. Instantáneamente divertidos. Te echas una partida de 30 minutillos y quedas conforme. Terminas una run y ya estás pensando en darle otra vuelta con otra configuración, armas, equipos… Eso no está presente aquí.

Combate por castigo
Machacar el ratón —o el mando— debería ser un placer en estos juegos. En The Book of Aaru se convierte en un baile de inconsistencias y desajustes en la selección de objetivos. El combate falla. Y si el elemento más importante de este tipo de juegos no funciona, el juego tampoco.
El juego pone a tu disposición tres tipos de armas, aunque, por alguna razón, una vez elegida no he visto opción a cambiarla por otra de las configuraciones iniciales, a no ser que consiguiera los planos para fabricarlas con los materiales que encontramos en los escenarios.
He jugado con el mando de Xbox, y aunque el juego tiene una opción de puntería asistida que podemos activar o desactivar con solo pulsar un botón, me ha resultado frustrante a muchos niveles. Las animaciones son torpes, el set de combos es tan pobre que da lástima, y el sistema de progreso da la sensación de ser un galimatías sin orden ni concierto.

Sistema de regresión
Sí, sí. La progresión en The Book of Aaru funciona al revés: parece que siempre perdemos. Será cosa de las tecnologías egipcias.
En cada mapa encontramos ciertos materiales que sirven para potenciar y construir equipo nuevo. El juego nos da la opción de guardar cierta cantidad de materiales para, si morimos, conservar una buena cantidad de ellos. La idea es buena, la ejecución, no tanto.
Esta mecánica, conocida como «bendición» de materiales, nos permite ahorrar en caso de caer en combate —es decir, casi todo el tiempo—, pero los porcentajes y las tasas a pagar hacen que muchas veces quieras correr el riesgo y apostarlo todo a una de tus vidas de gato.
Luego, ¿quieres probar nuevas configuraciones? Suerte con ello. Cuando desbloqueamos un glifo, esta ventaja queda fija y es imposible de cambiar. Cada uno responde a un color, y cada color tiene asignada una característica: poder de ataque, vida, y aumento de nuestro poder de ralentizar el tiempo.
Los glifos pueden mejorarse, y además, esto ocurre en plena partida. Es decir, no tenemos que completar un nivel para mejorar nuestras estadísticas; podemos hacerlo en algunos altares que encontramos por los mapas. Esto sí me ha parecido una idea interesante, y necesaria, dada la dificultad del título.

Estética momificada
Cuando he hablado del estilo artístico del juego, no mentía. Tiene cierto encanto. La clásica ambientación egipcia mezclada con una extraña tecnología y luces de neón. Sí, mola. Es curioso de ver. Y además, hay muchos elementos destructibles en los escenarios que da cierto placer hacer añicos.
El problema viene pasadas las tres o cuatro primeras horas. Es entones cuando se percibe una grave repetitividad en el diseño de niveles. La estética cambia: tumbas tradicionales, escenarios con construcciones que parecen alienígenas… pero todos siguen el mismo patrón, todos tienen, básicamente, las mismas trampas —rodillos gigantes que intentan hacerte picadillo, bolas de fuego surcando el escenario, rayos láser…—. Y aunque la ambientación cambia en cada zona, como he mencionado, no he dejado de tener un sentimiento de déjà vu casi constante.
Tampoco ayuda que los pocos personajes con los que podemos interactuar tengan cuatro o cinco líneas de diálogo que parecen sacadas de ChatGPT.
Y en cuanto a gráficos, aquí no puedo ponerme quisquilloso. Es un juego sencillo, con un elenco de texturas y efectos normalitos, pero que no desagradan. La banda sonora para sin pena ni gloria, quedándose en un sonidito ambiental de fondo que acompaña nuestra partida. No molesta, pero tampoco destaca.

Pocas vidas tiene el gato
No sé si son 7 o 9. Pero no creo que el gato aventurero de The Book of Aaru vaya a cumplir ese mantra. El juego tiene su puntito. Te gustará si eres fan del género. La ambientación es original —más o menos—, la habilidad de ralentizar el tiempo es funcional y práctica, y los escenarios tienen algunas partes destructibles, caminos alternativos y unos cuantos jefes de turno. Pero la fórmula de Hades —juego que el estudio ha reconocido como fuente de inspiración— se queda a medio camino del sarcófago.
No es ese rogue-lite al que juegas y dices: «una partida más y termino», y resulta que te han dado las 3 de la mañana.
Tampoco es un juego que falle en todo, por supuesto que no. Y seguro que el desarrollador seguirá mejorando el juego con los sucesivos parches. Pero, por ahora, solo puedo recomendar el juego a los incondicionales de los rogue-lite. Y, teniendo en cuenta su precio reducido, puede ser una buena opción.