[Retrospectiva] Falcon Crest, los viñedos que Jane Wyman convirtió en un fenómeno de la televisión
El canal temático de series clásicas VinTV recupera Falcon Crest desde el 20 de octubre, una de las más icónicas de los 80

Si hay una villana legendaria del universo televisivo, esa es Ángela Channing, la matriarca que regía con despiadada mano de hierro los viñedos de Falcon Crest, el mayor símbolo de poder del Valle de Tuscany. Sus artimañas y tejemanejes causaron furor en la década de los 80, atrapando a una audiencia que la aupó a icono atemporal de la televisión. Los nostálgicos, y la chavalada de hoy que no pudo disfrutarla en su día, tienen la ocasión perfecta de saborear los vinos de Falcon Crest desde este 20 de octubre gracias a VinTV. El canal repone a partir de las 14:35h dos capítulos consecutivos de lunes a viernes.

Las precursoras de los culebrones americanos
Falcon Crest fue una de las series más importantes y populares de la televisión. Surgió a raíz del interés del público por los culebrones protagonizados por familias de clase alta. La tendencia surgió a finales de los 70, cuando llegarían a la televisión americana Dallas y Knots Landing. Ambas era series que destacarían sobremanera del resto de ofertas televisivas por sus guiones centrados en el lujo y la opulencia.
Fue un impacto para los consumidores de la pequeña pantalla, en la que predominaban la acción y producciones más amables. Vacaciones en el mar, Starsky y Hutch, Los ángeles de Charlie, La casa de la pradera, Bonanza... Por supuesto que había sitio para dramas intensos (Raíces), pero con Dallas se produjo todo un revulsivo. Esta vez el gancho era el villano. Cuanto más perrease, más calaba en los espectadores. Un jaque mate magnífico, pues las triquiñuelas del pérfido JR dividían a la audiencia entre los que sufrían con el resto del elenco y quienes gozaban de sus barrabasadas. La cuestión era no pasar desapercibido.
La verdadera constatación de que algo gusta y está bien hecho es que otros te imiten, de manera que a Dallas no tardaron en sucederle series con villanos como máximos reclamos. Eso sí, cada uno con su estilo y toque propios.
La más sobresaliente en términos de audiencias millonarias en todo el mundo sería Dinastía. Estrenada el 12 de enero de 1981 con Aaron Spelling en tareas de producción para la ABC, Dinastía era puro glamour. La imponente mansión que acaparaba el opening junto a la sofisticada melodía de Bill Conti (el compositor de Rocky) ya dejaba embobada a la audiencia.
Pero era el aperitivo. El plato fuerte era Joan Collins, la carismática antagonista de la serie que disfrutaba (y hacía disfrutar a los espectadores) con toda clase de marrullerías con las que amasar más fortuna y poder. Dinastía cambiaba los ranchos de Dallas por casoplones, jets privados y rascacielos, introduciendo un toque urbanita con el que se fraguó su propia personalidad. Igualmente, derrochó elegancia con la aparición de numerosas estrellas del Hollywood de los años 50 y 60.
Falcon Crest sería la apuesta de la productora Lorimar. Fue una idea original de Earl Hamner Jr., guionista de La dimensión desconocida y de otro campanazo catódico, Los Walton. Quiso hacer su propia Dallas, ambientada en los viñedos de California. Pero el arrollador éxito de Dinastía le animó a hacer numerosos cambios, entre ellos no establecer las tramas únicamente en entornos rurales, de modo que aprovechó la luz, belleza y suntuosidad de San Francisco para tramas y personajes cosmopolitas.
Lo que no cambió en ningún momento fue su intencionalidad de colocar a una mujer como principal motor del resto de la narrativa. Un alter ego femenino de JR, a poder ser más retorcida aún. Pero ¿quién iba a interpretar un personaje así?

La inolvidable Jane Wyman
La televisión se consideraba, en aquellos tiempos, un medio menor y con cierto desprestigio entre los más clasistas de Hollywood. Una especie de cementerio de elefantes en el peor de los sentidos. No muchos actores estaban por la labor de verse en la pequeña pantalla cuando habían conocido la gloria de Hollywood años atrás. Barbara Stanwyck fue una de las primeras opciones de la productora Lorimar, pero esta se negó en rotundo. Curiosamente, tras rechazar Falcon Crest y viendo el éxito que obtuvo, sí aceptó participar en Dinastía.
En ese sentido, Jane Wyman fue una pionera. A la Wyman le encantaba la televisión. Fue una especie de todoterreno que hizo televisión en los años 60 con su propio show de variedades, cuando Hollywood consideró que era «mayor» para según qué papeles. Y eso que venía de recibir un Oscar por Belinda (1949), obtener sendas nominaciones como actriz principal y secundaria en múltiples ocasiones, y trabajar con grandes como Billy Wilder, Alfred Hitchcock o Douglas Sirk entre otros. Con este último realizó algunos de los dramas mejor considerados del Hollywood dorado que aún siguen siendo inspiración en la actualidad. Por ejemplo, Lejos del cielo es una reinterpretación en cierta medida de Solo el cielo el sabe, con Julianne Moore clavando ciertos encuadres y poses de la Wyman.
La actriz se había ganado a pulso su prestigio. Empezó por la puerta de atrás y en papeles insignificantes, pero no tardó en despuntar con su carisma y credibilidad. No era una belleza como podía serlo Elizabeth Taylor, pero quedaba espectacularmente verosímil en sus roles. El zoo de cristal, No estoy sola, Ciudad mágica, Trigo y esmeralda… Jane Wyman miraba de tú a tú a mitos del cine con los que compartía secuencias, como Kirk Douglas, Charlton Heston, Rock Hudson o Gregory Peck. No se hacía pequeña ni se dejaba arrollar por la fuerza de sus coprotagonistas masculinos.
Parte de esa garra, tan sutil y comedida en pantalla cuando lo requería el personaje, nacía de la complicadísima experiencia vital de la actriz. Con 14 años se fugó de casa para huir de un entorno doméstico hostil, se casó con 17 años con un militar violento, sufrió varios abortos a lo largo de su vida y situaciones tan dolorosas como enterrar a un hijo a las 24 horas de nacer… Por si fuera poco, sufrió el rechazo de incontables papeles por no encajar con los estándares de belleza, los cuernos de su último marido con Marilyn Monroe y el desprecio del segundo. Este fue nada menos que Ronald Reagan. Mucho antes de llegar a despuntar en el partido republicano (hasta el punto de llegar a ser presidente de EEUU), Reagan aborrecía a su esposa por haber conseguido el éxito y el reconocimiento de la profesión de actor, gremio que a él lo consideraba mediocre. No es de extrañar que la Wyman tuviese tantísimos registros dramáticos, porque no tuvo una vida fácil.
Sin embargo, Hollywoord era inmisericorde en lo relativo a la juventud para los roles femeninos, y la apartó despiadadamente como hizo con todas las estrellas de su época por mucho talento que tuviesen. Algo que aún hace en la actualidad (ahí tenemos la feroz crítica de la reciente La sustancia).
Para Jane Wyman, que ya lo había hecho todo y había ganado todos los premios posibles para una actriz (de hecho, sigue siendo la única actriz que tiene Oscar a actriz protagonista, Globo de Oro por personaje protagonista de cine y Globo de Oro por protagonista de serie de televisión), volver a televisión era salir del ostracismo. Una diversión. Pero el personaje no le convencía.
Inicialmente, Ángela Channing iba a ser una mujer madura bastante liberada para la época. La actriz temía que demasiado para el gusto conservador de la audiencia. Cuentan que Ronald Reagan, con el que mantuvo cierta cordialidad por los hijos que tenían en común, la llamó desde el mismísimo despacho oval de la Casa Blanca para convencerla. También cuentan que, cuando la serie estalló en audiencias, la Wyman pidió para la cuarta temporada un caché que fuese exactamente el doble del salario de Ronald Reagan como presidente. Y se le concedió. Algo se le pegaría del personaje.
Pero fue un caché merecido. Jane Wyman hizo historia en la televisión con un personaje elegante, sobrio y cruel, pero divertidísimo para el espectador. Una villana para el recuerdo.

Los uvas del poder
Falcon Crest arranca con el accidente de Jason Gioberti, el propietario de los viñedos más fértiles y rentables del Valle de Tuscany, una región ficticia de California. Jason descubre a su sobrina dándose el lote en las bodegas y en un forcejeo, se desploma por una barandilla. Ángela Channing, su hermana, dispone que el cuerpo de Jason sea introducido en un coche y lo despeña por un barranco para proteger la reputación de su hija… y de paso, ocultar el auténtico testamento que la aparta de Falcon Crest.
Al heredero legítimo de Falcon Crest, el hijo único de Jason, le hace creer que Jason le ha legado todo a ella, su hermana, por estar familiarizada con el negocio de las uvas, pues Chase Gioberti es piloto comercial en Nueva York. Sin embargo, a Chase no le desagrada el contacto con sus raíces y empieza a sentirse cómodo sabiendo más y más sobre los vinos en su visita a Tuscany para despedirse de su padre. Su familia, compuesta por Maggie y sus hijos (presuntamente veinteañeros) Vicky y Cole, están acostumbrados a la vida urbanita de la gran manzana y se oponen a la idea de Chase de establecerse en Tuscany. Ángela, por supuesto, hará todo lo posible para convencerle de que Tuscany no es su sitio…
Y así empieza una sutil estratagema en la que participarán su nieto Lance y hasta su mayordomo, Chu-Li, dos de las señas de identidad de la serie junto a su fastuoso tema musical compuesto también por Bill Conti. Con toda probabilidad, el más carismático y potente de todos los soap opera americanos.
La primera temporada es con diferencia la más light de todas en las tramas. Como un calentamiento de lo que estaba por venir. El acoso y derribo de la Channing va subiendo vertiginosamente dentro de su sutileza y elegancia, revelando en fiestas públicas con la jetset de Tuscany embarazos no deseados, pactando matrimonios para su nieto, boicoteando la distribución de vinos de la competencia, creando escándalos, chantajeando con fotos comprometedoras, ocultando pruebas judiciales… Es decir, encadenando un pifostio tras otro con tal de acumular tierras y poder. Así, Falcon Crest era realmente el show de Ángela Channing, que asestaba a tropel puñaladas siempre impecablemente peinada y sonriendo como una tierna abuelita. Había que adorarla.

Secundarios de lujo
Pero era necesario dosificar a la Wyman. Aunque todas las tramas giraban sí o sí en torno a ella y sus fechorías, Ángela Channing no podía monopolizar los 45 minutos que duraba cada capítulo. La productora acertó de pleno con el casting para los secundarios, aunque lo hizo a la segunda. Ni Robert Foxworth ni Susan Sullivan (Chase y Maggie) aparecían en los primeros capítulos de The Vintage Years, la serie que funcionó de borrador de Falcon Crest y que no llegó a emitirse.
Si Maggie y Chase representaban la ética y la moralidad, Ángela era todo lo contrario. Pero no fue el único personaje sin escrúpulos. La serie tenía villanos a tutiplén que enzarzó entre ellos para deleite de los espectadores, de modo que introdujo a Richard Channing (el actor David Selby), hijastro de Ángela, y a la seductora y sexy Melissa Agretti (la bellísima actriz de origen mexicano Ana Alicia), la hija del propietario de los únicos viñedos que hacían sombra a Falcon Crest. Igual de peligrosa que Ángela, pero en joven.
Los guiones fueron volviéndose cada vez más locos, escalando a niveles ridículamente absurdos que enganchaban al espectador. Amnesias selectivas, tesoros nazis, secuestros en hoteles de lujo… Todo rematado con los cliffhangers, es decir, los clímax de final de temporada que mantenían en suspense a la audiencia de un año a otro, cuando volviese la siguiente tanda de episodios. Los de Falcon Crest convocaban a audiencias millonarias con sus accidentes de avión, tiroteos en fiestas de lujo, atropellos… Fue la única serie de la época que finiquitó una de sus temporadas con un terremoto.
Así, descubrir qué personaje había sobrevivido servía como gancho para que los espectadores retomasen la serie. Aunque cada temporada mantenía casi la totalidad de la nómina de protagonistas, muchos de los secundarios no.
Estos estaban a menudo interpretados por rostros muy populares tanto de la televisión como del Hollywood de los años 50, 60 y 70. Por Falcon Crest desfilaron desde la chica Bond Úrsula Andress a César Romero (Joker en la mítica serie de Batman de los 60), pasando por el enorme Rod Taylor (el prota de Los pájaros), Mel Ferrer (Guerra y Paz, donde conoció a su mujer Audrey Hepburn), la mala malísima Diana de V: Los visitantes (Jane Badler), Rosco Lee Browne (Topaz), Celeste Holm (Eva al desnudo), Cliff Robertson (posteriormente el tío Ben de Spiderman)…
Mención aparte para las colaboraciones de las míticas Kim Novak (que emulaba su icónico rol de Vértigo), Gina Lollobrigida y Lana Turner, que causaron furor en los espectadores. Comentadísima fue también la participación de nuestra Assumpta Serna en la octava temporada de la serie, un guiño a nuestro país donde Falcon Crest fue un auténtico bombazo en audiencias.

Audiencias millonarias
Falcon Crest no logró superar en audiencias en EEUU, salvo en una temporada, ni a Dallas ni al resto de culebrones que surgieron como consecuencia del fenómeno JR. Siempre se movió en torno al quinto o sexto puesto en los ratings durante las primeras temporadas, decayendo notablemente a partir de la séptima con la marcha de Robert Foxworth de la serie (que la abandonó por los gravísimos problemas de salud de su mujer, la protagonista de Embrujada).
Sin embargo, sí arrasó y con diferencia fuera de las fronteras USA. En Alemania fue un fenómeno social hasta el punto de que la productora llegó a traducir y a elaborar openings expresamente para dicho país. En España fue un indiscutible fenómeno de masas. Puede que lo lograse porque conectábamos con sus paisajes más allá de la Wyman, probablemente por la influencia de nuestra cultura del vino y los caballos en numerosas regiones, y estas eran dos de las temáticas básicas de la serie. Fuera como fuese, Falcon Crest conseguía paralizar al país con sus capítulos hasta el punto de suspenderse plenos de congresos si coincidían con su emisión. Real, no fake. Hasta se llegó a contratar a Lorenzo Lamas para un anuncio de colchones. El eslogan: «el rey de las camas». Sí, amigos. Todo eso pasó, no estamos en una simulación aunque lo parezca.
La serie se estrenó el 4 de diciembre de 1981 en EEUU, y el 7 de enero de 1985 en España a través de Televisión Española. La cadena, que preparó un doblaje de lujo encabezado por Matilde Conesa como Ángela las seis primeras temporadas junto a Héctor Cantolla, Pablo del Hoyo, María Luisa Rubio, Cristina Victoria y Simón Ramírez entre otros grandes profesionales, la despidió el 17 de julio de 1991 tras 227 capítulos y picos de seis millones de espectadores en prime time.
Con el cierre de Falcon Crest, cuyo epílogo lo escribió la propia Jane Wyman tras tener que dejar la serie por problemas de salud, se despedía no solo una serie icónica y un personaje inimitable al que dio vida con un carisma inigualable. También terminaba el ciclo de las denominadas soap operas de la televisión americana. Pero su huella llega hasta hoy.
Todos los culebrones que han venido detrás se han inspirado en mayor o menor medida en los ochenteros y concretamente en ella, y no son pocas las veces que las comparativas de críticos y medios especializados recurren al nombre de Falcon Crest para hacer entender al espectador el concepto de serie de tejemanejes familiares, lujo y lucha por el poder. Así, hemos visto denominar al New York Post a Juego de Tronos «como una actualización de Falcon Crest con dragones», a Teleprograma llamar a Gran Reserva como «Falcon Crest a la española» o a El País Succession como «la Falcon Crest de HBO». Y es que Ángela Channing fue mucha Ángela Channing.
Ha sido, desde luego, todo un acierto recuperarla por su 40 aniversario en España. A partir de hoy, en VinTV, cadena disponible en Tivify, Cable Local, PTV TeleCom, LOWI, Vodafone, Orange, Jazztel, Euskaltel, Yoigo, Másmóvil, Avatel, Telecable y Pepehone, se descorcha el vino más nostálgico. Habrá que brindar con él.
