Nioh 3 – Guía para principiantes de tips, consejos básicos y trucos
Cómo empezar Nioh 3 de la mejor forma posible

Si existiera una lista con todos los juegos que van de repartir mamporros, la saga Nioh estaría en un lugar destacado. Es difícil, excesivamente técnico, y no deja títere con cabeza. Nioh 3 no ha cambiado su filosofía pese a ser ya la tercera entrega de la saga de Tecmo Koei. Es fiel a su tradición de «juego difícil», con el añadido de un mundo abierto por zonas que le sienta como anillo al dedo. La buena noticia es que todas sus mecánicas están pensadas para que aprendas, mejores y, andando el tiempo, domines el combate. La mala noticia es que el aprendizaje suele implicar morir varias veces. Es parte de su encanto. Para ayudaros un poquito a terminar el juego, os traemos esta Guía Nioh 3 para principiantes con un puñado de buenos consejos con los que empezar con buen pie.

Nioh no es Dark Souls
Lo primero, y esto conviene que lo grabes en piedra, no juegues a Nioh 3 como si fuera Dark Souls. Comparten ADN, sí. Hay santuarios que funcionan como las hogueras, es exigente y los enemigos no perdonan ni un error. Pero el corazón de todo el sistema es distinto. Si intentas trasladar hábitos sin adaptarlos, el juego te lo hará saber con contundencia.
Así que olvídate por completo de la saga de FromSoftware antes de entrar en Nioh 3, porque como no aprendas sus mecánicas, el juego te las hará aprender por las malas.

Las posturas del Samurái
A diferencia de las entregas anteriores, Nioh 3 ofrece dos formas de jugar que debes saber utilizar con cabeza: los estilos Samurái y Ninja. Centrémonos en este punto en las posturas del Samurái.
Existen tres posturas de combate que debes desbloquear lo antes posible: Alta, Media y Baja. Cada una tiene ventajas y desventajas. Insistimos en que inviertas los primeros tres puntos de habilidad del Samurái en aprender las tres posturas de ataque.
La postura alta inflige más daño, pero es más lenta y consume más Ki. Está pensada para castigar aperturas claras o para usarla contra enemigos grandes y lentos. La postura media ofrece un equilibrio entre daño, control, y defensa. Es perfecta para mantener la presión sin desprotegerte. La postura baja es la más rápida y eficiente, ya que consume menos Ki. El daño por golpe es menor, pero la velocidad de reacción es mayor. Cambiar entre posturas en mitad de un combate, especialmente contra jefes, marca una diferencia enorme.
Ten en cuenta que en el árbol de habilidades podrás desbloquear combos específicos para cada arma según su postura. Dominar las tres posturas es todo un reto, pero acepta este consejo: no te quiebres la cabeza. Aunque debes entender bien cómo funcionan para saber jugar, lo importante es que disfrutes del viaje sin perderte por el camino.

Domina el pulso Ki
El Pulso de Ki es una de las mecánicas centrales. Es lo más importante que puedes dominar. Sin Ki no puedes atacar, bloquear o esquivar. Y sin nada de eso, mueres. Todo el combate está construido alrededor de esa recuperación activa de energía. Con el Samurái, después de cada combo presiona siempre R1 hasta que lo hagas sin pensar. Esto separa a un jugador novato de uno que domina el juego. Sin pulso Ki, te quedas exhausto, lo que se traduce en una muerte horrible.
En la otra cara de la moneda está el Ki del enemigo. Puedes ver su barra, así que trata de reducir su Ki atacando. Cuando su Ki llegue a cero, se abre la ventana real de castigo, y ahí es donde el combate se inclina a tu favor.
Cuando el enemigo esté exhausto, pulsa triángulo para realizar un ataque crítico. Si peleas ignorando esta dinámica, los enemigos parecerán esponjas de daño que pegan demasiado fuerte. Pero si dominas este sistema, dejan de parecer invencibles. Además, y esto es importantísimo, solo con el Pulso de Ki puedes purgar los charcos negros que dejan algunos Yokai y algunos buffs que requieren un pulso perfecto.

Esquivar y bloquear
Estos son otros dos puntos importantísimos para masterizar el juego. Como mencionamos antes, Nioh no es Dark Souls, y por lo tanto, la esquiva funciona de forma distinta, especialmente en el estilo Ninja.
Los «i-frames» —los fotogramas de invulnerabilidad durante la animación de esquiva— son más cortos y exigentes en Nioh 3 que en la mayoría de juegos del género Soulslike. Con el Ninja, esquivar es vital para terminar los combates de la forma más limpia posible. Para entenderlo mejor: piensa más en un juego de lucha que en rodar atravesando espadazos como ocurre en los Souls. Esquivar sigue siendo importante, pero no es un botón mágico con una ventana generosa de invulnerabilidad.
Bloquear, en cambio, es extraordinariamente necesario en el estilo Samurái. Para la ocasión, se ha añadido un parry similar a Sekiro que debes desbloquear desde el árbol de habilidades. Un bloqueo exitoso consume Ki, sí, pero anula completamente el daño físico y puede dejar al enemigo incapacitado unos instantes.
Esto es aplicable también al Ninja, pues tiene algunas habilidades de parry según el arma. El Samurái, en cambio, tiene esta habilidad de base. Eso cambia la mentalidad del combate. No estás obligado a rodar cada vez que el rival te ataca. Hay veces que lo más inteligente es mantener la guardia y absorber el impacto. Bien gestionado, el bloqueo te da estabilidad y control.

Prueba todas las armas y estilos
Uno de los errores más comunes al empezar es aferrarse a la primera arma que parece fácil de usar. Nioh 3 ofrece una amplia variedad de armas, cada una con ritmos, alcances y estilos distintos. No se trata solo de hacer daño bruto, sino de entender cómo encaja cada arma con tu forma de jugar.
Algunas favorecen el alcance y el control de grupos, como la lanza o la odachi. Otras premian la agresividad o la precisión, como las katanas dobles del ninja y los tonfas. Experimentar es parte del diseño del juego. Si algo no funciona tras varios intentos, probablemente no sea por falta de habilidad, sino de una combinación poco adecuada para tu estilo.
Otra cosa a tener en cuenta es que el equipo suele ser más determinante que tus estadísticas. Puedes tener unos números altísimos en tu hoja de personaje, pero si llevas una espada cutre, no le harás ni cosquillas a los enemigos. Mantén el equipo actualizado constantemente. Puedes hacerlo visitando a la herrera en la Grieta Eterna. Si un arma te gusta, bien porque tenga alguna bonificación interesante o porque le has cogido cariño, siempre podrás mejorar su nivel a cambio de amrita y materiales.
Pero no te encapriches demasiado pronto, ojo. Si cae una pieza exótica morada con mejores valores o mejores bonificaciones, cámbiala sin sentimentalismos. Aquí no hay lugar para reliquias emocionales. El juego está diseñado para que reemplaces tu equipo con frecuencia.
Para cerrar este punto, vigila el peso del equipo. Mantente siempre —SIEMPRE— por debajo del 70% en el estilo Samurái y del 30% en el estilo Ninja. Superar ese umbral penaliza tu movilidad y tu recuperación de Ki de forma alarmante. Y no tengas miedo a equivocarte. Más adelante puedes redistribuir estadísticas sin limitaciones, como ya hemos mencionado.

Los estados alterados
A diferencia de otros títulos más defensivos —Dark Souls y el baile de escudos, ejem—, Nioh 3 recompensa la agresividad inteligente. Presionar al enemigo, mantenerlo bajo tensión y gestionar su Ki activamente siempre es más efectivo que esperar pasivamente a que el rival lance un ataque. Y aquí entran en juego los estados alterados.
Invierte en magia, porque es la mejor forma de provocar estados en tus enemigos. Además, los buffs —mejoras temporales— pueden inclinar un combate difícil a tu favor. Ignorar la magia es dejar una de las herramientas estratégicas más importantes sin usar.
Los estados alterados son fundamentales. El fuego inflige daño continuo. El agua aumenta el daño que el enemigo recibe. El rayo reduce su velocidad. El viento disminuye el daño que inflige. Cuando aplicas dos estados distintos al mismo enemigo, entra en «confusión». En ese estado, recibe aproximadamente un 40% más de daño, lo que es una ventaja enorme. Combinar elementos es una capa avanzada del sistema de combate.

Pide ayuda a la comunidad
Aunque Nioh 3 es un juego difícil, pone de su parte para ofrecer al jugador varias ayudas que pueden resultar inestimables. Por un lado, está la propia comunidad de jugadores. Puedes invocar hasta dos ayudantes desde los Santuarios a cambio de una copa ochoko por cada uno. Estos objetos pueden obtenerse derrotando fantasmas rojos allí donde otros jugadores hayan caído. Verás las marcas rojas de invocación en muchos lugares. Los jefes no escalan vida y daño, de modo que si alguno se te atasca no dudes en usar este recurso.
También podrás invocar fantasmas azules, que no son más que la IA de otros jugadores que el juego registra con su nivel y equipo. Invocar estos espectros también cuesta copas ochoko, pero a poco que te entretengas eliminando fantasmas rojos tendrás más de un centenar en tu inventario.

Un último consejo
Nuestro último consejo y el más importante es este: diviértete. Puede ser un topicazo, pero es importante que lo tengas presente. Nioh 3 es un videojuego muy exigente. Puede ser frustrante, y habrá momentos en los que quieras apagar la consola y cuestionar tus decisiones vitales. Es normal.
Pero cuando empiezas a entender el ritmo, gestionas bien el Ki, combinas estados y lees patrones, el combate se vuelve técnico y elegante. Y ahí es donde Nioh 3 deja de ser un muro y se convierte en una danza muy exigente, pero tremendamente satisfactoria.
