Análisis: Crimson Desert en PS5 estándar, ¿merece la pena?
Jugamos a Crimson Desert en una PS5 base y os contamos nuestra experiencia: rendimiento, controles, respuesta, secundarias, narrativa…

Os preguntaréis qué sentido tiene escribir unas líneas preliminares sobre Crimson Desert tras apenas una veintena de horas de juego. Y más aún cuando hay una cantidad obscena de contenido circulando por las redes y otros medios ya han escrito su análisis íntegro. Pues bien, este análisis (o pre-análisis dada la ingente cantidad de horas necesarias para realizar un veredicto más profundo) obedece a la necesidad de muchos usuarios de conocer cómo funciona el juego en consolas. Concretamente en una PlayStation 5 estándar o modelo base.
Para algunos, Crimson Desert se ha convertido en un firme candidato a Juego del Año. Para otros, representa un interrogante con el módico precio de 69,99€, y claro, la vida no está para gastarse un pastón en un juego que sigue siendo un misterio. Así pues, ¿cómo es la experiencia Crimson Desert en PS5 estándar? ¿Cómo es la primera toma de contacto? ¿Cómo se siente su mundo?
Estas son algunas preguntas que voy a intentar responder en este pre-análisis. Pues, insisto, un juego como Crimson Desert merece muchísimas más horas para hacer una valoración justa y os la ofreceremos en breve. Pero, mientras, os vamos a detallar nuestra toma de contacto.

Un mundo que merece la pena descubrir
Dicho en corto, el mundo abierto de Crimson Desert supone otra cima para el mundo del videojuego. Pywel es sobrecogedor en tamaño, espectacular en su diseño, y un auténtico tren cargado de detalles que haría sonrojar a la mismísima Nintendo y su Breath of the Wild.
Casi veinte horas de juego no dan para mucho en un mundo con números tan brutos, pero son suficientes para perder al jugador en su espectacular puesta en escena de fantasía medieval.

Los juegos de mundo abierto corren el riesgo de sentirse vacíos. Es normal, a más kilómetros cuadrados, más elementos se deben incluir entre tramo y tramo para que no parezca un solar polvoriento. Es una tarea titánica, ciertamente. Porque no basta con que esos elementos —ya sean misiones, mazmorras, pueblos, y otros secretos— estén ahí. También tienen que sumar enteros a la aventura. Tienen que ser coherentes con su mundo, con su lore, y sobre todo, con las expectativas del jugador. De otra forma, tendríamos un videojuego de mundo abierto insulso, cansino y, en definitiva, aburrido.
Pues bien, Crimson Desert es un auténtico parque de atracciones. Un festival de contenido a mansalva, con una capacidad de sorprender como pocas veces ha dado nuestro hobby favorito. Los pueblos y ciudades están tratados con un mimo inaudito, con una cantidad de personajes en pantalla digna de un auténtico cuento medieval. Salta a la vista, además, la profusión de sus habitantes: orcos, goblins, humanos, gigantes, enanos…, un repertorio de razas de lo más variopinto que dota a los asentamientos de una sensación orgánica genuina.

Detalles para llenar el zurrón
Saliendo de Harnand, la primera urbe, el mundo de Pywel se descubre ante el jugador mostrando su más fina lencería: montañas que coronan un horizonte amplísimo, construcciones que se acomodan en las lomas esperando ser descubiertas, bosques, asentamientos, ríos, acantilados…

La orografía está construida metro a metro para atrapar al jugador, para invitarlo a explorar y perderse en sus encajes. Vale, me estoy deshaciendo en halagos. Pero es que desde Breath of the Wild no he sentido que un videojuego me dijera: «Ven, que vas a alucinar». No quiero ser fanboy —tengo un saco de cosas no tan buenas que decir sobre el juego, la verdad—, pero el mundo abierto de Pywel es, tal vez, el más sorprendente junto con la Bohemia de Kingdom Come Deliverance II. Y eso, amigos, son palabras mayores.
Lo he mencionado de tapadillo, pero Pywel es un universo detallado hasta su colmo. Los aldeanos tienen sus rutas y quehaceres, y son reactivos a tus actos. En una misión, por ejemplo, ayudé a un hombre a resolver un misterio relacionado con sus vacas —sí, bueno, cada cual tiene sus problemas—. Resulta que los animales habían sido asesinados por unos bandidos, y ahí quedó la cosa. Más tarde, en otra cadena de misiones relacionada con el gremio de mercaderes de la localidad, ayudé a otro personaje a ascender en dicho gremio eliminando al anterior jefe. Vale, pues horas después, paseando por Harnand, me encontré al hombre de las vacas festejando con unos amigos que el nuevo líder del gremio le había compensado generosamente. Y todo esto in game, sin grandes cinemáticas.

Pero ahí no queda la cosa. Ballenas que saltan sobre ti si llegas al límite del mapa por mar; una diversidad de fauna que asusta; cocinar la carne usando la luz del sol reflejada en tu espada; navajas de mar que salen a la superficie en la costa; animales salvajes que hacen su vida… Sirva esto para demostrar la cantidad absurda de detalles que pueden pasar ante los ojos del jugador sin darse cuenta.

Dichosos controles
Llegamos a un punto rupturista entre los jugadores: el control con mando. ¿Es cómodo? ¿No lo es? ¿Necesitas una tercera mano? El control de Crimson Desert es complejo, dicho en llano. Su mapeado de botones no es el más intuitivo y existen algunas incongruencias como que el botón de acción sea el mismo que el de salto, por ejemplo. También ocurre que fijar con la cámara un objeto para manipularlo u obtenerlo puede ser farragoso e impreciso.
Aparte están los movesets del combate, con una lista de combos que avergonzaría al mismísimo Tekken. ¿Es esto malo? No, en realidad. La cantidad de combos y opciones solo muestran lo referencial que es el sistema de combate de Crimson Desert, pero no así la facilidad con la que traduce la respuesta a los mandos.
El sistema de botones pensado para el juego tiene sentido dentro de su filosofía. Crimson Desert es el juego de las mil facetas, un juego que quiere ser todo a la vez. Es normal, entonces, que el mapeo de control sea tan confuso como sus opciones. Al menos, al empezar. Personalmente, me he aclimatado a su control, aunque han pasado muchas horas para conseguirlo. Por suerte, el propio desarrollador ha tomado nota y ha prometido solucionar esto en un próximo parche.

Lo mejor y lo peor de Crimson Desert
Los malabares de Crimson Desert no acaban ahí. Es, como digo, un juego polifacético, y sus mil opciones forman parte de su idiosincrasia. El combate es un órdago lleno de posibilidades, divertidísimo y contundente, al que a veces le falla la cámara. Fuera de él, el protagonista de la aventura, Kliff, se siente lento y pesado tal y como ocurre en los juegos de Rockstar. Y está bien, porque la velocidad de juego sirve a un propósito: Crimson Desert quiere ser disfrutado despacito, saboreando cada capa de juego.
El juego no quiere que te apresures, que pases de misión en misión sin más miramientos. Quiere que te sientas protagonista de tu propia aventura, y lo consigue. En la primera docena de horas apenas he recorrido la primera zona, y ya el juego me había mostrado lo inconmensurable que puede ser.

Por otra parte, las misiones están desarticuladas. Pasa que no existe conexión entre ellas, no hay un nexo que concatene las misiones, y eso hace que la trama se desparrame sin sentido.
Con veinte horas de partida, para mí es pronto para hablar del arco argumental principal. Pero sí puedo decir que resolver los problemas de los habitantes de Pywel se siente como si alguien hubiera tirado una sopa de letras sobre el diario de juego. Al menos, por ahora.

Esto no tiene nada que ver con que el juego decida no explicarte nada. Ese es otro tema. El tutorial de Crimson Desert dura cerca de diez horas, y aun así hay cosas que no se molesta en explicar. De nuevo, esto no es malo per se, pero habría agradecido algunas explicaciones extra que me indicaran, por ejemplo, cómo y dónde usar determinadas habilidades. En la otra cara de la moneda, la sensación de descubrimiento es total y genuina.

Crimson Desert en PS5 estándar: ¿Se ve borroso?
Tal vez hayas llegado hasta aquí por este epígrafe. Entonces, ¿Crimson Desert se ve borroso en una PS5 base? Pues no…, y sí. A ver, voy a explicar esto antes de que a alguien le explote una neurona. El juego en su versión PS5 y Xbox Series X utiliza el reescalador FSR3 de AMD. Y bien, ¿qué hace este reescalador?
El FSR3 —FidelityFX Super Resolution 3— analiza la imagen que entrega la consola, generalmente a una resolución baja para ganar rendimiento, y la reconstruye a una resolución más alta. Teóricamente, esto debería mejorar la fluidez y la nitidez de la imagen mostrada en pantalla. ¿Y por qué solo «teóricamente»? Porque puede darse el caso de que se produzcan artefactos visuales y el efecto «ghosting» —o estela—.
Esto es precisamente lo que ocurre en Crimson Desert para PlayStation 5 base, y por extensión, para Xbox Series X. El sobrebarrido de la imagen del reescalador genera una estela en algunos elementos, como las nubes o la hierba. Además, hay otro detalle. El juego utiliza RayTracing por defecto, lo que consigue una iluminación detallada y preciosa en según qué escenas. Pero este RT en consola genera algunos artefactos en las sombras más oscuras, lo que puede hacer que algunas estancias cerradas o paredes con texturas rugosas se sientas un poco feas. Dependiendo de la hora del día, estos efectos pueden notarse más o menos.

Entonces, ¿se ve borroso o no? En general, no, no se ve borroso. Pero esto depende, también, de la TV o monitor que tenga cada uno, pues algunas pantallas pueden acentuar el efecto ghosting del reescalador. Tambien influye la distancia a la que el jugador se sienta respecto a la pantalla. Todo suma, pero en general, la imagen de Crimson Desert no se siente borrosa si hablamos del modo calidad. De cerca se puede percibir cierto «ruido» en la imagen en algunos elementos como el follaje, especialmente cuando el juego tiene que renderizarlo en la lejanía.
La cosa cambia si ponemos el juego en modo rendimiento. Ahí sí se be muy borroso. El otro modo, equilibrado, ofrece eso mismo: un equilibrio entre la calidad de imagen y la tasa de cuadros por segundo. Si tenéis pantalla compatible con VRR, tal vez este modo os resulte interesante.
Dejando esto aparte, el juego hace gala de un músculo técnico de primer orden. La calidad de las texturas es muy buena, la distancia de dibujado asusta, las animaciones de todo lo que se ve en pantalla —personajes, fauna y vegetación— son espectaculares, y los efectos de luz y partículas dejan con la boca abierta.

Primeras conclusiones: Un juego mágico
No suelo utilizar esta descripción a la ligera, pero Crimson Desert, pese a sus defectos, me está pareciendo un videojuego mágico, de los que dejan huella.
La sensación de «viaje» está muy lograda, y el continente de Pywel es uno de los mundos abiertos más brutos que jamás he visto. Creo sinceramente que, si eres fan de las aventuras, si te pirra la fantasía medieval y, en definitiva, si eres de los que disfrutan de un juego despacito y sin prisas, tal vez Crimson Desert sea el juego que estabas esperando.

Os daré mi veredicto definitivo en breve. Estad atentos, porque tendremos muchos contenidos de Crimson Desert en Videojuerguistas.