Psicología y Videojuegos (IV) – UNPACKING y el Cleanfulness. Análisis del simulador de mudanzas

Un indie totalmente diferente que apuesta por los objetos personales como original método narrativo

Seguro que has pasado alguna vez por una mudanza… y seguro que te trae recuerdos del Vietnam. Todo el proceso de envolver objetos, buscar una caja donde guardarlos y hacer que entren cuantos más mejor, protegerlos bien, volver a sacarlos, colocarlos… Sabemos de sobra hasta qué punto puede ser estresante.

Y tenerlo después, todo esparcido por ahí, mientras escoges su nueva ubicación (“¿cuándo terminaré de ordenar, esto lo pongo aquí o mejor aquí?”) tampoco se queda atrás a la hora de que te agobies…

Sin embargo, también estarás de acuerdo en que, una vez terminado todo ese calvario de cajas, cintas adhesivas, papeles de pompitas y demás, la sensación que te queda es de muchísima satisfacción. Porque todo está donde tiene que estar.

Y de eso trata precisamente Unpacking, con toda probabilidad uno de los videojuegos más originales y sorprendentes de los últimos tiempos: un simulador de mudanzas. Tal cual como suena.

Inmediatamente te habrás preguntado: ¿cómo puñetas va a ser divertido semejante suplicio, si mudarse es algo pesadísimo de gestionar? Pues Unpacking lo consigue, y mucho. Sigue leyendo, vale la pena saber un poco más de este juego y darle una oportunidad.

¿Qué habrá en esta caja?

Unpacking es una creación de Witch Beam, un pequeño estudio australiano de breve trayectoria en el mundillo que, con esta peculiar propuesta, ha dado completamente el campanazo.

Más de 100 mil copias vendidas en su primera semana y decenas de premios y reconocimientos, entre ellos el BAFTA a Mejor Narrativa y Mejor Juego de 2021 según las votaciones del público -también el goty del año según magazines tan populares como la mismísima Eurogamer-, son méritos más que destacados. Pero ¿es este indie para tanto? ¿Qué tiene de especial?

Para empezar, Unpacking no se limita, como su nombre indica, a ser un juego donde nos dediquemos exclusivamente a desempaquetar. El suyo es un planteamiento formidablemente inteligente, muy bien pensado y diseñado tanto en su concepto como en su ejecución, e invita a ser disfrutado de muchas maneras.

El juego arranca en 1997, en una habitación juvenil presentada con un exquisito pixel art y en perspectiva isométrica (no hay posibilidad de rotar la estancia, sólo los objetos de la mudanza).

Tenemos ante nosotros varias cajas de cartón cuyo contenido irá desvelándose cada vez que nuestro puntero esté sobre una de ellas y pulsemos el botón de “unpacking”.

Peluches, juguetes, un diario, fotos, ropa, reglas, lápices, gomas de borrar, estuches de colores, libros… Todo lo que os podáis imaginar acorde a alguien a quien corresponde por edad usarlos, pero en 1997, está en esas cajas: y el año no es un dato al azar, puesto sin más.

Porque no faltarán la Game Boy, el cubo de Rubik, pósters de películas de la época, balones de fútbol… e incontables objetos para que nos identifiquemos al máximo con quien habita ese cuarto: Unpacking pretende que su historia sea, también, un poco la nuestra.

Y para ello, nos propone un viaje desde nuestra infancia hasta la actualidad, a través de pertenencias tan perfectamente reconocibles que podrían ser las de cualquiera de nosotros.

La mudanza de 1997 dará paso a otra, en 2004, y esa a una siguiente en 2007, 2010… así hasta completar 35 habitaciones que resumen una vida normal y corriente pero llena de recuerdos únicos. Como nuestras mismas vidas.

Veremos cintas en vhs y teles de tubo, ordenadores de torreta y monitores gigantescos, minicadenas CD, la GameCube y la Game Boy Advance con algunos de sus juegos más representativos (olé esos Mario Kart y Metroid)…

Y también la transformación de toda la tecnología de estos últimos años, pasando a decorar las sucesivas casas con televisores de plasma, la Wii y la Xbox 360, reproductores y películas blu ray (atentos a la presencia de clásicos como Tiburón o El Padrino, entre otras), impresoras de última generación, robots de cocina…

Pero Unpacking no se queda en un homenaje a la nostalgia. La evolución vital del personaje y los datos en torno a él como la profesión, sus gustos o el estado sentimental los conoceremos a base de sutilezas: de hecho, averiguaremos su género ya avanzada la partida, puesto que nos tocará ordenar, como en una mudanza cualquiera, hasta la ropa interior.

Y así, con todo. Presenciaremos el salto a la universidad, la convivencia con más personas, parejas, la renovación de gustos y pasatiempos conforme pasan los años, si está aprendiendo a tocar algún instrumento musical, su serie favorita -si interactuamos con la televisión- y, en resumen, incontables detalles de las distintas etapas de nuestro anónimo protagonista, siempre a través de sus efectos personales.

Hay planteada, así, una ingeniosa interacción entre el inquilino de esa casa y tú mismo: es su historia, es su vida y son sus pertenencias, pero en ellos vas a encontrarte identificado en mayor o menor medida por una cuestión de afinidad mientras, en paralelo, ordenas “su” casa en base a tus gustos.

Todo está representado a través de objetos tan cotidianos que resulta imposible no dibujar una sonrisa cuando ves, entre los cientos de enseres de cada mudanza, cierto videojuego, juguete o película, porque tú también lo tuviste a determinada edad y en cierta época de tu vida.

En otras palabras, Unpacking es un ejercicio brillante de narrativa donde los objetos sustituyen a las palabras, haciendo de su nostalgia una introspección a nuestras propias vidas.

Para el niño, la niña y los no tan niños

Uno de los mayores aciertos de Unpacking es el esfuerzo en que su propuesta pueda ser disfrutada por diferentes públicos y gustos, algo que logra por las opciones que oferta: un “modo Puzzle” y un “modo Zen”.

Estos ajustes se escogen en el menú de inicio y con el primero, el modo Puzzle -que es la idea original-, tendríamos un sencillo juego de rompecabezas (similar a los clásicos de encajar bloques) donde los objetos desempaquetados deben colocarse en un lugar racional y no arbitrario. Es decir, que no podemos llevarnos la cafetera al baño ni plantar un peluche encima del frigorífico.

Una vez que hayamos sacado hasta el último objeto de la respectiva mudanza y esté en el sitio que consideremos correcto, el juego nos “evaluará” cuarto por cuarto, y solo resaltará con una luz parpadeante el ítem que no está donde debe.

Igual se nos ha pasado por alto y nos hemos dejado fuera del zapatero una bota, o no hemos guardado todos los libros en las estanterías, o hemos puesto una consola lejos del enchufe… así que tocará reubicarlo en el sitio más adecuado.

Del mismo modo, hay objetos que no sabremos de primeras muy bien qué son ni qué utilidad tienen (ni usando la función zoom), con lo que tocará curiosear hasta encontrar el lugar correcto. Una decisión consciente -según manifestaron en Reddit https://www.reddit.com/r/NintendoSwitch/comments/qm7s92/were_witch_beam_creators_of_the_cozy_puzzle_game/– Wren Brier y Tim Dawson, los creadores del título, con la que buscaban crear extrañeza en el jugador y estimular su imaginación.

De esta manera, la partida no avanzará hasta que no esté todo ordenado y colocado en un lugar razonable, planteando pequeños retos a la lógica a través del orden: la cubertería en el mismo cajón, los discos junto al tocadiscos, las especias en el mismo estante…

Es todo muy accesible y nada complicado, sobre todo porque el juego es bastante flexible en este sentido y nos da mucho margen a la imaginación.

Es decir, que no asigna un único rincón para cada objeto y varios puntos de las habitaciones sirven para los mismos ítems, lo que enriquece su desarrollo al convertirlo, en parte, en una especie de simulador de decoración; o lo que es lo mismo, en un juego basado en la creatividad.

En ese sentido, Unpacking se postula como un título de rompecabezas e ingenio perfecto para quienes gusten de retos realmente sencillos y, también, idóneo para jugar con los más pequeños, ya que invita a explicarles por qué un determinado objeto debe ir en un lugar o en otro en caso de que no lo comprendan e, igualmente, ayudarles a que elaboren sus propios razonamientos.

No solo a la hora de justificar el modo de ordenar las cosas, sino también en lo relativo a los detalles que el juego nos muestra entre líneas. Por ejemplo, hay detalles tan explícitos que no necesitan mucha explicación, como la progresiva incorporación de souvenirs (primero la torre Eiffel, luego un pequeño autobús rojo típico de Inglaterra) que indicarán que el protagonista ha viajado por diferentes países; sin embargo, otros como la incorporación de ceniceros o de ropa para determinadas actividades, que denotan un cambio de gustos y la presencia de una pareja con los suyos propios, ya requieren de explicaciones más elaboradas para los más pequeños.

Es, por tanto, un videojuego de lógica a tener muy en cuenta para los más jóvenes por su accesibilidad y su planteamiento deductivo.

Evidentemente, Unpacking no es un plato para todos los gustos pero, a poco que te gusten los títulos arriesgados y poco corrientes, vas a divertirte con su fórmula tan ligada a la perspicacia y atención.

Para los más reticentes a esta clase de propuestas, ya sea por factores como su exceso de originalidad o la relación entre su duración (unas 4 horas) y el precio (20 euros), cabe destacar que está incluido en el servicio GamePass, lo que sin duda facilita que más usuarios le den una oportunidad.

Por último, añadir que el otro modo de juego, el Zen, elimina la parte de rompecabezas y nos propone sacar los objetos de las cajas de mudanza también, pero ordenándolos y situándolos en los lugares que queramos.

Así que si buscas una alternativa a Los Sims, ya sabes con qué otro juego puedes decorar tu casa virtual totalmente a tu antojo… Y después compartir las ocurrencias que inventes con su Modo Foto particular. Por fin podrás dejar la Nintendo DS en el cagadero sin llevarte una colleja.

¿Qué mensajes guarda Unpacking?

De Unpacking pueden extraerse varias lecturas muy interesantes gracias a su metanarrativa.

La primera, y más evidente, es el cariño que todos tenemos, en mayor o menor medida, a nuestros enseres personales: las sucesivas mudanzas del juego mantienen fielmente la presencia de diferentes pertenencias desde el principio, como el peluche rosa de la portada, o alguna camiseta -incluso la radio despertador-, lo que simboliza el apego a la propia esencia.

Todos guardamos fotos, objetos, regalos y frikadas que atesoran un gran valor sentimental, y conservándolos de alguna manera tratamos de preservar esos recuerdos del paso del tiempo.

Mantenerlos en nuestro día a día como parte de nosotros mismos es un modo muy habitual de reafirmarnos como seres individuales y, de paso, retener esos vínculos con quienes nos regalaron aquel objeto tan especial.

Otra lectura a tener en cuenta es la que inevitablemente se plantea todo aquel que “sufre” una mudanza: “¿de verdad tenía tantas cosas?”.

La acumulación de cacharros, trastos, ropa y demás llega a ser a veces infernal por esa dejadez a la hora de separar objetos prescindibles de los imprescindibles (y aquí que tire la primera piedra el que esté libre de almacenar mamarrachadas).

Hasta el momento de una mudanza o de una “purga” por falta de sitio, rara vez somos conscientes de todo lo que acumulamos físicamente.

Son esos procesos de limpieza los que ponen de manifiesto que, desde luego, no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita: quizá, después de Unpacking, te animes a hacer un saneamiento de objetos prescindibles porque lo que no suma, está restando… Y esto es aplicable a todos los niveles, incluyendo el emocional.

Come, reza, juega

Te parecerá una tontería, pero si te fijas, seguro que cuando has pasado por una racha de estrés tenías más desordenada la casa y en esos momentos especialmente delicados, perdías las cosas con más frecuencia, o no dabas con ellas a la primera…

En situaciones de mucho estrés, el caos exterior refleja el interno y suele estar acompañado de un fuerte desorden en prácticamente cada aspecto, como comer mucho más a tarde y a desgana, dormir menos, sentirse cansado, suspicaz o alterado… y tener la casa más descuidada.

Precisamente una de las bazas de Unpacking la encontramos en sus beneficios cognitivos: el proceso de colocar cada cosa en el sitio que nos dé la gana, en el Modo Zen, desencadena una reconfortante sensación de control, de estabilidad, lo que proporcionaría alta percepción de relajación en numerosos usuarios, tal y como se produce en otras actividades placenteras como contemplar fotografías de paisajes, escuchar una música tranquilizadora o sonidos de la naturaleza en bucle.

Son las mismas bases de otros productos virtuales de simulación con enorme éxito, como los citados Los Sims o los ahora tan populares juegos de pesca o granja (Stardew Valley).

Unpacking hace suyas las exposiciones del cleanfulness, que recomiendan colocar cada objeto en su sitio para que, en ese esfuerzo de ordenar nuestro entorno, ordenemos también las ideas.

Una introspección que Marie Kondo, una de las autoras más prolíficas del cleanfulness, resume así: “La limpieza es una manera cotidiana de enfrentarse a uno mismo porque (…) la mejor forma de descubrir lo que necesitamos es desprenderse de lo que no necesitamos. Poner tus cosas en orden ayuda a poner tu cabeza en orden”.

Estas manifestaciones se conectan, a su vez, con los estudios de Daniel Goleman, uno de los mayores expertos a nivel mundial en inteligencia emocional; este psicólogo describe a las actividades pausadas como oportunidades de reflexionar, de priorizar lo racional sobre lo impulsivo.

Tareas tan ordinarias como poner en orden o hacer limpieza serían, así, ejercicios con los que practicar la comparación entre alternativas, el cotejo de pros y contras y también la imaginación a la hora de aprovechar espacios reducidos, lo que se traduciría en cultivar la meditación frente a la impulsividad: un factor clave a la hora de digerir las emociones negativas y amortiguar el estrés, las adversidades y los contratiempos del día a día.

Colocar cada cosa en su sitio conllevaría, así, un proceso psicológico que desembocaría, según el contexto propio, en una toma de decisiones personales, en relativizar conflictos y tomar perspectiva, zanjando cabos sueltos y, en definitiva, aclarando las ideas.

Así pues, la faceta psicológica de Unpacking es la guinda del pastel a un título altamente recomendable.

Su estética deliciosamente retro, su fantástica biblioteca de sonidos con más de 14000 registros para todas las interacciones con los objetos y las simpáticas melodías de Jeff van Dycke (compositor de Alien Isolation) rematan un conjunto especialmente cómodo de jugar en Switch por su pantalla táctil, e incluso en las consolas Xbox por su compatibilidad con ratón, siendo la versión menos recomendable la de PS4 al presentar unos esporádicos pero molestos tirones en el manejo del puntero.

En conclusión, Unpacking no solo es una de las numerosas respuestas de la industria del videojuego a los clichés que los tildan de entretenimiento violento y ramplón: es un entrañable viaje dentro de nuestra memoria a través de las mudanzas de otros personajes.

La ya citada dinámica deductiva de su planteamiento, la refrescante normalidad con la que aborda características personales como la sexualidad y la singularidad de su narrativa son las aristas de esta original manera de recordarnos que, aunque el tiempo pase y los lugares cambien, el hogar siempre estará en ese sitio donde somos nosotros mismos.

LO PEOR

  • Una vez que le coges el punto, se hace corto
  • Su originalidad es un arma de doble filo, a algunos puede hacérsele muy monótono y repetitivo enseguida
  • Los tirones del puntero de la versión PS4

LO MEJOR

  • La estética pixel art
  • Su espectacular biblioteca de sonidos, con más de 14000 efectos
  • La original manera de contar una historia, sin palabras y recurriendo a los objetos personales
  • Dos maneras de jugar: rompecabezas y zen
  • El toque nostálgico

PUNTUACIÓN: 8,8

Puntuación: 4.5 de 5.

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