Especial THE LAST OF US PARTE I (IV) – Análisis. ¿Merece la pena el remake de PS5?

Una de mis películas favoritas es “Hijos de los Hombres” de Alfonso Cuarón. Si no la habéis visto, os la recomiendo muchísimo.

Se basa en la novela homónima de 1992 escrita por Phyllis Dorothy James, una escritora inglesa famosa por sus novelas policíacas (suyos son los personajes de Cordelia Gray y Adam Dalgliesh). El calado de sus relatos se sustentaba, en gran medida, en su conocimiento de las redes del estado y los tejemanejes del poder; no en vano trabajó para el servicio civil británico más de tres décadas.

Parte de esa experiencia se trasladó a otros géneros e incursiones literarias, como este relato distópico de Hijos de los Hombres. En él, una extraña plaga ha causado la infertilidad en las mujeres y la humanidad está abocada a la extinción; en todas salvo en una, que está embarazada. La misma de la que el héroe protagonista (Clive Owen en la gran pantalla) recibe el encargo de poner a salvo y con ella la última esperanza de supervivencia…

Cuando vi en una entrevista que el nuevo proyecto de Naughty Dog tras Uncharted 3 tomaba como referencia principal a Hijos de los Hombres, tuvo toda mi atención. Algo tocho se venía encima, tocho pero de verdad.

Y así fue. The Last of Us se considera por unanimidad uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos, un punto de inflexión a la hora de integrar acción y narrativa cuyo impacto permanece vigente en la industria a través de numerosos títulos inspirados en él.

La odisea de Joel y Ellie, cruzando una EEUU devastada y devorada por la Naturaleza y el paso del tiempo, iba más allá de un relato de supervivencia entre dos extraños condenados a entenderse: The Last of Us era, es, un retrato descarnado de la condición humana, capaz de lo peor y lo mejor cuando está atrapado en situaciones límites.

Su éxito en la industria respondía a numerosos factores, pues en sí mismo, la producción era un cúmulo de aciertos tanto técnicos como jugables. Había un reciclaje de ideas y una mezcla tan acertada de diversas fuentes de inspiración que, aún siendo el enésimo mundo postapocalíptico que visitábamos, lograba resultar interesante.

The Last of Us mezclaba un poco de aquí y de allá, del cataclismo literario antes citado de Hijos de los hombres con el cinematográfico de La Carretera, sin olvidarnos la imprescindible presencia de The Walking Dead (un pilar omnipresente en cualquier distopía catastrofista que se precie desde que se publicasen sus primeros volúmenes, allá por 2003).

Tampoco podemos obviar las influencias en terreno jugable de títulos referenciales como Resident Evil 4, el crafteo tan popularizado por Minecraft, los segmentos de sigilo deudores de Metal Gear Solid 3 y las dinámicas cooperativas/dependientes del clásico y magistral ICO, a todas luces uno de los juegos más presentes en The Last of Us aunque lo haga principalmente a través de una carga simbólica (la misma Naughty Dog definía en entrevistas a The Last of Us como un cruce entre los desarraigados personajes de Sin City y la emotividad de ICO).

Sin embargo, de todas sus cualidades, sería su capacidad de conectar con las emociones de los jugadores lo que marcó la diferencia, como tan estupendamente resume un desgarrador prólogo que ya es historia del mundillo.

Ahí, en su dramatismo, en su apuesta por bucear en la complejidad de unos personajes imperfectamente humanos y atraer la complicidad emocional del jugador, se ganó entrar en ese espacio reducido y selecto de videojuegos para la posteridad.

Sin embargo, después del éxito de crítica y público, de su legión de imitadores, de una remasterización francamente acertada y una secuela también de gran impacto, es lícito preguntarse: ¿es necesario hacer un remake en 2022 de un título estrenado el 14 de junio de 2013? ¿No se ha estirado suficiente el chicle?

Evidentemente, no era necesario hacer un remake pero aquí las empresas están para ganar dinero, y ya corresponde a cada uno decidir, con toda la libertad, en qué se lo gasta.

Tenemos un completo reportaje con todas las novedades de Parte I respecto al original y su remaster que puedes consultar aquí, con el propósito de que cada uno las valore y vea si le parecen suficientemente interesantes.

Pero también queríamos hacer un artículo con las “no-diferencias” para que tengáis una opinión formada y contrastada, que es lo que vamos a exponeros aquí. No sin antes ponernos en contexto tanto para refrescar la memoria como para informar a los recién llegados al universo de The Last of Us.

¿Qué significa The Last of Us para la industria del videojuego?

The Last of Us fue un cambio rotundo para sus creadores. Naughty Dog venía de ser una de las empresas más populares ligadas a la marca PlayStation: en la época de PSX, sus Crash Bandicoot se establecerían como una de las alternativas más populares al fenómeno Super Mario 64, y hasta ejercería de mascota no oficial de la consola con unos plataformas 3D completamente sobresalientes.

En PS2, también lanzaron otra trilogía de enorme repercusión, Jak & Daxter; tanto que continúa siendo una de las franquicias más reclamadas para ser traída de vuelta. Y, al igual que con Crash Bandicoot, también llevaron a sus protagonistas a locas carreras de karts.

Con PS3, continuaron los universos coloristas y juveniles, y Naughty Dog nos llevaría a descubrir civilizaciones perdidas y tesoros antiguos en la saga Uncharted, una trilogía con tanta esencia de Indiana Jones que parecía que estuviésemos en alguna de sus películas.

Sin embargo, en su momento de mayor popularidad, decidió hacer un punto de inflexión con un título maduro y dramático de ambientación apocalíptica: un desarrollo en coherencia con los propios procesos vitales de los miembros del estudio.

El incremento de responsabilidades, los vínculos con seres queridos, el implacable paso del tiempo… Las preocupaciones implícitas a la evolución psicológica de los programadores de Naughty Dog se trasladaron a The Last of Us, una distopía catastrofista donde Joel, un superviviente marcado por la tragedia, recibía el encargo de sacar de un área en cuarentena a una niña de apenas catorce años.

Una misión a priori nada complicada, pero que terminaría siendo una emocionante huida campo a través…

El conjunto fue uno de los broches de oro al cierre del ciclo PS3. La desarrolladora llevó al límite las cualidades técnicas de la consola para presentar una producción visualmente arrolladora, hasta tal punto que puso en jaque a no pocos títulos de los primeros compases de su sucesora, PlayStation 4; plataforma en la que aterrizaría una versión remasterizada en verano de 2014.

Como apuntábamos al inicio del artículo, además de ese despliegue tecnológico, The Last of Us brilló por su narrativa y fuerza dramática: la credibilidad de sus emociones resultaba más impactante al apoyarse en su deslumbrante calidad audiovisual, permitiendo a los guionistas confeccionar personajes verosímiles.

La trama, con unos supervivientes dependientes el uno del otro, era toda una demostración de las bondades comunicativas del videojuego a la hora de generar y transmitir emociones.

Su naturaleza de superproducción de Hollywood era igualmente una reivindicación del ocio electrónico como un entretenimiento que va más allá del consumo fácil de usar y tirar.

Un guion reflexivo que no pasaría por alto la cadena HBO (Juego de Tronos, Los Soprano, La Casa del Dragón, Succession), ya que lo ha transformado en una serie cuya rodaje concluyó el 8 de noviembre de 2021.

The Last of Us se tradujo en un éxito monumental: además de ser uno de los títulos más premiados de la industria del videojuego, reuniendo más de 300 premios a Mejor Juego del Año, Shooter, Revelación, Acción-Aventura Más Original, también haría historia al ser el juego más rápidamente vendido de PS3. Junto a su versión remasterizada, superó los diez millones de copias en 2014: una cifra que se eleva a más de 20 en la actualidad.

Su secuela repetiría la condición de fenómeno entre los consumidores de PlayStation: The Last of Us II llegaría el 19 de junio de 2020 y en sus tres primeros días, vendió 4,2 millones de copias en formato físico.

Después de lo expuesto, queda claro que no estamos ante un juego que haya pasado, precisamente, desapercibido. Es por ello que sorprendía el anuncio de esta Parte I, sobre todo teniendo en cuenta que tampoco queda demasiado lejos un remaster que ya supo depurar el apartado gráfico.

Los motivos de lanzarlo son más que evidentes: la inminente serie va a revalorizar todo lo relacionado con el juego, y la decidida apuesta de Sony por el mercado de ordenador hacía prácticamente obligatorio su lanzamiento, pues estrenar la secuela en compatibles sin la primera parte, estando tan estrechamente vinculadas, no tendría sentido.

Llegados a este punto, volvemos al punto de partida: ¿vale la pena pasar por caja por este remake cuyo precio oficial de estreno está fijado en 79, 90 €?

La respuesta depende, como en tantos otros casos de reediciones HD, remakes, ports y demás, de hasta qué punto te gustase el juego original y te apetezca revivirlo con novedades técnicas; y eso solo puede decidirlo cada uno.

No es un precio de lanzamiento barato y el volumen de estrenos es altísimo y de una gran calidad, de manera que es cuestión de pararse a valorarlo detenidamente.

Sus puntos fuertes (que puedes consultar aquí más detalladamente en un reportaje especial) se centran en un lavado de cara contundente, pero no al punto en que me esperaba.

Hay muchísimos más efectos de iluminación, reflejos, partículas y vegetación; los decorados pasan por escenarios más vivos, más reales y definitivamente más creíbles, sí. Pero “el salto” respecto al remasterizado y la segunda parte puede que a muchos se les quede corto e insuficiente.

Es cierto que donde Parte I gana enteros es en movimiento, y las fotos del reportaje y de la red no acaban de hacerle justicia cuando ves a los personajes desenvolverse por los entornos, o gesticular desde un primer plano con un nivel de detalle asombroso (vello facial, rozaduras, cortes, arrugas, surcos en la piel y la ropa, brillo de los ojos…).

The Last of Us Parte I es, innegablemente, un espectáculo visual pero es que The Last of Us Remaster y II eran demasiado buenos: ya corresponde a cada uno juzgar si esta actualización de 79, 90 € (que Naughty Dog defiende que ha creado desde cero) le parece que se desmarca lo suficiente.

Porque, aún siendo un portento visual, es una valoración donde hay mucho de subjetivo.

El remake también ofrece un Modo Foto ampliado respecto al remasterizado, aunque continúa limitando el uso de la cámara y no hay libertad real a la hora de realizar composiciones ni fijar encuadres (tenéis otro reportaje con fotos de la comunidad y características del Modo Foto aquí), así como galería, nuevas indumentarias, modo Contrarreloj, modo Permadeath para todos los niveles de dificultad, mejoras en las físicas, mejoras en la IA de los enemigos (la aliada sigue presentando algunos molestos bugs) y un incremento notable en el número de amenazas simultáneas.

Como plato fuerte de todas las novedades (que, insistimos, os contamos al detalle en un apartado especial aquí) encontramos un fantástico uso del DualSense y un sonido 3D que es francamente brutal, conformando ambas las diferencias -a efectos prácticos- más contundentes.

Y, por último, una selección de ajustes de accesibilidad sin parangón en la historia de los videojuegos con medidas inéditas y revolucionarias que, a título personal, considero que sí justifican el lanzamiento del remake, las cuales incluyen desde videoguías hasta transcripciones al tacto mediante el DualSense, pasando por descripciones auditivas con doblaje a nuestro idioma (puedes consultarlas aquí).

Otro tema es que no sean medidas de interés para la mayoría pero, por una simple cuestión de integración y sensibilidad social, son todo un acierto que se haya realizado este monumental esfuerzo destruyendo barreras y acercando los videojuegos a un público habitual (y desgraciadamente) ignorado.

Las “no-diferencias” del remake

Las novedades y la falta de novedades son las dos caras de la misma moneda de esta Parte I. En Naughty Dog han decidido hacer una apuesta tan rematadamente conservadora que no han introducido algunas de las mecánicas vistas en Parte II, por ejemplo el camuflaje o las fintas.

Es de cajón que los que debuten en la franquicia no echarán en falta estos recursos, pero quienes vengan de jugar la secuela, notarán una especie de “involución”, de paso atrás, y esa es la sensación extraña que deja el remake.

Es un producto tan fiel al original que ni se ha molestado en retocar secciones de relleno como la colocación de escaleras o el protagonismo de determinados Quick Time Events; es que ni unas armas nuevas por ahí, ni algún detallito por allá, o alguna función cooperativa por acá… Hasta se ha prescindido de las modalidades online.

Sí que tiene sus guiños como la réplica de la oficina de la serie de The Office, pero ojalá se hubiesen prodigado más en los easter eggs al menos. Pero no, la falta de sorpresas en el desarrollo es la norma y no han dado nada de más.

Ni su coqueteo con el survival horror, que también daba para meter algún susto nuevo y potenciar el suspense con algún chasqueador cabroncete, se ha visto potenciado (aunque quizá eso hubiese generado alguna controversia con la dirección dramática que lleva las riendas desde el minuto 1).

Sea como fuere, el remake es poco valiente en este terreno y mantiene el fondo de la aventura original bajo nuevas formas tecnológicas.

¿Es suficiente esto, o habría sido mejor acercar más la jugabilidad del primero con el segundo y hacer todo un único bloque más compacto y cohesionado? Pues no lo sé porque, al final, nunca llueve a gusto a todos y habrá quienes prefieran una experiencia lo más fidedigna posible.

Quién sabe, si dentro de un tiempo, no hay otra revisitación a esta historia de supervivencia con todos los cambios que no se han atrevido a incorporar.

La sensación que deja Parte I es que The Last of Us fue irrepetible y un verdadero impacto para los amantes de los videojuegos, y así lo han querido recuperar para los tiempos presentes.

¿Habéis ido a algún reestreno al cine de una película que os guste mucho como Avatar, Blade Runner, La guerra de las galaxias, Alien…? Solo por el gustazo de verla en una sala con las comodidades actuales, el sonido y las pantallas -y los precios- de hoy.

Pues este remake es un poco lo mismo. Si eres un incondicional de The Last of Us sabes lo que vas a encontrar en él porque no hay sorpresas: las mejoras están ahí en términos audiovisuales, pero no hay cambios sustanciales como para convertir la experiencia en otra diferente.

Igual que esa película reestrenada en la que vas a recitarle todos los diálogos al resto de la sala, te vas a sorprender con un par de escenas del director incluidas para la ocasión, y a levantarte del asiento al terminar con el gustazo de que te lo has pasado bomba con algo tan familiar, que ya no lo quieres de otra manera.

Puede que esté equivocado al reclamar ajustes más profundos, y esto sea justo lo que ha de ofrecer un viaje a la nostalgia, porque eso es lo que es, después de todo, The Last of Us Parte I.

Un viaje a una nostalgia muy cercana en el tiempo, pero nostalgia al fin y al cabo: la de recordar cómo conociste al último de nosotros.

VALORACIÓN

Puntuación: 4.5 de 5.

Redacción: Sergio Díaz

Agradecimientos: a Sergio García García por la copia para analizar y a Joseph Rubira, Galixtron, Dilerion Games, Rafa Giménez, JVKeko, Sephiroad, HezTorm, El Escritorio de J, RedKitsune18, Hoytehablode, BBC_Fotografos, GamingPicks, Melosdead, Jsheika86, SrShimada, DobleRGamer y Oniberserk por las capturas cedidas para el reportaje.

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