Análisis y Reflexión de SPEC OPS THE LINE – UNA CARTA ANTIBÉLICA

La guerra… la guerra nunca cambia” es una frase ya imprescindible de cada entrega de los Fallout, una de las sagas de videojuegos más reconocidas de los últimos años; en ella se nos abre un mundo lleno de posibilidades post-apocalípticas donde podemos hacer lo que nos da la gana, sí: pero también ser testigos de los estragos de la guerra.

Guerras nucleares, guerras étnicas, guerras territoriales, guerras, guerras… Están en todos los medios, las tenemos en infinidad de videojuegos, en películas, series, libros e incluso videos musicales…

En concreto, hay uno fascinante que pertenece a la canción “Do the evolution” de la banda Pearl Jam. No tiene desperdicio (tenéis que verlo), su puesta en escena nos cuenta la evolución de la especie humana y cómo está condenada, por su propia naturaleza, a destruir el mundo y a sí misma.

Acompañada de “Its evolution, baby” como un mensaje irónico y burlón hacia nosotros (aludiendo a que sería la involución nuestro verdadero sino) y representando el exterminio como una bella mujer, concluimos que “las cosas son así, pero en nuestras manos está cambiarlas”.

Es frustrante ver cómo se asume que las armas y la destrucción son una solución válida; como lo es que nosotros nos convirtamos en peones dirigidos por los intereses de los más poderosos.

La guerra es, al fin y al cabo, un negocio, y nosotros somos la mano de obra de ese negocio; algunos pensarán que lo hacen por el honor, por la patria, por la estabilidad (¿por la paz, usando armas para la paz?)…

Cierto es que a veces no dejan alternativa porque las usan contra ti pero, justamente, es la paradoja en que vivimos: “si quieres paz, prepárate para la guerra” que decía el cronista militar romano Vegecio.

La ley del más fuerte provoca que la hostilidad y la desconfianza sean los justificantes mínimos para hacer daño y así, la rueda gira y se repite una y otra vez. ¿Podría pararse? Depende de que sea un todos a una, y eso… es imposible.

Lo que sí tenemos es transmisores culturales que recuerdan que la guerra tiene consecuencias, un coste humano y un daño irreparable. Unas minorías en cine, literatura y ocio electrónico que ejercen de Pepito Grillo, como este Spec Ops The Line del que vamos a hablar pero, al menos, están.

El segundo título de un pequeño estudio

El juego salió en junio de 2012 en la generación de PlayStation 3- X360, de la mano de una pequeña desarrolladora berlinesa (Yager Development), que recientemente ha recibido una fuerte inversión del gigante Tencent.

Fue un sonoro fracaso de la distribuidora 2K Games, que se encontró con que un título de 24 millones de $ apenas colocaba medio millón de copias. A día de hoy, es un juego bastante olvidado por el público mayoritario, aunque el paso del tiempo lo ha etiquetado, entre diferentes foros y comunidades de usuarios, como título de culto.

Hubo una minoría que supo ver más allá de un gameplay genérico, los fallos de la IA, la ajustadísima duración o un control problemático en ocasiones agravado por un sistema de coberturas algo impreciso.

Aunque no es que Spec Ops no tuviese virtudes como para haber obtenido una mejor acogida: variedad de armas, órdenes a los acompañantes para realizar emboscadas, una notable dirección artística en la que sobresalía el granulado y su simbólico efecto de suciedad (física y espiritual), el fantástico doblaje a español encabezado por Juan Amador Pulido (Rick Grimes en la conocida The Walking Dead), una estupenda banda sonora con temazos de Jimi Hendrix o Deep Purple y, sobre todo, una carga argumental tan potente como cruda.

Esos pocos sí se percataron del potencial de su narrativa, fuertemente inspirada en el clásico El corazón de las tinieblas -a su vez, los pilares de la legendaria Apocalypse Now de Francis Ford Coppola- y el impacto sobre la moralidad del jugador, que se cuestionaba, al igual que el soldado protagonista, si estaba haciendo lo correcto.

Si había algo de nobleza en esa subversión de la bandera: un hilo de honestidad al que aferrar su cordura.

Vencedores y vencidos

Sin entrar en spoilers, porque es una experiencia que vale la pena jugar (y juzgar) por uno mismo, podemos decir abiertamente que sus cuatro finales alternativos sacuden las mentes de esos peones a quienes aludimos antes: la mano de obra que envían unos mandamases que únicamente buscan medirse el ego, abusar de su poder o sacar tajada.

El brazo ejecutor, el mercenario, el que presta un servicio a cambio de unos honorarios independientemente de que haya honor o no en la misión son el eje de este relato implacable con la indiferencia, con la lenta e inexorable deshumanización de unos emisarios que se desgastan con cada trinchera, cada enemigo abatido y cada aliado perdido.

¿Quién gana en la guerra? ¿Quién sale realmente triunfal de ella? ¿Te sientes un héroe después de pasar por ella?

Los que no logran su meta ganan la humillación y el sometimiento, y quienes consiguen su objetivo lo habrán alcanzado tras dejarse la razón y la conciencia.

Las dudas de la guerra

Con esa reflexión apagas la consola y das por finalizado un viaje que invita a pensar en el trasfondo moral que tiene todo cuanto nos rodea y cuanto hacemos, aunque abrumado por la duda de por dónde empezar o el modo de cambiar las cosas.

En la magistral película American History X insistían en que “el odio es un lastre”, pero uno tan arraigado que erradicarlo depende de un esfuerzo colectivo y no unilateral.

Y ahí es donde conviene hacer autocrítica. La guerra no es únicamente la que ofrecen los telediarios en países lejanos con costumbres, etnias e idiomas que ni conocemos. Esos son los casos extremos que, por desgracia, siguen a la orden del día y no tan lejos de nuestra cultura, como ha ocurrido con Ucrania y Rusia.

Porque la guerra no sólo la hacen los tanques y los misiles y los dirigentes megalómanos: también la hacen la insensibilidad, los egoístas, los intolerantes, los machistas, los que acosan, los fanáticos…

Prácticamente para todo hay un campo de batalla y todos participamos de alguna guerra aunque sea de naturaleza ideológica, ya hablemos de fútbol o política, o nos ubiquemos en colegios, ambientes laborales hostiles o redes sociales… ¡Hasta tenemos la guerra de marcas en videojuegos!

Que otro mundo es posible es responsabilidad de todos, así que la pregunta es: ¿de qué modo contribuimos a ello?

¿Nos movemos por la empatía o el interés? ¿Nuestros fines justifican nuestros medios? ¿Fomentamos un clima constructivo o competitivo?

Vivir en una sociedad cada vez más individualista no pone fácil mantener la escala de valores, así que propuestas como Spec Ops, que lanzan interrogantes morales, son especialmente gratificantes por ese valor para cruzar líneas rojas.

Unas que, a menudo, no nos atrevemos a traspasar porque a veces somos ese soldado que actúa pero no cuestiona: el que no asume las consecuencias hasta que son demasiado tarde.

Puntuación de 0 a 10: 8,5

Spec Ops The Line se encuentra actualmente disponible para Xbox a través de retrocompatibilidad, PC y PlayStation Now.

Redacción: Perfecto Artola, Sergio Díaz.

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