Recordando Valkyrie Profile – De Lenneth a Silmeria

Rubén Aído

En la fascinante cultura nórdica, donde el dios Odín es el centro de su panteón, existe una figura que siempre ha despertado gran pasión y curiosidad entre los creativos del entretenimiento: las valquirias (del nórdico antiguo valkyrja), consideradas hijas de Odín.

Estas deidades menores eran descritas a menudo como mujeres de gran fortaleza, belleza exuberante, fe ciega y habilidades curativas. Pero a pesar de sus cualidades divinas, su presencia en la mitología siempre ha estado ligada a la muerte y las guerras, pues su nombre lo podemos traducir como “la que elige a los caídos en batalla”.

Según las leyendas, Odín les encomendó la tarea de acudir a los conflictos armados de la tierra, con el objetivo de recolectar las almas de los más bravos guerreros, y así llevarlos al Valhalla o salón de los caídos, una estancia divina donde pasaban a ser einherjer, es decir: guerreros reservados para el temido día del Ragnarök (el fin del mundo para la cultura vikinga).

La poderosa figura femenina vikinga

Como auténticas guerreras empoderadas, autosuficientes y de brillante armadura –en tiempos en los que no existían aún dichos términos–, no es de extrañar que estas misteriosas y bellas mujeres hayan formado parte del imaginario colectivo desde hace cientos de años. Han tenido presencia en la literatura, el cine, el teatro y, posteriormente, en los videojuegos, reclamando su porción del pastel.

Las valquirias, con un gran poder metafórico y filosófico, aparecen en la ficción generalmente como personajes de refuerzo narrativo o visual, aportando esa riqueza cultural folclórica. Las hemos tenido dando nombre a la majestuosa ópera La Valquiria (1870) de Richard Wagner; en televisión con la serie Vikingos (2013) del Canal Historia, y hasta tienen su representante en los cómics de Marvel, dentro de la saga de Thor, que nos ha dejado con la actriz Thessa Thompson (Thor: Ragnarok, 2017) interpretando a una fiera y desfasada valquiria en el cine.

En la parcela de los videojuegos no han sido menos sus apariciones, destacando a las peligrosas valquirias –no tanto para Kratos– de la última entrega de God of War (Santa Monica Studio, 2018), donde la saga abandonaba la temática griega en pos de la nórdica; también como inevitable elemento cultural (y en forma de armaduras) en Assassins Creed Valhalla (Ubisoft, 2020); o gracias al retrato que nos ofrecieron en el bellísimo Odin Sphere (Vanillaware, 2007), donde una de ellas es la principal protagonista.

Si debo destacar una propuesta que me haya hecho asociar a estas divinidades con un videojuego, me quedo –como todos los que tenemos ya más años que un bosque, me atrevo a asegurar– con la saga Valkyrie Profile, cuya primera entrega nos presentó a Lenneth, una guerrera más compleja y humana de lo habitual en las de su clase, protagonizando una obra atemporal con un carisma desbordante.

Érase una vez en el Valhalla

Valkyrie Profile fue lanzado en exclusiva para la primera PlayStation, en Japón, allá por noviembre de 1999 y posteriormente en el mercado estadounidense. Los europeos, como ya nos había ocurrido con otras obras del género, nos quedamos sin poder disfrutar de esta aventura de inspiración escandinava, considerada hoy día RPG de culto por sus peculiaridades jugables y narrativas.

La obra fue desarrollada por Tri-Ace (y publicada por Enix), siendo este el primer título que desarrollaba el estudio fuera de la saga que los había colocado en el radar de los aficionados: Star Ocean. A pesar de ello, el equipo supo marcar distancias con el resto de RPG`s clásicos del momento gracias a un cambio de tercio.

El estilo Valkyrie Profile ensalza dos grandes elementos clave que perduran hoy día como sus grandes señas de identidad: un sistema de combate innovador y desafiante, y una exploración de mazmorras en scroll lateral repleta de posibilidades.

Sus combates se enmarcan dentro del sistema por turnos, pero aporta una serie de detalles que le hacen crear su propio subtipo, al proponer acciones simultáneas para todos los combatientes, evitando así complejos menús y eternas esperas. A cada personaje, de un total de 4 en batalla, se le asigna un botón (triángulo, círculo, cuadrado o cruz), pudiendo atacar todos a la vez o de forma escalonada durante el turno del jugador, sumando combos y realizando ataques especiales.

Este planteamiento caló entre los fans del género y los no tan aficionados aún al estilo de un JRPG estándar, siempre más estratégicos y pausados que la propuesta de Tri-Ace, y sin ir más lejos, ha sido emulado a lo largo de los años, demostrando su buen hacer. Lo vimos en el RPG Fallen Legion (Mintsphere, 2017), en el híbrido Indivisible (Lab Zero Games, 2019), o en otra obra del propio estudio que lo creó, Exist Archive (2015), que llegó al mercado como una suerte de sucesor espiritual de las mecánicas Valkyrie Profile, pero sin alcanzar sus niveles de calidad, por desgracia.

Los combates no son aleatorios, sino que podemos detectar a los enemigos repartidos por los distintos escenarios, y al entrar en contacto con ellos, se nos despliega la pantalla de combate, cambiando de escena. Esta disposición dota a la obra de un mejor control del ritmo y deja al jugador la decisión de entrar en batalla.

Su exploración queda supeditada a las distintas tramas no lineales que nos ofrece el juego, pues podemos elegir nuestros destinos y en qué medida desentrañar los secretos de cada capítulo. Recorreremos mazmorras en las que toca resolver un conflicto determinado, mientras recogemos objetos y reclutamos a los ya mencionados einherjer (esos valerosos guerreros caídos en combate).

Ciertamente, su planteamiento se acerca más al estilo metroidvania que a un RPG al uso, ya que el título juega con los escenarios en completo 2D y su verticalidad, dotando a cada localización de un gran número de “celdas” y multitud de caminos secundarios, todo un laberinto que pone a prueba nuestra memoria y capacidad de orientación.

Un desafío divino

Otro punto muy característico a la hora de marcar la personalidad del título –que a mí siempre me ha puesto de los nervios, la verdad sea dicha– radica en el paso del tiempo.

La historia nos marca periodos de tiempo limitados, que consumimos según nos adentramos en las mazmorras, en ciudades o al realizar actividades secundarias. Estos periodos varían en función del nivel de dificultad que escojamos al arrancar la aventura, lo que da cierta adaptabilidad y rejugabilidad –añadiendo un punto estratégico– a la obra, que se siente exigente pero satisfactoria una vez se dominan sus mecánicas.

Su apartado narrativo, el corazón de todo JRPG, nos invita a acompañar a Lenneth, una valquiria que despierta en un cuerpo mortal tras un largo letargo. Su misión es la de buscar guerreros a los que llevar al Valhalla, bajo la estricta supervisión del mismísimo Odín y la diosa Freya.

Sin paños calientes ni explicaciones, Tri-Ace nos lanza a su universo casi arrojándonos a los leones, ofreciéndonos poco a poco las herramientas necesarias para ir desvelando los acontecimientos pasados y presentes. Es en este punto cuando me toca decir que no he vuelto a encontrarme con una narrativa tan estructuralmente libre, desconcertante y profunda en un RPG como la que disfruté en este título.

A lo largo de 8 capítulos presenciamos subtramas con varios personajes implicados en conflictos, que podemos encarar y resolver antes o después, llegando a encontrarnos con hasta tres desenlaces según nuestra forma de jugar.

Mención aparte merece el viaje de descubrimiento de la propia Lenneth y el nuestro como observadores, con ese desarrollo no lineal; tocará montar un puzle poco a poco sobre la moralidad de cada personaje, la religión, las creencias y la labor de la propia valquiria en la tierra.

Tal y como ocurrió cuando hablábamos de Koudelka, ese punto diferenciador adulto, crudo y oscuro lo encontramos también en Valkyrie Profile. Sus tintes dramáticos, solemnes y la portentosa ambientación mitológica de la que hace alarde, lo desmarcan del RPG medio de la época, más dado a llenar sus escenarios de color, estilos anime desenfadados o reinos de ciencia ficción.

Todo ello hizo de esta historia de dioses y guerreras un tándem visual y sonoro muy memorable que, a pesar de no recurrir a polígonos tridimensionales punteros, contó con un trabajado diseño y un uso de sprites muy complejos y detallados, y a día de hoy sigue resultando un título encantador –nada que envidiar a la nueva tendencia del género con la tecnología 2.5D–.

Sobre el apartado sonoro adusto, melancólico y lleno de temas dinámicos –esto último para las mazmorras, todo un espectáculo frenético–, el conjunto puede pecar de monótono en los tramos de exploración, aunque a grandes rasgos no desentona ni desmerece la obra.

Donde sí destaca es en el aspecto más íntimo y el tratamiento de sus escenas dialogadas. Aquí debo mencionar con honores la trayectoria del compositor de dicha obra, Motoi Sakuraba, legendario músico con tres décadas de trabajo a sus espaldas en sagas tan emblemáticas como Star Ocean, Tales of, Golden Sun o la poderosa Dark Souls. Su labor en Valkyrie Profile es probablemente uno de sus más redondos trabajos.

Como curiosidad dentro de este apartado sonoro, no podía dejar pasar la oportunidad de comentar que la obra sumó voces a su conjunto a pesar de que aún no estaba extendida esta práctica en el género de su tiempo. Fueron pocas las escenas que contaron con voces de actores, pero las suficientes para sentirnos un poco más inmersos en sus tramas y lo cierto es que en Norteamérica no pasaron desapercibidas ni su tono ni sus interpretaciones “ligeras”.

Su doblaje al inglés contó con un elenco muy habitual en la televisión estadounidense dentro del marco más infantil, pues el cast oficial se podía escuchar cada semana en Pokémon y otras series animadas. Lenneth fue interpretada por Megan Hollingshead, actriz habitual de la enfermera Joy en Pokémon; la voz de Aelia fue interpretada por Veronica Taylor (Nico Robin en One Piece o la propia madre de Ash en Pokémon); y el peligroso Lezard Valeth corrió a cargo de Maddie Blaustein, a quien toda una generación en aquel territorio asocia al papel de Meowth, el Pokémon parlante.

Un esfuerzo poco reconocido

A grandes rasgos, la crítica alabó la solidez de la propuesta, con una personalidad y complejidad difíciles de comparar. Sin embargo, a día de hoy no es ningún secreto que la obra no logró trascender y unirse a los grandes éxitos de la época a nivel mundial.

El salto a los 3D en el género y la llegada de PlayStation 2 unos meses más tarde –con su nueva generación de gráficos y propuestas revolucionarias– opacaron su recorrido, y fueron sin duda las razones que empujaron a la compañía a decidir no traerla a Europa, enterrando cualquier intención de convertirla en una nueva franquicia.

Cuando ya nadie parecía tener los ojos puestos en la licencia, la renacida Square Enix la recuperaró para adaptarla a la primera consola portátil de PlayStation, consola que saboreaba las mieles del éxito en aquel lejano 2006.

Para su regreso, se apostó por un lavado de cara más occidental, perfilando sus gráficos y sustituyendo las secuencias anime por escenas CGI de gran calibre con un objetivo claro: atraer a nuevos aficionados con la intención de que quedaran prendados del estilo Valkyrie Profile y decidieran quedarse.

Y decimos esto último porque, casi de forma simultánea, la compañía demostró su interés por la saga al anunciar el desarrollo de una secuela tardía (de 1999 a 2006 no pudimos volver a este exquisito universo). Se tituló Valkyrie Profile 2: Silmeria, una segunda entrega que se enmarca nada menos que 100 años antes de los hechos vividos por la valquiria Lenneth, lo que viene siendo una precuela en toda regla.

La rebelión de Silmeria

Su trama juega al despiste presentándonos, en primera instancia, a una humana como protagonista: la princesa Alicia de Dipan. En su huida del castillo en el que estaba siendo retenida, descubrimos que la valquiria Hrist, enviada por Odín, intenta darle caza a toda costa.

Sin embargo, ya desde la primera cinemática seremos testigos de una habilidad extraña en Alicia: no es una princesa común, puede comunicarse con una presencia que nadie ve que incluso toma el control de su cuerpo si las circunstancias lo requieren. Se trata nada menos que de Silmeria, una valquiria exiliada.

Los motivos por los que Silmeria es condenada a compartir cuerpo con una princesa y la rebelión que conlleva, así como el hecho de despertar a otra valquiria antes de tiempo, son los cimientos de una profunda trama que hace alarde de una madurez que pocas veces se prodiga en el género, sumando enteros al consolidarla junto a una ambientación mitológica elegante y delicada.

El título juega sus cartas con inteligencia, aportando una narrativa más centralizada y con un orden establecido, siendo el hilo conductor en todo momento.

Valkyrie Profile 2 llegaba en una nueva edad dorada para el género, con grandes éxitos como la secuela de Kingdom hearts batiendo récords en todo el mundo, Dragon Quest VIII haciendo las delicias de los más nipones, o la prometida entrega número doce de Final Fantasy ultimando su desarrollo.

Quizás encontrarnos de nuevo ante un título con desarrollo en dos dimensiones fue lo que provocó que se distanciase de sus congéneres, convirtiéndolo en una belleza única dentro del catálogo de PlayStation 2, pero también cerrándole muchas puertas ante un tipo de usuario mayoritario ya habituado a los Action RPG.

Aunque ciertamente conservador, el gran paso al frente en su apartado visual llegó de la mano de unos fondos y personajes completamente tridimensionales, más detallados y vivos que nunca que, a pesar de dejarnos nuevamente con un desplazamiento en scroll lateral, creaba un contraste visualmente innovador que hoy día sigue luciendo espectacular.

Sus combates también dieron todo un salto conceptual al ofrecernos libertad total de movimiento en escenarios enteramente tridimensionales. De igual modo, cuenta con el heredado estilo de asignación de botones para cada personaje, pero con una nueva fusión de elementos de combate por turnos y acción real una vez entramos en batalla.

En combate, los enemigos solo avanzan cuando lo hagamos nosotros, dotando al conjunto de un nuevo prisma táctico, ya que tocaba recorrer dicho escenario para enfrentarnos a varios enemigos, o bien acabar el enfrentamiento derrotando directamente a su líder, lo cual proporciona respectivas bonificaciones.

Con un buen número de secuencias para movimientos especiales en la ecuación, así como sus combos entre personajes, se adorna a la perfección un estilo visual muy atractivo y puntero que resulta mucho más acorde a los estándares del género del momento.

El perfil de la valquiria, intacto

Tras tanta novedad, es en la exploración de sus mazmorras donde volvemos a sentir la magia clásica de su mundo y mitología. Contamos, eso sí, con la inédita habilidad de Silmeria de cristalizar enemigos y objetos a través de fotones, lo que nos permite intercambiar nuestra posición con ellos, pudiendo así acceder a nuevos caminos, alturas, y avanzar por sus distintas salas.

Como no podía ser de otra forma, también vuelve la función de recuperar a los einherjer y aumentar así nuestra formación, siendo además aleatorio encontrar a unos u otros guerreros, lo que aumenta la rejugabilidad del título. Cada uno de ellos cuenta con su estilo de lucha, armas y habilidades, así como con unos diseños sumamente atractivos que nos harán querer conocerlos a todos.

Además, Los einherjer nos plantean la difícil decisión de qué hacer con sus almas: liberarlas alcanzado cierto nivel, y así contar con una segunda vida –pudiendo encontrarlos posteriormente en distintas localizaciones y obtener grandes objetos–, o bien conservarlos en nuestro grupo y fortalecerlos para luchar hasta el final.

El equipo de Tri-Ace mantuvo muy claras sus señas jugables, pero simplificó la fórmula ignorando por completo la limitación de tiempo o la ambigüedad de su línea argumental.

La linealidad narrativa y la libertad de ir y volver, cuantas veces queramos de una localización a otra, marca el ritmo de una historia intensa y oscura, pero mucho menos desafiante a nivel de profundidad que la de su antecesor, algo que no terminó de gustar a los más puristas.

Lo que sí que aunó a todo tipo de jugadores fue que, por primera vez en la saga, una entrega nos llegó con textos en castellano –cosa que no ocurrió con el reestreno de la primera obra en PSP meses atrás–, por lo que la ambición de Square Enix quedó fuera de toda duda respecto a la recuperación de esta marca, que de nuevo planteaba la posibilidad de crear una saga recurrente.

Deja vu made in Tri-Ace

El esquipo de desarrollo planteó conexiones entre una entrega y otra a través easter eggs, más allá del hecho de compartir universo argumental y mecánicas de juego.

Hay personajes que repiten, como el einherjer Arngrim o Lezard, pero las grandes sorpresas de ambas entregas las encontraremos en una localización opcional bajo el nombre de Seraphic Gate (puerta seráfica), que consiste en una torre de varios pisos repleta de enemigos y desafíos tras los que obtendremos, como recompensa, la posibilidad de reclutar a algunos personajes secretos.

En el primer título, es posible enfrentarse –y reclutar– nada menos que a la diosa Freya y a Brahms, y encontrar todo tipo de artefactos que nos ayudarán en nuestra travesía final. Y para la segunda entrega de la saga, Tri-Ace nos reservó la maravillosa y desafiante opción de reclutar al conjunto de valquirias al completo: Hrist, Lenneth y Silmeria, además de volver a contar con Freya y con algunas sorpresas que es mejor no desvelar.

Los elementos cruzados entre sus distintas licencias también son un elemento que despierta mucho interés por su tono fanservice. Hay varios personajes, además de los mencionados, que realizan pequeñas apariciones en Silmeria, pero Tri-Ace también nos dejó con la presencia de personajes de su saga Star Ocean en dicho universo.

Grabriel Celesta es un personaje que podemos ver en las dos entregas de las valquirias, que ha aparecido en todos los títulos de Star Ocean como boss secreto. Y devolviendo el favor, Lenneth se ha dejado caer por Star Ocean 3 y en el spinoff Star Ocean: Blue Sphere como enemigo secreto –lo mismo que en Radiata Stories, otro que no llegamos a catar los europeos…–.

Todo un prodigio conceptual por explotar

El diseño único del universo Valkyrie Profile me sigue pareciendo muy por encima de la media del género. A mitad de camino entre lo mitológico y lo barroco, su mundo resulta tan oscuro que, a pesar de contarnos historias divinas, lo que destaca es la crudeza del ser humano y la implacabilidad de los dioses y sus reglas.

El viaje de sus protagonistas rara vez nos deja con resoluciones justas o finales felices, pues hay todo un proceso de aceptación en torno a la pérdida, la traición, la muerte y lo efímero de la vida, temas que no siempre se reflejan con la franqueza y sensibilidad que vemos en estas obras, de ahí que quiera ensalzar su gran valor.

El rendimiento de la saga en el mercado no se vio acompañado de las buenas críticas cosechadas. Estas últimas quedaron por encima de las ventas totales de ambas entregas, lo que ha dejado a Square Enix en duda constante sobre qué hacer con la licencia.

Valkyrie Profile alcanzó las 709.000 unidades en todo el globo, mientras que Silmeria la superó ligeramente, con 730.000 unidades –recordemos que esta secuela llegó a Europa, la primera no–, unas cifras que palidecen frente a sagas de la misma compañía como Kingdom Hearts o Dragon Quest.

Aun así, en un intento por reubicar a los fans de la saga y en un marco inferior en ambición, la compañía se sacó de la manga una descafeinada pero competente entrega para Nintendo DS bien entrado el 2008. La historia nos invita a descubrir una trama posterior a los hechos del primer Valkyrie Profile, con una odisea de venganza protagonizada por un humano resentido con las valquirias.

Debido a unas mecánicas poco atractivas y a un apartado audiovisual desfasado, finalmente pasó sin pena ni gloria por todos los territorios –y sin traducción al castellano, una vez más–. Tras ello, la última vez que veríamos a esta franquicia con un producto nuevo sería en 2016 (2019 a nivel global), con el título para móviles Valkyrie Anatomia: The Origin, (dejando a un lado, eso sí, la desastrosa adaptación a dichos dispositivos de la primera entrega en 2018, para olvidar…).

Este título de corte social, con micropagos si queríamos avanzar sin esperar horas y horas, contaba con la valquiria Lenneth de nuevo en el foco, pero sin trasfondo más allá de volver a ponerla al frente de la recolección de almas para el Ragnarök.

Fue el primero que no contó con el equipo de Tri-Ace en su desarrollo, pero sí con la mano de Motoi Sakuraba en la composición. Desgraciadamente, sus servidores fueron cerrados el pasado 2020, y desde entonces, silencio respecto al porvenir de la licencia…

Nuevos aires con sabor añejo

A estas alturas os confieso que la idea de este escrito nació gracias al último evento de la Gran N, el Nintendo Direct. Celebrado para mostrar al mundo una nueva ración de títulos y estrenos para Nintendo Switch, entre muchos otros se anunció la vuelta de todo un clásico RPG de la generación PlayStation: Chrono Cross, que fue desarrollado por Squaresoft el mismo año que Valkyrie Profile. Al igual que este último, Chrono Cross nunca llegó a contar con un lanzamiento europeo.

Este hecho, sumado a la esperanzadora y agradable tendencia de Square Enix –entre otras– de recuperar auténticas joyas del género a través de remakes o remasterizaciones, me hizo desear más que nunca una nueva oportunidad para Lenneth y el resto de valquirias.

El título encaja perfectamente en esa lista de reapariciones que en los últimos años han protagonizado sagas como Grandia, los Mana, Romancing Saga o los recién anunciados Live a Live, Chrono Cross y Front Mission.

El RPG clásico está de vuelta, y sus regresos se cotizan en alza. Cada vez son más los usuarios que se enganchan a este apasionante género sin ser conocedores de sus orígenes, décadas atrás. El interés que despiertan nuevas apuestas de aspecto retro como Octopath Traveler o Triangle Strategy, es más que evidente.

Tras este repaso a su trayectoria como franquicia, me he vuelto a enamorar de estas valquirias, de su universo mitológico, y de su filosófica visión de la vida y la muerte.

Afortunadamente, mientras escribía estas palabras, algún directivo estaba moviendo hilos para que Lenneth regresara y así será: Valkyrie Elysium traerá de vuelta la franquicia bajo una fórmula Hack & Slash y la imprescindible batuta de Sukuraba. ¿Será un retorno triunfal?

Lo único que sabemos, de momento, es que las valquirias nos observan desde el Valhalla, listas para obedecer a Odín o rebelarse contra él siguiendo sus impulsos, siempre fieles a la misión de salvar almas valerosas que merezcan una segunda oportunidad: la misma que sin duda merece la saga Valkyrie Profile.

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