Análisis SPIRIT OF THE NORTH ENHANCED EDITION – PS5

El zorro que bajó de las estrellas

Sergio Díaz

La siempre fascinante Naturaleza ha ocupado un lugar privilegiado en todas las artes desde el comienzo de los tiempos, y los videojuegos no podían ser una excepción.

Algunos, por ejemplo, son desafiantes aventuras protagonizadas por animales hacia los que se siente especial simpatía, como Ecco the Dolphin; otras veces, se fijan en su incomparable belleza (Flower) como hilo conductor; y no son pocas las ocasiones en que también ha tirado del componente místico y las leyendas locales para elaborar producciones de gran envergadura (Okami).

El caso que nos ocupa es una mezcla, precisamente, de estos dos últimos videojuegos citados: por un lado, destaca el tono zen o contemplativo de Flower o del más reciente Feather, en los que se brinda una experiencia relajada y sencilla para el usuario y, por otro, la esencia mitológica como telón de fondo para un plataformas tridimensional ambientado, en este caso, en el folklore escandinavo.

Los jovencísimos Tayler Christensen y Jacob Stutton (los dos únicos desarrolladores del título) han elegido para su opera prima la leyenda con que la cultura sami -un pueblo indígena del extremo norte de Europa- ha explicado, generación tras generación, el origen de las auroras boreales.

Para ellos, este bellísimo fenómeno tenía lugar cada vez que un zorro descendía del cielo durante la noche a jugar con la nieve, de manera que sus coletazos provocaban chispas que coloreaban las estrellas.

Esta curiosa leyenda, ampliamente conocida en los países escandinavos, se recoge incluso etimológicamente, ya que en finlandés las auroras boreales se denominan revontuli, es decir: la suma de las palabras ‘zorro’ (‘revon’ viene de ‘repo’, que se traduce así, ‘zorro’) y ‘tuli’ (‘fuego’).

Así pues, Spirit of the North nos propone viajar de la mano de un zorro con poderes mágicos hasta llegar al origen de esas majestuosas auroras, debiendo superar a lo largo del camino pequeños puzzles entre los paisajes nórdicos.

Ahí es donde encuentro, a título personal, el primer gran inconveniente del título: Spirit of the North prescinde de cualquier tipo de narrativa o información más básica, puesto que no hay absolutamente ningún texto en todo el juego más allá del menú de opciones, que al menos está traducido a nuestro idioma.

Es decir, nos limitaremos a resolver pequeños puzzles en aras de terminar un capítulo tras otro, sin más motivación que superar los siguientes rompecabezas.

No sabemos el por qué de las cinemáticas, qué son los jeroglíficos -abiertamente inspirados en producciones como Journey o ICO– que decoran los entornos ni qué significado esconden determinados eventos: por desgracia, se desperdicia la ocasión de narrar el trasfondo de estas leyendas sami o, al menos, darlas a conocer de una forma más accesible, porque se desarrolla todo de una manera demasiado poco elocuente.

En otras palabras: el hecho de que esta puesta en escena no exprese un mensaje universal (como la reivindicación ecologista de Flower) hacía necesaria un extra de información por su carácter regional.

Algo que podría haberse solucionado con una narrativa mejor resuelta dentro del juego o, incluso, fuera de él a través de documentales que desgranaran la simbología de sus elementos, tal y como planteaba Never Alone (2014) al abordar a los iÑupiaq y otras culturas nativas de Alaska. Así que, en resumen, si te despierta la curiosidad esta leyenda nórdica, te va a tocar investigarla e informarte por tu cuenta.

Mecánicas jugables

La falta de una mejor narrativa, en un título que concede tanto peso a su carácter reflexivo, podría haber quedado en un segundo plano más fácilmente si hubiese tirado de puzzles ingeniosos y variados; pero tampoco ha sido el caso.

Las mecánicas de Spirit of the North se sustentan en la progresiva adquisición de habilidades a las que sacar partido en cada uno de los ocho escenarios, independientes entre sí, que visitaremos: por ejemplo, desplazarse más rápidamente con un salto adicional (botón R2), cuando nos concedan ese poder, nos permitirá cruzar por puertas que se cierran en muy poco margen de tiempo; el círculo, a su vez, desprenderá una explosión de luz blanca si lo dejamos pulsado, alumbrando zonas contaminadas de una energía oscura.

Y el botón cuadrado, por su parte, desdoblará al zorro en dos mitades, quedando la parte física quieta en el lugar que elijamos (normalmente sobre un interruptor o delante de un muro por el que no podemos cruzar), mientras que la mitad espiritual estará disponible con total libertad de movimientos, pero sólo durante un tiempo limitado (el justo para activar el otro interruptor de turno o purificar un área).

El problema no lo encontramos en la ausencia de penalización a lo largo de la aventura -no hay Game Over si te equivocas en algo-, porque en ese sentido es coherente con su intención de ser un juego sencillo de marcado tono contemplativo; el fallo se encuentra en la excesiva repetición de rutinas que lo hacen, precisamente, rutinario: localiza la correspondiente runa, actívala rellenándote de poder mágico, cruza la puerta recién abierta y repite en la nueva sección.

Todo se vuelve demasiado monótono y predecible al poco de empezar y eso, en un juego que apenas supera las cinco horas, es un hándicap considerable; además, los tramos más desafiantes (por ejemplo, los géiseres del capítulo cinco) tampoco están resueltos demasiado bien, ya que las secciones de plataformas ponen de manifiesto los problemas derivados de un control muy tosco.

El mayor reto lo encontramos, al final, a la hora de completar el juego al 100%: repartidos por los escenarios, hay un total de 28 báculos que corresponden a otros tantos peregrinos o ancestros de esta mitología escandinava, cuyos cuerpos están diseminados por los escenarios (algunos realmente a conciencia).

Entregándoles su respectivo bastón, devolveremos la paz a estos espíritus que nos compensarán con nuevas skins para nuestro zorro; una lástima, como indicaba antes, que no se haya aprovechado este recurso para incorporar algunas notas relacionadas con esta leyenda local.

Como curiosidad, cabe destacar que, cerca de alguna de dichas ánimas, el DualSense emitirá un pequeño zumbido y se iluminará de color amarillo; y, en caso de saltarnos alguna (el juego nos indica su orden de aparición) tendremos la posibilidad de elegir capítulo y volver a él a seguir investigando, en vez de empezar de cero toda la aventura.

Por último, entre los aspectos mejorables de Spirit of the North, también encontramos determinadas decisiones que lastran el conjunto: por ejemplo, la obligación de ver sí o sí varias animaciones del zorro cada vez que ejecutamos ciertas acciones (una de ellas, secarse el agua al salir) puede llegar a cansar cuando el diseño del rompecabezas te exije zambullirte varias veces consecutivas.

Esto, unido a la imprecisión de algunas acciones (en ocasiones recoger un simple objeto es cuestión de varios intentos, cuando debería salir a la primera) termina agotando al más pintado; cosa que también ocurre con la banda sonora, compuesta de catorce piezas intimistas de bastante calidad -sin duda, uno de los puntos fuertes del juego-, porque, al escucharse en sus respectivas fases constantemente, sin integrarse con lo que sucede en pantalla, desencadenan un bucle francamente machacón.

Naturaleza y folklore como mayores reclamos

Con todo lo expuesto, es evidente que Spirit of the North es una producción con un amplio margen de mejora, aunque no podemos olvidar que es un trabajo realizado únicamente por dos personas, lo cual tiene bastante mérito.

Estéticamente, se defiende con soltura en lo relativo a sus paisajes naturales, componiendo unas estampas de gran belleza plástica que se realzan por la ausencia total de indicadores en pantalla; entendemos que por las limitaciones de la producción se prescindió de un Modo Foto con el que sacarles partido, pero esta Enhanced Edition lo había puesto a tiro para incluirlo.

Donde sí se han esforzado es en el apartado técnico, que suma la resolución 4K y los 60 fps como principales (y únicas) novedades de peso de la reedición, ya que no se han mejorado animaciones -permaneciendo como francamente rarunas los desplazamientos sobre la nieve- ni aprovechado el DualSense, en el caso de PlayStation 5, más allá de la notificación de coleccionables cercanos.

En definitiva, el debut de Infuse Studio no es una producción redonda, pero puede resultar interesante tanto para los más jóvenes como para los amantes de los animales y aquellos jugones que busquen un reto de escasa complejidad.

Su relación calidad/precio está bastante ajustada (en físico ya puede encontrarse por un precio de alrededor de 20 €) y a su favor cuenta con la escasa competencia que hay en propuestas de este tipo, lo que le concede un valor añadido.

Como, de igual manera, se lo proporciona el encanto, la sensibilidad y el toque mágico que estas leyendas atesoran y que Spirit of the North ha tratado de transmitir con sus espectaculares glaciares, su melancólica banda sonora y el cariño por el folklore local.

Después de todo, es bonito que el videojuego también recoja mitos y tradiciones populares de todas las culturas, como la de este espíritu del Norte que bajó a jugar con la nieve y las estrellas.

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