Análisis CRUIS’N BLAST – Switch

Cadillacs & Dinosaurs… y nitros

Sergio Díaz

@Sergio_SSDDCC

Nintendo 64, como recordamos en nuestro reportaje especial sobre su 25 aniversario, fue una máquina a la que su potencia le permitía distanciarse tecnológicamente de la competencia (Saturn, PlayStation) en numerosos aspectos.

Y esa etapa crucial de la industria, en la que trasladar a casa el impacto de los salones recreativos era un potente reclamo comercial (que se lo digan a Sony con Tekken o Ridge Racer), apostar por ello era algo casi inevitable.

Por tanto, la 64 bits cedería a las presiones del momento y, entre su catálogo de conversiones, destacó Cruis’n USA, un arcade de velocidad que supo utilizar su poderío gráfico para abrirse un hueco dentro de un género muy, muy reñido.

Sin embargo, su desembarco en formato doméstico estuvo rodeado de cierta controversia, ya que el principal atractivo del juego, el despliegue técnico, se vio profundamente reducido (lo que los modernos de hoy llaman downgrade), generando críticas tan positivas -centradas en su formidable capacidad para divertir- como desfavorables.

Cruis’n USA llegaría a Nintendo 64 prácticamente con el lanzamiento de la consola (en navidades del 96 a EEUU y a Europa con la terna de estreno en 1997), fijando una diferencia de dos años respecto a su debut en recreativas.

La producción, a cargo de la emblemática Midway (distribuidora entonces de licencias tan populares como Mortal Kombat, NBA Jam y Gauntlet), contaba con Eugene P. Jarvis como director, quien a su vez fuera diseñador de Smash TV, uno de los arcades más frenéticos de los 90; Jarvis imprimió a Cruis’n USA precisamente ese espíritu caótico y acelerado a la fórmula del mítico Out Run, logrando un título vertiginoso y desenfadado con el que era imposible aburrirse.

Aún con toda la polémica del downgrade, el título vendería cerca de dos millones de copias, inaugurando una franquicia por la que han desfilado entregas de calidad muy dispar, como el infumable Cruis’n de Wii.

Así pues, este Blast no las tenía todas consigo: ¿estábamos ante un bodrio o ante otro arcade digno de gastarse los ahorros del cerdito hucha?

Hot Burnout

Los sencillos y limpios menús de Cruis’n Blast ya indican que estamos ante una producción que rehuye en todo momento de lo complejo: quiere la diversión inmediata del jugador y que disfrute de la propuesta sin complicaciones de ningún tipo.

Su planteamiento es muy simple: cruza la meta en la mejor posición posible para obtener ganancias e invertir en mejoras estéticas para tu coche (como el color y piezas externas), y recopila las llaves desperdigadas por los circuitos para desbloquear vehículos nuevos con diferentes prestaciones y así, estar mejor preparado para la competición.

Cuando decimos “vehículos”, hay que puntualizar que en Cruis’n Blast entra todo aquello que se desplace: no sólo hay cuatro ruedas, hay motos, hasta helicópteros… Y un montón de sorpresas que no vamos a desvelar para que echéis vuestras risas.

Y es que una de las mayores virtudes de Cruis’n Blast la encontramos en su tono: no se toma en serio a sí mismo nunca y busca la complicidad del jugador a través de un carácter alegre y simpático. Por ejemplo, sus pistas se reparten entre junglas en las que podremos cruzarnos con el Yeti, parques jurásicos llenos de dinosaurios y muchas locuras más que tendréis que descubrir por vosotros mismos…

Sin duda, este tono tan desenfadado es un punto a su favor, ya que la saga Cruis’n carece del carisma del que pueden presumir otros nombres del género y le da un toque extra muy agradable, porque ¿en qué otro arcade de velocidad vamos a saltar a 300 kilométros por hora sobre un lago, sortear una estampida de dinosaurios y derrapar por un acantilado, todo en la misma carrera?

Por supuesto, muchas de esas llaves estarán dispuestas estratégicamente en lugares a los que sólo llegaremos si encadenamos el suficiente número de turbos, pilotamos un determinado vehículo o cruzamos el atajo correspondiente: una decisión que incrementa las horas del título entre los jugones más completistas y más curiosos.

Además, Cruis’n Blast presenta una peculiaridad que también ayuda a alargar esa duración: cada carrera consta de una única vuelta y no pasaremos dos veces por el mismo sitio, de manera que si se nos escapa una llave, tocará tener mejores reflejos en otra ocasión… e investigar mejor por todos los atajos (que son muchos).

Un planteamiento muy inteligente que además encaja a la perfección con el concepto de partida rápida en el bus o en el metro que tanto domina Switch, ya que cada carrera nunca llega a superar los dos minutos de duración.

Ya metidos en faena y acompañados de un tema principal muy pegadizo, descubrimos enseguida, además de un control de lo más básico y accesible, que las mecánicas en Cruis’n Blast cogen un poco de aquí y de allá para hacer de su desarrollo una experiencia lo bastante variada y entretenida, aunque sea a costa de sacrificar una personalidad propia.

Tendremos carreras donde seremos perseguidos por la policía, lo que nos recuerda inevitablemente a uno de los hits modernos del género, Need for Speed Hot Pursuit; también rampas con saltos vertiginosos a lo F-Zero, la opción de “expulsar” del circuito a un contrincante si arremetemos con la suficiente velocidad (al estilo Burnout) y guiños a Super Mario Kart y sucedáneos como Sonic & All-Star Racing Transformed, en forma de salida exprés si pulsamos acelerar en el momento adecuado y un botón de turbo, que se rellena a base de escalar posiciones y derrapando.

El cóctel es muy recomendable y garantiza pasar un buen rato con unas carreras emocionantes hasta el final y su fantástica sensación de velocidad, apoyada en unos vistosos 60 fps. a 1080p, constantes desde cualquiera de sus tres cámaras disponibles.

Eso sí, no habría estado de más mayores opciones de customización o alguna de repetición, una banda sonora con hits musicales, más cantidad de circuitos (abusa de las iteraciones y de las variantes climatológicas como recursos distintivos) y un poco más de ambición gráfica; al menos, ha debutado a precio reducido (aunque en físico cuesta bastante encontrarlo) y presenta modos multijugador local y online, lo que ayuda a amortizarlo.

También será un hándicap para muchos que todo sea bastante (quizá demasiado) familiar en Cruis’n Blast pero, aunque no tenga la solera de nombres como Daytona USA, es un juego muy desenfadado y bien resuelto que funciona en lo que tiene que funcionar: divertir desde el minuto 1 sin complicaciones.

**Gracias a Daniel D. García por facilitarme una copia del juego

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