Opinión: NIGHTLIGHT de CHEWY GAMES

El camino a la verdad

Rubén Aído

Prácticamente desde sus inicios, el mundo del videojuego ha abrazado un afán por contar historias, por descubrirnos mundos, héroes y épicas batallas, llegando hoy día a mirar a los ojos a los grandes del entretenimiento como son el cine o la televisión. Para ello, los creativos se sirven de todo tipo de herramientas narrativas y formas a la hora de relatarnos un suceso.

A lo largo de los años, aquellos títulos más enfocados en crear experiencias que se salen de lo habitual, de lo puramente jugable –ya sea por concepto o por escasez de medios–, han sido tachados de pseudo-juegos o películas interactivas; pero, por suerte, son muchos los que consideran esta vertiente todo un género en sí mismo, al fusionar el lenguaje literario y cinematográfico con el propio de un videojuego. Algo que entienden a la perfección buena parte de los títulos indies, como el que hoy nos ocupa: NightLight.

El gran valor de las pequeñas ideas

Antes de entrar en materia, pongámonos en antecedentes. NightLight debe su nombre a las icónicas lámparas infantiles, haciendo alusión a ese refugio nocturno que nos mantenía a salvo de los monstruos de debajo de la cama.

Es un título nacido en Valencia (España), como trabajo final de Grado de los miembros del estudio Chewy Games, un equipo de 8 personas (la mayoría alumnos), que se han currado una obra, aunque lógicamente amateur, muy interesante por sus encomiables valores sociológicos y divulgativos.

Su trabajo puede ser disfrutado únicamente en PC (ocupa apenas 500 MB y solo está disponible para dispositivos Windows), y se ofrece sin coste alguno a través de la web de sus responsables (aquí tenéis su enlace).

A cambio, agradecen todo tipo de comentarios, reseñas y críticas constructivas que puedan dar a conocer esta pequeña historia y también seguir mejorando la obra (de hecho están trabajando en parches para optimizarlo y adaptarlo a ordenadores menos potentes).

Así que a Videojuerguistas nos ha faltado tiempo para apoyarles y aportar nuestro pequeñito grano de arena a esta experiencia hecha con tanto entusiasmo, respeto y mimo.

La vida de Thomas

NightLight gira en torno a los miedos de un chico al que iremos conociendo a través de su diario, el cual descubriremos tras completar una serie de tareas cotidianas.

De este adolescente de 14 años a priori no sabemos nada más, solo que se acaba de despertar en su habitación a las 6:27 de la mañana y está solo en casa.

Tras echar un vistazo a la estancia, al salir, veremos que algunas puertas de la casa están cerradas (de momento) y que el camino lógico a seguir es dirigirnos a la cocina, la sala más grande de la vivienda, en la que nos fijaremos en una nota sobre la encimera central.

La madre de Thomas ha salido y le ha dejado una serie de tareas a completar, con detalladas indicaciones para que llevarlas a cabo sea lo más sencillo posible, como regar las plantas o poner la lavadora.

Destacan los pequeños detalles aquí y allá que refuerzan notablemente el grado de inmersión, como el tono infantil y fantasioso de la habitación de Thomas, con juguetes de robots y dinosaurios; o los crucifijos en la habitación de la madre y curiosidades como que el frigorífico comience a pitar si dejamos la puerta abierta demasiado tiempo. Un día nada fuera de lo común para un chico de su edad, quizás…

De no ser porque dichas labores domésticas se verán alteradas por extraños sucesos paranormales, de esos que erizan la piel y despiertan la curiosidad del jugador: ¿qué le pasa a Thomas? ¿Por qué ocurren cosas extrañas en su casa?

Enseguida nos sumergimos en el eje central de la propuesta, la mencionada narrativa. Y es que a través de las hojas del diario de Thomas, iremos comprendiendo su pasado, sus miedos, su forma de ser, su relación con su familia y quienes le rodean

Con cada anotación, los guionistas Nuria Gualde y Jordi Parreño, nos muestran diferentes épocas de su corta vida, resultando muy fácil ubicarnos gracias a las fechas y a cambios en el tipo de letra que nos indican la madurez que va adquiriendo Thomas.

Son fragmentos de narración breves, concisos, y que, con mucho acierto, nos muestran cómo es Thomas, cómo piensa y cómo siente, y lo hacen además con la justa sensibilidad como para no recrearse en un drama tan delicado como el que abordan.

Es difícil explicar y expresar todo lo que puede llegar a hacerte sentir esta obra sin entrar en detalles argumentales, porque a fin de cuentas, el gran atractivo de estas propuestas es descubrir por uno mismo el mensaje oculto tras los sustos y las enigmáticas pistas que nos dejan. Lanzarse de lleno sin saber qué vas a encontrarte, será, de esta forma, la mejor opción para disfrutar plenamente.

Un mensaje imprescindible

Podemos completar el desarrollo en apenas media hora, y no contamos con elementos que inviten a la re-exploración, puesto que no encontraremos elementos ajenos al hilo narrativo principal con los que interactuar ni secretos que descubrir o caminos secundarios: la intención es la de focalizarse en su mensaje, sin distracciones.

A cambio, destaca la fuerza de su atmósfera, indispensable en este tipo de propuestas, la cual se compone de dos grandes elementos: los entornos, muy simbólicos en según qué estancias, con elementos que cobran un valor e importancia tremendos; y, por otro lado, la música que nos acompaña en todo momento, con un tema principal muy melancólico, en clave de piano.

Es tan delicado como sobrecogedor, equilibrando los momentos de tensión con efectos de sonido casi punzantes y realzando su papel primordial.

Cabe felicitar a la responsable del apartado sonoro, Verónica Amaya, (único miembro del equipo que no forma parte del grupo estudiantil), que ha sabido confeccionar una pieza única lo bastante sutil para que no resulte monótona y, a la vez, no reste protagonismo al resto de elementos típicos del género, pues la esencia jugable no deja de ser la de arrancarnos algunos sustos rápidos y encogernos el corazón con los rápidos giros de cámara.

Después de todo lo expuesto, queda claro que el carácter breve, sencillo y directo de NightLight se conecta directamente con los rasgos más reconocibles de los jump scare (Slender: The Eight Pages) y del prolífico subgénero de los walking simulator que tan bien dominan estudios como The Chinese Room (Amnesia: The Dark Descent, Everybody`s Gone To The Rapture).

Sin embargo, si debo mencionar un título al que he recordado gratamente mientras investigaba la casa de Thomas y avanzaba en su historia, es Gone Home (Fullbright, 2013), por las emociones que plasma, su brevedad, y la simplicidad en controles y mecánicas.

El conjunto destila una dignidad fantástica, relegando a un segundo plano sus inevitables carencias técnicas, tan propias de una producción de naturaleza académica; aunque, igualmente, tiene mérito que sus escenarios de corte realista, realizados con el Unity3D, no desentonen con el relato.

Porque NightLight es, por encima de todo, una aproximación muy necesaria (más en los tiempos que corren) a una realidad durísima: una vez superados los sustos será cuando empecemos a comprender la realidad de Thomas.

El terror que pudiera causar a los menos acostumbrados a este género desaparece por completo, dando lugar a un sentimiento y un horror bien distinto. Me atrevo a asegurarles algunas lágrimas a los más sensibles con este tipo de propuestas.

Y es que quien escribe estas palabras ha sentido un nudo en la garganta en los últimos compases de la aventura, no porque su desenlace pueda contener el momento más terrorífico del conjunto, sino por esa cinemática final y las palabras que nos dedican sus creadores tras ella: algo que sin duda merece la pena descubrir por uno mismo, y compartir y extender por redes sociales y nuestros círculos cercanos.

Se nota el gran esfuerzo que han imprimido desde Chewy Games en ofrecer un walking simulator que tenga voz propia, que resulte pedagógico, reflexivo, plasmando un problema real en la sociedad actual, algo que queda patente con solo ver la televisión estos días.

En conclusión, NightLight es un grito de desesperación, una realidad para miles de jóvenes que, al igual que su protagonista, se han enfrentado a situaciones que nadie debería conocer a tan corta edad; por ello, el equipo humano detrás de esta obra se encarga de hacer saber, a todos los que puedan verse reflejados en Thomas, que no están solos.

Quizá las formas puedan resultar demasiado crudas, pues aquí no veremos artificios, adornos o conclusiones edulcoradas. El objetivo es llevarnos en muy poco tiempo a un fin concreto, guiarnos sin opción a perdernos, pero dejándonos recorrer la casa a nuestro ritmo y detenernos a observar lo que queramos.

Tratar un tema como la salud mental en adolescentes es siempre un asunto espinoso, que no muchos estudios se arriesgan a plasmar en un videojuego, y es por ello, por la sensibilidad y el respeto desde el que Chewy Games muestra a Thomas y su situación, por lo que son dignos de elogio.

En mi caso, han sido algo más de 25 minutos los que he acompañado a Thomas a completar un día en su vida, pero estoy seguro de que su voz no se desvanecerá con el tiempo: porque tenéis la oportunidad de escucharle, y con él a miles de Thomas, así que, por favor, hacedlo.

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