DENTRO DE LA OSCURIDAD: CAPÍTULO V

Alejandro Masadelo

Eh, eh, regresa —una voz confusa le rebotó en la máxima lejanía que podía escuchar.

El chico, petrificado y casi sin respirar, volvió a controlar el oxígeno que entraba a sus pulmones.

¿Quién…? —preguntó él, aturdido. Miró alrededor, cerciorándose del lugar donde estaba. ¿Cuándo había llegado allí?

¿Te encuentras bien? —le preguntó con dulzura Catherine, acercándose para acariciarle el brazo.

Axel la miró con mayor confusión. ¿Qué estaba haciendo? Quizás las conexiones neuronales se entrelazaron, porque si no, no entendía ese repentino cambio de actitud. Incluso su voz había cambiado. Ya no era dura ni histriónica, sino dulce y comedida; no demostraba la frialdad demencial con que la había conocido antes de ponerse las máscaras.

Las máscaras, dedujo Axel para sí mismo.

Joe, ¿estás con nosotros? —dijo Avery.

Axel quedó desconcertado cuando oyó pronunciar ese nombre a Avery.

¿Joe?, ¿por qué me llamas así? —cuestionó Axel, algo irritado. Había alzado la voz sin quererlo.

Avery y Catherine se miraron contrariadas.

Te llamamos así, pero si te pones tan recto te podemos llamar Joey, su majestad —respondió Avery.

Pues claro que se llamaba así. ¿Cuál era su nombre, si no? La telaraña donde estaba atrapado fue lentamente deshilvanándose, cayendo junto a él todas las dudas que lo trastornaban. La historia que había tomado como suya dejaba de tener sentido. Su pasado…, al menos el que conocía sin la máscara, dejó de conformar sus recuerdos. Le pertenecían a Axel Reid, no a él. Desde el momento en que se sintió imantado por el anonimato que le proporcionaría la máscara, había vendido su personalidad. Él y los demás. Entregaron sus vidas a cambio de inmunidad, de poder; con ella intentarían llenar su insaciable sed de sangre. No lo sabían, al menos al principio, pero en su fuero interno todos eran asesinos. Llenos de ira y consumidos por una violencia que necesitaba liberarse. Por eso fueron a la estación de esquí. La vieron yerta sobre la montaña, gigante, abandonada, y el morbo que les producía los encaminó a ella. Cuando vieron los rostros que serían los suyos, el alma de cada miembro de La Legión se instauró en ellos. Y conforme transcurría el tiempo y seguían ocultándose la cara con la máscara, mayor era la progresiva pero feroz destrucción de su esencia.

Sí… —convino el chico—. El gran Joey —presumió.

Siempre fuiste tan creído —afirmó la imponente Julie.

La voz de Frank se elevó entre los demás.

¡Eh!, ¿ya habéis terminado de decorar?

Los tres se giraron y se apoyaron en la barandilla del balcón del piso superior. Miraron a su amigo, que regresaba con la ropa y la máscara manchadas de sangre.

¿No te gustan? —dijo Julie.

Frank miraba el cadáver de la adolescente: brazos abiertos en ángulo recto, piernas juntas y cabeza erguida. La sangre seca le llenaba todo el rostro. Colgaba a por debajo del balcón occidental, a cinco metros por encima de la entrada principal.

¿No le vamos a poner nada? —Frank parecía disconforme.

Cuando traigas el otro cadáver —respondió Joey.

Frank sonrió debajo de la máscara.

Lo tengo en el coche. Lo he traído tal y como lo dejé. Sácalo, fortachón —le ordenó.

¿En serio, tío? ¿Por qué siempre me toca a mí? —se quejó el aludido.

¿No eres tan fuerte? Pues venga, saca a mi viejo de allí.

Joey se retiró farfullando; Susie lo precedió.

Espera, Joe, te ayudo —se prestó voluntaria.

Frank y Julie se miraron y juntos soltaron una risa lo suficiente alta para que Joey la oyera y respondiese:

No vamos a ser los únicos, gilipollas —gritó mientras avanzaba por el corredor para alcanzar la escalera.

Frank y Julie hicieron lo que Nathan y Avery nunca se atrevieron. No hacía falta que se quitaran las máscaras para disfrutar. De hecho, ella lo prefería así.

Como te la quites, te mataré —le advirtió entre leves gemidos.

Tengo algo mejor que esto —le respondió susurrándole al oído.

Lo siguiente que sintió Julie fue una presión que le quitó por unos segundos la respiración. Bajó la mirada y descubrió la hoja de su cuchillo Bowie hundida en un costado. La joven continuó gritando, mezcla de placer por cuerpo extraño que invadía su entrepierna y de dolor por el avance del cuchillo entre la carne. El arma se deslizaba hacia delante y atrás al ritmo acompasado del cuerpo de Frank.

Julie llevó entonces su mano a la espalda y sacó otro cuchillo igual, que terminó clavándoselo en su corazón. Frank soltó un atronador quejido.

Joder, Jul, que ahí duele más —dijo molesto.

La joven hizo caso omiso a su queja y acompañó el cuchillo hasta solo asomar la empuñadura de su carne. Sangre oscura manaba de su corazón, le envolvía la muñeca. Dejó se empuñar el arma y le deslizó los dedos enguantados por su cara, trazándole líneas diagonales.

Podría matarte si te quitara la máscara —le amenazó mientras terminaba de recorrerle el rostro. Los gemidos continuaban escapándosele de los labios, sonando amortiguados tras la careta.

¿Vas a convertirme en el típico muchacho asesinado mientras tiene sexo con otra? —dijo riéndose, apenas contando con el apoyo del oxígeno necesario para hablar.

Haz que no me aburra y no tendré que hacerlo —le propuso. Llevó una mano a la empuñadura mientras apoyaba la otra en la máscara.

Trato hecho —aceptó Frank.

Le sacó el cuchillo y volvió a hundírselo. Repitió la acción al ritmo marcado por sus caderas, cada vez más frenético, descontrolado; Julie repitió el mismo movimiento. Los quejidos abarcaban todo el sótano, y en la oscuridad eran dos cuerpos sacudiéndose en uno solo.

DENTRO DE LA OSCURIDAD

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*NOTA: DEAD BY DAYLIGHT©  El presente fanfic se ha creado bajo las “Reglas de uso de contenido de juego”  y la solicitud expresa y manifiesta de utilizar dicha marca

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