DENTRO DE LA OSCURIDAD: CAPÍTULO III

Alejandro Masadelo

Giró su cuerpo con el pie hasta colocarla de costado, de forma que sus ojos encontraran el cuerpo de su noviete. El enmascarado autor del asesinato estaba cruzado de piernas y sostenía entre ellas su cabeza. Con ambos brazos mecía al joven, dándole de vez en cuando palmadas en la espalda. Agarraba la empuñadura del cuchillo, que tenía la punta desaparecida en el interior de su boca. El enmascarado chasqueaba los labios para crear la sensación de que era un bebé que estaba chupando un biberón.

Qué bonitos son cuando están muertos —comentó él con ensimismamiento.

Sabes que no está muerto, ¿verdad? —le preguntó el que se había encargado de la joven.

Se hace bien el muerto este cabroncete, ¿eh? —convino el otro.

¡Hagamos la prueba! —intervino una voz femenina.

La del pelo rosa ondulado se acercó a la escena entre saltos entusiasmados.

¿Puedo, puedo, puedo? —pidió juntando las manos como si fuera a rezar. El cuchillo asomaba entre ellas.

El de la confusión emocional y el sonriente intercambiaron una mirada, y cuando iba a hablar este último un nuevo miembro se unió a la conversación.

No os habéis presentado, chicos —señaló una voz femenina a lo lejos.

La adolescente, ahogándose con su propio lamento, no se dignó siquiera a girarse para saber que quien hablaba era la copia del asesino de su pizza a domicilio —así lo llamaba ella, que argumentaba que siempre que le apeteciera acostarse con alguien lo llamaría a él para que acudiera caliente y a tiempo a su casa—.

La asesina descendió los escalones casi sin tocarlos, saltando todo cuanto podía.

Me llamo Avery —se presentó—. Mi clon se llama Nathan —el aludido asintió con la cabeza, mirando a la joven—. Nuestra… Harley Quinn de marca blanca, la pelirrosa, se llama Catherine, Katie para nosotros —la chica pareció hacer una mueca de descontento, pero no pudo averiguarse. Tan solo se vio que ladeó la cabeza tras escuchar esa comparativa.

Tiene el pelo azul, acertó la joven. No estaba en condiciones para discutir nada.

Y el fortachón, que se mueve como un fantasma, se llama Axel —por último, el asesino se colocó frente a ella y le hizo una reverencia. Después se hizo a un lado cuando Avery se unió a ellos.

Miró pensativa el cuerpo mientras se daba pequeños golpes en la barbilla con la punta de su cuchillo.

Bueno, Avy, ¿qué narices hago? —insistió la del pelo rosa.

Katie, no lo mates —ordenó—. Solo comprueba si se convierte en un muerto viviente o no.

La enmascarada chilló de alegría y, sin titubeos, giró el cuchillo y estrelló la empuñadura en la entrepierna. Todos esperaban una reacción, una sacudida o un grito que señalase vida, pero no ocurrió nada. La pelirrosa se quedó desconcertada, pero la ira borbotaba en su interior. La mano le temblaba y enredaba los dedos con más presión alrededor del mango.

¡¿Por qué no está vivo?! —estalló en un grito colérico.

Con el mismo veloz movimiento de muñeca le dio la vuelta al cuchillo. Alzó el brazo y lo dejó caer para que la hoja se hundiera en la mitad del pecho. Ese fue el primero de la andanada de puñaladas que aguijoneaban su cuerpo.

¡Eh, estás loca! —se quejó Nathan, apartando el cadáver y alejándose de Catherine.

Ella no escuchaba nada más que el chapoteo del cuchillo golpeando la carne, abriéndola, inundándole la piel y haciendo jirones las prendas de vestir. Catherine parecía regocijarse en el festival sanguinolento que salpicaba su propia ropa.

La adolescente no pudo contener más el vómito y arrojó una bocanada que le manchó la barbilla, el cuello, la ropa, y que apenas si tocó el suelo. Se le taponó la nariz y la boca, y por unos largos segundos estuvo sin poder respirar.

Avy, ¿no le vas a decir nada? —se quejó Nathan con irritación y cansancio, señalando con su cuchillo a la compañera abstraída en su deleite.

Se quedará sin ella, ¿qué más te da? —respondió haciendo un ademán con la cabeza mientras miraba a la adolescente.

Cuando sus gritos de gozo cejaron, Catherine dejó de estar a horcajadas sobre el joven, convertido en un mosaico de carne, sangre y tiras de piel. Dejó escapar un satisfecho y profundo suspiro y dijo:

Mucho mejor.

La joven logró zafarse del aturdimiento, del sabor acre de los labios que bajaba ardiéndole por la garganta y de la repugnancia mareante que era todo aquello.

¡Hijos de puta! —consiguió exclamar entre jadeos.

¿Y si la matamos ya? —sugirió Axel hastiado.

Avery y los demás intercambiaron una mirada consultiva. Cuando hubo convenio, la respuesta fue inmediata:

Katie, te quedas fuera. Eran dos para cada uno —dijo Avery.

La del pelo rosa protestó, pero acató la orden. Los otros tres fueron hacia la adolescente. La tumbaron boca arriba. Nathan y Axel le agarraron los brazos mientras le deslizaban con lentitud la hoja por las mejillas, abriendo una fisura oscura en su tez pálida. Debían mostrar paciencia si querían provocarle un dolor insoportable. Avery se colocó a horcajadas sobre ella y buscó con la mirada la herida de su vientre. Comenzó a hurgar en ella con el cuchillo, abriendo las paredes. La joven se zarandeó buscando librarse de la presión. Se rindió demasiado pronto. Solo le serviría gritar, y ella no desaprovechó esa oportunidad.

Nos lo habéis puesto demasiado fácil —comentó Avery mientras hundía el cuchillo hasta la mitad, manteniéndolo quieto—. Bueno —se encogió de hombros. Axel y Nathan detuvieron también el avance de sus cuchillos—, al menos no nos hemos tenido que mover de aquí para matar.

Con un firme asentimiento Avery hundió hasta la empuñadura el cuchillo en su vientre. El cuerpo se sacudió y su boca expulsó un chorro espeso de sangre. El espasmo duró hasta que los otros dos compañeros la imitaran atravesándole la carne del rostro con sus armas; ranuras como troneras bombeaban tanta sangre como un río caudaloso. Las hojas le cortaron la alfombra carnosa que se sacudía como latigazos cuando la joven quebró su voz en un estremecedor y ahogado grito.

Sus ojos se perdieron en la lejanía del techo, inmóviles, y la sangre inundaba su boca como una fuente. Los adolescentes por fin volvieron a encontrarse, creando formas de sangre sobre las parcelas de nieve depositadas en la cabaña. La de él, un ángel amorfo; la de ella… bueno, había cumplido su deseo de convertirse en una estrella de mar. Tarde pero, como reza el dicho, «más vale tarde que nunca». Los huecos del techo escupían lentos pero ininterrumpidos copos blancos. Si sus muertes formaran parte de una película slasher, la escenografía poética de los cuerpos serviría para anunciar el título en letras grandes e intimidantes. O quizás se cambiase el orden de escenas en la sala de montaje, aunque se mantuviera el plano original.

Los cuatro se juntaron alrededor de los cadáveres, los contemplaban satisfechos en silencio.

Nos quedan tres —anunció Avery. Le resultaron extrañas esas palabras que había pronunciado.

Cuatro muertos, cuatro vidas —pronunció Nathan en tono abstraído, como si fuera una voz externa quien las hubiese dicho.

DENTRO DE LA OSCURIDAD

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*NOTA: DEAD BY DAYLIGHT©  El presente fanfic se ha creado bajo las “Reglas de uso de contenido de juego”  y la solicitud expresa y manifiesta de utilizar dicha marca

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