Opinión: SEKIRO (por David Marín)

Un acercamiento somero a SEKIRO

David Marín

@Marindinger

 

Ideales como el honor, la lealtad, y la consagración de la propia vida a la protección de otros, son difíciles de plasmar y de entender al resultar abstractos y anacrónicos.

Desde una perspectiva oriental, no es atípico que un guerrero reciba la orden de jurar una lealtad inquebrantable a un señor, al que deberá proteger durante toda su vida arriesgando su propia integridad, sacrificando su libre pensamiento y sus pretensiones de ejercer cualquier otra profesión. Deberá convertirse en un escudo, o en una espada si lo requiere la situación, una mera herramienta a las órdenes de aquel cuya seguridad le ha sido encomendada.

Por supuesto, fracasar en esta tarea supondría la muerte o, incluso algo peor, como vivir con la vergüenza de haber sido incapaz de cumplir su misión, de haber perdido a quien prometió mantener a su lado, y vivir siendo consciente de ello. Una deshonra para la que no existe redención o perdón posible. Un sentimiento con el que se tiene que lidiar a diario.

En este contexto, es donde empieza Sekiro: Shadows Die Twice. El último juego de la compañía nipona From Software, quien se ganó un nombre como referente e inspiradora de cientos de títulos venideros gracias a sus grandes obras, entre ellas: DarkSouls (2011), y Bloodborne (2015).

Gracias unas mecánicas de combate bastante firmes, una dificultad desafiante y exigente que invitaba al jugador a superarse a si mismo, una narrativa interactiva, una historia a descubrir  y unos personajes con historias conmovedoras, el estudio se labró una excelente reputación, y consiguió que miles de jugadores se interesasen por su trabajo.

Su última creación lanzada al mercado, el ya mencionado Sekiro, nos pone en la piel de un shinobi que se siente humillado y hundido moralmente tras haber incumplido con su deber, por lo que decide recluirse en una húmeda gruta donde verá pasar sus luctuosos días hasta el instante en que su corazón deje de latir.

Su truculenta rutina se ve afectada por un leve rayo de esperanza, la noticia de que su señor sigue vivo vislumbra la posibilidad de hallar la expiación por sus pecados.

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Bajo esta interesante premisa, nos embarcaremos en un viaje que nos permitirá transitar una fastuosa versión de Japón, resultante de mezclar elementos del folclore de este país con otros propios de su cultura e historia, como puede ser la presencia de samuráis, poderosos ninjas (que recurren a la discreción y a resultar esquivos y escurridizos para ser mortíferos), templos budistas, espíritus vengativos…

Será un periplo lleno de dificultades, peligros, decisiones difíciles, y preguntar a resolver.

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Centrándonos en términos jugables, es rápido, frenético y estratégico al mismo tiempo, requiere reflexionar sobre cómo proceder antes de cada situación y, quizá lo más importante, es divertido y satisfactorio. Muy satisfactorio: especialmente cuando consigues prevalecer, y derrotar a quien se interpone en tu camino.

Contaremos con una katana, que nos servirá tanto para los duelos cuerpo a cuerpo, como para sorprender a nuestros enemigos mediante un ataque por la espalda, si optamos por recurrir al sigilo y no a la confrontación directa.

Además de estas dos maneras de superar una misma situación, disponemos de diversas herramientas cuya efectividad dependerá de nuestro ingenio y del dominio y control que tengamos sobre la misma. Algunas servirán para crear una distracción, romper un escudo, o desplazarnos rápidamente para golpear combinando ese movimiento con una estocada, amplificando el daño.

Es un planteamiento bastante variado y versátil, ya que durante el transcurso del juego podremos adquirir nuevas habilidades y técnicas que se adaptarán a nuestro estilo de lucha.

Algo que me ha sorprendido para bien, es el lavado de cara que ha recibido el sistema de combate en comparación con los anteriores títulos de la compañía; han sabido perfectamente avanzar y no estancarse, creando algo totalmente novedoso que requerirá que tanto neófitos como veteranos en la saga nos acostumbremos a sus mecánicas y requisitos. Una nueva filosofía que le da una importancia más notoria al contraataque, la agresividad, y a la capacidad de respuesta del jugador, así como a sus reflejos y conocimiento de sus límites y posibilidades.

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Por supuesto, hay sensaciones, factores y decisiones de diseño que no han desechado, apareciendo en Sekiro con la misma maestría e intensidad que en los lanzamientos anteriores de la compañía.

Estoy hablando de la forma en la que está pensado y conformado el mundo que nos rodea, y en las emociones que nos invaden y embargan al encontrar una nueva localización, adentrarse en un bioma completamente dispar al que estamos acostumbrados, conocer a los curiosos personajes que pueblan estos exuberantes lugares y percibir cómo nuestras decisiones, movimientos o avances afectan a su fortuna, para bien o para mal.

Todo funciona de manera perfectamente orgánica, los eventos en los que somos partícipes ocurren por una razón en la que, probablemente, hayamos incidido.

La mayoría de historias tendrán, como es habitual, una resolución trágica o amarga que servirá para conseguir que nos cercioremos de la asperidad y crueldad del contexto en el que tratamos de hallar la redención por el deshonor que sufrimos.

El escenario es ingente e interconectado y, además, está lleno de detalles y curiosidades que nos llevarán a desentrañar hasta el último misterio, enfrentar a todo enemigo viviente, y agotar cada línea de diálogo. Por otra parte, es un auténtico placer, visual y jugable, moverse mediante el gancho que integra nuestra prótesis.

Es en estas ocasiones cuando, verdaderamente, tendremos la posibilidad de vislumbrar y apreciar la inmensidad y belleza del espacio que nos rodea.

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Sekiro: shadows die twice, con sus hasta 4 finales y decenas de horas de diversión, es uno de los juegos de este año 2019 que no te puedes perder… Si tienes la oportunidad y la entereza suficiente para afrontar a los guerreros y criaturas que habitan la impía tierra donde transcurrirá nuestra aventura, así como el coraje suficiente para profundizar en sus entresijos.

La pregunta es: ¿Podrás soportar la carga que supone ser un Shinobi?

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