El manuscrito de Wake: Epílogo

Epílogo

 

Alejandro Masadelo

 

Los telediarios de todo el mundo recogieron infinidad de testimonios que, aun siendo verídicos, casi todos fueron desacreditados por la opinión científica y el escepticismo férreo de las personas ignaras o formadas por la visión recelosa del mundo que escapa a su entendimiento.

Algunos de estos relatos mencionaban colosales criaturas, como montañas, emergiendo del mar, con la cabeza en forma de calamar o pulpo gigantes y cuerpo deforme de dragón.

Otros testigos afirman haber visto, desde la orilla, unos grandes edificios torcidos establecidos en el mar. Algunos marineros corroboraron la versión de otros compañeros describiendo la aparición de seres humanoides con rasgos pez, como batracios demenciales.

Los informes policiales registraron miles de suicidios, todos ellos aduciendo el mismo motivo tras llamar a la comisaría. Pronunciaban con voz ida, arrastrando las palabras con apatía: «Nuestro egoísmo nos ancla a una existencia vacua. La Tierra, el universo…, estrellas escupidas y mundos destruidos. La melodía de la flauta me ha revelado mi cometido». Tras esto, finalizaban con un mensaje de abstrusa, casi imposible, pronunciación: «Ph´ngluimglw´nafh Cthulhu R´lyehwgah´naglfhtagn.»

Sin embargo, y aunque intentaron demostrar con pruebas visuales los extraños acontecimientos, expertos psiquiatras dictaminaron que pudo haberse producido, aun existiendo una infinitesimal probabilidad, delirio transferido, o quizá pudo deberse a una manipulación arraigada por un colectivo que fue sumando adeptos y que, desgraciadamente, cumplieron las órdenes del líder; una secta globalizada conectada por internet.

Aun así, este argumento lábil sonaba aún más inverosímil. Los defensores de teorías conspirativas se encargaron en desacreditar las explicaciones ofrecidas y defender la verdad de los testigos. Obviamente, no todos habían presenciado la grieta espacio-temporal, y los que lo habían hecho ahora debatían con su raciocinio perturbado.

Alan Wake y los demás respondieron con la misma declaración: el doctor Emil Hartman y el agente federal Robert Nightingale secuestraron a Alan Wake, después de que el escritor y los hermanos Anderson descubrieran la ortodoxia practicada en los métodos del doctor para recuperar artistas frustrados; por fortuna, los hermanos lograron escapar.

El escritor tenía las facultades mentales casi mermadas, pero logró escabullirse hábilmente y ponerse en contacto con sus amigos. Sin embargo, sus secuestradores lograron terminar con la vida de la joven Rose Marigold, tras haber protegido a Alan Wake en su casa y negarse a entregárselo, y después, tras una ardua pelea, ellos consiguieron escapar en coche con la señora Wake.

El infortunio se cebó con los tres, pues se salieron de la carretera y cayeron al lago. Debido a la erupción volcánica, no se encontraron los cuerpos ni el coche, aunque siguen manteniendo la esperanza de que Alice Wake lograse llegar a la superficie a tiempo y ponerse a salvo.

Por supuesto, estos hechos también provocaron un gran y controvertido revuelo popular, quienes desacreditaban por completo a los supervivientes; en el bando contrario, los defensores y personas atraídas por la historia mórbida promovieron continuas búsquedas para hallar algún rastro de los desaparecidos. Por ende, supuestas pruebas encontradas en el escenario indicaban dónde podían encontrarse, sobre todo la señora Wake, erigida como heroína, y que levantó una oleada de compasión y fe pertinaz en su reaparición.

En cuanto a Alan, Barry, Sarah y los Anderson, consiguieron rehacer sus vidas, aunque todos se estableciesen en Nueva York. Barry y Sarah decidieron vivir juntos. Sarah consiguió trabajo como inspectora en Hell’s Kitchen, en el Midtown North; Barry volvió a trabajar con Alan como representante, y la carrera de ambos volvió a ser tan fructífera como en el pasado; Alan abandonó por un tiempo las sagas y se centró en novelas independientes, conservando su estilo personal.

Se alejó de malos hábitos y de su irreverencia huraña con la prensa y las personas. Y los Anderson se dedicaron a vivir con el dinero recaudado durante los años anteriores en el mismo rellano del bloque de apartamentos donde vivía el escritor. Alan, cada vez que se miraba en el espejo, no podía apartar la mirada de la herida grabada con tinta en forma de cuadrícula del interior de su antebrazo y que partía desde la muñeca. El anillo de Alice lo guardaba bajo llave tras una tabla colocada en el fondo del primer cajón de la mesilla de noche de su habitación, junto a una foto de ambos.

Bright Falls, al cabo de los años, se convirtió en un pueblo fantasma. Los habitantes lograron sobrevivir a la «erupción volcánica», pero todos decidieron abandonar ese lugar maldito de inmediato. Por dicho motivo, se convirtió en un sitio frecuentado para los exploradores urbanos y supuestos investigadores de actividad paranormal, más dedicados a la elaboración cutre de una trama fantasmal y anodina que a la verdadera captación de fenómenos preternaturales.

Lo que no podían intuir es que, en las profundidades del lago, descansaba en letargo una fuerza descomunal. Tampoco podían saber que se alimentaba de artistas con bloqueo creativo, y que tarde o temprano regresaría con un nuevo rostro y un nuevo séquito de sombras ávidos de imaginación. Con la misma ignorancia desconocían que, aunque el lago sirviese de origen, el mal podía propagarse con absoluta facilidad y anonimato.

Pero ya habían logrado vencer a la Presencia Oscura, ¿no?

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*NOTA: Alan Wake© Microsoft Corporation. El manuscrito de Wake se creó bajo las “Reglas de uso de contenido de juego” de Microsoft usando recursos de Alan Wake y Microsoft no lo patrocina ni está afiliado con él.  

**También disponible en: Alejandro Masadelo (Wattpad)

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