THE MESSENGER

Una peculiar premisa

David Marín

@Marindinger

 

Una de las situaciones más típicas en los videojuegos es la asunción de roles: la función que más nos atraiga o haga sentir cómodos, o que mejor se adapte a nuestra personalidad o deseos.

Un buen ejemplo de esto se da en aquellos que nos permiten elegir una clase inicial para nuestro personaje, desde el impávido guerrero, centrado en hacer daño y recibirlo, hasta magos o clérigos, cuyos roles están centrados en dar apoyo, o perjudicar al contrincante directa/indirectamente. Pasando por arqueros, ladrones, cazadores…

Es bastante habitual que, nada más derrotar a un poderoso enemigo, en el camino hacia el siguiente rival nos encontremos con lo comúnmente conocido como misiones secundarias: contenido ajeno a la misión principal que puede usarse con diversas finalidades, desde aportar a la narrativa una información del mundo que nos rodea,  profundizar en alguno de los aspectos que definen a nuestro protagonista, e incluso ofrecernos mejor equipo para que nuestro personaje luzca más aguerrido o más vistoso.

Hay una clase de tareas abiertamente extendidas y reconocidas, y son las que nos hacen ejercer de mensajero, yendo de un punto a otro del mapa para recoger o entregar un objeto, o ese mensaje, valga la redundancia.

Es curioso, porque pasamos de ser un poderoso luchador capaz de superar las situaciones más inciertas y arriesgadas, a convertirnos por un tiempo en un chico de los recados al servicio del pueblo, supeditados a los deseos y necesidades de los habitantes del mundo en el que realizamos nuestras proezas.

Mi pregunta es: ¿Qué pasaría si convirtiésemos esas actividades de carácter opcional en el cometido principal de nuestro protagonista?

Esta es la premisa que nos plantea The Messenger, un juego desarrollado por Sabotage Studio, y distribuido por Devolver Digital, para Switch y PC en 2018.

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Es un título que nos lleva a un mundo donde la humanidad ha quedado reducida a habitar una pequeña isla como consecuencia de una invasión demoníaca, que nos ha dejado al borde de la extinción.

Afortunadamente, dicho ataque  solo se produce una vez cada cinco siglos, por lo que los supervivientes tienen tiempo para preparar una férrea defensa en el último bastión de nuestra especie.

En el mismo se entrenan como poderosos ninjas, cuyas principales fortalezas son la agilidad y el dominio de shurikens y espadas cortas.

Lo inevitable acaba pasando, y la inicua sombra de los demonios se cierne sobre la efímera tranquilidad de los humanos. A falta de un curtido héroe que ponga remedio a la solución, nuestro protagonista deberá proteger y transportar un pergamino que, en las manos adecuadas, podría suponer la salvación de la debilitada humanidad.

Con el peso de esta tarea sobre nuestros hombros, partimos hacia lo desconocido.

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¿Cómo es el mundo de The Messenger?

Es un lugar ingente, exuberante, y modelado con un pixelart precioso.

Durante nuestra aventura, visitaremos biomas muy diversos y variados, que van desde las profundidades de una oscura caverna, hasta una helada montaña.

Desde luego, no estará vacío, ni exento de peligros, desde mortales trampas giratorias, como dañinos pinchos en suelos y paredes, hasta la presencia de enemigos que nos pondrán las cosas difíciles si no estamos preparados o nos descuidamos.

The Messenger - Screen 11

En cada zona, habrá un jefe esperándonos al final de la misma. Un rival al que habremos de derrotar si queremos avanzar en nuestro periplo.

 

¿Qué mecánicas caracterizan al título?

Las mecánicas más comunes y emblemáticas del género de plataformas, están presentes en este título. Entre ellas, destacan: saltar desde una ubicación o una pared a otra, realizar saltos dobles, propulsarnos en el aire, golpear a un enemigo para conseguir un impulso extra, y adquirir nuevas habilidades conforme avancemos, con las que acceder a zonas, hasta entonces, inalcanzables.

Al derrotar a los enemigos que poblarán el escenario, recibiremos unas esencias naranjas que podremos invertir en la compra de nuevas destrezas, como tener mayor salud, un salto extra, lanzamiento de shurikens…

A pesar de que el juego no tiene picos de dificultad especialmente relevantes, manteniéndose en el mismo nivel de exigencia durante casi toda la aventura, el hecho de añadir variedad al gameplay hace que la experiencia sea más llevadera y versátil.

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Algo que me pareció realmente curioso durante mi primera partida, fue el planteamiento del game over. Cada vez que caigamos, un irritante demonio llamado Guapifeo aparecerá en el último segundo para evitar nuestro amargo final, y nos llevará al último punto de control.

Desde ese instante, nos estará siguiendo un rato para absorber todos los puntos de habilidad que adquiramos hasta que este saciado, y considere su deuda saldada.

Además de lo molesto que puede resultar que se quede nuestra recompensa por avanzar o luchar, cada vez que nos rescate, nos recordará nuestros errores mediante comentarios irónicos y mofas.

 

¿Qué lo hace especial?

Empezamos por destacar su banda sonora, la cual es formidable, memorable, variada, y adecuada para cada momento y área del juego, y continuamos con sus personajes secundarios, quienes tienen unos diálogos ingeniosos, graciosos, y entrañables.

El juego tiene un humor muy especial, integrado con maestría en las conversaciones, transiciones, y pequeñas exposiciones narrativas.

Este es uno de mis temas favoritos de la ost:

 

¿Deberías jugarlo?

Lo cierto es que sí. Tanto si eres un fan acérrimo de las plataformas, como si no. A nivel anecdótico, no es un género que se me dé especialmente bien, debido a mi falta de reflejos, y a mi escasa presencia en este tipo de videojuegos. De hecho, mi número de muertes llegó a las 3 cifras. Aunque esa es otra historia.

La suma de sus partes, el conjunto en sí, tiene como resultado una experiencia divertida y agradable, con secretos y detalles por descubrir, un mundo que explorar, misterios que desentrañar, y horas de entretenimiento.

Traducido de principio a fin a nuestro idioma, The Messenger, con sus hasta 25 horas de duración si buscas desbloquear todo el contenido, constituye uno de esos indies imprescindibles del pasado 2018 que no te puedes perder.

Es un título que atestigua el potencial y la capacidad de esta floreciente industria para crear obras inolvidables, así como sus posibilidades de suponer una alternativa fresca y novedosa frente a la saturada industria del Triple A.

 

 

 

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