Mario Kart 8 Deluxe

Con ocho no basta

Reedición de una de las mejores entregas de la serie, centrada principalmente en las cualidades portátiles de Switch

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Nintendo nunca ha tenido problemas con sobreexponer a Mario, siendo el ciclo de Super NES el que marcó un punto y aparte en este aspecto: el bigotudo saltarín hizo de todo para El cerebro de la bestia, desde emular a Carmen Sandiego (Mario’s Time Machine), hasta protagonizar su propio juego de rol (Legend of Seven Stars), participar en diferentes rompecabezas (Yoshi’s Cookie; Mario & Wario; Tetris & Dr. Mario) o “remasterizar” sus grandes éxitos (Super Mario All-Stars), pasando por estrenar los 16 bits (Super Mario World).

Sobresalió, entre todos los bretes donde La Gran N metió al fontanero, el mítico Super Mario Kart. El título parecía condenado a pasar sin pena ni gloria, como una mera exhibición de las bondades del chip MD-7 y sus vanguardistas efectos; porque ¿no era aquello demasiado estrafalario para darle una oportunidad?

Los (siempre) engañosos prejuicios privaron a los menos aventureros de una experiencia completamente redonda. Desde luego que el célebre chip logró un espectáculo visual, pero fue su inagotable capacidad para divertir lo que impulsó el “boca a boca” y encumbraría al juego.

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La puñetera inteligencia artificial –siempre dispuesta a sabotearnos-, el diseño de pistas, las distintas características de los pilotos y su singular carisma se fundieron en un videojuego emblemático, que ha cumplido 25 años siendo el juego de carreras más valorado por los gamers nipones (Famitsu, 2017).

Considerada una de las creaciones más influyentes del sector según publicaciones como TIME, su fórmula debutaría tan perfeccionada que las posteriores entregas no han innovado en exceso. La lógica evolución gráfica, o las ahora imprescindibles opciones online, se han limitado a modernizar la producción sin alterar su esencia, que permanece como una fabulosa mezcla de velocidad y estrategia donde se bonifica al piloto más táctico, porque aquí gestionar los ítems acertadamente es tan importante como ser el más rápido.

Y este Mario Kart 8 Deluxe enarbola rigurosamente la diversión surgida de esa imprevisibilidad, al no decirse la última palabra hasta cruzar la línea de meta: quizá en la recta final te escupan un plátano en tus narices, te lancen un caparazonazo o consigas una propulsión extra que te dispare del cuarto puesto hacia la victoria.

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No hay sorpresas procedurales en la saga, que sólo ha incorporado objetos para añadir un plus de caos a las carreras –salpicaduras de tinta que emborronan la pantalla, Boos que roban objetos u otorgan inmunidad temporal-, así como variantes multijugador –“atrapa la bandera”- que alarguen la vida útil.

Así, no existen cambios drásticos en su dinámica, porque tampoco los necesita. Cada entrega depende, entonces, del diseño de nuevos circuitos y un buen rendimiento online para contentar a su audiencia, y, para ambos casos, Mario Kart 8 Deluxe se encarga de que así sea.

Las pistas discurren por los desiertos y páramos de la franquicia Bros., las junglas de Donkey Kong, el castillo de Zelda y zonas ajenas a cualquier universo Nintendo (como un aeropuerto o una granja), con su inconfundible filtro de vivacidad. Todas están repletas de atajos y rampas a descubrir por los jugadores más hardcore, lo que confiere una profundidad y complejidad al conjunto comparables a las producciones más austeras del género.

Fáciles de jugar pero muy difíciles de dominar, los Mario Kart esconden, bajo sus capas de color y simpatía, una densa enjundia sólo al alcance de los más diestros; los rankings mundiales dan fe de ello, con unos cronómetros tan precisos que manifiestan pericia y mucha, mucha práctica.

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No sólo porque arañar unos segundos implique escoger las piezas óptimas (cada elemento del vehículo, desde las ruedas a las alas, influye en el peso, la velocidad y el agarre), sino por la obligatoriedad de controlar todos los tipos de acelerones –salida, salto, derrape- para beneficiarse del terreno.

Así pues, el mismo producto contentará a quien le apetezca un rato distendido en compañía o contra la CPU, al que busque mejorar marcas –propias o de terceros-, o ambas cosas pero en distintos momentos. Versatilidad, sencillez y entretenimiento: un solo kart para gobernarlos a todos.

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Contenidos offline y online

A nuestra disposición se encuentra, por un lado, el campeonato tradicional de copas. Cada una de ellas -12- se compone de cuatro pistas; la gran mayoría debutan en la octava entrega, abundando la combinación de tramos acuáticos y aéreos en la misma carrera. Algunos, como el interior de un reloj, están especialmente inspirados.

Otros se recuperan de entregas anteriores, como el rancho Mu-Mu y la autopista de Toad, que luce especialmente vistosa; los procedentes de las expansiones de Wii U, como los circuitos invertidos del Modo Espejo, están desbloqueados desde el comienzo. En ningún caso hay torneos creados expresamente para Switch.

Los distintos grados de dificultad de estos (desde los 50 cc. hasta los novedosos 200 cc.) garantizan el goce de cualquier perfil, desde el más inexperto al más exigente. La auténtica chicha, como podéis imaginar, se encuentra en la batería correspondiente a los 150 cc. y los 200 cc., momento en que Bowser y cía se destaparán como verdaderos bastardos sin la más mínima piedad.

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Al incremento en la sensación de velocidad se unirán las perrerías que nuestros competidores no dudarán en hacer, multiplicándose las situaciones donde ganaremos/perderemos cinco o seis posiciones en segundos por empujones, turbos y bullas varias: en estas dificultades se prodigan más los ítems menos habituales, como el rayo –que ralentiza a todo el mundo- o la estrella –inmunidad y más rapidez-. Risas e histeria garantizadas.

Además de esos campeonatos y las contrarrelojes que antes citábamos, el single player se complementa con la opción de competir en la pista que prefiramos –Versus- , y pelear también contra la inteligencia artificial en Batalla.

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Ésta incluye la tradicional “guerra de globos” –gana el que más haya explotado de los 11 rivales al concluir una serie- y un compendio de variantes inéditas en la híbrida que, a la postre, engrosan la lista de principales reclamos para los ya poseedores de la versión Wii U.

Ninguna es rompedora en absoluto; sencillamente introducen pequeñas modificaciones a sus propios esquemas. De esta forma, Bomb-ombardeo sería otra batalla de globos donde únicamente atacamos con explosivos, mientras que en Monedas pierde el que tenga menor número de éstas cuando acabe el tiempo.

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Las más originales dentro de la franquicia serían su particular “atrapa la bandera” (Batalla Rey Sol) y Patrulla Piraña (“el gato y el ratón” por equipos). Las cinco opciones disponen de ocho trazados creados para Switch y pueden configurarse a nuestro antojo –por ejemplo, el número de rondas y la dificultad-.

Aunque la IA cumple sobradamente, el nivel de diversión gana enteros, obviamente, cuando nos enfrentamos a otros jugadores. Las cualidades portátiles de la consola estrenan multitud de ajustes para el cooperativo local, posibilitando que se conecten un máximo de ocho máquinas en una sola red, o que ocho amigos salden cuentas a través de cuatro consolas.

Las posibilidades son muchas y el proceso es muy cómodo; no hay que actualizar menús para encontrar el evento creado ni la partida común, y no he percibido problemas de latencia o respuesta. El mayor inconveniente se encuentra en el consumo de batería, ya que 15 minutos de partida en estas condiciones suelen gastar un tercio de la misma, lo que no da para sesiones autónomas muy prolongadas.

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Ciñéndonos al online, hay un tiempo de espera francamente breve tanto al buscar partida como en la transición de una a otra. En general, ostenta una envidiable suavidad y fluidez; a buen seguro será uno de los grandes justificantes de la inminente tarifa multijugador de Nintendo.

Como principales inconvenientes, sobresale la aleatoriedad del modo Batalla a disputar –no puede escogerse el minijuego- y, sobre todo, la ausencia de una categorización: los doce rivales se seleccionan sin atender a su experiencia (reflejada en las monedas que suma su perfil), dejando sin posibilidades a los más novatos cuando coinciden con una terna ya curtida. Un matchmaking que emparejase según el nivel, como en los juegos de lucha y sus clasificaciones por cinturones, sería mucho más conveniente.

Aspectos a mejorar

Deluxe se apoya en la superioridad técnica de la consola híbrida respecto a Wii U, para exhibir unos deslumbrantes 60 fps (a 1080p en sobremesa, 720p en portátil), pletóricos de luces, colores y detalles: el acabado es impecable y brilla particularmente en las repeticiones de Mario Kart TV, mostrando infinidad de detalles de los escenarios que, durante la competición, pasan inadvertidos, así como primeros planos de los personajes, repletos de divertidísimas animaciones –atent@s a las expresiones de Luigi, convertidas en virales-.

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El mimo con el que Nintendo cuida a sus iconos se palpa en cada rincón del juego; todos los pilotos cuentan con animaciones y sonidos procedentes de sus respectivas franquicias, de manera que Link blandirá la Espada Maestra al saltar; incluso las monedas se sustituyen por rupias en el circuito de Zelda.

No obstante, es justo reconocer que los niveles de morralla en la plantilla de personajes alcanzan cotas estratosféricas; Switch incorpora seis nuevos –Bowsy, Huesitos, Inkling chico y chica, Rey Boo y una skin dorada para Super Mario- a los 42 conocidos, entre los que abundan fichajes bastante prescindibles como los Aldeanos de Animal Crossing y la ristra de babys.

Ésta sería, a mi juicio, la principal reclamación que podría efectuarse a Mario Kart 8; algunos de los momentos más conseguidos del juego se localizan en los homenajes a Excitebike o F-Zero en forma de pistas, por lo que me pregunto a qué espera La Gran N a introducir la filosofía de Smash Bros. en su IP de karts; es decir, bucear más en su propia trayectoria e incorporar cameos de franquicias ajenas.

¿Será el siguiente paso en la saga? Debería. Tiene como ejemplo el fantástico trabajo que hizo SEGA con Sonic & All-Stars Racing Transformed (2012), uno de los mejores juegos de la pasada generación; el mismo patrón jugable se aplicaba a la casa de Mega Drive, repasando la historia de una marca indispensable del videojuego con pilotos, circuitos y piezas musicales extraídas de sus licencias, sin ciñerse sólo al erizo azul. El resultado era un brutal fan service de muchísimos kilates, donde Alex Kidd podía adelantar a Tails mientras sonaba el tema central de Skies of Arcadia.

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Expandirse a más universos made in Nintendo sería el delirium tremens para todos los que somos fanáticos de sus licencias; juntar en la misma carrera a Samus, Pit, Fox McCloud, Kirby, Olimar, Falcon o Shulk enriquecería enormemente la saga y la refrescaría en un punto en el que, después de tantas entregas, se percibe demasiado encorsetada en su propia iconografía.

Tampoco se anima a facilitar un editor de pistas, aunque las actuales políticas del mundillo en forma de dlcs de pago hacen pensar que será un imposible. Igualmente, se echa de menos más énfasis en la vertiente offline; una modalidad Campaña al estilo de la incluida en el reciente Mario Tennis (2018) habría sido muy acertada.

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Por último, la posibilidad de retener dos ítems en carrera, tal y como sucedía en Double Dash (2003) -una de las entregas más revolucionarias con sus karts compartidos-, no se ha resuelto bien del todo, al no dejarnos elegir en qué orden utilizarlos.

Después de todo lo expuesto, es incuestionable que Mario Kart 8 es una de las joyas actuales del género, con unas físicas tan pulidas que lo hacen un reto sólo para los más hábiles, y una capacidad de divertir a todo tipo de público –casual o hardcore– realmente contundente.

Sin embargo, recomendar este Deluxe depende del provecho que vaya a extraerse de la versatilidad de Switch; aunque sea reduccionista, a efectos prácticos es el único interés de la reedición. La portabilidad es un factor demasiado subjetivo como para ignorarlo y, a la vez, subrayarlo, con lo que repetir tras la versión 2014 es una decisión estrictamente personal.

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Tras más de 40 horas en WiiU y cerca de 30 en Switch, tengo la certeza de que hay escasas opciones –en cualquier sistema- con tan pocas fisuras. Un precio sensiblemente menor o más novedades de peso despejarían las dudas acerca de su recomendación; si no se disfrutó en su momento, no las hay. Sencillamente es uno de esos títulos tocados por la varita mágica del entretenimiento y que nos hace desear larga vida a la franquicia: Mario Kart conserva el don de divertir a borbotones y eso, después de ocho entregas, tiene muchísimo mérito.

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RESUMEN

LO MEJOR LO PEOR
Frenético, caótico, imprevisible… Puro entretenimiento, puro Mario Kart Pocos motivos para repetir entre los usuarios de WiiU
El apartado artístico y el conjunto visual gozan de un fantástico nivel de detalle Demasiados personajes de relleno en la plantilla
El online, muy sólido, fluido y con escasos tiempos de carga Sin categorización de usuarios para facilitar partidas equilibradas
Las posibilidades multijugador de Switch El precio es elevado para las escasas novedades respecto a 2014
Profundo y difícil de dominar si se busca un reto Sin posibilidad de elegir entre los dos ítems en carrera
Los fichajes de otras licencias Nintendo como Link y los homenajes a sagas míticas como F-Zero o la propia Legend of Zelda
Las perrerías de la IA en las dificultades más elevadas  
Los 25 años de trayectoria le sirven para pulir detalles jugables a niveles impresionantes

 

EXAMEN POR APARTADOS:

JUGABILIDADPUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cube

GRÁFICOS PUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cube

SONIDO PUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cube

DIVERSIÓN PUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cubePUNTUACION GAme cube

PUNTUACIÓN DE 0 A 10: 9,5

Versión analizada: Switch
Jugadores: hasta 12 en online
Género: Velocidad
Textos en español
Formato: Físico / Digital

 

 

 

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